Pinar Ilkkaracan
Politóloga. Presidenta y fundadora de la ONG “Women for Women’s Human Rights” y cofundadora de la ONG “The Coalition for Sexual and Bodily Rights in Muslim Societies”. [+ DEL AUTOR]

El desafío de la desigualdad de género: El fracaso de la política del gobierno

INTRODUCCIÓN

En una reunión con sesenta representantes de organizaciones de mujeres, celebrada el 18 de julio de 2010, el primer ministro Tayyip Erdogan declaró: “No creo en la igualdad entre mujeres y hombres. ¡Lo siento! Solo creo en la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres. ¿Cómo pueden ser iguales? Las mujeres y los hombres son diferentes, solo pueden complementarse los unos a los otros” (1). Esta afirmación de Erdogan tuvo un efecto demoledor que horrorizó a las organizaciones de mujeres –tal y como reflejaba el titular del periódico Cumhuriyet: “Palabras de hielo” (19 de julio de 2010). A pesar de las críticas y las protestas que había suscitado, Erdogan repitió su afirmación en diversas reuniones y concentraciones del partido (2). La declaración que hizo el primer ministro Erdogan en esta reunión fue la primera declaración pública, y en cierto modo sincera, de la política del partido al que pertenece, Partido Justicia y Desarrollo (AKP), inclinado hacia la derecha religiosa, con respecto a la igualdad de género: “¡Creemos que las mujeres y los hombres no pueden ser iguales!”. En sintonía con esta afirmación, un año más tarde, Erdogan anunció su decisión de abolir el Ministerio de la Mujer y la Familia, para reemplazarlo con un Ministerio de la Familia y Políticas Sociales. Erdogan llevó a cabo este cambio el 8 de junio de 2011, solo cuatro días antes de las elecciones generales del 12 de junio, como parte de una reorganización del gabinete de ministros. La abolición del ministerio de la mujer fue mucho más que un mero cambio de nombre, ya que simbolizaba la visión que tiene el gobierno de las mujeres no como personas que deben ser tratadas como ciudadanos en pie de igualdad, sino como miembros de su familia y nada más: madres, esposas o hijas.

Mujeres turcas y kurdas vistas a través de una pancarta en la manifestación del Día Internacional de la Mujer

Mujeres turcas y kurdas vistas a través de una pancarta en la manifestación conjunta convocada con motivo del Día Internacional de la Mujer. Estambul, Turquía, 5 de marzo de 2005. / Tolga Bozoglu /EFE

La abolición del Ministerio de la Mujer y la Familia y la creación del Ministerio de la Familia y Políticas Sociales en junio de 2011 simbolizaba la visión que tiene el gobierno de las mujeres no como ciudadanos, sino como miembros de su familia: madres, esposas o hijas

El movimiento feminista turco se ha aplicado de manera incansable para implantar la igualdad de género en la legislación turca por medio de campañas exhaustivas desde la década de los 90. Sus éxitos, obtenidos a base de esfuerzo, incluyen la promulgación en 1998 de la Ley para la protección de víctimas de violencia doméstica, la reforma del Código Civil en 2001, la reforma del Código Penal desde una perspectiva de género en 2004 y la reforma de la Constitución turca desde una perspectiva de género en 2010. Estas campañas fueron ejemplares en cuanto a la participación de la sociedad civil en la democratización de los procesos legislativos en Turquía. Aun así, a pesar de la fuerza que tiene el movimiento feminista y de sus logros ampliamente reconocidos, la respuesta del Estado turco hasta ahora no ha satisfecho por completo las demandas del movimiento de mujeres a favor de la igualdad de género. La aclamada ideología del AKP se define como “democracia conservadora”. A pesar de ello, el conservadurismo del partido está lejos del conservadurismo propiamente dicho en cuanto a instituciones económicas y políticas o a preservación de los valores e instituciones nacionales. Ciertamente, el único pilar del conservadurismo del AKP parece ser una actitud conservadora hacia las relaciones de género. Mientras que el AKP y Erdogan reciben elogios de parte de muchos investigadores y comentaristas, tanto domésticos como extranjeros, por el papel que desempeñan en el proceso de democratización de Turquía, es innegable que el gobierno del AKP, a pesar de hablar mucho, se ha resistido a las demandas de las mujeres a favor de la igualdad de género en Turquía.

El movimiento feminista en Turquía fue el primer nuevo movimiento social que surgió después del golpe militar de 1980, y ha jugado un papel principal como líder de la oposición social para el proceso de democratización

LA CONTRIBUCIÓN DEL MOVIMIENTO FEMINISTA A LA DEMOCRATIZACIÓN DE TURQUÍA

El movimiento feminista en Turquía fue el primer nuevo movimiento social que surgió después del golpe militar de 1980, y ha jugado un papel principal como líder de la oposición social para el proceso de democratización en el período subsiguiente a la intervención militar. Uno de los logros del nuevo movimiento feminista fue su crítica de la naturaleza patriarcal y autoritaria del régimen kemalista. Las feministas alegaban que los derechos de la mujer concedidos por los kemalistas iban más bien dirigidos a cortar con el Imperio Otomano y a golpear los pilares de la hegemonía religiosa que a promover la verdadera liberación de las mujeres en la vida diaria (Tekeli, 1982).

Policías antidisturbios detienen a una estudiante durante una manifestación

Policías antidisturbios detienen a una estudiante durante una manifestación para pedir la reforma del Consejo de Educación Superior. Ankara, Turquía, 13 de marzo de 2004. /EFE

De este modo, se ha convertido a las mujeres en un instrumento al servicio de la ideología republicana –como “protectoras” de la laicidad y la “nueva República”–, igual que han hecho los conservadores, para los cuales las mujeres son las “protectoras” de los valores familiares y del statu quo social. Aunque a las mujeres se les han concedido muchos derechos sobre el papel, los mecanismos para facilitar que se haga uso de los mismos no se han materializado. A lo largo de los años tras el surgimiento del movimiento feminista en los 80, el poder y el dinamismo del movimiento de mujeres contribuyó de manera significativa al desarrollo y a la ampliación de una sociedad civil en Turquía. Los éxitos del movimiento, en particular las reformas legales que dan forma a la igualdad de género en la esfera legal y el proceso de acceso a la UE, han sido alabados por muchos investigadores (Arat, 1994; Yesilyurt-Gündüz, 2004). Un estudio muy importante sobre la situación y el progreso de la sociedad civil turca durante la primera década del siglo XXI subraya que las organizaciones de mujeres merecen una atención especial por sus logros en lo que se refiere al progreso y al impacto de la sociedad civil:

“Las iniciativas de la sociedad civil en un amplio espectro de cuestiones, desde la libertad de expresión hasta la criminalización de la tortura, los derechos de la mujer o el derecho a la orientación sexual están llevando el tema de los derechos a un nuevo nivel… Las iniciativas más notables incluyen los esfuerzos de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) por los derechos humanos para ampliar las libertades civiles, y de las OSC de mujeres que triunfaron en su batalla para introducir reformas de género en el Código Penal turco” (Bikmen and Meydanoglu, 2006, p. 14).

El nuevo Código Civil turco, aprobado por el parlamento en noviembre de 2001, abolió la supremacía del hombre en el matrimonio y estableció la igualdad total entre hombres y mujeres dentro de la familia

Hasta finales de los 90, la legislación nacional turca incluía diversas disposiciones discriminatorias además de tener una perspectiva general patriarcal, presente tanto en las leyes civiles como penales o laborales, a pesar del principio constitucional de igualdad de género (Artículo 10 de la Constitución) y numerosos tratados internacionales de los que Turquía es signataria, incluyendo el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW). Esta situación ha sufrido un rápido proceso de cambio a lo largo de la última década gracias a los esfuerzos y a las infatigables campañas del nuevo movimiento feminista, con la adopción en 1998 de la Ley sobre las Órdenes de Protección, dirigida a prevenir la violencia doméstica, seguida de la reforma del Código Civil en 2001 y, más recientemente, la Reforma del Código Penal en 2004. Ninguna de estas reformas fue un logro fácil ni sencillo para el movimiento de mujeres en Turquía. Las coaliciones de mujeres a menudo se enfrentaban por un lado con fuerzas conservadoras del parlamento que se resistían y por otro con los funcionarios, y tenían que superar el desafío no solo de encontrar estrategias diversas que resultaran eficaces con respecto a la consecución de sus objetivos, sino también de hacer que sus demandas fueran escuchadas y de dar a conocer sus objetivos dentro de un ambiente político volátil.

A pesar del discurso que decía que el régimen kemalista otorgaba a las mujeres igualdad de derechos, el Código Penal consentía prácticas como los crímenes de honor

LA REFORMA DEL CÓDIGO CIVIL EN 2000: ¿EL IMPACTO DE LA UE O DE LOS ACTORES DOMÉSTICOS?

Después de una década de activismo por parte de las organizaciones de mujeres para conseguir la reforma del Código Civil, el gobierno de coalición del Partido Democrático de Izquierda, el Partido de la Madre Patria y el Partido de Acción Nacionalista, finalmente preparó en 2000 un borrador del Código Civil que integraba las demandas de las mujeres a favor de una igualdad de género total. El progreso principal que la reforma debía plasmar era la abolición de la cláusula que declara que el esposo es el cabeza de familia. Los grupos de mujeres creían que la reforma del Código Civil que garantizaría la igualdad de género total sería infalible. Esta percepción estaba basada en varios hechos: por un lado, sus años impulsando la igualdad total en la ley parecían haber recibido por fin el reconocimiento del gobierno, que había integrado sus demandas en el borrador. Además, solo unos meses antes de que el borrador fuera a ser debatido en el parlamento, Turquía había sido considerada oficialmente candidata a la adhesión a la UE en diciembre de 1999, un avance que se esperaba intimidara a aquellos que se oponían a la igualdad de género.

La campaña de la “Plataforma de las Mujeres para la Reforma del Código Penal turco” estimuló la reflexión sobre cuestiones relacionadas con la sexualidad más amplia que se ha dado en Turquía desde la fundación de la República Turca en 1923

A pesar de estas señales positivas, en seguida se hizo evidente que el optimismo del movimiento de mujeres era infundado. En cuanto el proyecto de ley fue presentado ante el parlamento para ser debatido en abril de 2000 una alianza de parlamentarios hombres, con el Partido de Acción Nacionalista a la cabeza, se opuso a todas las cláusulas que se referían a la igualdad de género en el Código Civil propuesto por su propio gobierno. Sostenían que las disposiciones que se ocupaban de la igualdad entre hombres y mujeres generarían anarquía y caos en la familia y que, por lo tanto, amenazarían los pilares de la nación turca. Tras la sacudida inicial, el movimiento de mujeres tuvo una respuesta rápida. En un plazo de tiempo muy breve, más de 120 ONGs de mujeres de todo el país se unieron para poner en marcha una gran campaña, formando la coalición más amplia que jamás se haya visto a favor de una causa común desde la emergencia del nuevo movimiento feminista en la década de los 80. La campaña recabó con efectividad el apoyo de los medios de comunicación y del público, creando una atmósfera en la que la resistencia a la igualdad entre hombres y mujeres se contemplaba con desdén. En consecuencia, la oposición tuvo que retroceder, y la campaña jugó un papel fundamental a la hora de conseguir que la reforma del Código Civil finalmente se llevara a cabo (WWHR-NEW WAYS, 2005).

El nuevo Código Civil turco, aprobado por el parlamento en noviembre de 2001, abolió la supremacía del hombre en el matrimonio y estableció la igualdad total entre hombres y mujeres dentro de la familia. Otro logro de la campaña fue la enmienda del artículo 41 de la Constitución que se hizo en octubre de 2001 y que redefinía la familia como una entidad “basada en la igualdad entre los cónyuges”.

LA REFORMA DEL CÓDIGO PENAL DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO

La organización Mujeres a favor de los Derechos de la Mujer (WWHR), que se encontraba entre los principales coordinadores de la campaña para la reforma del Código Civil, inspirada y motivada por este éxito –a pesar de la fuerte oposición encontrada– creó la Coalición de Mujeres por la Reforma del Código Penal turco a principios de 2002. El Código Penal turco, adaptado del Código Penal italiano de la época, constituía la prueba más llamativa de la divergencia entre la retórica y la práctica de la república turca en cuanto a la igualdad de género. A pesar del discurso que decía que el régimen kemalista otorgaba a las mujeres igualdad de derechos, el código incluía varios artículos cuyo objeto era la protección del honor de los hombres y de los supuestos valores morales, consintiendo prácticas como los crímenes de honor y el rapto y violación de las mujeres, e interpretando el cuerpo de la mujer como propiedad de sus familias, de sus esposos y de la sociedad. Muchos artículos reflejaban una interpretación de la sexualidad, en particular la de la mujer, como una amenaza potencial al orden público y la moralidad, algo que necesitaba ser regulado por medio de leyes. Por ejemplo, todos los crímenes sexuales quedaban regulados bajo el título “crímenes contra la sociedad”, en la subsección Adab-ı Umumiye ve Nizam-ı Aileye Karsı Cürümler (“crímenes contra las tradiciones de la moralidad y contra el orden familiar”) en lugar de bajo el título “crímenes contra las personas”.

La regulación de crímenes como la violación, el rapto o el abuso sexual contra las mujeres como crímenes contra la sociedad, y no como crímenes contra las personas, ponía en evidencia la premisa fundamental del código que consideraba que el cuerpo y la sexualidad de la mujer pertenecían al hombre, a la familia o a la sociedad. La terminología y la redacción de varios artículos incluidos en el antiguo código penal referidos a la sexualidad aludían a conceptos tradicionales, todos ellos adaptados del árabe al turco y comúnmente asociados con una moralidad religiosa –es decir, islámica. Por ejemplo, el concepto de ırz, definido en el diccionario otomano-turco como “honor” o “pureza”, era el concepto fundamental en la descripción de los crímenes sexuales. Si un hombre que había violado o raptado a una mujer después se casaba con su víctima, el código le eximía de su pena (Art. 434). Se entendía que, aunque al ser violada una mujer perdiera su honor, éste podía restablecerse y la ofensa se repararía si el violador finalmente se casaba con ella. En los casos en los que una mujer o una chica de menos de quince años era raptada o violada por un grupo de hombres, si uno de los culpables aceptaba casarse con ella, se retiraban todos los cargos contra los hombres (Art. 434).

Estas disposiciones no solo consentían los crímenes de violación y rapto, sino que también fomentaban que los hombres raptaran o violaran a las mujeres que les rechazaban. Además, mientras que el código incluía una definición muy amplia de los comportamientos sexuales considerados como criminales, no penalizaba los crímenes de violación marital, acoso sexual en el lugar de trabajo, las pruebas de virginidad, la discriminación basada en la orientación sexual o los crímenes sexuales cometidos por los cuerpos y fuerzas de seguridad. En los 78 años que siguieron a su introducción en 1926, hasta la reforma completa a la que fue sometido en 2004, se introdujeron enmiendas en varios artículos del antiguo Código Penal; sin embargo, exceptuando dos, ninguna de estas enmiendas afectaban los derechos de las mujeres o el derecho de las mujeres a la autonomía de su cuerpo. La Coalición de las Mujeres llevó a cabo una revisión en profundidad del Código Penal y de la filosofía que lo sustentaba, identificando todos los artículos que violaban el derecho de las mujeres a la integridad y la autonomía corporal. También preparó una publicación detallada con el objeto de enviarla a todos los miembros del parlamento con artículos formulados palabra por palabra, nuevas secciones y nuevas disposiciones, todo ello justificado, que debían ser integrados en la nueva ley.

Conforme la Coalición iba progresando con su trabajo, las elecciones turcas de noviembre de 2002 dieron una aplastante victoria al recién formado AKP. Enfrentándose a una intensa oposición a sus demandas por parte del gobierno del AKP, la Coalición de las Mujeres decidió volcar sus esfuerzos en una inmensa campaña pública y mediática y estableció una plataforma nacional con el nombre de “Plataforma de las Mujeres para la Reforma del Código Penal turco”. El resultado fue una campaña de tres años (entre 2002 y 2004) y unos controvertidos discursos sobre igualdad de género, sexualidad y legislación que la acompañaron que llamaron poderosamente la atención del público y de los medios de comunicación, particularmente después de la primera conferencia de prensa de la Plataforma en mayo de 2003, que consiguió varios titulares en portada y cobertura diaria a cargo de la mayor parte de los periódicos y las cadenas de radio y televisión (Ilkkaracan, 2010).

A pesar de las reformas legales que garantizaban la igualdad, Turquía no solo va a la zaga en varios índices internacionales de igualdad de género, sino que además ha estado descendiendo en las clasificaciones desde 2006

La campaña desencadenó numerosos debates públicos y estimuló la reflexión sobre cuestiones relacionadas con la sexualidad más amplia que se ha dado en Turquía desde la fundación de la República Turca en 1923, y rompió tabúes sobre cuestiones como la interpretación de la moralidad, el honor, la virginidad, la orientación sexual y el adulterio. También consiguió granjearse el apoyo de la mayor parte del público y de los medios de comunicación a pesar de la resistencia del gobierno del AKP. Finalmente, el nuevo Código Penal fue aprobado por el Parlamento Turco el 26 de septiembre de 2004. La Plataforma de las Mujeres para la Reforma del Código Penal turco desde una Perspectiva de Género consiguió materializar un cambio revolucionario en su filosofía, desde una visión de los cuerpos y la sexualidad de las mujeres como pertenencias de sus familias, sus esposos, sus padres o de la sociedad, a una que acepta su derecho a la autonomía de su cuerpo y su sexualidad. De este modo, su campaña de presión liderada por la sociedad civil –en este caso por las organizaciones de mujeres y el colectivo LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales)– constituye un ejemplo destacado que ha conseguido sus objetivos en forma de reformas pioneras a nivel nacional a pesar de una fuerte oposición del gobierno.

La campaña también fue un ejemplo pionero de una iniciativa de oposición democrática que incluyó un largo proceso de concienciación y esfuerzos para recabar el apoyo del público y de los medios en Turquía, así como de una negociación política democrática sostenida entre dos agentes sociales políticamente opuestos: las feministas y un gobierno conservador. Sin embargo, en el momento en el que el Parlamento aceptó el nuevo Código Penal que integraba las demandas de las mujeres, el primer ministro Erdogan se expresó con furia contra los defensores de la campaña, mostrando así las primeras señales de resistencia del gobierno hacia la reforma. En una reunión organizada por la división femenina de su partido, acusó a la Plataforma de las Mujeres de ser “un grupo marginal sin derecho a representar a las mujeres turcas”, refiriéndose a la movilización organizada por la Plataforma el 14 de septiembre de 2004 delante del parlamento turco que llevaba como lema “nuestros cuerpos y nuestra sexualidad nos pertenecen”. Afirmó que “algunas incluso marcharon hasta Ankara, enarbolando pancartas que no se adecúan a la mujer turca. No puedo aplaudir un comportamiento que no se corresponde con nuestros valores (ahlak) y tradiciones morales… Un grupo marginal no puede representar a la mujer turca”, dando a entender que al reclamar la pertenencia de sus cuerpos y su sexualidad, las defensoras de la campaña habían demostrado su inmoralidad y su incapacidad para representar a “la mujer turca” (Zaman, 25 de septiembre de 2004).

LA CRECIENTE BRECHA ENTRE LA IGUALDAD DE GÉNERO LEGAL Y SU MATERIALIZACIÓN REAL

A pesar de las profundas y muy alabadas reformas legales que garantizaban la igualdad de género en la esfera legal llevadas a cabo en la última década, Turquía no solo va a la zaga en varios índices internacionales relacionados con la igualdad de género, sino que además ha estado descendiendo en las clasificaciones desde 2006. De acuerdo con las cifras de 2009, Turquía ocupa el puesto número 101 entre 109 países en la Medida de Empoderamiento de Género (GEM, en sus siglas en inglés) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el puesto número 129 entre 134 países en el Índice de Brecha Global de Género del Foro Económico Mundial (PNUD, 2009; Hausmann, Tyson and Zahidi, 2009).

De acuerdo con el Índice de Equidad de Género 2009 de Social Watch, Turquía se encuentra entre los países que han padecido una severa regresión desde 2004 en este apartado (Social Watch 2009). Turquía ha ido cayendo ininterrumpidamente en las clasificaciones, particularmente desde 2006. Por ejemplo, en la Medida de Empoderamiento de Género del PNUD, Turquía se encontraba en el puesto número 64 en 2000, en el número 72 en 2006 y en el número 101 en 2009. En el Índice de Brecha Global de Género del Foro Económico Mundial, Turquía ocupaba el puesto número 105 en 2006, el 123 en 2008 y el 129 en 2009, mientras que más de dos terceras partes de los 115 países incluidos en el informe han experimentado avances en las puntuaciones que obtienen en el índice (Hausmann, Tyson y Zahidi, 2009). El descenso en estos índices muestra que, a pesar de las amplias reformas legales de la última década, ha habido un declive continuo en este tipo de medidas que afecta negativamente a las mujeres y que se ha acelerado de manera especial desde 2006. Por lo tanto, merece la pena examinar más de cerca varias medidas de igualdad de género que son comunes a estos índices –la participación de las mujeres en los mecanismos políticos y de toma de decisiones, la participación de las mujeres en la mano de obra y la brecha de género en la educación.

Turquía ocupa un puesto muy bajo en la clasificación de participación de mujeres en los mecanismos políticos y de toma de decisiones en comparación con muchos otros países

1. Participación política

Turquía ocupa un puesto muy bajo en la clasificación de participación de mujeres en los mecanismos políticos y de toma de decisiones en comparación con muchos otros países. El porcentaje de mujeres miembros del parlamento aumentó de un 4,2% en 2001 a un 14 % en 2011 gracias a las campañas del movimiento de mujeres. Aun así, Turquía está por detrás de muchos países europeos, americanos, asiáticos, africanos y del Pacífico, y se encuentra muy cerca de la media de 9,2% de los países árabes y de Oriente Medio (Unión Interparlamentaria, 2010). La participación de las mujeres en los puestos de toma de decisiones es incluso peor. De acuerdo con un informe realizado por el Departamento para el Estatus de la Mujer, el porcentaje de mujeres que ocupan puestos ejecutivos gubernamentales elevados es solo 3,6% (KSGM, 2008).

Además de que las mujeres tienen un estatus educativo y económico inferior en comparación con los hombres, y de que soportan la gran carga que suponen los cuidados, existen numerosos obstáculos estructurales a la participación política de las mujeres en Turquía. Una de las principales barreras es que se ha definido que el área de responsabilidad social de las mujeres es la familia y que su papel principal es el de esposa, madre y cuidadora. Una encuesta de percepción pública llevada a cabo en Turquía entre miembros de partidos políticos y parlamentarios antes de las elecciones generales de 2007 muestra que las funciones que se dejan en manos de las mujeres políticas replican aquellas que ocupan en el hogar y en sus comunidades (“Turkey Needs Affirmative Gender Policies,” New Horizons, 52, abril de 2010). Por lo tanto, los estereotipos de género juegan un significativo papel disuasorio en cuanto a la participación de las mujeres en la esfera política.

Las políticas conservadoras del gobierno del AKP y diversas declaraciones de funcionarios del gobierno contribuyen a exacerbar estos estereotipos de género. Una de las principales disputas entre el primer ministro Erdogan y el movimiento de mujeres ha sido el llamamiento que hizo en 2008 a que las mujeres turcas tuvieran un mínimo de tres hijos para evitar que descendiera la población. A pesar de que ha sido criticado exhaustivamente por esto, Erdogan ha vuelto a repetir este llamamiento muchas veces en los últimos años (Can, 2008; Yener y Kaya, 2010. “Erdogan Yine 3 Çocuk Istedi,” Yeni Safak, 26 de octubre de 2010).

El porcentaje de mujeres que forman parte de la mano de obra, el más bajo entre los países de la OCDE, ha caído de manera ininterrumpida durante las últimas dos décadas, de 36,1% en 1989 al 24,5% en 2008

En estas condiciones, la solución principal para aumentar la participación de las mujeres en los mecanismos políticos y de toma de decisiones consiste en aplicar políticas de apoyo como las cuotas de género (TÜSIAD, 2001). Otras medidas necesarias incluyen la reforma de la Ley de Partidos Políticos para fomentar los mecanismos democráticos de toma de decisiones en los partidos y reducir el umbral electoral del 10%. Aun así, no parece que estas cuestiones vayan a mejorar en el futuro próximo. Desde 2002, diversas demandas del movimiento de mujeres a favor de las cuotas han sido rechazadas de manera vehemente, tanto por distintos ministros de la mujer como por el primer ministro Erdogan. El gobierno del AKP también se resiste a reformar la Ley de Partidos Políticos o a reducir el umbral electoral del 10%, aunque estas demandas no solo provienen de las organizaciones de mujeres, sino de muchas otras instituciones nacionales e internacionales, incluyendo la UE.

2. Participación en el mundo laboral

El porcentaje de mujeres que forman parte de la mano de obra, el más bajo entre los países de la OCDE, ha caído de manera ininterrumpida durante las últimas dos décadas, de 36,1% en 1989 a 30% en 1999, y 24,5% en 2008 (Turkstat, 2009). Un informe conjunto del Organismo de Planificación Estatal de Turquía y el Banco Mundial se refiere a esta situación como el “misterio de la baja participación femenina en la mano de obra en Turquía”, que persiste a pesar de que el nivel educativo de las mujeres sea cada vez mayor, de que se casen más mayores, de que la tasa de fertilidad esté descendiendo y de que la actitud hacia las mujeres que trabajan esté cambiando (Organismo de Planificación Estatal y Banco Mundial, 2009, 1). El informe establece que a muchas mujeres turcas les gustaría trabajar, pero que se enfrentan a muchas dificultades que les impiden hacerlo.

Las mujeres que no tienen educación universitaria, particularmente en zonas urbanas, generalmente solo pueden aspirar a trabajos con sueldos bajos, horarios largos y duros y que no ofrecen seguridad social. Se reconoce de manera extendida que la baja tasa de empleo de las mujeres en Turquía constituye un problema significativo y urgente que exige una solución inmediata de parte de las principales organizaciones de la sociedad civil o de los organismos internacionales, incluyendo la UE, la OIT y el Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (TÜSIAD 2000; TÜSIAD y KAGIDER, 2008; CEDAW, 2005; Toksöz, 2007; Comisión de las Comunidades Europeas, 2008). Aun así, a pesar de los múltiples llamamientos y demandas por parte de agentes tanto domésticos como internacionales, el gobierno del AKP no ha conseguido desarrollar e implementar políticas para el reclutamiento, promoción y capacitación en el trabajo para las mujeres en el mundo laboral, ni supervisar y eliminar la brecha de género salarial (TÜSIAD y KAGIDER, 2008). Bugra y Yakut-Cakar (2010) señalan que el gobierno del AKP parece obligado a elegir entre continuar con su adhesión a los valores patriarcales y el objetivo de aumentar la participación de las mujeres en la mano de obra del país. Un ejemplo de las políticas recientes del AKP que, en lugar de eliminar las barreras a la participación de las mujeres en la mano de obra son un obstáculo más, lo constituye el principal cambio político desde 2007 y que se refiere al cuidado de las personas discapacitadas y las personas mayores, fomentando prioritariamente los cuidados familiares a través de pagos por transferencia a los miembros desempleados de la familia –lo cual quiere decir mujeres–, en lugar de proporcionar servicios de cuidados a través de instituciones públicas o privadas. El pago de los cuidados por transferencia se ha convertido en algo popular en muchos países en vías de desarrollo durante la última década, ya que también el Banco Mundial apoya esta política. Se considera que esta medida va dirigida a aliviar la pobreza, más que a contribuir al cuidado. Este enfoque genera un problema inevitable, que surge de su sesgo de género y de clase. Es decir, como las cantidades que se pagan son muy bajas, son las mujeres que tienen pocas posibilidades de ganar dinero o las que están desempleadas las que tienen más probabilidad de aceptarlos.

3. La brecha educativa

La diputada Merve Kavakç, del Partido de la Virtud

La diputada Merve Kavakç, del Partido de la Virtud (predecesor del AKP), durante la sesión de apertura del parlamento turco. Ankara, Turquía, 2 de mayo de 1999. /Tarik Tinazay /EFE

Cerrar la brecha de género en la educación también sigue siendo un gran desafío en Turquía. En teoría, la educación primaria es obligatoria y gratuita durante ocho años. Sin embargo, en todo el país se dan brechas de género del 8% en la educación primaria y del 17% en la educación secundaria de acuerdo con cifras de 2003 (Otoran et al, 2003). La brecha de género en la educación primaria se ha reducido desde entonces en un 15% gracias a diferentes iniciativas del gobierno, pero sigue habiendo mucho trabajo por hacer si es que se quieren conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) relativos a la educación primaria universal y a la igualdad de género, de acuerdo con un informe de UNICEF (UNICEF, 2010).

Los centros educativos turcos contribuyen de manera significativa a reproducir los roles de género tradicionales. Los contenidos de los libros de texto siguen atribuyendo un papel activo a los hombres y pasivo a las mujeres

Una comparativa del índice de paridad de género (IPG) de los tres niveles educativos muestra que la brecha de género en la educación se hace mucho más pronunciada en la educación superior. De acuerdo con un estudio realizado por UNICEF sobre el género y la educación en Turquía, a menudo aparece la discriminación de género en los procesos educativos. Las investigaciones indican que los profesores tienden a no prestar atención a cuestiones como la predominancia masculina en sus centros educativos, ni cuestionan el contenido sesgado en cuanto a género de los libros de texto. Por lo tanto, es posible concluir que los centros educativos turcos de hecho contribuyen de manera significativa a reproducir los roles de género tradicionales. Los contenidos de los libros de texto siguen atribuyendo un papel activo a los hombres y pasivo a las mujeres. También se transmiten los roles de género estereotipados a través de los cursos de alfabetización para adultos, ya que los materiales que se utilizan a menudo perpetúan y refuerzan los roles tradicionales que prevalecen entre los estudiantes (Otaran et al, 2003). Aun así, a pesar de las demandas presentadas por diversos documentos y convenciones internacionales de los que Turquía es signataria, como el Plan de Acción de Pekín o CEDAW, y diversas iniciativas del grupo de presión de mujeres, no se realizó ninguna limpieza de género efectiva del currículo, los libros de texto o los materiales para la formación de profesores hasta 2010.

Turquía promulgó la ley que facilitaba las órdenes de protección para las víctimas de violencia de género incluso antes que otros países europeos. Sin embargo no se han implementado políticas efectivas para que la ley se cumpla

Para resumir, una revisión de las medidas estadísticas sobre la participación de las mujeres en los mecanismos políticos y de toma de decisiones, la participación de las mujeres en la mano de obra y la brecha de género en la educación, que son comunes a varios índices de igualdad de género o de brecha de género, muestra que existe una discriminación significativa contra las mujeres y las niñas en estas áreas. Sin embargo, las políticas para materializar la igualdad de género y eliminar dichas discriminaciones en Turquía o no existen o son insatisfactorias y, en algunos casos, incluso contradictorias o perjudiciales para la igualdad de género. Turquía no ha aplicado medidas para que exista, de facto, igualdad de género y existen muchas cuestiones a considerar en este sentido; por ejemplo, su notable incompetencia en desarrollar y promover procedimientos para prevenir la violencia doméstica contra las mujeres, aunque el marco legal sea progresista y esté en sintonía con el de muchos países de la UE. Turquía promulgó la Ley sobre la Protección de la Familia que facilitaba las órdenes de protección para las víctimas de violencia de género en 1998 –incluso antes que en otros países europeos como Alemania– como resultado de la campaña feminista que tuvo lugar entre 1995 y 1998. Sin embargo, Turquía no ha implementado políticas efectivas para que la ley se cumpla.

En un veredicto del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (EHRC), Opuz vs. Turkey, Turquía fue declarada culpable no solo de no proveer mecanismos para proteger a las mujeres contra la violencia doméstica, sino también de una “pasividad judicial discriminatoria” que crea “un clima que desemboca en violencia de género”, y por la “insensibilidad a la hora de prevenir la discriminación de género contra las mujeres por parte del Estado” (ECHR, Opuz c. Turquie, No: 33401/02, 9 de junio de, 2009). Los incidentes descritos arriba son ejemplo de las severas controversias que existen entre el movimiento de mujeres y el gobierno del AKP sobre la interpretación, definición y alcance de la igualdad de género, así como sobre cuáles son las políticas necesarias para conseguir hacerla realidad.

CONCLUSIÓN

El movimiento de mujeres, que ha actuado con fuerza y dinamismo desde la década de los 80, ha contribuido de manera significativa al proceso de democratización en Turquía a través de su intensa crítica a la naturaleza patriarcal y autoritaria del régimen kemalista, el estímulo de la sociedad civil y la consecución de reformas legales de amplio alcance para la igualdad entre mujeres y hombres, incluyendo la promulgación de la Ley sobre las Órdenes de Protección de 1998, la reforma del Código Civil en 2001 y la reforma del Código Penal desde una perspectiva de género en 2010. Sin embargo, a pesar de la fuerza del movimiento feminista y de sus logros ampliamente reconocidos, la respuesta del Estado turco hasta ahora se ha quedado corta a la hora de satisfacer las demandas del movimiento de mujeres para una igualdad de género real.

El AKP está muy lejos del conservadurismo en muchos otros aspectos ‒instituciones económicas y políticas o a valores nacionales‒ pero se basa en una actitud conservadora hacia las relaciones de género

La ideología conservadora del gobierno del AKP ha jugado un papel negativo significativo resistiéndose a la implementación de las recientes reformas legales o a la adaptación de políticas holísticas para aumentar la igualdad de facto entre mujeres y hombres. Parece que la aclamada ideología de “democracia conservadora” de la Administración del AKP está de hecho muy lejos del conservadurismo en muchos otros aspectos –por ejemplo, en cuanto a instituciones económicas y políticas o a valores nacionales– pero en cambio se basa en una actitud conservadora hacia las relaciones de género. La resistencia del gobierno a desarrollar políticas para mejorar la igualdad de género de acuerdo con las leyes reformadas se pone de manifiesto con clara evidencia cuando se contempla el ininterrumpido descenso de Turquía en las clasificaciones de distintos índices internacionales relacionados con la igualdad de género desde 2006. Un análisis de las medidas estadísticas (la participación de las mujeres en los mecanismos políticos y de toma de decisiones, la participación de las mujeres en la mano de obra y la brecha de género en la educación) comunes a diferentes índices internacionales sobre igualdad o de brechas de género del PNUD, el Banco Mundial o Social Watch muestran que aunque las mujeres se enfrentan a múltiples formas de discriminación en estas áreas, las políticas para que se materialice una igualdad de género real o para eliminar estas discriminaciones no existen o son insatisfactorias, y en algunos casos incluso son contradictorias o perjudiciales para la igualdad de género.

 

Notas al pie

  1. La autora estuvo presente en esta reunión en representación de una de las principales organizaciones de mujeres de Turquía, WWHR-NEW WAYS.
  2. Oral, Zeynep, “Kadın Hareketi mi? Hadi Canım…” [¿Movimiento de Mujeres? Vamos… Cumhuriyet, 25 de julio de 2010 y Tuksal, Hidayet s. (2010). “Kadın Erkek Esit Degil mi?” [¿No son iguales las mujeres y los hombres?], Star, 21 de octubre de 2010.

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