Tony Sfeir
Músico y productor independiente. Fundador del sello musical Incognito. [+ DEL AUTOR]

La escena musical independiente en Beirut y Damasco

La “música del mundo” ha invadido las estanterías de los vendedores de discos europeos. Sin entrar en la legitimidad de esta denominación, hay que subrayar que dicha selección refleja a menudo una visión bastante limitada de la producción musical del mundo no-occidental. Con respecto a Oriente Medio, el público europeo conoce mucho más las formas clásicas de expresión musical: las músicas tradicionales, folklóricas y a veces el jazz oriental. No asocian esta región con la música experimental, o incluso con una nueva música urbana (rock, rap, tecno-pop…).

Este artículo pretende ofrecer un punto de vista diferente sobre las tendencias musicales en esta región, particularmente el desarrollo paralelo de la música llamada independiente entre 1998 y 2008 en dos grandes capitales: Beirut y Damasco. Este estudio comparativo es el primero en su género, de ahí su importancia para comprender mejor la evolución de los escenarios alternativos de estas dos ciudades. Exceptuando las eventuales consideraciones políticas que podrían inspirarle tal enfoque, dicho estudio es extremadamente pertinente y de actualidad.

Siria representa, junto a Arabia Saudí y Egipto, la trinidad de la identidad árabe. Damasco es la capital del Levante y su influencia política y cultural sigue siendo muy importante. Las series de televisión sirias tienen los mejores índices de audiencia de todo el mundo árabe. El gobierno sirio sigue siendo un interlocutor ineludible para cualquier solución política en la región. En contrapartida, Líbano se ha convertido en el primer productor de música comercial del mundo árabe, destronando a Egipto. En efecto, las mayores estrellas del pop árabe, los autores, los compositores y los productores más de moda se encuentran en Líbano. Y ello debido sobre todo al estatus singular de Beirut, que siempre ha sido un espacio de libertad para los intelectuales y los pensadores de la región. Poco a poco, parece que la dinámica musical histórica entre Beirut y El Cairo se ha ampliado hacia una trinidad musical que incluye Damasco. Durante estos diez últimos años, la situación en Egipto no parece haber cambiado mucho mientras que en estas dos ciudades se produce una auténtica convulsión.

En 1998, desaparece el periodo de incertidumbre que siguió al final de la guerra. Los trozos del puzle vuelven a encajarse y se consigue distinguir por fin las direcciones potenciales que podría tomar la escena musical. Se ha producido una especie de selección natural. Es también el momento en que los libaneses se dan cuenta de que aunque hayan salido de una guerra no conocerán en mucho tiempo una verdadera paz. Sin un verdadero trabajo de memoria, sólo podrán agarrarse a un frágil estado de no-guerra. En Siria, el régimen prepara la transición entre bastidores. Se mantiene en secreto la enfermedad del presidente Hafez al-Asad y su hijo se prepara para sucederle. Sin entrar en consideraciones políticas y de seguridad, es patente que el cambio de régimen en Siria en junio de 2000, así como los dos años anteriores, tuvo tanto impacto como el final de la guerra civil en Líbano. Las demás ciudades de la región como Ammán no pueden contar con la ventaja de una situación similar. Beirut y Damasco están muy próximas geográficamente (dos horas en coche) pero sus respectivas tendencias musicales están casi diametralmente opuestas debido a una serie de factores socioculturales.

Los actores principales de la escena musical son los mismos a través del mundo. Abordemos pues a continuación la política cultural adoptada en estas dos ciudades antes de compararlas desde el punto de vista de los actores culturales, del público y finalmente de los artistas.

LA POLÍTICA CULTURAL: ESPACIOS, ESCUELAS Y LEGISLACIÓN

La “música del mundo” refleja a menudo una visión bastante limitada de la producción musical del mundo no-occidental

Antes incluso de hablar de política cultural, se puede establecer una primera diferencia a nivel político: el capitalismo abierto de Beirut frente al socialismo hermético de Damasco. Es evidente que un gobierno dirigista puede fácilmente imponer y construir una sociedad. Mientras que Siria se había cerrado durante mucho tiempo al mundo, su reciente apertura se hizo manteniendo ciertos aspectos dirigistas. Por ejemplo, la política de fomento de patrocinadores para eventos culturales ha producido sus frutos. La escena cultural alternativa de Damasco está mucho mejor remunerada que los artistas libaneses de renombre comparable y ello debido a una mayor inversión de los patrocinadores privados en el sector cultural. Existe efectivamente en Siria una política cultural oficial y escrita que proscribe ciertas actividades y fomenta otras. Mientras que en Líbano, los diferentes eventos culturales se gestionan de manera cotidiana –sin planificación– más que respondiendo a una auténtica política cultural. Esta diferencia es palpable a nivel de los espacios, de las escuelas y de la legislación dedicada a la cultura y, más específicamente, a la música.

Comparemos por ejemplo el desarrollo del conservatorio nacional en Líbano y en Siria. El Sr. Solhi Al-Wadi ha reestructurado el conservatorio de Damasco a finales de los años 90. Esta reorganización ha estado acompañada por el traslado de dicho conservatorio al recinto de Dar Al Assad para la Cultura y las Artes, un enorme espacio polivalente de 35.000 metros cuadrados. Este espacio alberga tres salas anexas al Instituto superior de Música y del Teatro: la Ópera que puede acoger hasta 1.500 personas; la sala del teatro dramático cuyo aforo es de 750 personas; y una sala polivalente que puede albergar hasta 300 personas. Esta sinergia ha creado una situación excepcional, extremadamente propicia al desarrollo de la nueva escena musical de Damasco. Además, los decanos no tienen más de 35 años hoy en día: ¡no son más que los primeros titulados en salir de esta institución! En realidad se trata de un conservatorio nacional superior digno de ese nombre que otorga a sus estudiantes títulos universitarios y proporciona la mayoría de los músicos profesionales del país.

El pianista y compositor libanés Abdel Rahman el Bacha

El pianista y compositor libanés Abdel Rahman el Bacha, ensaya su presentación para la última noche del Festival Internacional Baalbeck. Baalbeck, Líbano, 24 de agosto de 2008. / Wael Hamzeh /EFE

Líbano se ha convertido en el primer productor de música comercial del mundo árabe

Mientras, el conservatorio libanés conoce más bien una expansión horizontal: con sus numerosas sucursales distribuidas por todo el territorio, viene a tener unos 23.000 estudiantes. Pero únicamente un puñado de ellos sale con titulación para entrar en la vida profesional. La mayoría de los músicos/docentes de este conservatorio son a su vez titulados de universidades privadas (Charbel Rouhana…).

En Líbano, se miran las instituciones estatales por encima del hombro sobre todo a nivel de los espacios oficiales de espectáculo. Dar Al Assad no tiene parangón en cuanto a la seriedad de la programación. El Palacio de la Unesco, aunque es el único espacio comparable con el de Dar Al Assad en cuanto a dimensiones, no es comparable en cuanto a su función. Su programación es un ensamblaje de actividades sin una verdadera línea editorial, decidida en función de favores concedidos por el Ministerio de la Cultura. El sector privado ya cubrió esta falta de espacios culturales durante la guerra y hasta nuestros días, ya sea para los teatros, las escuelas de música o las grandes universidades privadas de Beirut.

El gobierno sirio ha adoptado una política de no intervención respecto a los productos culturales: deben estar al alcance de todos

Pero antes de detenernos más sobre la importancia de la iniciativa privada en estas dos ciudades, analicemos en mayor detalle el impacto de la legislación sobre el establecimiento de los precios de las entradas y de los productos culturales. Con respecto al acceso a los conciertos organizados en Dar Al Assad, éste era gratuito al principio. Actualmente hay que comprar la entrada, pero los precios no son excesivos. Mientras que en Beirut no hay control sobre los precios de entrada, ya que la mayoría de sus conciertos provienen de la iniciativa privada, y éstos pueden a veces alcanzar sumas dignas de los mayores festivales líricos de Europa (¡250$!).

En cuanto a los productos culturales, el gobierno sirio ha adoptado una política de no intervención: deben estar al alcance de todos. Incluso se ha promulgado un decreto consagrando el derecho a un acceso democrático a la música, lo que legitima de alguna manera la piratería y reduce de facto los precios de todos los productos culturales… En Líbano, la ley persigue la piratería y el gobierno interviene activamente desde hace algunos años, ya sea para la protección de los derechos de autor del software, la música o las películas. Obviamente ello no ha impedido el desarrollo de esta práctica, pero hay una diferencia considerable entre Beirut y Damasco. Si bien se encuentran los mismos software y DVDs en ambas ciudades a precios cada vez más similares, dicha tendencia no se refleja en la música. En efecto, la oferta musical pirata en Líbano se limita al pop comercial, sobre todo árabe, mientras que en los zocos de Damasco o de Alepo se pueden encontrar a veces CDs raros y agotados, imposibles de encontrar en la mayoría de tiendas especializadas del mundo.

En 1998, la sociedad siria parecía haber perdido el tren: Damasco se encontraba totalmente aislada culturalmente a semejanza de otras ciudades árabes como Argel, mientras que se auguraba a Beirut un futuro radiante en el mundo de la música.
¿Cómo explicar entonces, diez años más tarde, que se hable de eclosión (incluso de explosión) de la música en Damasco respecto a su eclipse en Beirut?

LOS ACTORES CULTURALES

Los talleres de trabajo, los ensayos con músicos extranjeros y el acceso casi ilimitado a cualquier tipo de música han contribuido al desarrollo de un público culto en Damasco

El Beirut de la posguerra es un mantillo fértil, muy propicio a las nuevas iniciativas. Las iniciativas individuales –que cubrieron durante la guerra el vacío dejado por un Estado destruido– están en plena efervescencia. Este mecanismo de supervivencia que se halla en el centro del sistema libanés es el motor que propició la creación de espacios culturales. Beirut recobra su gloria pasada con la apertura de varios teatros gestionados por las mayores personalidades de los años 60 y 70: el teatro Madina dirigido por Nidal el Achkar; el teatro Monnot dirigido por Paul Mattar y el teatro Tournesol dirigido por Roger Assaf. En el sector de la música, surgen nuevos sellos (Elfeteriades, FWD e Incognito); se establecen varios minoristas (La CD-Theque y Virgin Megastore) y se consolidan festivales internacionales. Dirigidos por poderosos comités al frente de los cuales se hallan mujeres de hierro, los festivales de Baalbeck, Beiteddine y Byblosy ofrecen una programación muy variada, mientras que el festival de al-Bustan se centra principalmente en la música clásica. La enseñanza de la música conoce igualmente un resurgimiento gracias al impulso privado: la mayoría de los músicos profesionales se han formado sobre todo en las escuelas privadas (École de Musique Ghassan Yammine) o en los departamentos de música de algunas universidades (Universidad Antonine, NDU y USEK).

La escena underground en Beirut es muy urbana: encontraréis rock, punk, tecno-pop, rap cantado en tres idiomas (árabe, inglés, francés)…

En Siria, la situación es diferente: la iniciativa privada es casi inexistente. El actor cultural por excelencia es el Sr. Solhi Al-Wadi, el hombre del régimen que ha sabido renovar el sistema desde dentro. Conocido por su firmeza y su seriedad un poco soviética, este visionario nacido en Bagdad en 1934 ha conseguido cambiar radicalmente el paisaje musical de Damasco antes de dejarnos en 2007. El punto de inflexión surge con la llegada al poder de Bashar al-Asad. Antes de la apertura del régimen había muy pocos actores musicales provenientes de la sociedad civil o del sector privado, exceptuando las minúsculas tiendecillas que realizaban un pirateo artesanal. La embajada de Suiza estuvo en el origen del primer impulso de apertura hacia otro tipo de música y la colaboración con artistas occidentales. Este país, históricamente neutro, invitó a músicos de jazz suizos a Damasco para formar y constituir la primera Jazz Big Band de la región con estudiantes del Instituto Superior de Música. Esta iniciativa no sólo contribuyó a abrir horizontes a estos jóvenes talentos, sino que estableció igualmente las bases del Festival de Jazz (Jazz lives in Syria) que se organiza desde hace cinco años en Damasco y en Alepo. Esta iniciativa ha permitido a los músicos sirios conocer a músicos de diferentes nacionalidades y les ha brindado una plataforma inesperada para alcanzar un nuevo público.

En Damasco, los centros culturales son los que llenan el vacío dejado por el sector privado siempre intimidado y paralizado por su miedo al antiguo régimen. No será hasta bastante más tarde, en el 2005, cuando aparecerán los actores del sector privado. Omar Harb, un joven titulado de la Berklee School Of Music vuelve a instalarse en Siria. Allí abre el mejor estudio de grabación del país donde pone en práctica todo lo que ha aprendido en los Estados Unidos a nivel de producción y de composición (es también bajista). Este nuevo espacio de libertad permite la grabación de la mayoría de los álbumes de la nueva escena musical de Damasco.

La policía libanesa destruye miles de CDs incautados tras varias redadas en centros de venta de material audiovisual pirata

La policía libanesa destruye miles de CDs incautados tras varias redadas en centros de venta de material audiovisual pirata. Beirut, Líbano, 29 de mayo de 2008. / Nabil Mounzer /EFE

El único problema es que no había in situ otras alternativas privadas interesadas por la producción y la distribución de esta música, debido sobre todo al hecho de trivializar el pirateo y a las dificultades logísticas propias de este campo, la falta de experiencia debida al aislamiento hacia el exterior y a un sentimiento de intimidación y de miedo hacia el régimen. Es en ese momento en el que, valiéndome de mi experiencia adquirida en Líbano, decido abrir una compañía en Siria dedicada a la distribución de CDs originales: de ese modo nace la compañía Majal.

EL PÚBLICO

Debido a su aislamiento inicial, la escena musical de Damasco tiene sed de cultura. Los talleres de trabajo, los ensayos con músicos extranjeros, pero igualmente el acceso casi ilimitado a cualquier tipo de música, han contribuido al desarrollo de un público culto y concienciado. Es un público que se desplaza para asistir a los conciertos, incluso los más arriesgados; un público que le ha tomado el gusto a la música y que ha aprendido a escuchar.

Mientras que en Beirut existe evidentemente un problema de público. Los melómanos no se precipitan necesariamente a los conciertos. ¿Quizás debido a una oferta demasiado amplia o incluso a los precios de las entradas? E incluso cuando hay conciertos imprescindibles a los cuales suelen precipitarse las masas, se puede observar una tendencia inversa. Aún recuerdo un concierto del cuarteto Alban Berg que tuvo lugar en el prestigioso festival de Baalbeck: el presidente de la república llegó con veinte minutos de retraso y uno de los músicos más respetados del país se entusiasmó tanto con la música que se levantó aplaudiendo en mitad de la actuación. ¡Finalmente, uno de los músicos se paró y solicitó a la sala un silencio total!

Pero la diferencia más notoria entre esas dos ciudades es la que existe entre los propios artistas y el género de música que prevalece en cada escenario musical.

LOS ARTISTAS

En Damasco, el entorno musical alternativo es sobre todo oriental con pequeños toques de jazz

Todas las actividades en las que he participado como actor cultural comprometido en ambos espacios tenían por finalidad la producción de música de Oriente Medio y su distribución en la región. He elegido trabajar con personalidades fuertes, artistas con quienes tengo afinidades y cuya música es representativa –en mi opinión– de un cierto entorno, de una generación en la cual me reconozco. Lo que sigue no es más que mi punto de vista sobre la materia.

La escena underground en Beirut es muy urbana: encontraréis rock, punk, tecno-pop, rap cantado en tres idiomas (árabe, inglés, francés)… Los decanos del escenario alternativo libanés son a menudo jóvenes de la diáspora que volvieron al país después de una adolescencia vivida en el extranjero. Es precisamente el caso de los miembros de los grupos Soapkills (tecno-pop) o Aksser (rap) que son los dos primeros grupos underground que surgieron en el Beirut de la posguerra. Soapkills sigue siendo aún hoy la referencia para los artistas underground de la región. Este dúo tecno-pop compuesto por Zeid Hamdan y Yasmine Hamdan (no tienen parentesco) ha abierto la vía con su trip-hop árabe. Han creado una música que se parecía a la de los países de los que provenían con préstamos de la cultura y la música oriental. Este mestizaje exitoso se encuentra en el origen de su éxito, ya que su sonido es a la vez moderno y orgánico sin ser artificial. Desde entonces, se han separado y la cantante Yasmine acaba de lanzarse a una carrera internacional al lado de Mirwais, el gran productor tecno-pop, que había colaborado en el pasado con Madonna. Extrañamente, la mayonesa no cuajó tan bien en esta nueva experiencia. En mi opinión, con esta proyección a nivel internacional ha perdido su autenticidad. Por su parte, Zeid Hamdan se ha lanzado al rock inglés después de haber intentado durante un tiempo seguir con la música electrónica árabe, ya sea como solista o junto con otros cantantes.

Los inicios de Aksser, el primer grupo de rap libanés en hacerse un hueco en la escena musical, son bastantes similares: Wael, recientemente desembarcado de París, toma el nombre de Rayess Bek y con su acólito Eben Foulen crea un estilo que se inspira a la vez en el rap francés y en sus vivencias en Beirut.

Pero son los Scrambled Eggs quienes han impuesto su música como banda original del Beirut de posguerra. Las canciones de este grupo de rock están en inglés y ello a pesar de que ninguno de sus componentes ha vivido en el extranjero. ¿Acaso podemos concluir que algunos estilos de música no pueden ser objeto de mestizaje? Escuchándoles, podrían tomarles por un grupo de Brooklyn por el mero hecho de que su sonido no reproduce tópicos. Incluso sin gama oriental o percusiones, es el posrock lo que se vislumbra en sus comienzos y la urgencia de sus fragmentos punk que tocan ahora los que definen los estados de ánimo de la juventud de Beirut.

La delicada mezcla de Oriente y Occidente que representa Lena Chamamyan ha conquistado a las masas que se precipitan a sus conciertos y le reservan una acogida digna de las estrellas internacionales

Es evidente que hoy en día esta diferencia entre diáspora y jóvenes que viven en Líbano es menos acertada: la nueva generación tiene acceso a todos los géneros musicales posibles e imaginables gracias a internet. Pero a mediados de los años noventa el retorno de esta diáspora diseminada por la guerra civil tuvo un gran impacto sobre la escena musical de Beirut.

La situación es totalmente diferente en Damasco debido al aislamiento de Siria. Los músicos sirios son reconocidos mundialmente; su técnica y su sensibilidad es indiscutible, ya sea tocando música clásica oriental u occidental. Sin embargo, sus horizontes eran bastante limitados hasta finales de los años noventa. Anclados en la música oriental pura, se fueron abriendo progresivamente a la nueva música occidental, ya sea el jazz, el rock o el tecno-pop. Además, es probablemente de ahí de donde proviene esa diferencia fundamental con respecto a los estilos musicales que dominan los sectores llamados alternativos de cada una de esas ciudades.

El clarinetista sirio Kinan Azmeh durante el concierto de lanzamiento de su último álbum

El clarinetista sirio Kinan Azmeh durante el concierto de lanzamiento de su último álbum, con el pianista ceilandés/canadiense Dinuk Wijeratne, en Beirut, Líbano, mayo de 2009. ©Karma Tohmé

En Damasco, el entorno musical alternativo es sobre todo oriental con pequeños toques de jazz. El rock, el tecno-pop y el rap no han encontrado aún su lugar. Los artistas más reconocidos son aquéllos que han sabido mantener la autenticidad de la melodía árabe mezclándola con otros sonidos. El primer grupo en imponerse fue Hewar (Diálogo, en árabe). Formado por artistas con una verdadera formación musical, dicho grupo mezcla la tradición oriental, el kletzmer, el jazz, la música clásica contemporánea y el canto lírico. La base de este grupo de geometría variable es el trío compuesto por el clarinetista Kinan Azmeh, la soprano Dima Orsho y el músico de laúd Essam Rafea. Todos ellos son titulados del Instituto Superior de música y siguen tocando juntos, al tiempo que desarrollan proyectos independientes de forma paralela. Kinan ha seguido sus estudios en la Julliard School Of Music de Nueva York. Ha compuesto la banda original de la película filipina Rigodon y ha sacado recientemente un álbum de música contemporánea junto al pianista ceilandés Dinuk Wijeratne. Dima ha finalizado igualmente sus estudios en los Estados Unidos y ha sacado en 2008 un álbum de romanzas  árabes acompañado por el pianista Gazwan Zerikly. Por último, Essam es el director actual del departamento de música árabe del Instituto Superior. Ha creado el conjunto Twaïs, un cuarteto tradicional (takht sharqi) para explorar las fuentes de la música oriental y árabe pero también para perpetuar ese legado y seguir divulgándolo.

Lo ideal sería poder capitalizar la experiencia de Beirut y Damasco en los últimos diez años para poder avanzar

Todos estos proyectos han tenido mucho éxito pero la estrella indiscutible del momento es Lena Chamamyan. Sacó sus dos primeros álbumes siendo aún estudiante en el Instituto de Música con la participación de su socio Bassel Rajoub, quien ha realizado todos los arreglos, mezclando el jazz con partes tradicionales. Esta delicada mezcla de Oriente y Occidente ha conquistado las masas que se precipitan a sus conciertos y les reserva una acogida digna de las estrellas internacionales.

No quisiera daros en absoluto la impresión de que en Beirut no hay artistas de jazz oriental –mal llamados en mi opinión por ser simplista–. Charbel Rouhana y Rima Khcheichey se han construido un nombre y una reputación en el mundo entero, al igual que el Dr. Nidaa Abou Mrad y Ghada Shbeir, con respecto a la música árabe culta y clásica. Pero no forman parte de la escena musical alternativa de Beirut, y ello a pesar de que su estilo prevalece en Damasco. Podríamos añadir a esta lista leyendas tales como Ziad Rahbani o Marcel Khalife. Pero ésta no es mi intención: sólo comparo los artistas que han surgido después de 1998. En Líbano, a partir de los años 60 y hasta hoy en día, cada década está asociada a cierta tendencia musical, a un género. Mientras que en Siria, el año 1998 marca una auténtica ruptura: treinta años separan a los músicos actuales de las instituciones internacionalmente reconocidas tales como Haffar, Sabah Fakhry o Sabri Moudallal. Sus carreras comenzaron hace más de cuarenta años, antes de la llegada de Hafez al-Asad en 1970.

CONCLUSIÓN

A pesar de la escasa distancia que les separa, ¿por qué estos dos espacios musicales no han coincidido más a menudo? ¿Por qué los artistas de cada país no han actuado en el vecino? ¿Por qué estas ciudades están tan aisladas? Las iniciativas de colaboración transfronterizas son cada vez más frecuentes hoy en día y el auténtico reto ya no es poner a dos artistas de cada ciudad, uno al lado del otro, sino beneficiarse de la experiencia adquirida durante esta década.

El miedo y la intimidación aún existen en Siria. El Teatro, una sala de conciertos que ha tenido mucho éxito estos dos últimos años ha cerrado sus puertas recientemente. El lugar, que pertenece al Estado, ha sido nuevamente recuperado por el organismo que lo regentaba. El otro ejemplo bastante ilustrativo es el espacio cultural polivalente creado por Maan Abdelsalam, un militante de los derechos civiles bastante crítico con el régimen. El espacio está terminado y es operativo. Los empleados vienen todos los días pero no está abierto al público ya que aún no ha recibido la autorización del régimen. Del otro lado de la frontera, Beirut vive vaivenes interminables y el Estado no consigue dar un nuevo impulso al sector. La libertad de expresión no es necesariamente una garantía de éxito. Además, en Líbano el liberalismo ha conseguido el desarrollo de medios de comunicación que desempeñan un papel destructor respecto a la oferta musical alternativa.

Cada uno de estos escenarios tiene sus ventajas y sus inconvenientes, sus puntos positivos y negativos. Lo ideal sería poder capitalizar la experiencia de estos diez últimos años para poder avanzar. ¿Próxima cita en 2018?

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