Alberto Priego Moreno
Investigador invitado, Department of Languages and Culture of Near and Middle East, School of Oriental and African Studies (SOAS), University of London. [+ DEL AUTOR]

Los iraníes. Algo más que persas y chiíes

Irán es el heredero del legado histórico y cultural del Imperio Persa. Quizás por eso sea tan difícil analizar este país como un Estado más. Su mezcla étnica, religiosa y cultural ha hecho del Irán actual un ente mucho más complejo. Así, cabría preguntar qué es Irán y qué es ser iraní. Aunque a priori la pregunta pueda parecer un tanto naif, la respuesta no es tan sencilla. Una de las mejores respuestas la podemos encontrar en el discurso de la iraní Shirin Ebadi –Premio Nobel de la Paz (2003)– en Oslo: “Soy iraní, descen­diente de Ciro el Grande. El Emperador que hace 2.500 años proclamó sobre su pináculo que no reinaría sobre aquellos que no le quisieran como mandatario”. Sin embargo, dicha respuesta no estaría completa sin los elementos que aporta la explicación que dio el jurado para otorgarle el citado galardón: “Shirin Ebadi ha hecho posible ser musulmana, demócrata, liberal, una mujer liberada, orgullosa de la herencia pre-islámica y comprometida con la paz en el mundo”.

Una niña kurda iraní. Los kurdos representan el 7% de la población de la República Islámica

Una niña kurda iraní. Los kurdos representan el 7% de la población de la República Islámica. Kermanshah, Irán. 8 de agosto de 2008. / Abedin Taherkenareh/EFE

Irán es el heredero de Persia. Sí, pero no solo. Aunque desde Europa y en especial, gracias a Reza Pahlavi, se haya presentado a Irán como un Estado-Nación, quizás esa no sea la forma más correcta de abordar su análisis. Desde el punto de vista étnico y religioso, Irán puede ser considerado como un Estado multinacional. Aunque es cierto que los persas (51%) son la etnia dominante, existen otros grupos como los azeríes (24%) o los kurdos (7%) que representan una importante parte de la población. En el plano religioso, la mayoría chií es incluso más clara, aunque hay importantes minorías religiosas como los zoroastrianos o los bahais presentes en la creación de la identidad iraní. Así, si buscáramos una palabra con la que definir al pueblo iraní tendríamos que acudir a sus propios conceptos y decir que Mellat-e-Iran (Pueblo de Irán) es, quizás, la expresión que mejor se adapta a la diversa realidad iraní.

LA REALIDAD ÉTNICA

Irán puede ser considerado como un Estado multinacional. (…) grupos como los azeríes (24%) o los kurdos (7%) representan una importante parte de la población

Según las últimas estimaciones, en Irán viven 69 millones de habitantes y conviven alrededor de ocho etnias diferentes cuya distribución se puede observar en el gráfico de esta página. Una convivencia que es, en general, armónica, como demuestra que en el último siglo, salvo en algunos momentos excepcionales, en Irán se hayan respetado las diferencias étnicas. En efecto, Teherán parece haber asumido la realidad de ser un Estado multicultural heredado del Imperio Persa. El propio Reza Pahlavi ya insistió mucho en que se evitara la denominación de Persia en favor de la de Irán precisamente para no herir las sensibilidades de los distintos grupos étnicos. Incluso la Revolución Islámica, al contrario de lo que sucedió con las minorías religiosas, no se mostró especialmente hostil con los distintos grupos étnicos. Así, cuando existieron problemas se debió a dos elementos: el miedo a una insurrección, como fue el caso de los azeríes o los kurdos, y los planteamientos religiosos que chocaban con la ideología del régimen, como ocurrió con los de los baluchis.

La ubicación de las minorías en Irán muestra la existencia del problema centro-periferia. En su mayor parte, los grupos étnicos minoritarios están situados en las zonas fronterizas, ya que al otro lado de la demarcación viven hermanos que pertenecen al mismo grupo pero a distinto Estado. Este es el caso de los turkmenos, los azeríes, los árabes o los baluchis. Se trata de nuevo de una consecuencia del pasado imperial iraní que provoca que el concepto Irán-político (territorio de Irán) no coincida con el concepto Irán-cultural (zonas cultural y lingüísticamente persas).

Los persas

El término persa tiene dos posibles orígenes. El primero, siguiendo la mitología griega, sería la adoración que los habitantes de esta zona tenían por el dios Perses, de quien procedería la dinastía persa. El segundo, del término Parsa, que en griego antiguo significaba “por encima de los reproches” y coincide con Pars o Parsua (actualmente Fars), una de las provincias más importantes de Irán, donde nace la dinastía Aqueménida, considerada como la fundadora de Persia. En realidad, las dos explicaciones confluyen, ya que en la provincia de Pars está el monte Zagros, donde residiría el dios Perses.

Más allá de la etimología del término, los persas son un pueblo de origen indoeuropeo que llegó a Irán con las invasiones de los Arios. Allí se asentaron en tres zonas: en el norte, a orillas del Caspio, los schytas; en el centro, los medas; y al sur, los persas, fundadores de la dinastía persa. Posteriormente, la leyenda de Persia iría creciendo gracias a gobernantes como Darío o Ciro el Grande y a particularidades religiosas como la de acoger a la primera confesión monoteísta de la historia de la humanidad: el zoroastrismo.

Los persas representan en la actualidad el 51% de la población de Irán, aunque su identidad está más basada en la lengua que en la etnia. De hecho, la gran cantidad de grupos étnicos hace que se considere persa a aquel que no se identifica con ningún otro, ya sea baluchi, azerí o kurdo. De ahí que los persas vayan a ser objeto de una atención menor que otras etnias en este artículo.

Los azeríes

Los 24 millones que componen el pueblo azerí se encuentran a ambos lados del río Araz, que hoy marca la frontera entre Irán y Azerbaiyán. En la actualidad, los 18 millones de azeríes que viven en Irán (24% de la población) se localizan en el noroeste del país. Curiosamente, la población de azeríes de Irán triplica a la de Azerbaiyán. Aunque históricamente han tenido problemas con Teherán, se trata de una minoría bien integrada y que, en algunos casos, como el del Ayatolá Jamenei, se encuentra presente en los niveles más altos de la sociedad iraní.

Los azeríes son un pueblo de origen turco, aunque muy vinculado a Persia. Antes de la llegada del islam eran fervientes creyentes zoroastrianos y, de hecho, solo aceptaron la religión del profeta Mahoma cuando los Safavidas la introdujeron bajo la variante chií. El nombre Babak, muy popular en Azerbaiyán, tiene su origen en un personaje histórico que en el siglo IX ofreció una resistencia numantina a la conquista árabe. Los Safavidas establecieron su corte en Tabriz, la ciudad azerí más importante. Por eso no extrañó que muchos de los poetas e intelectuales que vivían en la corte fueran azeríes y usaran el turco como lengua de palacio. De hecho, es sabido que el primer líder safavida, Ismael, escribía en turco y su enemigo, Selim el egipcio, lo hacía en persa. Ya en el siglo XIX, después de dos guerras entre Rusia e Irán, se firmaron los tratados de Golestán (1813) y Turkmenchai (1828) que separarían definitivamente a los azeríes. El río Araz se convertía así, más allá de su dimensión espacial, en una barrera política. A partir de entonces, la Cuestión de Azerbaiyán comenzó a dar más de un quebradero de cabeza a las autoridades iraníes. Así, durante el siglo XX, el Azerbaiyán iraní se convirtió en una zona convulsa donde las demandas de autonomía estaban a la orden del día. En concreto, además de la presencia de azeríes en la Revolución Constitucional de 1906, se pueden distinguir tres momentos clave en las relaciones entre Tabriz y Teherán:

1. La revuelta de Jiyabani (1920). Después de la Primera Guerra Mundial, Irán vivió unos años caóticos que Jiyabani, un clérigo muy influido por las ideas europeas, intentó utilizar para lograr una distribución más justa del poder entre el centro y la periferia. Aunque en ningún momento Jiyabani cuestionó la integridad territorial ni se planteó la independencia de Azerbaiyán, su movimiento acabó siendo reprimido por Reza Jan, a la sazón Reza Pahlavi.

2. La revuelta de Yafar Pishevari (1945). Tras la Segunda Guerra Mundial, el norte de Irán quedó ocupado por la Unión Soviética. Moscú pretendía ampliar su territorio con la ayuda de Pishevari, un azerí vinculado al comunismo, que pretendía ejercer el derecho bolchevique a la libre determinación. Finalmente, el Primer Ministro Qavam ordenó una ofensiva militar que restableció el orden en Azerbaiyán. La revuelta debe ser entendida más como una revolución pro-soviética que como un movimiento nacionalista azerí, pero lo que sí provocó fue un éxodo de azeríes que fueron recibidos como héroes en Bakú.

Al igual que ocurre con los árabes, el régimen de los ayatolás teme que EEUU pueda utilizar los grupos kurdos para provocar su caída

3. La Revolución Islámica (1979). Los meses posteriores a la Revolución Islámica fueron de gran agitación. Pero, salvo en el caso de los kurdos, y, en menor, medida el de los turkmenos, ninguna minoría utilizó el momento para intentar lograr la independencia. Durante los años del reinado Pahlavi el país se había industrializado y desarrollado económicamente, lo que provocó movimientos migratorios del campo a la ciudad y de la periferia al centro. Así, al llegar la Revolución Islámica, en Teherán vivían más azeríes que en el propio Tabriz y, en su mayor parte, gozaban de una posición acomodada.

De hecho, los disturbios que se vivieron en el Azerbaiyán iraní se debieron a un enfrentamiento entre los partidarios del Ayatolá Jomeini y los partidarios del Ayatolá Shariatmari, que controlaban Tabriz. El motivo del enfrentamiento fue una discrepancia sobre el principio Velayat-e faqih que, según el Ayatolá Shariatmari, chocaba con la soberanía del pueblo. Así, aunque se registraron duros enfrentamientos en el Azerbaiyán iraní, se trataron de disputas entre azeríes y en ningún caso iban contra la integridad territorial. Lo mismo que hemos dicho de la Revolución Islámica puede ser aplicado a la guerra Irán-Iraq. Durante el conflicto, los azeríes tampoco buscaron iniciar aventuras secesionistas y permanecieron leales al Estado iraní. Sin embargo, un hecho que sí convulsionó a los azeríes iraníes fue la caída de la URSS y la emergencia de un “Estado hermano” en el norte. Cuando la URSS se tambaleaba, los contactos entre los azeríes de ambas orillas del río Araz se incrementaron. No era extraño encontrar a azeríes del sur haciendo proclamas en la principal plaza de Bakú (Mayden Place) en favor de la creación del Gran Azerbaiyán. Una vez el Azerbaiyán norte logró su independencia, los contactos se multiplicaron, lo que generó, y aún genera, fricciones entre Teherán y Bakú. Un ejemplo es el conflicto de Karabaj, en el que Teherán se ha mostrado más cercano al pueblo armenio que al azerí.

En los últimos años han comenzado a aparecer problemas serios en el Azerbaiyán iraní ya que la población reclama sus derechos lingüísticos en las escuelas. La respuesta oficiosa de Teherán vino en forma de caricaturas cuando el diario oficialista Iran News inmortalizó a los azeríes en forma de cucaracha hambrienta. Se podía leer el siguiente texto: “Pasareis hambre mientras no habléis persa”. Previamente ya se habían producido algunas manifestaciones de azeríes frente al Majlis (Parlamento) reclamando sus derechos lingüísticos. El presidente Ahmadineyad declaró que las revueltas azeríes estaban instigadas desde el exterior y que pretendían desestabilizar al régimen de los ayatolás.

Algunos autores relacionan el estallido de violencia baluchi con el negocio del opio y de la heroína procedente de Afganistán

Los kurdos

Los kurdos son quizás la minoría étnica más combativa de Irán. Situados en el noroeste (Kurdistán iraní), los 4 millones de kurdos representan el 7% de la población. Aunque es una de las minorías más importantes del país, sus hermanos iraquíes (6 millones) y sobre todo los turcos (12 millones) son mucho más numerosos. Religiosamente son sunníes, lo que incrementa las posibilidades de conflicto con las autoridades de Teherán. Sin embargo, no todos los kurdos son sunníes. Así, por ejemplo en la provincia de Kermanshah los kurdos son chiíes y sus relaciones con Teherán son más amigables.

Con todo, la violencia en el Kurdistán iraní está más vinculada a episodios similares en Iraq y Turquía. Los primeros problemas se remontan al siglo XVII, cuando un acuerdo entre Safavidas y Otomanos cedió parte del Kurdistán iraní a los turcos. La figura más importante de la resistencia kurda iraní fue Ismael Agha Simko, quien abanderó la revuelta kurda contra el Sha en los años 20 del siglo pasado. Pero las divisiones internas y la represión de Reza Jan acabaron con su movimiento. Prueba de ello fue la prohibición del término Persia. También se favoreció la denominación iraníes de la montaña en lugar de kurdos.

Al igual que ocurrió con los azeríes, la inestabilidad que provocó la Segunda Guerra Mundial se acabó trasladando al Kurdistán iraní. La simpatía de Reza Shah por el eje provocó que los aliados le sustituyeran por su hijo Muhammad. Este tenía una posición mucho más relajada con los kurdos, lo que permitió la creación del grupo Komala. Sin embargo, este grupo de intelectuales carecía de estructura para luchar por la independencia. Así, la URSS, al igual que hizo en el Azerbaiyán iraní, creó un grupo, el KDPI, que absorbió a Komala y radicalizó sus propuestas. En diciembre de 1945 el líder de este movimiento, Qazi Muhammad, viajó a Tabriz y a Bakú donde estableció los contactos necesarios con el mundo soviético. En enero de 1946 proclamó la República de Mahabad o del Kurdistán.

La proclamación de la República del Kurdistán se convirtió en un problema regional, ya que otros kurdos lo consideraron un ejemplo a seguir, algo que incluso ocurre hoy con los kurdos de Iraq. Los temibles peshmergas iraquíes se convirtieron en las fuerzas armadas de la nueva república. Sin embargo, nada pudieron hacer cuando en diciembre de 1946 las fuerzas del Sha entraron en Mahabad y acabaron con la aventura independentista kurda.

Los líderes de los grupos religiosos minoritarios están obligados a firmar un documento en el que se comprometen a impedir que los musulmanes entren en sus templos así como a renunciar al proselitismo

La llegada de Muhammad Mossadeq como Primer Ministro en 1951 supuso una mejora de la situación de los kurdos gracias a su compromiso de que todas las etnias tuvieran los mismos derechos. Además, Mossadeq logró el apoyo kurdo a cambio de puestos de responsabilidad en su administración. Esta tendencia se contagió al KDPI quien eligió al líder moderado, Rahman Ghassemlou quien pedía “más democracia en Irán y más autonomía en el Kurdistán”. Sin embargo, los últimos años de los Pahlavi fueron muy difíciles para los kurdos y Jomeini aprovechó este descontento para su revolución. Los intereses del ayatolá chocaron con los intereses de los kurdos. Jomeini elaboró un discurso pan-islamista que pretendía acabar con los movimientos que aspiraban a aglutinar a los musulmanes usando criterios étnicos como el pan-turquismo, el pan-arabismo o el pan-kurdismo. Los kurdos sunníes se sintieron defraudados al tiempo que discriminados y por ello decidieron plantar cara al nuevo régimen. En la víspera del Noruz (año nuevo kurdo), el régimen de los ayatolás envío a los Guardianes de la Revolución y a la fuerza aérea para reprimir las revueltas kurdas. La Revolución Islámica se presentaba incluso más represora que el régimen del Sha.

Además de las revueltas de 1999 provocadas por la detención de Abdullah Öcalan, los mayores altercados se produjeron en 2005, cuando tuvo lugar el asesinato de un joven kurdo a manos de las fuerzas de seguridad. Los disturbios se saldaron con 30 muertos y más de 100 detenidos. El asesinato fue solo el detonante ya que se arrastraba la tensión provocada por la anulación de las listas kurdas reformistas en las elecciones de 2004. La represión no se centró únicamente en los activistas. Periodistas, escritores y otros intelectuales kurdos también han sido uno de los objetivos de Ahmadineyad. La realidad es que al igual que ocurre con los árabes, el régimen de los ayatolás teme que EEUU pueda utilizar los grupos kurdos para provocar su caída.

Los baluchis

Los baluchis iraníes ascienden a 1.400.000. Representan alrededor del 2% de la población aunque se trata de una cifra inferior a la de sus hermanos pakistaníes, 8.000.000. Mayoritariamente son musulmanes sunníes de la escuela Hanafí, muy popular en Asia Central, y se cree que son descendientes de las tribus kurdas que se asentaron en el Este de Persia (Makrán) como vigilantes de fronteras en tiempos de los Medas (Siglo VI d.C). Los baluchis viven en la zona más deprimida de Pakistán y en las zonas menos desarrolladas de Irán y sus índices de desempleo son de los más altos (30%-50%) en un país donde el desempleo es ya de por sí muy elevado. Además, los baluchis se quejan de que el empleo es, junto con la educación o las prestaciones sociales, uno de los puntos en los que son discriminados. Este hecho unido a la porosidad de la frontera hace de la zona una de las principales rutas del narcotráfico. A pesar de esta falta de oportunidades económicas, esta área ofrece grandes oportunidades estratégicas. Por este motivo, Irán ha situado una de las mayores instalaciones militares del país precisamente en esta región, lo que ha provocado la reacción airada de la población baluchi y la aparición de un grupo terrorista denominado Yundallah. Esta organización cuenta con unos 1.000 efectivos y sus acciones han dejado ya un rastro de más de 400 muertos, varios secuestros y la ejecución de un Guardián de la Revolución. Algunos autores han señalado que este estallido de violencia está relacionado con el negocio del opio y de la heroína procedente de Afganistán, ya que se busca inestabilizar la zona para que el tráfico encuentre aún menos trabas.

La acción más importante del Yundallah se produjo en 2005, cuando la comitiva presidencial fue atacada mientras circulaba por la autovía de Zabol-Saravan. Sin embargo, Ahmadineyad no viajaba en dicha caravana, lo que le permitió salvar la vida. Como es lógico y dado que desde 2001 los contactos entre EEUU y los baluchis han sido regulares, las declaraciones que acusan a Washington de estar detrás de los ataques no han faltado.

Los árabes

El origen de la población árabe de Irán está en la expansión territorial árabe del siglo VII. Abu Musa lanzó una ofensiva desde Basora logrando la conquista de toda la región. Las crónicas cuentan que en la zona habitaban árabes de religión cristiana que probablemente se afincaron como mercaderes. Posteriormente, con los Abbasíes y los Omeyas se produjeron nuevos movimientos de población árabe hacia esta zona. Ya en el siglo XVI algunos kuwaitíes se afincaron en la región. La mayor parte de los árabes que en la actualidad viven en Irán –unos 3,7 millones (3%)– son chiíes, hablan indistintamente en farsi o en árabe y se concentran en la provincia de Juzestán. A pesar de tratarse de la zona que posee el 80% de la riqueza petrolífera del país, es una de las regiones más deprimidas. Los índices de drogadicción son los más altos de Irán. Uno de los hechos que más han castigado a Juzestán fue la guerra Irán-Iraq. Saddam Husein se presentó como el liberador de Arabistán (Juzestán) y, salvo en los primeros momentos, y, sobre todo, en las aldeas fronterizas, la población no le apoyó. La explicación es que en Juzestán se fundó la primera dinastía persa, la Aqueménida. Precisamente esta negativa a colaborar con un “liberador” que maltrataba a sus hermanos chiíes iraquíes provocó que Juzestán fuera una de las zonas más castigadas durante la guerra por parte del ejército iraquí. El paso del tiempo no ha mejorado la situación y la pobreza. El gobierno chií de Iraq y los límites a la cultura árabe en Irán han provocado que la población de Arabistán se oponga al gobierno de Ahmadineyad. En abril de 2005, la situación se agravó con el estallido de graves disturbios que acabaron con más de 100 detenidos y 20 muertos. También en relación con esta cuestión, el gobierno de Teherán acusa a Estados Unidos y al Reino Unido de estar agitando la región para hacer tambalear al régimen de los ayatolás. Según el gobierno de Teherán, en los últimos meses ha habido varios intentos de atentado contra la refinería de Abadan, la más importante del país y de la que depende el refino del 30% de la producción. Como respuesta, se ha condenado a muerte a varias personas, lo que ha provocado que el clima sea aún más tenso.

Otras minorías

Existen otras minorías étnicas a las que, por motivos de espacio, no podemos dedicarles mucha atención. Una de ellas son los turkmenos (2 millones), que viven en Golestán y Jurazán Norte. Se trata de una minoría sunní-hanafí que utiliza el turco-oghoz como lengua.

También hay que destacar las tribus de los lures que, aunque están emparentados con los kurdos, mantienen una lengua propia. Viven en las zonas montañosas del suroeste y, a pesar de que su carácter nómada hace difícil calcular cuántos son, se habla de una cifra aproximada de 2.500.000.

Por último, cabe mencionar a los mazandaríes, pueblo chií de unos 4 millones (7%) que habita la costa sureste del Caspio. Aunque su parecido con los persas es muy grande, mantienen algunas diferencias, sobre todo en el lenguaje. Hay que destacar, por curioso y anecdótico, que el Sha Reza Pahlavi pertenecía a dicha etnia.

LA REALIDAD RELIGIOSA

Cristianos armenios iraníes celebran el día de Nochebuena en una iglesia en el centro de la ciudad

Cristianos armenios iraníes celebran el día de Nochebuena en una iglesia en el centro de la ciudad. Teherán, 24 de diciembre de 2004. / Abedin Taherkenareh/EFE

Al contrario de lo que ocurría con los grupos étnicos, las minorías religiosas sí han sufrido un empeoramiento de su situación tras la Revolución Islámica. Esta pérdida de derechos no atiende a una única razón, ya que la minoría musulmana sunní ha sido perseguida mientras que otras no musulmanas, como la zoroastriana o la armenia, no han sufrido semejante represión.

Irán es mucho más compacto desde el punto de vista religioso que étnicamente. El 98% de los iraníes son musulmanes y, de estos, un 89% son chiíes. Además, algunos de los grupos étnicos que tienen problemas no tienen contenciosos religiosos con el gobierno central. Este es el caso de los azeríes, que, al ser chiíes, tienen un punto de encuentro con los persas en la fe. El 2 % no musulmán pertenece a otros grupos como bahais, judíos, cristianos y zoroastrianos, aunque no todos están reconocidos como minoría religiosa.

El 2% de la población no musulmana pertenece a otros grupos como bahais, judíos, cristianos y zoroastrianos, aunque no todos están reconocidos como minoría religiosa

El concepto Minoría Religiosa Reconocida (MRR) conlleva aparejado el derecho a practicar la propia religión previa comunicación al Vezarat-e Farhang va Ershad-e Islami (Ministerio de Cultura y Guía Islámica). Bajo el paraguas de esta figura jurídica se encuentran judíos, armenios, caldeos, asirios y zoroastrianos. Curiosamente, este no es el caso de los bahais quienes, desde 1979, han sido fuertemente perseguidos. En lo que a los textos se refiere, los libros sagrados deben ser supervisados y traducidos al persa bajo la tutela del gobierno. El caso de la Biblia es especialmente problemático, ya que tanto su impresión como su importación están expresamente prohibidas. Los líderes de los grupos religiosos están obligados a firmar un documento en el que se comprometen a impedir que los musulmanes entren en sus templos así como a renunciar al proselitismo. Sin estos dos requisitos es imposible la convivencia religiosa en Irán.

Los bahais

El bahaísmo es una religión que nace en el siglo XIX, por lo que puede ser considerada como una de las creencias más jóvenes. Se trata de una fe que emana del chiismo, aunque carece de reconocimiento oficial en Irán. La fe bahai se resume en un deseo de unión de la raza humana más allá de las naciones, los credos, la clase o la raza. Este fue el mensaje que dejó su creador Bahaullah, según sus seguidores el último de los profetas enviados por Dios después de Moisés, Jesús y Mahoma. Sus fieles, unos 300.000-350.000, no se adscriben a ninguna etnia ni a ninguna zona geográfica y, lamentablemente, están muy perseguidos en Irán. Hay dos razones que explican dicha persecución: la negación de la condición de último profeta de Mahoma (por lo que son considerados apóstatas) y su colaboración con la dinastía Pahlavi.

Si bien durante la presidencia del reformista Jatami se apreció una ligera mejoría de la situación de la comunidad bahai, cuando el presidente realizaba alguna visita oficial al extranjero se producían actos de represión. Por ese motivo, los bahais, que supuestamente tienen su presencia prohibida en Irán, se permitieron escribir una carta abierta a Jatami pidiendo respeto a sus comunidades. De nada les sirvió, pues la llegada de Ahmadineyad ha sido nefasta para sus aspiraciones. Se conocen al menos tres documentos públicos que instan a la persecución de los bahais. El primero relativo a las fuerzas armadas (octubre 2005); el segundo del Ministerio de Economía, y el tercero firmado por el Ministerio del Interior. Estos tres documentos, que aparentemente son secretos, muestran la preocupación por la extensión de esta religión minoritaria e instan a su persecución.

Los judíos

Los judíos son una de las pocas minorías no-musulmanas reconocidas en Irán. Se calcula que en la actualidad hay unos 13.000. Residen principalmente en las ciudades (Teherán, Isfahán, Shiraz). Históricamente los judíos han tenido una importante presencia en Persia desde tiempos tan remotos como la conquista de Babilonia por Ciro el Grande. Se trata de una minoría tradicionalmente bien integrada que conocía la lengua aunque escribiera con alfabeto hebreo. Los judíos iraníes presumen de ser una de las religiones más antiguas del país, así como de tener unas raíces que se remontan 3.000 años y 90 generaciones atrás.

Aunque en algunas épocas, como en la Safavida, fueron objeto de persecución, en general se puede afirmar que los judíos han estado integrados en Irán. En el siglo XX la situación se normaliza gracias a la Constitución de 1906 y a la familia Pahlavi. Aunque con Mossadeq se vivieron algunos episodios de tensión, sobre todo con la creación del Estado de Israel, en general después de la Segunda Guerra Mundial la convivencia fue muy buena. Así, a la luz de este periodo de estabilidad, florecieron sinagogas, matrimonios mixtos y organizaciones judías.

La Revolución Islámica reconoce el zoroastrismo como minoría religiosa e incluso lo considera fundamental en la cultura persa

En principio, la Revolución Islámica no supuso una confrontación directa entre los ayatolás y los judíos, aunque sí es cierto que más de la mitad de los hebreos salieron del país provocando el mayor éxodo desde los tiempos de Darío. La diferencia entre la situación de los judíos y los bahais se debe a dos elementos: mientras que los primeros son dimmi “un pueblo del Libro” (o perteneciente a una de las otras dos grandes religiones monoteístas), los segundos no y, además, los judíos no tienen el afán proselitista de los bahais. Sin embargo, la lucha de la Revolución Islámica revitalizada por Ahmadineyad contra el sionismo e Israel ha provocado el empeoramiento de sus condiciones de vida, como pueda ser la prohibición de viajar a Israel con un pasaporte iraní o las críticas a los procesos de paz en Oriente Medio.

Esta situación supone un claro deterioro con respecto a las condiciones previas a la llegada de Ahmadineyad cuando, por ejemplo, la mayoría de los judíos que emigraban lo hacían por motivos económicos. Sin embargo, acciones concretas como la celebración de un congreso internacional para negar el Holocausto o la emisión de series de televisión con un claro contenido antisemita (“Los ojos azules de Zahra” o “Para ti, Palestino”) han enrarecido el ambiente. Esta nueva posición de Irán, que comenzó en octubre de 2005, choca frontalmente con la mantenida por Jatami, quien tendió la mano a Israel diciendo que si los palestinos alcanzaban la paz con Tel-Aviv, Irán haría lo mismo.

Lamentablemente, la acción del actual presidente iraní, a veces contrario incluso al propio Jamenei, está echando a rodar casi 3.000 años de convivencia ejemplar entre distintas confesiones, ya que aunque históricamente ha habido algunos roces, la población judía ha estado muy bien integrada, estando incluso representada en el Majlis (Parlamento). Por ese motivo, la actitud de Ahmadineyad rompe tanto con la tradicional tolerancia persa como con el tratamiento que los ayatolás dieron a los judíos en 1979.

Los zoroastrianos

El zoroastrismo sigue siendo muy popular en Irán. Se calcula que unos 50.000 iraníes son seguidores de Zaratustra o Zoroastro. Viven sobre todo en Isfahán, Shiraz y Ahvaz, aunque Yazd sigue siendo su ciudad sagrada. Esta religión tiene su origen en la antigua Persia y está vinculada a Zaratustra, profeta que vivió en el nordeste de Irán en un periodo incierto entre el 1700 y el 1500 a.C. La importancia del zoroastrismo en la identidad iraní creció cuando, en el 226 d.C., los Sasánidas la convirtieron en religión oficial. Aunque la llegada del islam supuso que el zoroastrismo quedara en un segundo plano, su esencia permanece muy presente incluso hoy. Algunos autores como Pollack señalan que el reiterado intento de Jomeini por diferenciar entre Dios (el régimen de los ayatolás) y Satán (Estados Unidos e Israel) responde a la eterna relación entre el bien y el mal del zoroastrismo. Además, cabe pensar que la insistencia extrema en el monoteísmo proviene en buena medida del zoroastrismo que es considerada por muchos como la primera religión monoteísta de la historia de la humanidad.

Igualmente, durante la dinastía Pahlavi fue muy respetada por considerarla como un elemento clave en la identidad persa. De hecho, en los años del Sha se llegó incluso a celebrar el Primer Congreso Mundial del Zoroastrismo en 1960. Con la llegada de la Revolución Islámica, los zoroastrianos no sufrieron la persecución de los bahais, aunque debido a la incertidumbre muchos emigraron. No obstante, la Revolución Islámica los reconoce como minoría religiosa (MRR) e incluso los considera fundamentales en la cultura persa. Por otra parte, los chiíes profesan gran respeto por esta fe y permiten sus prácticas, entre las que se encuentran el consumo de alcohol, el que las mujeres no lleven puesto el velo islámico o la peregrinación a la montaña de Yazd, lugar donde, según la tradición zoroastriana, yacen los restos de la princesa Nikbanou, quien escapando de los árabes fundió su cuerpo con las rocas de la montaña. Allí mana una fuente de agua cristalina con propiedades mágicas y hace algunos años encontraron unas piedras de colores a las que atribuyen ser los restos del vestido de Nikbanou.

No se puede negar que la propia identidad de Irán es algo que va más allá de Persia y del propio islam chií

Los cristianos armenios

Los armenios son también un pueblo con profundas raíces en la historia de Irán. Las primeras referencias se encuentran en las crónicas griegas (500 a.C.) que hablan de una tierra llamada Armenia. En esta primera fase, los armenios tenían mucho contacto con los zoroastrianos. De hecho, influyeron mucho en su liturgia. Sin embargo, la principal oleada se produjo con el reinado del safaví Sha Abbas cuando los armenios fueron deportados a Tabriz, Isfahán y Julfa para evitar que los otomanos acabaran con ellos. Además, aprovechando esta circunstancia se llevó a cabo una modernización de Isfahán tras la que los armenios se hicieron con el comercio, algo que se mantiene aún hoy. Los armenios constituyen la mayor comunidad cristiana de Irán, con un número cercano a los 200.000. En su mayor parte pertenecen a la Iglesia Apostólica Armenia, que cuenta con varias archidiócesis en Irán, aunque otros pertenecen a la rama católica y a la protestante. Además de Teherán e Isfahán existen otras ciudades, como Hamadán y Arak, donde las comunidades armenias son también reseñables.

En lo que a las relaciones políticas se refiere, los armenios son quizás la minoría que mejores relaciones mantiene con el gobierno. Ya en los tiempos del Sha era la única minoría que contaba con dos diputados en el Parlamento, algo que en la actualidad se mantiene. Como ocurre con los zoroastrianos, gozan de algunas prebendas como, por ejemplo, la venta y consumo de alcohol para los no musulmanes o que las mujeres armenias no estén obligadas a ir cubiertas. Sin embargo, se registran fricciones y algunos episodios de violencia como asaltos a cementerios o ataques personales que, afortunadamente, no han enturbiado la relación entre dos pueblos que conviven pacíficamente desde hace muchos siglos.

Otros grupos cristianos son los caldeos (16.000) o los asirios (18.000), que se asientan principalmente en Teherán y en Juzestán. En general, la situación de los cristianos de Irán, con la única excepción de los armenios, ha empeorado desde la llegada de Ahmadineyad. Además de la obligación de identificarse a la entrada de las iglesias, se han producido lamentables episodios como agresiones y raptos de religiosos. Curiosamente, estas medidas se asemejan a otras tomadas por el gobierno del primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan.

Un grupo de iraníes festejan el Sizdah bi Dar, decimotercer día de Noruz, o año nuevo iraní

Un grupo de iraníes festejan el Sizdah bi Dar, decimotercer día de Noruz, o año nuevo iraní, en el parque de Laleh. Teherán,
2 de abril de 2004. / Abedin Taherkenareh/EFE

CONCLUSIONES

En líneas generales, se puede decir que Irán presenta los típicos problemas de un Estado con un pasado imperial. Por un lado, acoge en su interior a diferentes grupos étnicos que suelen tener vínculos con Estados vecinos provocando recelos. Por otro lado, esas minorías, tanto étnicas como religiosas, permiten al país tener una mayor riqueza poblacional, aunque dificulta la creación de una identidad nacional basada en el concepto de nación alemana, es decir, el cultural. Por ese motivo, tanto la dinastía Pahlavi como los ayatolás buscaron diferentes mecanismos de identificación nacional. Los primeros se centraron en el concepto de Irán y, los segundos, en el islam. Sin embargo, no se puede negar que la propia identidad de Irán es algo que va más allá de Persia y del propio islam chií. La Revolución Islámica provocó la salida del país de algunas minorías, ya fuera por su persecución o por el empeoramiento de las condiciones socio-económicas. Frente a ello, el ascenso del reformista Jatami, que ha expresado su voluntad de volver a la política, supuso una bocanada de aire fresco para los grupos más oprimidos. Sin embargo, la inesperada presidencia de Ahmadineyad ha sido un jarro de agua fría para casi todas las minorías que, en casos como el de los baluchis o el de los árabes, parecen haberle declarado la guerra al gobierno.

El futuro, por tanto, se presenta un tanto incierto. Además, la presencia de EEUU en los países fronterizos hace pensar que algunos grupos como los kurdos, los baluchis o los árabes, puedan estar recibiendo ayuda desde el exterior. Un estallido étnico tampoco sería positivo para la mejora de las condiciones de vida de las minorías, cuya única salida parece pasar por un cambio en la presidencia de Irán.

Un comentario en “Los iraníes. Algo más que persas y chiíes

  1. Lia RIcon dice:

    Muy buen artículo, me informó sobre tenas que conocía medio confusamente. Los descendientes de Darío el Grande, merecieron siempre mi interés, pero no había tenido tiempo de profundizar. Gracias

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