Dawn Chatty
Deputy Director, Refugee Studies Centre, University of Oxford. [+ DEL AUTOR]

Los jóvenes refugiados palestinos

El objeto de este artículo son los jóvenes refugiados palestinos en el mundo árabe, tanto los que viven en campos de refugiados como fuera de ellos. Durante más de medio siglo, estos jóvenes y sus familias han vivido de un modo provisional en el panorama dramático y políticamente inestable que es Oriente Medio. Estos jóvenes han sido presas del estereotipo, tanto académico como popular y se les ha objetivado como víctimas pasivas, igual que ocurrió con sus padres y abuelos antes que ellos, sin la ayuda de la protección internacional. Todas sus historias, aunque distantes, son las mismas, y tanto sus vidas y como las de sus familias se han visto profundamente afectadas por acontecimientos políticos locales y nacionales y por periodos de conflicto armado.

Un niño palestino en el campo de refugiados de Balata sostiene una llave de cartón, simbolizando la casa que su familia ya no posee

Un niño palestino en el campo de refugiados de Balata sostiene una llave de cartón, simbolizando la casa que su familia ya no posee, durante una protesta en conmemoración del día de la Nakba (‘Desastre’). Nablus, Cisjordania, Territorios Palestinos, 15 de mayo de 2003. / Alaa Badarneh

Las historias de estos jóvenes tienen algo en común y a la vez son únicas, a lo largo y ancho de la amplia panoplia de la existencia palestina contemporánea. Su capacidad de recuperación, sus medios y mecanismos para hacer frente a esta larga experiencia de emigración forzada tienen características comunes y una otredad significativa dependiendo del lugar en el que hayan vivido. El primer punto de referencia para estos jóvenes palestinos son las historias de su tierra natal y de sus lugares de origen. El segundo punto de referencia es el Estado, país o campo de refugiados en el que han crecido. Su identidad proviene de estas dos fuentes y, por tanto, a veces reflejan una “posicionalidad” múltiple y conflictiva. La mayoría de estos jóvenes viven a menos de doscientos kilómetros de los pueblos de origen de sus abuelos y de sus padres y, en algunos casos, se les ha permitido volver a visitar esos lugares especiales que en la actualidad ya no son más que un montón de piedras y escombros.

El propósito de este artículo es profundizar en los resultados de los estudios de campo realizados entre los años 1999 y 2000 para comprender mejor el modo en el que la larga historia de migraciones forzadas ha influido en estos jóvenes refugiados palestinos y cómo afrontan la incertidumbre de sus vidas. El material procede en gran medida del estudio de la propia autora en la Universidad de Oxford sobre los jóvenes refugiados palestinos en Líbano, Siria, Jordania, Cisjordania y Gaza, que son los cinco lugares donde funciona la UNRWA. Esta investigación intentaba reproducir las voces de niños y jóvenes con edades de entre 8 y 18 años, refugiados ya de 3ª generación, dentro del contexto de sus hogares y de su comunidad. Este último enfoque, tanto participativo como etnográfico, cuestionaba muchas de las suposiciones relativas a la naturaleza sui géneris del caso palestino y, al mismo tiempo, seguía la tendencia imperante en los estudios multidisciplinarios de situar el contexto cultural e histórico en el centro de la discusión.

HISTORIA COMPARTIDA. HISTORIA DISPUTADA

En 1948, tras un largo y prolongado periodo de conflicto armado entre los palestinos y los inmigrantes judíos, y una guerra de un año entre las milicias judías y los ejércitos árabes vecinos en la antigua Palestina bajo Mandato Británico, más de 750.000 palestinos abandonaron sus casas y lugares de trabajo y buscaron refugio en los campos que la Cruz Roja y otras agencias humanitarias montaron a toda prisa en Cisjordania, la Franja de Gaza, Líbano, Siria, Jordania y Egipto. Esta catástrofe humana, que los palestinos denominan Nakba, fue también el momento en el que las milicias judías decidieron declarar el nacimiento del moderno Estado de Israel.

En diciembre de 1949, Naciones Unidas estableció una agencia especial, la UNRWA, para gestionar los campos de refugiados palestinos y proporcionar asistencia sanitaria, educación y ayuda humanitaria. En la actualidad, los palestinos representan el grupo de refugiados más grande después de los afganos. Uno de cada tres refugiados en todo el mundo es palestino. A pesar de su gran escala y duración, el problema de los refugiados palestinos sigue siendo mal entendido. Para comprender por qué su caso sigue marginado y sin resolver después de más de medio siglo hay que aceptar el modo en el que su historia reciente se entrecruza con las aspiraciones de la diáspora de los judíos de Europa.

El primer punto de referencia para estos jóvenes palestinos son las historias de su tierra natal
y de sus lugares de origen

Cuando el Imperio Otomano empezó a desmoronarse antes del fin de la Primera Guerra Mundial, las potencias europeas empezaron a competir para obtener el control de las provincias árabes otomanas. Entre julio de 1915 y marzo de 1916, Sir Henry McMahon mantuvo correspondencia con el jerife de la Meca, el emir Husein, y aceptó que reconocería y apoyaría la independencia de los árabes si tomaban el lado de los británicos y se sublevaban contra los otomanos. Algunos meses más tarde, Sir Mark Sykes, secretario del Gabinete de Guerra británico, reveló un acuerdo contradictorio con Francia y Rusia por el que se repartirían los territorios del Imperio otomano en Oriente Medio, de modo que Francia se quedaría con los actuales Siria y Líbano, y el Reino Unido con lo que más tarde se convertiría en Iraq, Palestina y Transjordania. Un año más tarde, en una carta que lord James Balfour, el Secretario de Asuntos Exteriores británico, envió a lord Rothschild, un líder del movimiento sionista en Londres, los británicos prometían apoyo para el establecimiento en Palestina de “un hogar nacional para el pueblo judío, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina” (Ministerio de Asunto Exteriores británico, 2 de noviembre de 1917).

Al final de la Primera Guerra Mundial, se creó la Sociedad de Naciones y en 1919 el pueblo palestino fue reconocido como una nación independiente, situándola “provisionalmente” bajo Mandato Británico. Tres años más tarde, la Sociedad de Naciones incorporó la Declaración Balfour en sus artículos. Por una parte, el Mandato Británico exigía que el Reino Unido actuase como “custodio” (artículo 22 del acuerdo) del pueblo palestino que no era “todavía capaz de mantenerse por sí mismo” como un Estado independiente. Al mismo tiempo, esa incorporación de la Declaración Balfour en el mandato para Palestina de la Sociedad de Naciones (artículos 2, 4, 6 y 7) contradecía claramente partes importantes del acuerdo original al permitir a Gran Bretaña consultar a la Agencia Judía sobre materias relativas a tierras, inmigración judía a Palestina y sus asentamientos, sin hacer referencia ni consultar al pueblo de Palestina, sobre el que precisamente tenían el mandato de conducir hacia la plena independencia.

Durante las tres décadas que siguieron, el porcentaje de la población judía en el Mandato Palestino cambió espectacularmente. En 1918, la población árabe de Palestina era de unas 700.000 personas; de los que 574.000 eran musulmanes, 70.000 cristianos y 56.000 judíos. En 1946, el número de judíos en Palestina aumentó hasta 700.000, representando un tercio de la población total de aproximadamente 2.115.000.

Tras el aumento de los levantamientos armados de los árabes y de las milicias judías contra ellos, los británicos comunicaron a las Naciones Unidas que ya no podían mantener el control de la zona y que en breve dejarían el mandato. En 1947, Naciones Unidas envió a Palestina una Comisión de Investigación, el Comité especial para Palestina (United Nations Special Committee on Palestine, UNSCOP). Cuando la Comisión regresó, propuso la división de Palestina, y el 29 de noviembre de 1947, la Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, conocida como Plan de Partición, fue aprobada. El Plan adjudicó el 56,4% de las tierras al Estado judío y el 42,8% al Estado árabe palestino. Jerusalén se convirtió en una zona internacional. Al día siguiente del Plan de Partición de la ONU, los conflictos armados se extendieron por Palestina y tras la masacre del pueblo de Deir Yassin en 1948, los Estados árabes se aliaron en la Liga Árabe, considerando la posibilidad de una intervención armada en la zona. Para cuando las milicias árabes decidieron intervenir, la mayor parte de las ciudades y pueblos más importantes de Palestina ya habían caído en manos de la Haganá y de otras milicias judías.

La energía que los jóvenes refugiados palestinos en Líbano están dispuestos a invertir para organizar actividades educativas es asombrosa

Los palestinos fueron derrotados y el viernes 15 de mayo, Ben Gurión declaró la creación del Estado de Israel. En junio de 1948, el Gabinete israelí formalizó y adoptó un plan para impedir el regreso de los refugiados a sus hogares. Al mismo tiempo, los gobiernos árabes rechazaron formalmente la integración de los refugiados palestinos en los Estados limítrofes, porque creían que de ese modo pondrían en peligro el derecho a regresar a sus hogares en Palestina.

Tras su expulsión, los palestinos buscaron refugio en los países vecinos, fundamentalmente en Cisjordania y Gaza (que se encontraban bajo control de Jordania y de Egipto respectivamente), Líbano y Siria. La mayoría de los palestinos pensaba que su expulsión acabaría en cuestión de días, o en algunas semanas, como máximo. Muchos no se habían llevado sus pertenencias y dejaron las puertas de sus casas abiertas, otros se llevaron las llaves. Hoy, muchos todavía conservan las llaves de sus casas como un símbolo de esperanza y de resistencia al exilio.

CONDICIONES SOCIALES Y POLÍTICAS ACTUALES

Todos los países árabes en los que se establecieron refugiados palestinos experimentaron un conjunto de realidades históricas y demográficas que han determinado el modo en el que se ha formado y mantenido la identidad de los jóvenes palestinos. Además y como resultado, las condiciones políticas y sociales de los palestinos en los países de la región difieren en relación con sus derechos de ciudadanía, su proporción comparada con la población total del país y su acceso al empleo y a la vivienda. A lo largo y ancho de la región, los palestinos constituyen un grupo en desventaja social y económica. En la actualidad, muchos viven en condiciones de pobreza y tienen una estructura demográfica con predominio de los jóvenes. A excepción de los que viven en Jordania, ninguno de ellos gozaba de derechos de ciudadanía hasta 1995, cuando la Autoridad Nacional Palestina (ANP) concedió pasaportes a los habitantes de Gaza y Cisjordania.

Líbano

Unos 100.000 palestinos huyeron a Líbano en 1948 desde Galilea y la Palestina del norte. Durante los primeros años, el gobierno libanés asimiló a la mayoría de los refugiados palestinos cristianos mediante naturalización. El resto de los refugiados, musulmanes sunníes, no contaban con la confianza del gobierno libanés. Durante las siguientes décadas, esa desconfianza se convirtió en una tensión importante. Entre 1970 y 1971, después de que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y sus “luchadores por la libertad” fueran expulsados de Jordania, desplazaron sus bases al sur de Líbano y establecieron su sede en Beirut. La OLP creó numerosas instituciones que contrataron a muchos jóvenes y adultos palestinos. Estableció una vasta red de aliados y llegó a ser considerada por el gobierno libanés como “un Estado dentro de un Estado”. Cuando en 1975 estalló la guerra civil en Líbano, la OLP fue objetivo de las fuerzas armadas. Durante los dos años siguientes de amarga lucha, las numerosas milicias libanesas, apoyadas por Siria, derrotaron a la OLP. En 1982, Israel invadió Líbano y expulsó a las fuerzas de la OLP. Cuando se acabó la guerra civil en 1989, se reinstauró un nuevo gobierno central en Líbano, pero los refugiados palestinos fueron política y socialmente aislados. Los campos palestinos cayeron bajo control libanés o sirio. El desempleo entre la población palestina se disparó y los palestinos que pudieron marcharse lo hicieron.

Una mujer palestina y sus hijos pasan frente a un muro agujereado por armas de fuego

Una mujer palestina y sus hijos pasan frente a un muro agujereado por armas de fuego. Campo de refugiados de Rafah, Gaza, Territorios Palestinos, 5 de octubre de 2003. / Mohammed Saber

A comienzos del año 2000 había 370.000 refugiados registrados por la UNRWA. En total, un 53% vive en campos de refugiados y alrededor del 20% en campos “no oficiales”. Líbano no reconoce ningún derecho civil a los refugiados palestinos que necesitan permisos de trabajo para que los contraten y estos son concedidos cuando no hay ningún libanés que quiera ese trabajo. El desempleo es del 40% y los servicios sanitarios y de educación van disminuyendo, sobre todo los proporcionados por la UNRWA debido a la escasez de presupuesto.

Siria

La mayor parte de los palestinos que fueron a Siria vía Líbano llegaron del norte de Palestina. Al principio se les ofreció refugio en las mezquitas, escuelas y tiendas de campaña; más tarde el gobierno sirio les entregó parcelas de terreno, que constituyeron el inicio de los campos de refugiados de la UNRWA en Siria. En 1956, el gobierno sirio promulgó la llamada Ley 260 para integrar a los palestinos en la vida civil del país. A los palestinos que vivían en Siria se les garantizaron los mismos derechos que a los sirios en todos los ámbitos legales incluidos los derechos relacionados con el desempleo, comercio y servicios nacionales, manteniendo su nacionalidad original. Sin embargo, no podían votar en las elecciones ni solicitar el pasaporte sirio.

Desde principios de los años sesenta, muchos palestinos en Siria participaron en el movimiento de resistencia palestino. Miles fueron asesinados en las actividades de los fedayines (combatientes palestinos) contra Israel, durante el Septiembre Negro de 1970 en Jordania y en la guerra civil libanesa durante los años ochenta. A todo esto hay que añadir que, durante la invasión israelí en 1982, los continuos bombardeos sobre Líbano afectaron de un modo dramático a la distribución de los palestinos en los campos de Siria y Líbano, provocando severos problemas de superpoblación en algunos campos.

El 45% de los refugiados palestinos en Siria tiene menos de 19 años

El número de refugiados palestinos en Siria se estima en más de 400.000, según la General Association for Palestinian Arab Regugees (GAPAR), el departamento de las autoridades sirias para los refugiados. De estos, 370.304 son refugiados de 1948 y sus descendientes registrados por la UNRWA, así como los que llegaron a Líbano y a Gaza durante las dos últimas décadas. Constituyen menos del 2,6% de la población. El 45% tiene menos de 19 años y el tamaño medio de una familia es de seis miembros. Hay diez campos en Siria, cerca de Damasco y de Homs y tres campamentos adicionales. El campo más grande es el de Yarmouk, con 90.000 habitantes. Muchos de los palestinos se encuentran en una situación de desventaja socio-económica: el 26% de las familias vive por debajo de la línea de pobreza, el 22% en la línea de pobreza y la UNRWA registró 29.643 casos de extrema pobreza en 2002 (UNRWA: 2003; FMR: 2008). Los refugiados no tienen derecho a la nacionalidad siria.

Jordania

En 1950, dos años después de la guerra de 1948, Cisjordania se unió a Transjordania, a lo que se dio el nombre de Reino Hachemí de Jordania. Esta anexión expandió de un modo espectacular la base territorial de Jordania y jugó un papel crucial para dar forma al desarrollo del país como nación-Estado. Tras la anexión, Jordania extendió lo derechos de plena ciudadanía a la mayoría de los palestinos que vivían a ambos lados del río Jordán, incluyendo a los refugiados que habían tenido que abandonar sus hogares y sus tierras durante la guerra de 1948. Tres importantes conflictos armados produjeron la llegada de refugiados a Jordania. La Guerra de 1948 supuso la llegada de unas 100.000 personas, la guerra del 1967, de unas 400.000, y la Guerra del Golfo, a principios de los años noventa, de otras 400.000. Muchos de estos, a pesar de ser clasificados como “retornados”, nunca habían vivido en Jordania. Además de estos conflictos mayores, tuvieron lugar los serios enfrentamientos armados de Septiembre Negro, entre 1970 y 1971, que condujeron a la derrota y a la expulsión de la OLP de Jordania.

Jordania cuenta con el mayor número de refugiados de la diáspora: la UNRWA tiene 1,6 millones de refugiados registrados, que constituyen un 32% de la población total de Jordania. Es el único país árabe que ha concedido la nacionalidad a la mayoría de sus refugiados, aunque estos se enfrentan a barreras discrecionales para una integración completa como ciudadanos. Por ejemplo, mientras los refugiados de 1948 gozan de plenos derechos de ciudadanía, los de 1967 y posteriores oleadas migratorias no.

La Franja de Gaza

Después de la Guerra de 1948, la Franja de Gaza cayó bajo control egipcio y era administrada como una entidad aparte, aunque los palestinos de Gaza no recibieron la nacionalidad egipcia. En 1967, tras la Guerra de los Seis Días, Israel ocupó este territorio y desde entonces ha mantenido el control de un modo u otro. En 1987, tras años de frustración, las protestas civiles aumentaron y culminaron en manifestaciones masivas que denunciaban el trato de Israel a los palestinos. Este levantamiento, que comenzó con jóvenes que atacaban lanzando piedras, se llamó la Intifada. Se extendió a Cisjordania y duró siete años, acabando con la firma de un tratado de paz, los Acuerdos de Oslo, con la retirada parcial de la ocupación militar israelí y el traspaso del gobierno de la Franja a la ANP en 1994.

En la actualidad, los palestinos representan el grupo de refugiados más grande después de los afganos. Uno de cada tres refugiados en todo el mundo es palestino

La Franja de Gaza mide 50 km de largo y 12 de ancho, lo que supone un área de 362 kilómetros cuadrados. Tiene 4 ciudades, 8 campos de refugiados y 14 pueblos y una población total de más de un millón de personas. Son en su mayoría jóvenes: el 47% tiene menos de 15 años y el 5,2% sesenta o más. En 2007 había 922.674 refugiados registrados, de los cuales el 54,8% vive en campos, que constituyen aproximadamente el 84,5% de la población total. La UNRWA proporciona educación, atención sanitaria y servicios de ayuda a los refugiados que viven dentro o fuera de los campos, mientras la ANP es la que proporciona estos servicios a los residentes no refugiados.

Cisjordania

Tras la guerra de 1948, casi 400.000 palestinos se refugiaron en Cisjordania. Al final del conflicto, el ejército israelí impidió que estos refugiados, así como los desplazados internos de la zona, regresasen a sus hogares en el nuevo Estado de Israel, alegando razones de seguridad. Cisjordania se encontraba anexionada a Jordania, pero después de la guerra de 1967, el territorio fue ocupado militarmente por Israel, que obligó a los palestinos que vivían en los campos a permanecer allí, con la consiguiente superpoblación durante los años siguientes. Tras los Acuerdos de Oslo, Cisjordania se dividió en tres zonas: A, B y C. Esto significa que mientras algunos de los campos están situados en áreas totalmente controladas por la ANP, otros están expuestos directamente al control militar israelí, por ejemplo, los de la zona C. Los soldados israelíes vigilan las carreteras adyacentes, patrullan los campos y persiguen a los jóvenes que les tiran piedras.

Los refugiados palestinos representan el 37% de la población de Cisjordania, un total de 665.246, de los cuales un 26% reside en los 19 campos y un 74% fuera de los mismos, según los datos del Palestinian Central Bureau of Statistics. Casi la mitad de la población (45%) tiene menos de 15 años: un 17% entre cero y cuatro años, y un 27,5% entre cinco y catorce años.

LOS JÓVENES PALESTINOS EN ORIENTE MEDIO EN LA ACTUALIDAD

Las realidades históricas, políticas y económicas de los países de acogida tienen un impacto indudable en las vidas de los jóvenes refugiados palestinos. Así, mientras existen aspectos compartidos entre los campos de Líbano, Siria, Jordania, Cisjordania y la Franja de Gaza, el contexto histórico de cada una de estas zonas ha cambiado considerablemente y por tanto ha afectado las vidas de los refugiados.

Entre los temas más importantes que han salido a la luz en nuestro estudio se encuentran la identidad, el estatus y los lazos familiares. A todos los jóvenes les preocupa su identidad como palestinos, como refugiados, como residentes de los campos y como musulmanes o cristianos. A pesar de que los palestinos comparten una historia común hasta 1948 y similares historias de desplazamientos, las marcadas diferencias en los derechos civiles actuales en los diferentes lugares de refugio han abierto una brecha entre ellos. En Jordania, por ejemplo, la política nacional de naturalización de los refugiados palestinos de 1948, pero no de la ola de 1967, ha creado una tensión y una escisión entre la población. Un joven palestino comentaba:

“Mi abuela me habla de Palestina, es como un diccionario; sabe muchas historias sobre Palestina y siempre nos las cuenta. A mí me gustaría ir a Palestina. Todos en el campo quieren ir a Palestina. Mi abuela me dice que nosotros somos del 48, pero que también están los del 64 [se equivoca y quiere decir 67] y dice que los del 67 sí que podrán regresar, pero que la gente del 48 no.” (Refugiado, Jordania).

En Líbano, el sentimiento de discriminación es tan pronunciado que muchos jóvenes refugiados palestinos tienen un sentimiento de desesperación y ven la emigración como la única opción para mejorar sus vidas. En Siria, los derechos civiles de los palestinos son iguales a los de los ciudadanos sirios y por tanto la cuestión de la identidad se contesta menos que la discriminación social. La emigración no se considera una opción para mejorar sus vidas, mientras que la educación sí. En Gaza, sin embargo, es la pobreza la que impide que los jóvenes tengan oportunidades en la vida.

“Yo creo que el futuro en Gaza no es bueno. Gaza es un área muy limitada. No tenemos nada. Cuando la gente tiene hambre reacciona. La pobreza es la que causa la mayoría de nuestros problemas. El dinero los resolvería, pero no hay dinero. ¿Qué podemos hacer? Yo he intentado trabajar, pero no hay trabajo por aquí y además para mí es difícil trabajar y estudiar a la vez.” (Refugiada, Gaza).

Aunque la educación es un asunto extremadamente importante, la especificidad de cada territorio hace que para los jóvenes palestinos la educación sea glorificada o condenada. En Líbano, donde el acceso a la educación después de la primaria es muy limitado, la educación no se plantea como uno de los posibles métodos para hacer frente a la vida como emigrantes forzosos. Los jóvenes palestinos en Líbano centran el debate de la educación en el contexto de mejorar los centros, de oportunidades de seguir aprendiendo y de ese modo mejorar sus perspectivas laborales. Los jóvenes piden continuamente cursos de informática, de idiomas y formación profesional. La energía que estos jóvenes están dispuestos a invertir para organizar actividades educativas es asombrosa.

No sorprende que la educación sea un asunto que está en la mente de todos los jóvenes palestinos. En Jordania, buscan espacios para montar y organizar clubes extraescolares, sitios donde se pueda ofrecer una educación continuada a los que tuvieron que abandonar pronto la escuela o a los que no se benefician como les gustaría de las escasas horas de clase que ofrecen las escuelas de la UNRWA, abarrotadas y con un exceso de solicitudes. En todas partes los jóvenes palestinos reconocen la importancia de una educación de calidad. En Siria, se definió como un arma “potencial” para igualarse con sus oponentes en el conflicto palestino-israelí.

“Yo sé que nuestro enemigo ha recibido una buena educación y está muy bien preparado. Por tanto, nosotros tenemos que usar las mismas técnicas y tener la misma educación para luchar contra ellos. Estoy convencida de que podemos ganar la guerra, porque tenemos el derecho de nuestro lado. Echo de menos Palestina y me imagino volviendo allí. Sé que puedo conseguir este sueño estudiando y trabajando mucho para servir a la causa de Palestina.” (Refugiada, Siria).

En los testimonios de los jóvenes se describe vívidamente la experiencia continua de la violencia civil y militar

En Cisjordania, la educación se ve como un mecanismo que lleva a una vida más satisfactoria y productiva. En todos los territorios, la falta de un plan de estudios apropiado y con sentido hace que aparezcan ideas distorsionadas y poco claras de la historia, de la cultura y de la sociedad palestinas. La obligación de que la UNRWA, como proveedora de la escolarización de los palestinos refugiados, imparta la historia del país donde residen, es vista por los jóvenes como un fallo. Por todas partes, la educación no oficial, ya sea en forma de clubes para reunirse por las tardes, grupos de jóvenes y asociaciones religiosas o sociales, ofrece a estos jóvenes una oportunidad de consolidar su sentimiento de identidad nacional y de pertenencia. En Cisjordania, esto lo llevan a cabo tanto grupos religiosos como organizaciones no gubernamentales. En Siria, son grupos para jóvenes subvencionados por el gobierno los que enseñan a los jóvenes refugiados la postura del gobierno sirio ante el conflicto palestino-israelí.

Niños palestinos juegan cerca de un tanque israelí

Niños palestinos juegan cerca de un tanque israelí. Campo de refugiados de Rafah, Gaza, Territorios Palestinos, 21 de mayo de 2004. / Mohammed Saber

Los jóvenes palestinos reconocen que existe una marcada diferenciación entre sexos en lo que se refiere a sus posibilidades para completar su educación o para tomar parte en la vida política. Las chicas explican su relativa falta de libertad social, comparada con la de los chicos, como un sistema que les ofrece seguridad pero que, al mismo tiempo, les impide completar su educación. Además, las chicas se casan jóvenes, a menudo en matrimonios concertados y con miembros de su familia extendida, como un modo de escapar de la opresión de sus propias familias. Hombres y jóvenes gozan de mayor libertad y participan en actividades políticas, a menudo pertenecen a grupos o toman parte en enfrentamientos y son encarcelados. Lo que cuentan las mujeres atestigua cómo sus vidas estaban y continúan estando determinadas por las experiencias de los hombres y por el largo conflicto.

Entre los mecanismos de adaptación más importantes se encuentran la fe religiosa y el activismo político

“Cuando era niña, quería participar tirando piedras a los soldados. Quería que me mataran y convertirme en mártir. En tres ocasiones organicé con mis compañeros después del colegio ir a los sitios donde había enfrentamientos para tirar piedras y esperar que nos mataran y convertirnos en mártires, pero mis compañeros casi siempre cambiaban de opinión. Me gustaría ser un mártir porque el modo en el que vivimos es muy desagradable y sufrimos mucho. El martirio es más interesante y una alternativa mejor que esta vida indigna.” (Refugiada, Cisjordania).

Los códigos de honor y la violencia en las familias rigen en las comunidades de refugiados palestinos, donde la discriminación y la violencia emocional contra las niñas es más pronunciada que contra los niños. El movimiento de las niñas en las familias y dentro de la comunidad está limitado y en algunas zonas su modo de vestir está estrictamente determinado para que se ajuste a las normas “islámicas” o “tradicionales”. A las niñas se les carga de tareas domésticas y reciben un apoyo muy escaso en las escuelas. La violencia doméstica se repite en las escuelas entre alumnos y entre alumnos y profesores.

La violencia estructural de la sociedad palestina es un elemento significativo a la hora de ayudar a entender la percepción que los jóvenes palestinos tienen de sus limitadas vidas. En todos estos países, los refugiados palestinos y sus descendientes están situados estructuralmente en una posición en la que deben enfrentarse a la falta de derechos civiles, a estatus sociales bajos y, a menudo, a ganarse la vida de un modo inestable. En los testimonios de los jóvenes y de sus padres y abuelos se describe vívidamente la experiencia continua de la violencia civil y militar. El conflicto político y militar se refleja en violencia a todos los niveles de la sociedad. Los jóvenes denuncian abusos físicos y verbales por parte de los profesores en las escuelas, la presencia de bandas en los barrios, como sucede en la mayoría de los asentamientos urbanos de todo el mundo, y la violencia en los hogares. Además, la televisión vía satélite hace que lleguen diariamente a los hogares de estos jóvenes noticias en vivo y en directo de las continuas y violentas confrontaciones árabe-israelíes.

“Los medios de comunicación nos infunden miedo a mi familia y a mí. Antes de la Intifada, mi hermana de cuatro años se iba a dormir a las nueve de la noche. Ahora se queda despierta hasta la una porque tiene miedo de los bombardeos. Piensa que destrozarán nuestra casa y que la matarán. Sin embargo, yo creo que lo positivo de toda la cobertura que ofrecen los medios de comunicación es que los demás países del mundo pueden ver la realidad de Israel ante sus ojos.” (Refugiado, Cisjordania).

UNA CONCIENCIA POLÍTICA ACTIVA

Para los jóvenes palestinos está claro que la familia representa el centro de la vida individual y es donde se transmite la identidad palestina. A menudo, cuando entrevistamos a los abuelos sobre su experiencia de la emigración forzada, los miembros más jóvenes de la familia se acercaban y escuchaban aquellas historias por primera vez. Aunque los abuelos habían contado muchas historias del pueblo de donde venían y a menudo seguían conservando las llaves de sus casas, nunca habían contado la historia de su huída. Esta apertura y que los jóvenes estuvieran escuchando fue importante para toda la familia, porque llenaba un vacío y permitía la discusión y que creciera un mayor sentimiento de solidaridad en la familia. Nunca se podrá enfatizar lo suficiente la importancia de dar a conocer, compartir y grabar las historias de las familias a través de proyectos educativos, ya que es vital para los jóvenes palestinos comprender y preservar las experiencias de sus familias dentro del marco de la narrativa general palestina.

Entre los mecanismos de adaptación más importantes de los jóvenes refugiados se encuentran la fe religiosa y el activismo político, a través de los cuales los jóvenes le dan sentido a lo que les rodea, gastan energía y liberan sus sentimientos de frustración social y política. Los grupos religiosos de oración y la asistencia asidua a lugares de culto están cobrando mayor importancia entre los jóvenes de ambos sexos, así como el activismo político. En Gaza y Cisjordania este hecho se ha documentado en muchos estudios y programas de televisión y películas. En Jordania, Siria y Líbano, este activismo se lleva a cabo en la participación de grupos de jóvenes palestinos en organizaciones no gubernamentales que exigen el derecho al retorno de los palestinos a sus lugares de origen.

En todas partes, la infelicidad de los jóvenes palestinos con su hábitat físico es de suma importancia y se ve reflejada de diferentes modos: la superpoblación, la falta de privacidad, la inexistencia de espacios verdes o de campos de juego, la falta de servicios públicos, de bibliotecas, clubes y las insoportables condiciones de salubridad. La vida de estos jóvenes está marcada por la falta de estos elementos básicos de la sociedad civil, pero aún así no aceptan que esta situación de pobreza no se pueda cambiar. Aunque reconocen que no hay más espacio disponible, buscan activamente, a través de varios mecanismos y estrategias de adaptación, sacar lo mejor de una situación muy difícil.

¿Qué es lo más relevante de estos hallazgos? Que los jóvenes palestinos son individuos con una conciencia política activa. Aquellos que deseen mejorar las condiciones de vida de estos jóvenes necesitarán cambiar de estrategia y políticas concretas para incluir las inquietudes de los jóvenes palestinos. Esto requiere un cambio significativo en las actividades de desarrollo para asegurar la participación de los mismos, con un enfoque de abajo a arriba. Este es un cambio que ya está presente en la retórica de la política actual de la mayoría de las organizaciones relacionadas con los jóvenes refugiados palestinos. Sin embargo, no se ha implementado completamente en la práctica.

Los refugiados palestinos pertenecen a una sociedad que ha conseguido mantener su coherencia a pesar de más de medio siglo de desplazamientos

Consideremos la violencia estructural, por ejemplo. Sabemos que este tipo de violencia impregna a la sociedad palestina y necesita ser entendida y tratada. Está claro que las agencias de la ONU como la UNRWA no pueden dedicarse a la ingeniería social. Sin embargo, nuestros estudios han demostrado que las escuelas son un punto de referencia para la juventud. Por tanto, las agencias deberían trabajar para intentar romper el ciclo de violencia en los hogares y en las escuelas, promoviendo e implementando una política de cambio que prohíba activamente la violencia en las mismas. Lo mismo se podría aplicar a la discriminación de sexos en las aulas y en el resto de actividades. Una política que fomentase la participación de los jóvenes de ambos sexos en la escuela y en las actividades extraescolares, tendría a la larga un efecto positivo en el modo en el que la sociedad se enfrenta a la violencia y a la discriminación por motivos de sexos.

El activismo callejero es otro motivo de preocupación poco comprendido y que necesita ser entendido en un contexto de escasas oportunidades para la expresión personal y la cohesión social. La falta de lugares de encuentro para los jóvenes necesita considerarse cuidadosamente. Las calles se convierten en los sitios de juego, los centros sociales y los espacios donde las opiniones políticas se pueden expresar. De hecho, no existen otras alternativas donde los jóvenes puedan jugar o hablar de sus preocupaciones. Pero esto no tendría por qué ser así, ya que muchas de las escuelas de la UNRWA son espacios grandes y en la mayoría se imparten dos turnos de clases al día pero se cierran por las tardes. Esto podría cambiarse y con un pequeño gasto extra y poco personal estos lugares podrían aprovecharse como zonas de juego, centros de informática, clubes extraescolares, centros de actividades y bibliotecas. Contar con estos espacios sociales es un derecho de todos los niños y aquellos que crecen en campos de refugiados no deberían verse tan privados y deshumanizados.

CONCLUSIÓN

Para acabar, diremos que existe una necesidad urgente de reconocer que, aunque los refugiados palestinos, los niños y los jóvenes, se enfrentan a una serie de desventajas en las que la pobreza y la privación de los derechos civiles son habituales, pertenecen a una sociedad que ha conseguido mantener su coherencia a pesar de más de medio siglo de desplazamientos. Esta coherencia, que se ha conseguido a través de las historias que la primera generación de refugiados ha contado, necesita ser grabada antes de que esta generación que huyó de Palestina en 1948 haya desaparecido.

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