Número 13, otoño/invierno 2012: Arte y cultura en Israel y Palestina Khalid Hourani
Artista, comisario y crítico de arte. Director artístico de la Palestinian Association for Contemporary Art y de la International Academy of Art-Palestine. [+ DEL AUTOR]

Picasso en Palestina

El siguiente artículo está compuesto por dos partes, que conjuntamente narran la gestación de un interesante proyecto cultural llevado a cabo entre enormes dificultades. En la primera parte su autor, Khalid Hourani, explica la concepción de la idea de llevar una obra de arte -concretamente un cuadro de Picasso- para ser exhibida en Palestina. La segunda parte es la carta con la que el propio Hourani respondió a un preso palestino, Amjad Ghannam, que había sabido del proyecto y se había comunicado con el artista, por medio de una postal enviada desde la prisión en cuyo anverso realizó su propia versión del cuadro de Picasso, con tinta y café.

N. del E.

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Picasso en Palestina empezó en 2009 en el museo holandés Van Abbemuseum. Inicialmente era parte de otro proyecto artístico por el que hicimos una visita a ese museo con su director y los conservadores, y en el que tuvimos la oportunidad de ver las exposiciones del museo y de echar un vistazo a obras que estaban en el almacén y no expuestas. Durante la visita prestamos atención a las explicaciones detalladas que nos dieron sobre las obras expuestas, la política del museo para seleccionarlas y exponerlas y otras cuestiones relacionadas. Se habló de México y de Grecia, del intercambio de colecciones de arte o de algunas partes de ellas y se mencionó también algunos de los métodos de transporte que facilitan el intercambio. Por ejemplo, “este retrato se envió a Sao Paulo y este a Grecia, en un avión militar, y este a este otro sitio”, etcétera.

Fue entonces cuando me surgió una idea que en ese momento no pude estructurar del todo. ¿Por qué Palestina no puede ser un país más en los circuitos de intercambio de obras de arte singulares e históricas? ¿Por qué tienen que luchar los palestinos para que su nombre salga en un mapa, o para que haya una bandera palestina? Me entró la obsesión por encontrar no solamente un nombre y una presencia de Palestina en los mapas geográficos, sino también una conversación en la que se la mencionara como uno más de los destinos a los que se había enviado alguna obra de arte.

 ¿Por qué Palestina no puede ser un país más en los circuitos de intercambio de obras de arte singulares e históricas?

En ese momento no me detuve a pensar cómo podría suceder esto ni lo que supondría para la obra de arte ser trasladada a Palestina o para mí como artista. Poco a poco, la idea de realizar este proyecto pasó de ser un simple deseo a convertirse en una obsesión, en un sueño imposible que terminó convirtiéndose finalmente en un proyecto artístico a lo largo de dos intensos años de investigación, preparación y gestiones. La imagen del helicóptero militar se me aparecía continuamente: una aeronave a la que no se puede disparar o derribar por la importancia del objeto artístico que transporta. Qué maravilloso sería resguardar la seguridad de una obra de arte trasladándola en un helicóptero militar. Me surgieron muchas ideas y preguntas, pero la más recurrente era: ¿cuál es la situación en Palestina?, ¿hay un aeropuerto, hay fronteras bajo control palestino, qué ruta tendría que seguir una obra de arte para entrar en Palestina? El futuro del proyecto se resumía ahora en cuatro preguntas: ¿qué?, ¿dónde?, ¿cuándo? y ¿cómo?

 

El cuadro ‘Busto de mujer’, de Picasso, escoltado por la policía palestina durante la inauguración de su exhibición en la Academia Internacional de Arte de Palestina, en Ramala, 24 de junio de 2011. Imagen cortesía de Khalid Hourani.

Fue así como surgió la idea de Picasso en Palestina. Llevar una obra de Picasso a Palestina es una historia emocionante y complicada. Quedó claro por dónde había que empezar, pero en el curso de los acontecimientos aparecerían elementos e historias inesperadas, por lo que aún no se sabe cómo terminará esta historia. Invitar a que se exponga en Palestina una obra del conocido artista Picasso, una de las obras más famosas de la historia del arte contemporáneo, es un gran acontecimiento. La creación artística contemporánea de dicho proyecto introduce una historia que supera las expectativas. La importancia del proyecto no radica solamente en que sería la primera vez que una exposición de este tipo se realiza en Palestina ni en la magnitud del propio Picasso, sino también en el anhelo de los palestinos por ver y apreciar el arte. Este proyecto pone de manifiesto básicamente la aspiración del pueblo palestino de vivir en igualdad con el resto de las naciones y de tener un acceso ilimitado al arte.

Llevar una obra de Picasso a Palestina es una historia emocionante y complicada

Aun así, a la hora de relatar y vivir las diferentes fases de este proyecto artístico durante el proceso para su consecución, hay que decir que la experiencia más importante de todas fue comprender cómo se han interrelacionado los aspectos políticos, sociales y económicos en su desarrollo. El proyecto incluye una innumerable cantidad de correspondencia en forma de cartas y mensajes por correo electrónico, visitas, negociaciones y acuerdos entre la Academia Internacional de Arte de Palestina y el museo holandés Van Abbemuseum. Y también negociaciones y acuerdos con empresas de transporte y de seguros, patrocinadores, autoridades políticas y cuerpos de seguridad.

En otro plano, las implicaciones y los efectos de este proyecto artístico son un ejemplo de un importante mensaje político a la hora de llevar una obra de arte muy reconocida y valiosa a un país que sufre una ocupación militar y tiene una inestabilidad total. El proyecto genera también preguntas acerca del ‘espacio museístico’ que podría albergar una obra de esta magnitud y revela que en Palestina no hay un museo nacional ni un espacio oficial que sea equivalente a los estándares europeos de museos como el Louvre o el Museo Británico. Estas instituciones surgieron en el mundo occidental como una práctica artística paralela, la de exponer, analizar y examinar de manera intelectual la producción artística en el espacio museístico, sirviendo también como instituciones nacionales y coloniales del mundo occidental. El objetivo de este proyecto es suscitar este tipo de cuestiones y dilemas, desafiando los lugares comunes sobre el concepto de museo, su importancia para el Estado soberano y su significado cultural y nacional, mediante la llegada de un Picasso a Palestina. No cabe duda de que estas cuestiones intelectuales surgirán y de que serán discutidas en un espectro más amplio.

Poster exposicion Picasso Palestina

Cartel original de la exposición de ‘Busto de mujer’, de Picasso, en Ramallah.

 

A lo largo de los últimos dos años de trabajo en este proyecto es importante saber que éste, en sus distintas etapas, ha estimulado y suscitado datos interesantes e irónicos que se refieren tanto al mundo del arte como al de la política, y que los ha conducido a un cruce. No obstante, no se trata solamente del mundo de la política, que puede considerarse abstracto, ni incluso del modo en el que el arte representa a la política de una manera abstracta, sino también del hecho de que la propia vida es abstracta por lo general, cuando se confronta la realidad en todo su detalle. Dicho de otra manera, no ha sido fácil especular o predecir las rutas, implicaciones y efectos de dicha práctica artística en el mundo del arte al comisariar este proyecto. Ha sido un proyecto artístico con posibilidades abiertas.

En Palestina no hay un museo nacional ni un espacio oficial equivalente a los estándares europeos como el Louvre o el Museo Británico

El aspecto más importante de trabajar en este desafío es saber adónde nos conducirá este proyecto: ¿qué nuevas posibilidades se abrirán, a qué lugares desconocidos del país llegará, cómo se creará una posible red de intercambio con artistas e instituciones culturales de otros países? Algunos se preguntarán si es adecuado llevar a Picasso a Palestina en un momento en el que el país todavía está ocupado militarmente y cuál es el significado de hacerlo. Como respuesta, me referiré a lo que dijimos cuando se fundó la Academia Palestina de Arte en 2007: “tener una academia y un museo en Palestina es algo normal; lo que no es normal es vivir bajo una ocupación. Para que la excepción no se convierta en la regla, hemos creado una escuela de bellas artes”. En este caso, traer a Picasso es una práctica normal, aunque es también una empresa excepcional en el mundo del arte llevarlo en una situación política como la actual.

Picasso en Palestina tiene la firme intención de crear nuevas fronteras para el arte en Palestina, como regla que se oponga a cualquier excepción o negación de su carácter de normalidad. No tiene carácter excepcional que las obras de Picasso hayan viajado por varios países ni que sigan haciéndolo. Palestina debe ser un destino más, al igual que lo son muchas otras naciones del mundo. Hicimos un análisis de los Acuerdos de Oslo para conocer y entender mejor las condiciones en materia de transporte y seguros, así como las restricciones que la Autoridad Palestina pone a la entrada de obras de arte en el país. En este aspecto, la política invadió el proyecto artístico sin que nadie la hubiese invitado.

Este proyecto artístico creó un espacio para que la realidad política chocara con la disciplina artística

El proceso de selección de la obra de Picasso que debería exponerse terminó con la elección de Busto de mujer (1943), un retrato de un personaje femenino que no está considerado una obra política, como el Guernica. El tema del retrato es la mujer, y el cuadro fue seleccionado por amigos y estudiantes de la Academia de Arte. Se trata de una obra significativa por su representación de la mujer y de su condición en la producción artística mundial, que puede además motivar un análisis comparativo del modo en que el arte palestino ha representado a la mujer a través de la historia. Este  retrato también revela la relación de Picasso con fuentes de inspiración no occidentales, evidente en las máscaras cúbicas africanas y en su representación étnica y cultural. Además, debo decir que esta obra de Picasso me entusiasma en particular.

Este proyecto artístico creó un espacio para que la realidad política chocara con la disciplina artística y pusiera de manifiesto las duras condiciones de vida a las que se enfrenta Palestina. La importancia del proyecto reside en mostrar el modo en el que el arte puede disertar sobre la realidad en diferentes planos. Incorpora también inquietudes históricas del mundo del arte en general y aspectos en los que el arte palestino se relaciona con el arte europeo y mundial.

Tener una academia y un museo en Palestina es algo normal; lo que no es normal es vivir bajo una ocupación

Copia de la postal enviada desde la cárcel por Amjad Ghannam, en cuyo anverso hizo el dibujo.
Imagen cortesía de
Khalid Hourani.

El texto manuscrito dice: “Saludos, quizás sea bueno que la dirección de la cárcel nos prohiba tener postales ilustradas, pues así nos proporciona un espacio en blanco para expresarnos. Así pues, querido, acéptame esta postal como agradecimiento a tus esfuerzos y como medio para alegrarme con ustedes en este evento artístico. Se despide, Amjad “.

 

 

Carta abierta al preso Amjad Ghannam

Estimado Amjad,

Te saludo.

Han pasado muchas cosas con respecto al proyecto Picasso en Palestina desde que el cuadro llegara y fuera expuesto, y se conocieran las reacciones de los medios de comunicación y el público. El recibimiento, la hospitalidad, el debate y la controversia generaron una serie de cuestiones destacadas, relacionadas frecuentemente con la cultura en Palestina y su choque con la realidad. Entre otras cosas, tu carta produjo un efecto mágico y conmovedor en el equipo de Ramala y en los trabajadores del museo holandés, y no solamente por tus bonitas palabras y el hermoso dibujo que hiciste en la tarjeta de la cárcel, sino también -y esto es lo más importante- porque revela la magnitud que un proyecto artístico puede alcanzar y el tipo de comunicación que se consigue con un proyecto así. En mitad de toda la labor de preparación, presentación, divulgación en los medios y entrevistas con la prensa, no me fue posible escribir un texto como artista que acompaña un proyecto artístico. Tu carta fue una especie de tabla de salvación, tranquilizó mi ansiedad y me devolvió la sensación de bienestar después de tantas penalidades. Conseguiste que me sintiera más orgulloso y debo admitir que hizo que el proyecto alcanzara un punto que yo no había esperado.

Las preguntas que nos solíamos hacer eran: ¿dónde estamos yendo con el proyecto de Picasso?, ¿solo va a consistir en que recibamos el cuadro y lo expongamos? O: ¿una vez que vuelva a su museo en Holanda, empezaremos a presentar documentales sobre el derrotero del proyecto y todo terminará ahí? ¿Y qué vamos a hacer con un museo que se ha construido especialmente para acoger el cuadro en un edificio de la Academia palestina? ¿Se va a quedar vacío o lo llenaremos con más temas sobre el arte y la vida?

Como dije en la conferencia de prensa en la inauguración de la Galería Picasso, el proyecto va más allá de pedir prestada una obra y exponerla en Palestina; es también el largo camino antes de su llegada, es una metáfora para la historia que da un nuevo ímpetu a nuestro arte contemporáneo, una metáfora para los distintos lugares en los que ahora crece la sensación de actividad artística. La situación de Palestina ha hecho que esta labor tenga un poder ‘imposible’. A la labor se han unido organizaciones e inversores por amor al arte, junto con medios y amigos, en una aventura excepcional. El proyecto Picasso en Palestina no se acaba con la vuelta del cuadro a Holanda. Ahora bien, no sé tampoco cómo terminará, porque el proyecto ha abierto las puertas a la participación y al apoyo de muchas partes. Tengo que admitir que el proyecto ha tenido una complejidad excepcional. Me he implicado yo y he involucrado a muchos otros, pero tenía que seguir, era imprescindible no darse por vencido ante los innumerables obstáculos que encontrábamos.

Versión de la obra ‘Busto de mujer’, de Pablo Picasso, realizada por el preso Amjad Ghannam con tinta y café. Imagen cortesía de Khalid Hourani.

No hay palabras para explicar todas la complicaciones que hubo, solo puedo decir que no queríamos que el proyecto se detuviera. Picasso en Palestina fue una labor de casi dos años, muy emocionante para mí y para los demás. Algunos se lo tomaron con paciencia, otros se aburrían y desesperaban. No es necesario recordarte que este proyecto artístico destaca sobre todo los obstáculos y problemas con los que te topas en la absurda situación de una Palestina ocupada. El proyecto ilustra la necesidad de ‘hacer algo’, superando todas las dificultades y organizando su ejecución en un plano internacional. A lo largo del desarrollo de este proyecto sucedieron muchas cosas; hubo una guerra, revoluciones profundas y cambios de régimen. Así como crisis económicas, instituciones que desaparecieron y amigos que se fueron de este mundo. El proyecto tuvo que detectar las fórmulas políticas y adaptarse. El tiempo y el lugar tuvieron que adaptarse para conseguir un espacio museístico que recibiera por primera vez en Palestina esta magnífica obra de Picasso.

El proyecto va más allá de pedir prestada una obra y exponerla en Palestina; es una metáfora para la historia que da un nuevo ímpetu a nuestro arte contemporáneo

El proyecto tuvo que recurrir a muchos patrocinadores, desde colaboradores y espectadores interesados hasta aventureros y escépticos, y generó grandes esperanzas en una amplia gama de expectativas procedentes de un mestizaje social muy peculiar. No te puedes imaginar lo difícil que es conseguir esto. Te puedo decir que sus complicaciones económicas me hicieron dudar del arte y de su papel en la sociedad. Me consuela, sin embargo, saber que la filmación del proyecto acabará con todas las dudas y se recuperará la confianza en nuestra capacidad para llevar, a pesar de todos los obstáculos, incluso un solo cuadro de un museo europeo a un país ocupado a través de puertos, aeropuertos y puestos de control; barreras que no están al mando de los habitantes originales del país. El proyecto es tanto una labor complicada como un escándalo muy excepcional, un escándalo que pone de manifiesto la terrible situación de un pueblo que vive bajo una cruel ocupación militar.

En una ocasión mi madre me preguntó si era necesario mostrar más pruebas de nuestra situación. Yo le respondí: “Intentemos este tipo de prueba. Reza para que este mundo no nos obligue después de tantos años a crear un nuevo milagro a pesar de la aparente claridad de nuestra situación”.

Amjad: se supone que el arte está de nuestra parte y que forma parte de una vida buena. Es cierto que no puede resolver los problemas, pero por lo menos los puede diagnosticar. Sé que es normal que una obra de Picasso se exponga, venda, o incluso sea robada en otro país, y sé que está a solamente unos pocos kilómetros de museos israelíes a los que no tenemos acceso. No obstante, su presencia en Palestina revela tanto la existencia de algunos palestinos ricos como el derrotero que siguió y las circunstancias políticas y económicas que concurrieron. No la trajimos clandestinamente ni a través de un intermediario. La hicimos pasar a través de las injustas realidades políticas; la trajimos para dar a conocer el camino y sus obstáculos.  No ha eliminado los puestos de control en las carreteras ni la propia ocupación y no llegó como una simple obra de arte desnuda para ser expuesta, sino que atravesó también los muros de la cárcel y a lo mejor ha llegado hasta tu corazón y el de tus compañeros de prisión, que esperáis que los que estamos fuera hagamos algo que remueva el agua estancada que nos rodea.

Imagen del interior de la prisión israelí de Ketziot, en la que se encuentran recluidos prisioneros palestinos. Desierto del Neguev, Israel, 20 de julio de 2007. / Pavel Wolberg /EFE

El guardia que esté en el tejado de la cárcel de Gilboa o en sus torres de vigilancia se puede asustar y sentir una gran inquietud al ver una sucesión de imágenes que le atraviesan la mente, la imagen de quiénes somos y su imagen distorsionada de la ocupación, mientras él intenta falsear la realidad convenciéndose de que pertenece a una cultura humanitaria. Tu dibujo con la pluma y los restos del café pueden derrumbar los muros de su conciencia, y sus ojos se pueden colapsar, no solo por su participación personal en el exterminio y encarcelación de los palestinos, sino también porque la locura continúa, sin saber que lo sabemos.

Recibí tu carta, Amjad, a través de la Cruz Roja y les llamé para preguntarles cómo podía responder para darte las gracias y decirte que la había recibido. Me sugirieron que respondiera a tu carta aquí, en un diario que luego te llegará a ti. Espero que me perdones y te ofrezco una disculpa por hacer esto sin avisarte. Desde que recibí tu carta he estado pensando en resguardarla como documento en un libro que se publicará en un futuro con el apoyo de la revista belga A Prior sobre la idea, el proyecto, el arte y también nuestras vidas. Y también sobre la cárcel, las fronteras, el pensamiento libre y la libertad que anhelamos. ¿Debo hacer la presentación de la carta en el museo cuando se publique el artículo? Mostraré tu carta a un lado del cuadro de Picasso en Ramala, y la publicaré en otros sitios si así lo quieres, tal vez en el museo holandés, pues a su director le ha causado una gran impresión. ¿Te parece que hagamos postales para los presos con tu nombre y tu dibujo?

Me consuela saber que se recuperará la confianza en nuestra capacidad para llevar un solo cuadro de un museo europeo a un país a ocupado a través de puertos, aeropuertos y puestos de control; barreras que no están al mando de los habitantes originales del país

Es increíble el dibujo que hiciste con el café de la cárcel y además en  el poco espacio y tiempo que tenéis para mandar un mensaje a la familia, y prefiero publicarlo para compartir esta historia con los demás, para presentar a otro artista, en esta ocasión a Amjad Ghannam en lugar de a Picasso. Siento una alegría y un ansia enormes.

Mi estimado Amjad:

Picasso en Palestina empezó como una idea descabellada, como una obsesión por el papel del arte en los tiempos tormentosos que estamos viviendo. ¿Habrá que rociar azúcar sobre la muerte, habrá que seguir protestando? ¿Habrá que dibujar, hacer fotografías y escribir para relatar nuestras historias y compararlas con otras? ¿Tenemos que superar los límites que la realidad nos impone? ¿Debemos hacer que al arte y la cultura accedan a otros niveles no solo en Palestina sino también en todo el mundo? Picasso en Palestina fue una especie de ensayo para temas más profundos, en donde pusimos a prueba nuestra capacidad para traer un cuadro a una zona de guerra para mostrar nuestros derechos, entre ellos el derecho a la vida, el derecho al arte y el derecho a la participación humanitaria. El proyecto es también una especie de referencia oculta de lo que es posible, del comportamiento natural, y plantea como pregunta cuál es el tipo de arte que se enfrenta con la política, revisando la modernidad del mundo occidental en el ejercicio del arte contemporáneo y analizando el concepto de museo.

La postal de Amjad Ghannam, expuesta en la Academia Internacional de Arte de Palestina y escoltada por voluntarios del Van Abbemuseum. Ramala, Palestina, 24 de junio de 2011. Imagen cortesía de Khalid Hourani.

El proyecto se habría realizado incluso si no hubiéramos conseguido traer el cuadro. Confiábamos en que la película dirigida por Rashid Masharawi lo haría posible. Amjad, la compañía de seguros de Holanda tuvo que estudiar los Acuerdos de Oslo y la situación en la región para evaluar los riesgos; y la primera compañía no aceptó la idea y tuvimos que pedírselo a una segunda y a una tercera, hasta que, con el apoyo del museo, encontramos una que se encarga de asegurar pesca en el mar de Malta. Hermano, imagínate lo que supuso la aventura del viaje a Palestina y de asegurar el cuadro.

Amjad, haz por favor un esfuerzo por imaginarte el problema al que nos enfrentamos cuando llegamos al puesto de control militar de Qalandiya. Los guardias de seguridad palestinos no podían ir armados a Qalandiya, porque está en una zona de seguridad que no controla la Autoridad Palestina. Vinieron al cruce de Samir Amis, y te podrás imaginar que tuvimos que pedir a los medios y a la cámara que nos ayudaran a proteger el paso del cuadro.

El proyecto no ha terminado aún, muchas preguntas siguen abiertas.

Hasta que nos veamos en persona. ¡Por la libertad y a tu salud!

 

 

 

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