Habib Battah
Periodista en Beirut y Nueva York. Escribe sobre medios de comunicación árabes para la revista 'Variety' y otros medios internacionales. [+ DEL AUTOR]

La América árabe. Un camino atribulado hacia la integración política

Incluso antes de ganar la presidencia, la candidatura de Barak Hussein Obama representaba un rayo de esperanza para la asediada comunidad árabe americana. Habiendo luchado para afianzarse desde los ataques del 11 de septiembre, los líderes árabes en Estados Unidos vieron en la campaña de Obama una oportunidad de participar en el sistema político que tanto había fallado a sus comunidades en los siete años transcurridos desde 2001, incluidos el rápido aumento de los crímenes de odio, el diseño de perfiles étnicos, la discriminación y una política exterior cada vez más desagradable. Pero la esperanza de que un africano-americano que había crecido en parte en un país musulmán pudiera ayudar a aliviar estos problemas se hizo aún más esquiva según avanzaba la carrera hacia la Casa Blanca.

Un mapa del mundo árabe en la entrada del Museo Nacional de los Árabes Americanos en la ciudad de Dearborn

Un mapa del mundo árabe en la entrada del Museo Nacional de los Árabes Americanos en la ciudad de Dearborn, el día de su inauguración. Michigan, EEUU, 5 de mayo de 2005. / Jeff Kowalsky /EFE

En un mitin de Obama los trabajadores de la campaña pidieron a dos mujeres musulmanas que se cambiaran de asiento para que no salieran detrás del candidato

El primer golpe llegó en junio de 2008, cuando en un mitin de Obama los trabajadores de la campaña pidieron a dos mujeres musulmanas que se cambiaran de asiento para que no salieran detrás del candidato en las imágenes de las cámaras. Un mes después, el responsable de las relaciones con la comunidad musulmana de Obama, Mazen Asbahi, dimitió repentinamente tras unas acusaciones de la prensa que sostenían que estaba vinculado con un imán radical. La campaña de Obama también fue perseguida por la amistad del candidato con el conocido académico palestino-americano Rachid Khalidi, que fue demonizado por la campaña del candidato republicano John McCain. El bando de McCain instó a la prensa a considerar la relación de Khalidi con Obama en los mismos términos en los que se trataría una posible vinculación de McCain con los nazis. Pero en lugar de defender al respetado profesor de la Universidad de Columbia, Obama simplemente declaró que no compartía las opiniones de Khalidi. Al mismo tiempo, el jefe de una organización americana musulmana hizo una acertada caracterización del miedo en el enfoque de Obama: “Si no puede ponerse en pie por las pequeñas cosas ahora, ¿cómo hará frente a los grandes asuntos cuando sea presidente?”

Mientras tanto, importantes organizaciones árabes y musulmanas estaban convencidas de que Obama se estaba distanciando de la comunidad, y comunicaron sus quejas a la prensa. Aun así, muchos siguieron dando su apoyo a Obama, considerando estos incidentes a los que se les daba mucha publicidad como meros gestos políticos, que se suponía no reflejaban la auténtica posición de Obama. De hecho, unos días antes de las elecciones, Obama tenía frente a su rival McCain casi el 70% del voto de la comunidad, el mayor nivel de apoyo a un candidato presidencial jamás registrado en la comunidad de americanos árabes. Pero aquellos que dudaban de Obama sintieron que se confirmaban sus sospechas cuando el recientemente elegido presidente evitó criticar a Israel durante su ataque a Gaza en enero, y de nuevo cuando un asesor de seguridad nacional de Obama dimitió después de que el lobby pro-israelí lanzara una campaña contra él.

De hecho, la historia de la elección de Obama ilustra la lucha de los americanos árabes por conseguir influencia en el sistema político estadounidense. Por un lado, la comunidad demostró uno de sus más altos niveles de organización y activismo político hasta la fecha. Alentados por el mensaje de cambio, cientos de personas trabajaron para las campañas mientras que grupos de árabes no partidistas desplegaban un abanico de esfuerzos de movilización de electores por los barrios de la comunidad, especialmente en la zona de Nueva York y Nueva Jersey. Pero por otro lado, la participación árabe en la campaña se volvió rápidamente problemática, envuelta en los miedos de ser asociada a la persistente paranoia sobre los árabes y los musulmanes que viven en América. Y con pocos indicios hasta el momento de que la victoria de Obama se haya traducido en un cambio significativo, los americanos árabes se enfrentan a la incertidumbre con respecto a su capacidad de influir en la política nacional.
Hay, no obstante, signos de movilización a nivel local. La organización de los americanos árabes, que empezó en los años 60, ha estado centrada en prioridades nacionales, concretamente en influir en la política exterior americana en lo referente al apoyo de Estados Unidos a Israel, así como en expresar su solidaridad con la difícil situación de los palestinos. Pero tras los ataques del 11 de septiembre, la comunidad ha tenido que hacer frente a nuevas presiones locales que han acercado las prioridades y los esfuerzos de movilización al nivel nacional. Al mismo tiempo, la posibilidad de una incrementada integración política está ensalzada por cambios generacionales en el liderazgo y estrategias emergentes como la construcción de coaliciones y la presión de cargos locales. Estas dos oportunidades, así como los constantes desafíos a los que se enfrentan los americanos árabes, deben ser estudiados desde la perspectiva del 11 de septiembre y el periodo subsiguiente, que sigue ejerciendo una influencia significativa en las acciones de la comunidad y en cómo es percibida en los Estados Unidos.

EL CATALIZADOR

Los que dudaban de Obama sintieron que se confirmaban sus sospechas cuando el recientemente elegido presidente evitó criticar a Israel durante su ataque a Gaza

Los americanos árabes y musulmanes sufrieron un golpe doble el 11 de septiembre de 2001. Compartieron la ansiedad por los ataques con la mayoría de los americanos, pero también fueron víctimas del periodo subsiguiente al ataque bajo la forma de una reacción violenta contra su comunidad. El FBI informó de un incremento del 1.600% en los crímenes de odio del 2000 al 2001, incluyendo agresiones violentas, incidentes incendiarios y al menos cuatro asesinatos. También se denunciaron cientos de casos de discriminación, entre los que se dieron casos de personas a las que se obligó a bajar de un avión, acoso en la escuela y, por parte de empresarios, empresas y agentes de policía.

Más allá de los actos aleatorios de identificación de perfiles o violencia por parte de patrullas ciudadanas, un régimen sistemático de discriminación también entró en vigor a nivel del gobierno federal con la aprobación del USA Patriot Act y otras leyes denominadas antiterroristas por naturaleza. El resultado fue la detención, deportación e investigación de miles de árabes que vivían en Estados Unidos. El impacto psicológico era significativo, ya que los americanos árabes se volvían cada vez más escépticos con respecto a su gobierno. Ciertos estudios indican que el miedo al Estado llegó al punto de impedir a algunos llamar a la policía en situaciones de emergencia o ingresar a sus hijos en hospitales. Pero al contrario que otros grupos perseguidos históricamente, la conciencia de opresión no condujo a una interiorización del daño. En el caso de los americanos árabes, la urgencia de la reacción violenta al 11 de septiembre condujo a una movilización dentro de la comunidad caracterizada por el aumento de nuevos líderes y organizaciones que respondían a la crisis. Los estudios sugieren que esta rápida respuesta (que surgió más rápidamente que la movilización de otros grupos perseguidos en la historia americana) es producto en gran medida de la institucionalización y codificación de los derechos civiles desde los años 60, producidos por las tensiones raciales y los movimientos a favor de la igualdad de razas de aquella época. Por tanto, el 11 de septiembre condujo a una rápida politización de los americanos árabes y musulmanes, que incluyó la creación de alianzas con otros grupos minoritarios. Al mismo tiempo, algunas organizaciones americanas árabes empezaron a cultivar relaciones con cargos electos locales. Como resultado de este enfoque hacia los asuntos y actores locales se ha incrementado el perfil de los individuos y los grupos americanos árabes, como demuestran algunos ejemplos recientes.

ALIANZAS Y RECONOCIMIENTO

Presentada al Congreso de los Estados Unidos en marzo de 2005, la Ley de Libertad Religiosa en el Lugar de Trabajo es uno de los más claros ejemplos de la cooperación inter-confesional en la era posterior al 11 de septiembre. El proyecto de ley, apoyado por sijs, judíos ortodoxos y musulmanes, hace un llamamiento a los empresarios para incluir las tradiciones religiosas de sus empleados y penaliza la discriminación basada en el respeto de las fiestas religiosas, el ayuno o la vestimenta. Si se aprobara, el proyecto de ley permitiría rezar durante la jornada laboral, así como las tradiciones relativas al ayuno durante el Ramadán. También cubre la discriminación por la vestimenta, como el velo en el caso de las mujeres musulmanas y la barba o el turbante de los hombres sijs. Los grupos de presión a favor de esta legislación son el Consejo Nacional de Iglesias, la Unión de Congregaciones Judías Ortodoxas y el Consejo Norteamericano de Mujeres Musulmanas.

El resultado de la aprobación del USA Patriot Act fue la detención, deportación e investigación de miles de árabes que vivían en EEUU

La construcción de alianzas también se ha estado produciendo a nivel local, donde los árabes y los americanos han tenido que enfrentarse a desafíos dentro de sus barrios y comunidades. Un ejemplo de ello es el reto al que hicieron frente los americanos árabes en Patterson, Nueva Jersey, cuando las autoridades de inmigración federales intentaron deportar el año pasado al predicador musulmán de la comunidad, o imán, alegando que estaba vinculado con el grupo palestino Hamas, considerado una organización terrorista por el gobierno de Estados Unidos. El imán, Mohammed Qatanani, había sido un líder espiritual para los musulmanes de Patterson desde 1996. En 2005, agentes de inmigración de Estados Unidos alegaron que no había informado de que había sido arrestado en Israel. Pero Qatanani argumentó que no fue arrestado, sino que simplemente lo detuvieron las autoridades israelíes en una redada rutinaria de miles de palestinos y negó ser miembro de Hamas. La comunidad se congregó en torno a Qatanani, y los líderes cristianos y judíos testificaron a su favor. El imán también recibió el apoyo del fiscal de distrito de Nueva Jersey, así como de los sheriffs del Estado, de fiscales y de agentes del Departamento de Seguridad Nacional, que habían alabado la cooperación de Qatanani con los agentes de policía tras el 11 de septiembre. Debido a la oleada de apoyo público, así como a lo que parecía un caso débil y a la falta de pruebas por parte de los agentes de inmigración, un juez desestimó los cargos contra Qatanani el pasado mes de septiembre. Pero la celebración en la comunidad duró poco tiempo. La decisión de sobreseer el caso del imán fue apelada por agentes de inmigración en octubre y la lucha entre los aliados de Qatanani y los agentes federales ha continuado. El senador de Nueva Jersey, Frank Lautenberg, y el miembro del Congreso por Nueva Jersey, Bill Pascrell, han prestado su apoyo al imán, apareciendo con él en un festival de Ramadán el año pasado, sólo unas semanas antes de las elecciones generales de 2008. Pascrell llegó incluso a invitar al imán a que se quedara en su casa y desafió a las autoridades federales a llevárselo: “Nadie se va a llevar a nuestro imán”, dijo el miembro del Congreso ante una audiencia de dos mil personas reunidas para la celebración musulmana.

Miembros de la comunidad musulmana esperando el discurso del congresista Bill Pascrell durante la celebración de Ramadán

Miembros de la comunidad musulmana esperando el discurso del congresista Bill Pascrell durante la celebración de Ramadán. Patterson, New Jersey, EEUU, 4 de octubre de 2008. / Habib Battah

Los cargos electos han realizado un cambio drástico en su percepción de los americanos árabes durante los últimos años, según Ghassan Shabaneh, un profesor del Marymount Manhattan College que ha estado estudiando el activismo político de la comunidad. Este profesor atribuye este cambio en gran medida al incrementado activismo tras el 11 de septiembre, cuando los americanos árabes estaban centrados en combatir las violaciones de los derechos civiles, en lugar de en protestar contra la guerra en Palestina y las sanciones contra Iraq. Shabaneh explica:
“El 11 de septiembre fue un punto de inflexión para que nuestra comunidad reorganizara sus esfuerzos. Estas personas (los americanos árabes) tenían miedo. Nadie los quería. Ahora, ningún político puede ganar sin ir a la mezquita y hablar con el imán.”

NUEVA GENERACIÓN

Otra área de cambio dentro de la comunidad árabe es la creciente diferencia de perspectivas entre los primeros inmigrantes y sus hijos, según Shabaneh. En su opinión, los primeros inmigrantes estaban principalmente concentrados en su propia supervivencia y la de sus familias. Esto con frecuencia suponía tener un pequeño negocio y enviar el dinero a casa en lugar de tener una participación política, con respecto a lo que muchos siguen siendo escépticos. Shabaneh comenta:
“La nueva generación ve oportunidades más allá de una gasolinera o tienda de ultramarinos. Están más implicados, hablan mejor inglés, son más profesionales. La generación mayor tiene dudas sobre el sistema pero la generación más joven está más integrada. Creen en el sistema.”

Los jóvenes americanos árabes tuvieron importantes papeles de liderazgo en los esfuerzos para las elecciones de 2008, contribuyendo a la masiva participación de la comunidad en las elecciones. Grupos como la Red de Profesionales Americanos Árabes, que fue creada originalmente por estudiantes universitarios árabes, ayudaron a organizar eventos para las elecciones, incluida una caravana de votantes que viajó por los barrios árabes y una noche de los candidatos, durante la cual los políticos locales que se habían presentado a las elecciones pudieron dirigirse a sus posibles electores americanos árabes. Los jóvenes abogados también se desplegaron para actuar como supervisores de las elecciones, mientras que cientos de personas se presentaron voluntarias para hacer llamamientos para motivar y ayudar a registrar votantes como parte de los esfuerzos organizados por grupos como el Comité Antidiscriminación Árabe y el Instituto Americano Árabe. Sin duda, la concentración para las elecciones sirve como campo de cultivo para la participación política de los jóvenes y como formación para trabajar en el futuro en política para la generación emergente de líderes de la comunidad.

Un ejemplo de liderazgo emergente es el caso de Linda Sarsour, que fue elegida para la junta de la Coalición de Inmigración de Nueva York (NYIC, en sus siglas en inglés) tras su papel como coordinadora de las actividades electorales del grupo en Brooklyn, una de las áreas de mayor concentración de asentamientos de americanos árabes. Sarsour es la directora de la Asociación Americana Árabe de Nueva York, una organización que fue fundada en los meses siguientes a los ataques del 11 de septiembre para ofrecer servicios sociales y legales a los muchos americanos árabes que se vieron afectados por las deportaciones, las detenciones y otros actos de discriminación. En los años siguientes al 11 de septiembre, la Asociación, que tiene su sede en un barrio predominantemente árabe en Brooklyn, ha evolucionado hasta convertirse en un proveedor de servicios sociales de primer orden, cubriendo las necesidades de educación, atención sanitaria y empleo de dicho barrio. Como centro de activismo y con una fuerte reputación local, la NYIC eligió la Asociación Americana Árabe como una de las dos organizaciones que liderarían sus esfuerzos para movilizar a nuevos votantes en toda la ciudad de Nueva York. Esto significó que la organización de Sarsour tenía que trabajar no sólo en barrios árabes, sino también en barrios asiáticos y latinos. El resultado fue la contratación de personal chino y latino para dar apoyo a la campaña de movilización de votantes, que fue de más de 100 voluntarios (principalmente estudiantes árabes de instituto) llamando a las puertas por los barrios étnicamente diversos de Brooklyn para registrar nuevos votantes inmigrantes. Con respecto a la decisión de nombrar a Sarsour en la junta de la NYIC, que incluye también a los líderes de las comunidades rusa, latina, africana, judía y asiática de la ciudad, Jose Davila, el responsable de asuntos gubernamentales del estado de la NYIC comentó: “Es una líder que abarca toda la ciudad y es líder de todos los inmigrantes, no sólo de la comunidad árabe”.

El 11-S condujo a una rápida politización de los americanos árabes y musulmanes

Según algunos analistas, la comunidad árabe no es capaz de actuar con coherencia, mientras que la comunidad americana judía sabe cómo ejercer influencia con su poder político

Una parte importante del papel de Sarsour en la Asociación ha sido la recaudación de fondos, ya que ha conseguido contribuciones de empresas locales y de cargos del ayuntamiento. Gran parte de esto se puede atribuir a sus esfuerzos personales para ejercer presión cultivando relaciones con cargos públicos y a una actitud espabilada con respecto a la creación y puesta en marcha de proyectos comunes. Por ejemplo, la Asociación se ha unido a un hospital local para contribuir a las consultas de asistencia sanitaria a través de la utilización del programa Americorps subvencionado por el gobierno con el fin de contratar personal. Mientras tanto, el mayor flujo de financiación de la Asociación hasta la fecha es un donativo de 250.000 dólares del gobierno del Estado de Nueva York, facilitado por una mujer miembro de la asamblea legislativa de este Estado para quien Sarsour ha trabajado en varias de sus campañas. Nacida y criada en Brooklyn, esta mujer de 28 años, de ascendencia palestina, puso de relieve la importancia de las asociaciones y de enmarcarse dentro de la comunidad:
“Nuestra comunidad ha aprendido a poner nuestros asuntos en primera línea sin sonar demasiado polémicos; a hacer que las cosas suenen atractivas de modo que los políticos estén más dispuestos a subirse a nuestro tren. En lugar de decir ‘discriminación debida al perfil racial’, podemos decir ‘algunos procedimientos no son aleatorios’, o ‘somos americanos que trabajamos duro’ en lugar de ‘somos árabes, no terroristas’. Es importante evitar soltar palabras como ‘islam’, ‘musulmán’ o ‘terrorista’; palabras que harán que la gente olvide todo lo demás que se esté diciendo… La gente sigue teniéndonos miedo. Somos una comunidad con la que los políticos no quieren que se les vea… Aprendimos a coger nuestros asuntos y entregárselos a otros, de forma que no se nos vea en primera línea; unirnos a otros para que no sea sólo una cosa nuestra, sino que nos beneficiemos de ello.”

RETOS PENDIENTES

Aunque la visión desde Brooklyn pueda parecer optimista, está muy lejos de ser representativa de la comunidad en toda América y su grandísima variedad de retos pendientes. Los americanos árabes siguen luchando por conseguir una posición en el sistema político estadounidense y como grupo minoritario, su capacidad de influir en la política nacional parece insignificante en comparación con otros, especialmente la comunidad judía americana. Los activistas americanos árabes líderes, así como los que estudian la comunidad ofrecen varias explicaciones de los retos aún por cubrir. Muchos apuntan al problema de la recaudación de fondos.

Aunque se ha informado de algunos éxitos en Brooklyn, Shabaneh dice que la situación financiera es mucho más sombría en otras áreas con poblaciones americanas árabes significativas. Al realizar un estudio en la zona de Nueva Jersey durante las semanas anteriores a las elecciones de noviembre, observó que los eventos para la recaudación de fondos cobraban una media de 50 dólares por cubierto, y ninguno conseguía más de 3.000 euros netos. Shabaneh argumenta que dicha cifra es demasiado baja como para conseguir el reconocimiento de los cargos nacionales:
“Hace falta recaudar al menos 25.000 dólares para un senador. No estamos hablando de 50 dólares por cubierto, sino de 250, 500 ó 1.000. Se invita a alguien, se le da bien de comer y se le dice ‘estamos aquí y comprendemos el proceso’. Primero el dinero y después la movilización, ambos van juntos. Nuestra comunidad sigue sin entender esto.”

Los americanos árabes y musulmanes compartieron la ansiedad por los ataques del 11-S pero también fueron víctimas bajo la forma de una reacción violenta contra su comunidad

Los activistas americanos árabes también señalan problemas de organización y unidad. Linda Sarsour ofrece una comparación con la comunidad americana judía que consigue un peso político considerable, con grupos como el Comité de Asuntos Públicos Americanos-Israelíes (AIPAC en sus siglas en inglés) entre los grupos de presión con mayor influencia en Washington, D.C. Sarsour dice que la comunidad americana árabe sigue estando fragmentada y no es capaz de actuar con consistencia o coherencia. “No pensamos estratégicamente”, explica. “La comunidad americana judía sabe cómo ejercer influencia con su poder político. Saben cómo invertir dinero en sus propias instituciones; saben cómo apoyarlas.”

Aref Assaf, jefe del Foro Americano Árabe de Nueva Jersey, está de acuerdo en que los americanos árabes no han sabido tomarse en serio la recaudación de fondos como un medio hacia el “emponderamiento” político (political empowerment). Esto se ve agravado por problemas de sostenibilidad. Explica:
“No vemos un valor político en las donaciones. La gente siente que la cantidad que se dé no supondrá ninguna diferencia (…) Tenemos que ser más enérgicos y desarrollar una posición cuantificable. Parece que seguimos teniendo objetivos muy ambiguos. Nuestros esfuerzos son esporádicos. Nos unimos en torno a un tema, pero después desaparecemos en cuanto se resuelve. No tenemos la energía necesaria para mantener nuestros esfuerzos.”

Assaf, que ha actuado como organizador en los esfuerzos para luchar contra los cargos presentados contra el imán Qatanani, comenta que la religión puede estar teniendo un papel en la desunión de la comunidad. Argumenta que los cristianos árabes se han distanciado de los musulmanes especialmente después del 11 de septiembre. Los cristianos son menos entusiastas con respecto a las causas musulmanas, dice, como las campañas para ejercer presión a favor de la libertad religiosa en el caso de las fiestas musulmanas o en la lucha para hacer frente a la discriminación basada en la vestimenta o la apariencia islámica. Assaf explica:
“Estos días los cristianos árabes no quieren que se sepa que son árabes. En el caso del imán Qanatani, no hubo ni un solo cristiano árabe que hablara en su defensa (…) La libertad religiosa no es una preocupación importante para ellos.”

Sin embargo, esta visión estaría probablemente cuestionada por dos de las mayores organizaciones americanas árabes, el Instituto Americano Árabe (AAI, en sus siglas en inglés) y el Comité Antidiscriminación Árabe (ADC, en sus siglas en inglés). Ambas organizaciones están lideradas por cristianos árabes y con frecuencia han ejercido presión contra la legislación gubernamental dirigida a los musulmanes. Aún así, Assaf advierte de que la afinidad de los grupos americanos musulmanes no árabes es inevitable entre los árabes musulmanes en la era posterior al 11 de septiembre, ya que comparten una experiencia más cercana en temas anti-islámicos, y probablemente se producirá la unificación entre los grupos musulmanes de todas las etnias como poderosa herramienta política. Dicha noción encuentra resistencia entre los miembros del AAI y del ADC, observa Assaf. Como ejemplo, hace referencia a los recientes esfuerzos para crear la Comisión del Patrimonio Árabe, que estará pronto integrada en el programa educativo de Nueva Jersey para enseñar a los estudiantes el impacto positivo de los árabes en el Estado. Assaf intervino para ejercer presión a favor de la comisión, que fue aprobada por el gobernador de Nueva Jersey en octubre pasado. Pero durante las primeras etapas de proposición del proyecto, comenta que surgió un conflicto con representantes del ADC y del AAI cuando sugirió nombrar al grupo “Comisión del Patrimonio Musulmán y Árabe”. Assaf dice que la idea era unirse con los grupos musulmanes de Nueva Jersey para ampliar el apoyo a la comisión e incrementar sus posibilidades de conseguir la aprobación del gobierno estatal. Al final Assaf señala que el AAI y el ADC lo forzaron a “consentir” en mantener a la comisión estrictamente centrada en el patrimonio árabe. Pero la experiencia lo dejó convencido de la posibilidad de que la palabra árabe pueda pronto pasar a denotar árabe cristiano, mientras que los musulmanes árabes puedan simplemente identificarse cada vez más como musulmanes, ya que ambos grupos siguen afrontando luchas comunes. La medida en la que dicho escenario puede convertirse en una realidad sigue estando poco clara, pero la demografía de la América árabe ha experimentado realmente cambios significativos.

Aproximadamente la mitad de los 3,5 millones de americanos que se estima que son de ascendencia árabe provenían principalmente de Líbano y Siria de principios del siglo XIX y eran mayoritariamente cristianos. La asimilación de esta comunidad ha sido muy alta y más del 70% están ahora casados mediante matrimonios mixtos con otros americanos según el Censo del año 2000. Los musulmanes árabes, por otra parte, son inmigrantes más recientes, y se establecieron en Estados Unidos principalmente en los años 60, cuando se liberalizaron las leyes de inmigración.

En cierta medida, la reacción violenta al 11 de septiembre ha puesto de relieve las divisiones latentes dentro de la comunidad. Mientras que unos pocos cristianos árabes asimilados han tenido cargos públicos, destacados árabes musulmanes, una vez en el punto de mira, han tenido que hacer frente con frecuencia a alegaciones de vínculos con grupos o individuos que se consideran fundamentalistas peligrosos. Mazen Asbahi, el coordinador de asuntos musulmanes de Obama, dimitió después de un gran escándalo en los medios de comunicación al revelarse que durante un breve periodo formó parte de una junta que incluía a un predicador radical que se especulaba que estaba conectado con Hamas. No obstante, los tribunales no pudieron establecer dicho vínculo. También se alegó que el imán Qatanani estaba vinculado a Hamas, así como en el caso de Linda Sarsour, a la que Campus Watch.com etiquetó como “activista islamista radical”. Este sitio web es uno del creciente número de sitios que pretenden destapar las amenazas musulmanas nacionales. (La protesta de los medios de comunicación sobre Asbahi comenzó a partir de un informe de un sitio web conocido como “Informe Diario de la Hermandad Musulmana Global” –Global Muslim Brotherhood Daily Report-. Este sitio de internet tiene una lista de las principales organizaciones musulmanas americanas que se supone tienen vínculos potencialmente peligrosos con el radicalismo, incluidas las asociaciones de estudiantes musulmanes de las universidades). Por su parte, Daniel Pipes ha surgido como una importante fuerza en las alegaciones que giran en torno al liderazgo americano musulmán. Pipes fundó Campus Watch, que fue creado para identificar a profesores de facultad por supuestamente despreciar o dañar los intereses nacionales estadounidenses. Fueron los escritos de Pipes los que ayudaron a crear un movimiento de oposición a la primera escuela pública en lengua árabe que se abrió en Brooklyn, y los que condujeron a la consiguiente dimisión del director americano árabe de la escuela en 2007.

Las ya antiguas aspiraciones de la comunidad americana árabe para suavizar la política exterior estadounidense en Oriente Próximo siguen siendo difíciles de conseguir

James Zogby, jefe del Instituto Americano Árabe, ha descrito los ataques de los medios de comunicación contra los americanos musulmanes y árabes como el principal obstáculo a los esfuerzos de movilización de la comunidad. Escribe:
“La combinación de sitios web fanáticos, sus bloggers que actúan como cámaras de eco, las publicaciones irresponsables de los principales medios de comunicación y el miedo y la ignorancia con relación a todo lo árabe y lo musulmán han producido un entorno opresivo y perjudicial para la participación política y el empoderamiento de las comunidades americanas tanto musulmanas como árabes.

Celebración por la captura del presidente iraquí Saddam Husein en el Karbalaa Islamic Education Center

Celebración por la captura del presidente iraquí Saddam Husein en el Karbalaa Islamic Education Center. Dearborn, Michigan, EEUU, 14 de diciembre de 2003. / Jeff Kowalsky /EFE

CONCLUSIONES

Queda por ver si la Administración de Obama marcará el comienzo de una era de aceptación de la comunidad árabe que pueda traducirse en una influencia significativa en la política nacional

Al comienzo de la presidencia de Obama, la comunidad americana árabe se enfrenta a una serie de desafíos y oportunidades. Por un lado, la participación política ha incrementado significativamente con un número récord de americanos árabes que votaron por Obama y participaron en los esfuerzos de movilización de votantes. Algunos de los signos esperanzadores son la construcción de alianzas con otras comunidades minoritarias y la incrementada atención por parte de los cargos electos, especialmente a nivel local y estatal. Con la creación de relaciones personales se ha producido también el reconocimiento de las necesidades de la comunidad, y en algunos casos los cargos han actuado para defender sus intereses, como en el caso del imán Qanatani. Pero la comunidad americana árabe no ha sabido influir en la política a nivel nacional, y sus ya antiguas aspiraciones para suavizar la política exterior estadounidense en Oriente Próximo siguen siendo difíciles de conseguir. De hecho, el nuevo reconocimiento concedido a la comunidad ha estado principalmente limitado a los asuntos relacionados con los ataques del 11 de septiembre. En lugar de trabajar a favor de objetivos nacionales, la comunidad está consumida por el esfuerzo de defender su mera existencia, esfuerzos que se ven acribillados por los problemas de recaudación de fondos y coherencia. Además, la posición defensiva se ve dificultada por el trabajo de Daniel Pipes y otros cuyos escritos se han ido sucediendo para demonizar los términos “árabe” y “musulmán” en la imaginación americana. Queda por ver si la Administración de Obama marcará el comienzo de una nueva era de aceptación, muy esperada, en la que las asociaciones locales que han construido algunos grupos árabes, infundidos con los esfuerzos de una nueva generación de líderes, puedan finalmente traducirse en una influencia significativa en la política nacional.

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