Ana Ballesteros Peiró
Investigadora del Observatorio Electoral del Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos, Departamento de Estudios Árabes e Islámicos, Universidad Aut. de Madrid. Ha cubierto las elecciones legislativas de febrero de 2008 en Pakistán [+ DEL AUTOR]

Sectarismo islámico. Militancias religiosas y sus causas

Los distintos conflictos sectarios que se dan en Pakistán han dejado alrededor de 2.470 muertos y 5.530 heridos entre 1989 y 2007. Hago mención a los conflictos sectarios, puesto que el esquema sectario «sunní-chií» no explica la complejidad del fenómeno, al menos, en Pakistán. No sólo existe un patrón de enfrentamiento entre sectores sunníes y chiíes, sino entre algunas de las corrientes sunníes que conviven en el país. Para la comprensión de la historia del islam contemporáneo paquistaní es fundamental entender las dinámicas de su movimiento de independencia y quienes se erigieron en sus representantes, además de las circunstancias históricas internas y externas que han fomentado la proliferación de movimientos sectarios. Estos grupos han politizado la religión dando lugar a multitud de grupos religiosos militantes que giran en torno a un líder más o menos carismático, con una pobre teología o la creación de nuevos movimientos religiosos, que se autodenominan islámicos.

GÉNESIS DEL SECTARISMO ISLÁMICO CONTEMPORÁNEO EN PAKISTÁN

El fenómeno sectario ha seguido la evolución del clima socio-político y las dinámicas y características de dicho sectarismo se han ido modificando con el tiempo. Las primeras manifestaciones sectarias no explican las contemporáneas, aunque son su raíz. Existen además diferencias a nivel local, dándose diversos patrones de comportamiento sectario dependiendo de la zona geográfica en la que se desarrolle. Estas diferencias reflejan las variedades provinciales, étnicas y socio-económicas de Pakistán. Igualmente, han existido factores externos que han contribuido a la atomización religiosa del país.

En la tradición de las Provincias Unidas (PU) del norte de la India, sunníes y chiíes solían celebrar juntos el mes de muharram hasta que el último reino musulmán de los que gobernaron el sur de Asia, el de Oudh (1801-1857), comenzó a declinar, coincidiendo con la llegada de los británicos. Hasta entonces, los chiíes habían controlado la región, y los sunníes reaccionaron ante el poder de los británicos y el de éstos. La controversia religiosa no se desarrollaba en la región entre hindúes y musulmanes, sino entre sunníes y chiíes. El poder de los terratenientes chiíes quedaba así equiparado a aquel de los británicos o los hindúes. El primer enfrentamiento sectario conocido se dio en 1908, cuando los sunníes comenzaron a recitar las alabanzas a los tres primeros califas, y los chiíes respondieron con la recitación de la disociación de los enemigos de Ali durante muharram.

Todo ello va unido a los movimientos de revitalización del islam que surgían de la crisis de identidad por la pérdida del poder en la región y de la marginación que sentían por parte de los colonizadores. Brotaron entonces varias tendencias como respuesta a los retos que suponía la modernización que representaban los británicos. Talbot identifica las reacciones musulmanas ante ésta según cuatro tendencias: 1. Modernismo: representado por la Universidad de Aligarh. Consideraban que había que adquirir los mismos conocimientos y estudios de forma que los musulmanes compitieran con los ingleses de igual a igual; 2. Reformismo: Deoband. En esta ciudad india nació el movimiento que pretendía reformar las costumbres sincréticas de los musulmanes del sur de Asia conversos del hinduismo en su gran mayoría, ya que se creía que la crisis surgía del alejamiento de las raíces del islam; 3. Tradicionalismo: Bareilly. Al igual que los dos anteriores, toma su nombre de la ciudad en la que nació el movimiento. Surgió en un intento de revitalizar y defender el islam tradicional de cultos populares y del sufismo, incluyendo la figura del pir; y 4. Islamismo: representado por la Yamaat Islami. Fundada por el pensador al-Mawdudi, surge por contacto con el wahabismo saudí y también pretende purgar el islam del sur de Asia de lo que consideran prácticas sincréticas y supersticiosas. No incluye en su clasificación a la .T abligi Yamaat que pone énfasis en la purificación del islam a través de la predicación por medios pacíficos.

Pakistán surgió como una construcción ideológica en la que la Teoría de las Dos Naciones (hindúes y musulmanes) sirvió para movilizar la identidad comunal de los musulmanes del sur de Asia. Los miembros de la Liga Musulmana (LM) se erigieron en representantes de todos los musulmanes y creyeron defender los intereses de éstos. La crisis de identidad de los musulmanes y su búsqueda fueron esgrimidas por la LM para la creación de un Estado que, una vez fundado, tuvo al islam como la única fuente de identidad. La religión se utilizó de forma que su papel en el futuro Estado iba a estar fuertemente ligado a la vida política, creando así el caldo de cultivo para la proliferación de sectas.

Pero de la Teoría de las Dos Naciones surgían varios conflictos y contradicciones:
∙ En las provincias que formaban el nuevo Estado, no había apoyo popular a la LM y sus aspiraciones.
∙ Aquellos que esgrimieron la religión para la creación del Estado en base a la religión, eran hombres laicos.
∙ Los ulemas e islamistas no apoyaron la creación del Estado (incluido al-Mawdudi).

La religión se utilizó de forma que su papel en el futuro iba a estar ligado a la vida política, creando así el caldo de cultivo para la proliferación de sectas

∙ El Estado se creó para los musulmanes, pero sin intención de hacer de él un Estado islámico.
∙ La LM, en su afán por perseguir sus objetivos, llegó a identificarse con el islam, de forma que cualquier oposición era vista como un crimen contra la religión. De esta actitud surgió la intolerancia política que heredarían los otros partidos políticos, que calificarían a la oposición como infiel y traidora de la causa de Pakistán (léase, la causa del islam).

De esta forma, el fenómeno sectario en Pakistán va a tener un carácter básicamente político, con las siguientes características:
∙ Va a realizar una lectura política del islam y no va a conformar una nueva teología. No obstante, hay que tener en cuenta que los nuevos grupos que surgen, recurriendo a tomar citas coránicas fuera de contexto y utilizarlas en su interés, están reinventando la religión.
∙ Surgirá como una forma de nacionalismo político-religioso.
∙ Combinará discursos étnicos con discursos islamistas, constituyendo una nueva forma de nacionalismo étnico.
∙ Los grupos sectarios no serán marginales, sino que se convertirán en partidos políticos que concurrirán a las elecciones.

ESTUDIO DEL SECTARISMO Y APLICACIONES AL CASO DE PAKISTÁN

El estudio del sectarismo y los movimientos sectarios se encuentra bien desarrollado y fundamentado en los contextos cristianos y occidentales, existiendo diversas obras que abordan el tema de forma multidisciplinar. Existe una variedad de términos que designan el fenómeno sectario, dadas las connotaciones peyorativas y marginales que se derivan de esta palabra. Los empleados son «secta» (con una amplia gama de especificaciones, tal vez la más conocida es la de «destructiva»), «culto», «iglesia» y «nuevos movimientos religiosos». En el islam contemporáneo, el estudio de los movimientos sectarios es escaso e incluso vago, haciendo un uso abusivo del término «sectario», que se aplica a muchos y distintos contextos, basados fundamentalmente en su realidad socio-política. En cuanto a los estudios teológicos, entramos en un vacío académico que, desde el kitab al-milal wa-l-nihal no ha visto un tratado que intente abordar la generalidad del fenómeno. La mayoría de ellos suelen ser estudios de autores que auto-justifican la postura del grupo al que pertenecen, por lo que pueden carecer de objetividad y no ayudan a la comprensión del fenómeno sectario globalmente. En la actualidad, existen disertaciones como la de Jeff Kenney que abordó el estudio de las sectas y sus tipologías, o el de Mark Sedgwick que desarrolló el tema desde la terminología árabe que designa o puede designar los grupos o movimientos religiosos dentro del islam desde la tradición medieval hasta la historia contemporánea. Su trabajo refleja que «hay más tolerancia religiosa en el mundo islámico que lo que el estatus legal de las sectas en principio pueda sugerir». Igualmente, están los textos Namudayˆ min madahib al-firaq al-islamiyya, Yamia al-firaq wa al-madahib al-islamiyya, y el trabajo de Fuad Khuri Imames y emires. Ortodoxia y disidencias en la sociedad árabe, el cual pone el énfasis en el carácter político de las sectas.

Estudiantes religiosos paquistaníes leen el Corán en una escuela de religión local

Estudiantes religiosos paquistaníes leen el Corán en una escuela de religión local. Peshawar, 9 de junio de 2005. /Shahid Aziz

Sedgwick divide los estamentos religiosos en varias categorías: a) denominaciones: que corresponderían a los 4 madahib sunníes; b) minorías; c) harakat o movimientos religiosos; d) sectas y e) cultos. Dentro de las sectas, distingue asimismo varias subcategorías: las de orientación interna (.t aifa); las de orientación externa (firqa), que a su vez, pueden ser indígenas o foráneas y las .t ariqa, que se pueden clasificar como ‘de nueva aparición’ o ‘establecidas’;
Independientemente del uso de un término u otro por los distintos autores, así como de los que aparecen en los diversos medios árabes para designar los enfrentamientos entre miembros de distintas confesiones islámicas, las explicaciones encontradas en el contexto del mundo árabe no encajan con exactitud en el de Pakistán, aunque sea similar, y es muy difícil establecer los límites que las diferencian.

«Hay más tolerancia religiosa en el mundo islámico que lo que el estatus legal de las sectas en principio pueda sugerir»

Para explicar por qué ciertos contextos son más proclives a la aparición de sectas, el sociólogo y economista Smelser, analizado por Pepe Rodríguez considera que «la génesis sectaria se ha producido siempre en entornos donde se han dado previamente los seis elementos siguientes». En el contexto paquistaní, se pueden aplicar de la siguiente manera:

1. Proclividad estructural del sistema social. La homogeneidad inicial que suponían los miembros de la LM por el hecho de ser musulmanes pretendía evitar el mismo tipo de conflictos intra-grupales que había en el sur de Asia entre hindúes-musulmanes. Esta aspirada homogeneidad, tras la creación del Estado y el choque con la realidad, «fue perdiendo fuerza hasta fomentar una nueva proclividad dentro del subsistema que, finalmente, potenció el nacimiento de nuevas «sectas», y en éstas, sucederá otro tanto…», dándose el caso de las subdivisiones sectarias dentro de las sectas mismas.

2. Tensión estructural, que durante la historia del país, ha dado lugar a la proclividad y ha fomentado el mal ambiente y el acaloramiento de los ánimos entre los distintos grupos paquistaníes debido a lo que según Talbot y Robinson quedó en el país como herencia del movimiento de independencia: la incapacidad de encajar las discrepancias políticas de la oposición, las ambigüedades surgidas de la Teoría de las Dos Naciones, y los intereses en conflicto de las elites que no coincidían con los de la población.

3. Surgimiento y difusión de una creencia (o sistema de creencias) generalizada. En primer lugar, se utilizó el islam, dado que era la creencia comúnmente aceptada por todos los miembros del futuro país, como contraposición a aquéllos (británicos e hindúes) considerados como los responsables de su declive. Es bajo este prisma de creencias que se protege el sectarismo. En segundo lugar, el sectarismo se encarga de la expansión de ideas negativas («todo va mal»), que unido a una realidad conflictiva (en la cual ese discurso encaja a la perfección) hace que la oferta sectaria sea vista como la salvación o la recuperación del positivismo perdido.

4. Factores precipitadores. Los factores que se han dado para la precipitación y la atomización del sectarismo en Pakistán han sido internos y externos. Internos: la división de Pakistán (su mitad oriental, Bangladesh) y el programa de supuesta islamización del Estado por Zia-ul-Haq. Externos: la revolución de Irán, que supuso un motor para la militancia de los chiíes y la guerra de Afganistán, y las consecuencias que tendría para la militancia sunní.
5. Movilización de los participantes a la acción. El grupo afectado por esas circunstancias mencionadas, siente la necesidad de entrar en acción. En cuyo caso, el liderazgo, los medios con los que se cuente y el contexto son fundamentales para que esa acción sea efectiva.

6. Control social ineficaz. Coincidiría con la teoría de Huntington, explicando la inestabilidad a raíz de la debilidad estatal y la falta de control social en este sentido. A pesar de las numerosas dictaduras que han gobernado el país, y la poca transigencia también de alguno de sus gobiernos electos, el control social no se ha ejercido eficazmente en cuanto a la religión.

Existe en este país una miríada de divisiones religiosas: confesiones (sunna y chía); entre los sunníes encontramos: deobandíes, barelvíes, memones, zikríes, ahmadíes (lahoríes y qadiyaníes), wahh™bíes, salafíes, ahl-e hadiz; entre los chiíes: duodecimanos, septimanos, joyˆ as, roshaníes, bohoras; entre las cofradías, hermandades o tariqas sufíes, de las que pueden participar ambas confesiones: naqshbandiyya, chishtiyya, suhrawardiyya y qadiriyya. Si bien son las tendencias principales, entre ellas, existen matices y grados de influencia entre unos y otros. Los sunníes en Pakistán siguen la escuela jurídica hanafí y en su mayoría, son barelvíes. Los chiíes están en torno al 15-20%, aunque las cifras son un tanto controvertidas, no existiendo datos definitivos al respecto. A este panorama religioso, hay que añadirle las divisiones étnicas existentes entre las distintas provincias: pastúnes, baluchíes, punyabíes, sindíes, muhayˆ iríes, hazaras, saraikíes, brahuis o kalash. Como minorías religiosas están contemplados los sijs, cristianos e hindúes.

Entre las razones sociológicas que propician la aparición de sectas, Juan Bosch Navarro señala que éstas «se originan por cambios sociales bruscos, por el vacío que deja la ausencia de valores tradicionales, por la pérdida de la credibilidad de las grandes instituciones que han cohesionado una sociedad determinada, por situaciones de inseguridad social, cultural y religiosa»… Tras la independencia de Bangladesh en 1971, el islam probó no mantener a los musulmanes del sur de Asia unidos. Fracasada la Teoría de las Dos Naciones, en lugar de revisarla y reformularla, el islam volvió a ser utilizado como el único aglutinante de los habitantes del país. La crisis de identidad se hizo más profunda y el triunfo del independentismo de la mitad oriental hizo pensar que las otras provincias con aspiraciones nacionalistas seguirían su suerte.

El país que Zulfiqar Ali Bhutto heredó puso sus esperanzas en las promesas de progreso y bienestar social por él prometidos. Pero las reformas agrarias prometidas no fueron suficientes para mejorar el carácter feudal del campo paquistaní, y las migraciones a las ciudades en busca de mejor suerte hicieron crecer los suburbios en los que se gestaba la marginalidad. Como concesión a la presión de los islamistas, hizo introducir la definición de musulmán en la Constitución paquistaní de forma que excluyera a los ahmadíes, considerados constitucionalmente como «no musulmanes», abriéndose la veda para las discusiones en cuanto a quién era un «verdadero musulmán» y quién no, e iba a ser la agitación social y la presión islamista, unidas a la demagogia política, lo que iba a materializarlo.

El derrocamiento de Bhutto y el golpe de Estado de Zia-ul-Haq en 1977 volverían a romper las esperanzas de los paquistaníes en un futuro mejor. Zia, como deobandí, recurrió a culpar a las elites corruptas del país y su desviación del islam como la causa de la inestabilidad y del declive socio-económico. Para legitimar su gobierno no electo recurrió a la religión y a un programa de islamización que sacaría al país del bache y lo lanzaría al progreso y al orden social, eliminando así «vicio y corrupción». Pero su gobierno coincidiría con dos sucesos clave en la historia de la región: la revolución iraní de 1979, que se extendió entre los chiíes del país e hizo temer a los sunníes su contagio a suelo paquistaní. La posterior invasión soviética del territorio afgano hizo que Pakistán fuera el lugar clave para contrarrestar el comunismo soviético. Se presentó como una lucha de la religión contra el ateismo, y muy en concreto y a través del patronazgo de Arabia Saudí, del sunnismo. Pakistán era el campo de batalla de una guerra no declarada entre los dos grandes del islam: Irán y Arabia Saudí.

Fracasada la Teoría de las Dos Naciones el islam volvió a ser utilizado como el único aglutinante

Siguiendo a la invasión soviética de Afganistán, Pakistán pasó a ser el campo de batalla de una guerra no declarada entre los dos grandes del islam: Irán y Arabia Saudí

Ambos patrocinaron a sus respectivas confesiones y promovieron sus respectivas visiones revolucionaria chií y wahabí en suelo paquistaní. Las consecuencias fueron la aparición de los dos primeros grupos-partidos políticos sectarios. El Tehrik-e Nifaz-e Fiqh Yafariyya o Movimiento por la Implantación de la Ley Yafarí, posteriormente denominado Tehrik-e Fiqh Yafariyya (TFY), surgido en 1979, pretendía defender los derechos vulnerados de los chiíes y promover una militancia chií en Pakistán. Como reacción, en 1984 surgió el Sipah-e SaHaba Pakistan (SSP) o la Armada de los Compañeros del Profeta, deobandí con una fuerte influencia wahabí, ante el temor de que la minoría chií acabara gobernando a la mayoría sunní y pervirtieran la fe. Gracias al gobierno de Zia y su patronazgo del islam sunní hanafí y en especial, hacia el deobandismo, pretendieron hacer de Pakistán un Estado sunní, declarar a los chiíes no musulmanes e infieles y hacerles convertirse al sunnismo. Los atentados contra miembros del exo-grupo se hacían de forma planificada y las dinámicas y discursos del odio que manejaban eran los mismos que los empleados entre bandas callejeras. Pertenecer al SSP era garantía de recibir algún ataque o encontrar una muerte violenta, mientras que los ataques contra los chiíes estaban orientados hacia los miembros de la TFY y hacia los representantes de Irán (centros culturales, ciudadanos…). El hecho de que estos grupos se formaran como partidos políticos, recibieran votos y sus miembros participaran en la política paquistaní, además de gobernar en coalición con políticos conocidos por todos (durante las dos legislaturas de Benazir Bhutto, SSP y TFY formaron parte de sus gobiernos en la Asamblea Nacional y provincial) infiltró el fantasma sectario en todos los estamentos de la sociedad. Con ello, se otorgó impunidad a muchos de los actos sectarios, dado que algunos criminales eran liberados de prisión, ya que el ser miembro de la Asamblea Nacional o provincial les otorgaba amnistía o simplemente, se sobornaba o chantajeaba a la policía. Las pugnas durante la década de los 80 se iban a dirimir en el contexto del partido político, los asesinatos de miembros del exo-grupo eran planificados y estaban orientados a dirigentes y personalidades reconocidas y la polémica sectaria perduraba.

En la década de los 90 surgieron varias escisiones de cada grupo, más sanguinarias que las anteriores y con diferente modus operandi. Sus nombres: Sipah-e Muhammad (SM) del TFY y Lashkar-e Jhangvi (LJ) del SSP. Estos años experimentaron el mayor auge en víctimas en los atentados sectarios. La explicación se puede encontrar en el final de la guerra de Afganistán y el retorno de los muyahidines a sus ciudades natales. Las lecciones aprendidas en las madrasas de exaltación de la violencia en forma de yihad y la orientación interna del mismo («purgar el islam de impurezas») hacia aquellos elementos considerados culpables de la decadencia y los vicios de la sociedad hicieron de cualquier musulmán el objetivo. Al estar estas madrasas en las zonas tribales pastunes de Pakistán, los valores étnicos tribales fueron asimilados como islámicos.

La globalización del islam y la extensión del terrorismo acompañaron los ataques sectarios de la retórica maniquea que el terrorismo de al-Qaida llevó en 2001 a territorio paquistaní en forma de atentados suicidas, hasta entonces desconocidos. El sectarismo confluyó con el terrorismo y los atentados estaban orientados a causar cuantas más bajas mejor, pudiendo dirigirse a la población en las mezquitas de los considerados como exo-grupos.

La incapacidad de los diferentes gobiernos de controlar las redes de madrasas ha dado lugar a la aparición de líderes carismáticos que expanden su propia versión del islam con fines dudosos

Por otra parte, la incapacidad de los diferentes gobiernos de controlar las redes de madrasas hizo dudar de la calidad de la educación en las mismas, además de dejar patente la inexistencia de una versión oficial del islam, dando lugar a la aparición de líderes carismáticos expandiendo su propia versión del islam con fines dudosos. El clamor popular contra la letalidad de los atentados, y la alianza en la guerra contra el terror que ligaba al gobierno de Musharraf con los EEUU hizo que el control de las escuelas coránicas fuera un tema clave. No es previsible que los partidos político-religiosos consientan que el Estado entre en sus dominios y termine con un monopolio educativo y religioso que les rinde votos y apoyos, a través de los cuales pueden luchar contra la hegemonía religiosa del Estado. Mientras existan madrasas controladas por los grupos sectarios, su papel en la sociedad estará garantizado. Esta tendencia ha promovido los enfrentamientos entre las distintas ramas del sunnismo, haciendo que incluso la más moderada, como es la barelví, entre en el juego de las divisiones sectarias y las pugnas por el control de mezquitas y madrasas.

CONCLUSIONES

Vista general de las celebraciones del aniversario del nacimiento del profeta Muhammad

Vista general de las celebraciones del aniversario del nacimiento del profeta Muhammad. Lahore, 21 de marzo de 2008. /Rahat Dar

Queda claro que el nacimiento de Pakistán como Estado para los musulmanes del sur de Asia lo puso en el epicentro de varias polémicas. Una de ellas, es la instrumentalización de la religión para construir un Estado, haciéndola indivisible de la política del mismo. El cúmulo de ambigüedades fundacionales y las distintas contradicciones entre los discursos y las realidades, harían de la política una fuente de conflicto constante. La incapacidad de adaptación a las distintas realidades y la negación de la diversidad como contraria al islam hicieron que la intransigencia fuera la tónica común, al menos, en el plano del discurso y en el político. Los distintos gobiernos, a nivel interno, han utilizado la religión como arma arrojadiza contra sus oponentes o como cortina de humo ante la carente legitimidad de alguno de los dirigentes.

Otra de las polémicas era la voluntad constante por conseguir un «islam verdadero» o «ser un musulmán verdadero» a nivel nacional, reflejándose en la misma Constitución del país. Los muchos esfuerzos por conseguir un islam puro, el único digno para un país que nació en su nombre, han llevado a la exclusión y la división. Cuantos mayores intentos se hicieron por unificar, homogeneizar y definir, más se alejaba la realidad de las intenciones.

La ubicación de Pakistán y los acontecimientos históricos a finales de los años 80 y durante la década de los 90, hicieron del país el campo de batalla de una guerra entre las dos confesiones del islam y sus representantes, influyendo en la máxima polarización de las mismas. El gobierno de un dictador militar carente de legitimidad democrática sirvió para imponer una islamización que negó las diferencias y pretendía hacer del hanafismo sunní la religión oficial. Esto no solo alienó a los chiíes, sino a las ramas sunníes que no apoyaban la visión de Zia-ul-Haq. Dividió a los deobandíes en aquellos de tendencia más salafí o wahabí, mientras que enfrentó más que nunca a deobandíes y barelvíes, además de promocionar las divisiones entre estos últimos. Durante el siglo XXI presenciamos una mayor tendencia a los enfrentamientos entre sunníes, lo cual muestra que a mayor empeño gubernamental por homogeneizar, mayor polarización. Se hace cada vez más difícil definir la naturaleza de estos grupos, ya que entremezclan el sectarismo con el «yihadismo» y el terrorismo.

Todos estos factores contribuyeron a que poco a poco, en silencio y a espaldas del Estado, se hayan formado varios submundos sectarios que pretenden dar respuesta a las dudas y reclamaciones de la población, que en general, ve cómo la religión es utilizada con fines políticos por unas élites incapaces de proveerles de necesidades básicas. Cuando las masas paquistaníes sueñan con un orden islámico, lo identifican con justicia, orden, igualdad y paz, y hoy por hoy, ni laicos ni islamistas se han acercado a ese sueño.

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