Hassan Abbas
Research Fellow, Belfer Center for Science and International Affairs, John F. Kennedy School of Government, Harvard University. [+ DEL AUTOR]

El “nuevo Oriente Próximo” y su impacto en Iraq, Irán, Afganistán y Pakistán

INTRODUCCIÓN

El mundo islámico se encuentra en su mayor parte en un proceso de cambio, pero en particular cuatro países están atravesando etapas muy críticas de su existencia: Iraq, Irán, Afganistán y Pakistán. Además de los problemas políticos y regionales a los que se enfrentan estos importantes Estados musulmanes, la política de EEUU relativa a Oriente Próximo (especialmente la que se refiere al conflicto palestino-israelí) y la “guerra contra el terror” también tienen un gran impacto sobre ellos. Al mismo tiempo, la llegada al poder del presidente Barack Hussein Obama en EEUU ha supuesto, en muchos sentidos, un cambio del panorama internacional. Así por ejemplo, la Administración del presidente Obama enseguida designó enviados especiales para Oriente Próximo y para zonas de Afganistán y Pakistán, señalando así que reconoce la importancia del teatro de operaciones palestino-israelí y de las regiones tribales fronterizas entre Afganistán y Pakistán y que desea resolver en serio la crisis a la que se enfrentan estos países. Acertadamente, la Administración del presidente Obama ha evitado el uso de la frase “guerra contra el terror” –legado de la era Bush– y ha hecho hincapié en el papel de la cooperación internacional y del compromiso constructivo con los Estados islámicos.

Concentración contra la presencia de las tropas norteamericanas en Iraq frente a la Casa Blanca

Concentración contra la presencia de las tropas norteamericanas en Iraq frente a la Casa Blanca coincidiendo con el quinto aniversario del comienzo de la ocupación de este país. Washington, EEUU, 19 de marzo de 2008. / Stefan Zaklin /EFE

El “eje del mal” de Bush fue un indicio de los intentos de expansión de EEUU

El presente trabajo intentará, en primer lugar, interpretar la política y las propuestas del presidente Obama relativas a Oriente Próximo para luchar contra las fuerzas extremistas en el mundo islámico y a continuación pasará a analizar cómo ven Iraq, Irán, Afganistán y Pakistán las políticas de EEUU y de los países occidentales hacia ellos y el mundo islámico en general.

LA POLÍTICA DEL PRESIDENTE OBAMA HACIA EL MUNDO ISLÁMICO Y CÓMO PIENSA COMBATIR EL TERRORISMO

Tras ocho turbulentos años de Administración W. Bush, el mundo árabo-islámico ha recibido la presidencia de Obama con gran expectación y esperanza. Durante su discurso inaugural, el mismo Obama expresó claramente su distanciamiento del legado del presidente Bush y su deseo de que EEUU resurja como un líder mundial al que se respeta. Sus palabras nos daban una idea: “Nuestro poder por sí solo no puede protegernos, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. (…) nuestra seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención.”

Es fundamental que Obama establezca relaciones con líderes y organizaciones reformistas, de la oposición y de la sociedad civil en Oriente Próximo para conseguir aislar a los terroristas

Los primeros meses de gobierno de Obama muestran que, aunque continuará siendo un estrecho aliado de Israel, también impulsará la causa de un Estado palestino. Designar al ex senador George Mitchell como enviado especial de EEUU para Oriente Próximo ha sido un paso muy positivo en este sentido. Sin embargo, desde el punto de vista del mundo islámico, para desarrollar una política más justa se tendrían que aplicar los mismos estándares tanto para Israel como para Hamas y los palestinos –en cuanto al cumplimiento de las leyes internacionales y de las resoluciones de la ONU–. Sobre el terreno, para el mundo islámico, el conflicto palestino-israelí constituye un importante motivo de queja y un obstáculo para la paz en Oriente Próximo y para la mejora de las relaciones con Estados Unidos. No se espera que la llegada al poder de Benjamin Netanyahu como primer ministro israelí vaya a hacer las cosas más fáciles ya que marginar o intentar eliminar a Hamas y restituir a Mahmoud Abbas en Gaza y Cisjordania será también un asunto muy complicado –que representa un desafío importante para el Gobierno de Obama–. Hamas goza de las simpatías y del apoyo no solo de los elementos radicales musulmanes, sino también de los nacionalistas árabes, de los laicistas y de los cristianos de la región. La extensa cobertura informativa que los medios de comunicación árabes proporcionaron de la crisis de Gaza impulsó a la opinión pública más allá del ámbito político.

De ahí que el Gobierno de Obama tendrá que actuar con rapidez para ponerse en contacto y escuchar no solo a los monarcas árabes, sino también a los principales grupos musulmanes: líderes y organizaciones reformistas y de la oposición y organizaciones de la sociedad civil. Es fundamental establecer relaciones con estos grupos para conseguir aislar o marginar a los terroristas. Para contar con el mundo musulmán la diplomacia pública de Estados Unidos y de Europa tendrá que abordar asuntos clave de la política exterior. Los resultados de varios sondeos realizados por Gallup (véase Who Speaks for Islam? What a Billion Muslims Really Think de John L. Esposito y Dalia Mogahed) muestran el deseo por parte de los musulmanes de que se les muestre respeto. Cuando se les preguntó qué podía hacer Occidente para mejorar las relaciones con el mundo musulmán, grupos mayoritarios islámicos respondieron que Occidente debería respetar al islam y a los musulmanes, no considerarlos inferiores y proporcionarles ayuda económica y tecnológica. La declaración de la Administración de Obama de finales de marzo de 2009 relativa a su política afgano-paquistaní, en la que se compromete a triplicar la ayuda no militar y de desarrollo para Pakistán y a aumentar sustancialmente el presupuesto para el desarrollo en Afganistán, muestra que Obama está escuchando y analizando bien. El mundo islámico consideró como avances muy positivos las promesas que hizo Obama durante su campaña de retirar el ejército estadounidense de Iraq y de establecer relaciones con Irán de un modo pacífico. De hecho, algunos líderes árabes se sienten molestos con la aparente apertura de vías de comunicación entre Irán y EEUU, ya que los musulmanes de a pie de todo el mundo consideran esto como un signo progresista.

De cualquier manera, el dilema al que se enfrenta el presidente Obama, en lo que se refiere a expectativas, queda reflejado en la opinión de Iftikhar Arsalan, un americano musulmán que en una carta abierta a Obama (publicada en CNN.com) decía:
“Su nada envidiable labor será enmendar la catastrófica política de George W. Bush y de sus secuaces ideólogos neoconservadores, enfrentándose al espectro del terrorismo siniestro de al-Qaida y emprendiendo en todo el mundo esfuerzos de diplomacia pública contra el antiamericanismo… P.D. Por favor, envíe a Bill Clinton como jefe de la diplomacia para Israel y Palestina y dígale que no vuelva hasta que haya conseguido que se firme un acuerdo de paz entre ambas partes resentidas”.

El Gobierno de Obama ha dejado claro que la lucha contra los terroristas será dura. Se supone que un cambio en la política para Afganistán debería derrotar y erradicar a al-Qaida de la región. De hecho, la administración norteamericana ya ha ordenado que se clausure la prisión de la base de Guantánamo en el plazo de un año y ha dado órdenes a la CIA para que cierre sus cárceles secretas y para que se prohíban las técnicas de interrogatorio que no estén autorizadas por el Manual de campo del Ejército estadounidense, pero el motivo de estas medidas es más un querer adherirse a las leyes que un intento de complacer a los demás a expensas de la seguridad de EEUU. Con estas importantes medidas, Obama ha roto totalmente con la política de la Administración Bush de considerar a los terroristas como “combatientes enemigos” a los que no se les podía aplicar el derecho norteamericano ni el internacional.

EL FUTURO DE IRAQ TRAS LA “RETIRADA RESPONSABLE Y GRADUAL DE EEUU”

La Administración de Obama se ha comprometido a llevar a cabo tres objetivos principales con respecto a Iraq: a) la retirada responsable y gradual de sus tropas; b) fomentar acuerdos políticos en Iraq y convencer a los líderes democráticos iraquíes de que empleen los ingresos obtenidos del petróleo en reconstruir el país; y c) ayudar a Iraq y a la región a conseguir estabilidad y a concentrarse en resolver la crisis de los refugiados iraquíes. Estos son todos objetivos loables que además se pueden alcanzar, pero existen otros muchos asuntos relacionados que, con seguridad, originarán disputas complejas en el futuro. Por ejemplo, la infraestructura política y de seguridad iraquí por sí sola es, por el momento, claramente incapaz de derrotar a los insurgentes y a los terroristas, y los Estados de la región podrían comenzar a tomar parte activa en Iraq tras la retirada de las fuerzas americanas y aliadas. A los líderes de los Estados árabes sunníes próximos a Iraq no les gusta la idea de un Estado de mayoría chií dirigido por líderes chiíes, ya que sus prejuicios sectarios están muy arraigados. Por otra parte, Irán incrementará con toda seguridad sus relaciones con Iraq beneficiándose de los vínculos sectarios y quizá intente influenciar la política exterior iraquí en los próximos años. En los últimos meses, el régimen saudí ha tratado de un modo brutal las exigencias de los chiíes de las provincias saudíes del este y un Iraq independiente, democrático y seguro de sí mismo no facilitará las cosas a los saudíes en este contexto.

La infraestructura política y de seguridad iraquí por sí sola es, por el momento, claramente incapaz de derrotar a los insurgentes

Según el plan de Obama, una fuerza remanente de EEUU permanecerá en Iraq y en la región para llevar a cabo misiones dirigidas de contraterrorismo contra al-Qaida y para proteger al personal civil y diplomático americano. Sin embargo, ya no habrá bases permanentes en Iraq, aunque EEUU continuará con sus esfuerzos para formar y ayudar a las fuerzas de seguridad iraquíes. La contribución más importante de EEUU y de la Unión Europea podría ser el apoyo para la reconciliación entre sunníes y chiíes, ya que este hecho eliminaría automáticamente a al-Qaida de Iraq. Los extremistas se hacen fuertes donde pueden ganar terreno dividiendo a la población local. Asegurar las fronteras iraquíes será otra tarea complicada. Si EEUU y sus aliados ya tuvieron problemas para asegurarlas durante los últimos años, podemos imaginar lo difícil que puede resultar para las fuerzas fronterizas iraquíes, que siguen todavía en periodo de formación y no cuentan con el material suficiente.

Una patrulla del ejército de los Estados Unidos pasa cerca de un póster de Saddam Husein en el que se ofrece una recompensa de 25 millones de dólares a quien proporcione información sobre su paradero

Una patrulla del ejército de los Estados Unidos pasa cerca de un póster de Saddam Husein en el que se ofrece una recompensa de 25 millones de dólares a quien proporcione información sobre su paradero. Bagdad, Iraq, 28 de agosto de 2003. / Ali Haider /EFE

Otro asunto crucial es el de los desplazamientos que sufren los iraquíes dentro de su país a causa de los ataques sectarios y el de los refugiados iraquíes que se ven obligados a huir a Estados vecinos. Esta situación es una caja de Pandora en potencia y es posible que Iraq no pueda controlarla sin la ayuda internacional. La ONU puede y debería implicarse en este proceso. Por último, pero no menos importante, es posible que el “acuerdo sobre seguridad y el estado de las fuerzas” adoptado entre la Administración Bush y el Gobierno de Maliki en Iraq necesite reajustarse, ya que se llevó a cabo apresuradamente y con escasa participación del Congreso de EEUU. A fin de cuentas, el pueblo iraquí responsabilizará a EEUU y a Occidente por haber creado una situación que facilitó la entrada de elementos de al-Qaida en su país y en la que la violencia sectaria afectó a sus vidas de un modo terrible. A muy pocos les gustaría que Iraq volviese a la época de Saddam, pero también muy pocos están convencidos de que la ocupación militar fue beneficiosa para el pueblo iraquí.

A muy pocos les gustaría que Iraq volviese a la época de Saddam, pero también muy pocos están convencidos de que la ocupación militar fue beneficiosa para el pueblo iraquí

La reconstrucción de Iraq será un proceso lento, pero si la democracia iraquí se consigue mantener, las heridas provocadas por el sectarismo acabarán curándose con el paso del tiempo ya que la democracia promoverá la formación de acuerdos y coaliciones y las perspectivas de desarrollo. En un contexto a largo plazo, un Iraq próspero influirá positivamente en los países vecinos y las gentes de Arabia Saudí, Jordania, Siria y Egipto se animarán a movilizarse para conseguir reformas democráticas. En este sentido, será crucial el constante apoyo internacional a la democracia en Iraq.

LA POSTURA NUCLEAR DE IRÁN Y CÓMO PERCIBE SUS INTERESES EN LA REGIÓN

A mediados de marzo, el presidente Obama dejó claro en un mensaje cuidadosamente escrito pero directo que EEUU estaba dispuesto a retomar el diálogo con Irán. Pero el mensaje precisaba que no se estaba dando carta blanca al régimen iraní y de un modo sutil insinuó que, para que ese diálogo se lleve a cabo, Irán debe poner fin a su “apoyo al terrorismo y a la violencia”. En respuesta, el líder supremo de Irán, el Ayatolá Ali Jamenei, aparentemente lanzó un jarro de agua fría al mensaje conciliador de Obama. Sin embargo, si se presta atención a su respuesta pública –igual que sucede al realizar una lectura minuciosa de las palabras de Obama– se da a entender un interés por ambas partes de sentarse en la mesa de negociaciones. Como consecuencia, cuando EEUU invitó a Irán a unirse a los esfuerzos para estabilizar Afganistán, Irán respondió afirmativamente y aceptó participar oficialmente en reuniones destinadas a tratar el tema más a fondo. Por otra parte, la Unión Europea ha jugado un papel importante al crear estas vías de diálogo y proporcionar foros de interacción. Es comprensible que entretanto las críticas de EEUU sobre el papel de Irán en Iraq hayan disminuido sustancialmente.

La política exterior iraní hacia Iraq tras la caída de Saddam Husein sigue estando influenciada por una agitada historia de oposición y por un desmesurado dominio sunní sobre los recursos naturales de Iraq y su potencial solidez económica. La visión iraní prevalente está por tanto basada en la desconfianza. Irán no deseaba ver un régimen cliente iraquí pro-Estados Unidos que actuase a favor de los intereses americanos sin tener en cuenta a Irán; por lo que Irán continuó promocionando a líderes como Muqtada al-Sadr durante algún tiempo. La perspectiva nacionalista en Irán sostiene que los intereses iraníes son distintos a los del mundo árabe, ya sean culturales, económicos, políticos o incluso militares. Los iraníes también creen que en el caso de un conflicto entre EEUU e Irán, los árabes se pondrían de parte de EEUU –y lo más probable es que tengan razón–. Desde la perspectiva iraquí, para poder mantener los objetivos pragmáticos de Irán en la región, debería existir solo un nivel moderado de colaboración política y de seguridad entre Iraq e Irán. Los elementos panislámicos de Irán (en los pasillos del poder) sostienen que la República Islámica debería involucrarse con el mundo árabe y perseguir causas árabes (como la causa palestina) de un modo activo y enérgico. En resumen, a diferencia de lo que opina Occidente, en Irán existen muchas fuerzas rivales que compiten por conseguir influencia en la política y lo más probable es que Irán actúe de un modo pragmático dados sus intereses en la región y las presiones económicas. Sus ingresos del petróleo están disminuyendo y sus refinerías necesitan que las modernicen y algunas que las arreglen, pero les falta la tecnología para hacerlo.

A muchas personas en Occidente y en algunas zonas del mundo árabe les preocupa el programa nuclear de Irán, pero no porque estén convencidos de que este país quiera cambiar el statu quo en Oriente Próximo, sino porque no están seguros de que no quiera hacerlo. Es evidente que Irán quiere aumentar su influencia en la zona del Golfo Pérsico e incluso en Asia central mediante la proyección de su ejército (y posiblemente de su dotación nuclear) y esto, sin duda, hará que Occidente se vuelva más precavido y prudente. Los gestos poco diplomáticos y aparentemente amenazadores del presidente Ahmadineyad hacia Israel preocuparon a EEUU y hasta cierto punto también a Europa. De cualquier modo, Irán los encuadra como una postura defensiva que solo responde a las amenazas israelíes. Con independencia de estos asuntos de equilibrio de poderes regionales, EEUU sigue empeñado en evitar que Irán desarrolle armas nucleares. Es difícil juzgar si las sanciones económicas o incluso los ataques militares a sus instalaciones nucleares podrán conseguir ese objetivo a largo plazo.

Lo más probable es que Irán actúe de un modo pragmático dados sus intereses en la región y las presiones económicas

Independientemente del futuro de las relaciones Irán-EEUU, es de esperar que los Estados árabes sunníes continúen teniendo dudas sobre los intereses iraníes. El rey Abdullah de Jordania ya advirtió en 2004 de la aparición de una “media luna chií” ideológica que se extendía desde Beirut hasta el Golfo Pérsico. El presidente egipcio Mubarak expresó una preocupación similar, si bien de un modo más sutil. Las tres presunciones principales detrás de este “miedo” son: que las élites sunníes árabes ven a la media luna chií, en primer lugar, como un intento por parte de Irán de atraer a las masas árabes de la región; en segundo lugar, de crear un área de gobiernos chiíes simpatizantes en Iraq, Siria, Líbano y en la región del Golfo Pérsico (especialmente en Bahrein) y, por último, de ampliar su influencia en la región. Irán rechaza oficialmente que se le identifique así, pero es evidente que persigue estos objetivos para garantizar su seguridad. Dada su carga histórica y enraizada desconfianza, será complicado tratar con Irán en la mesa de negociaciones. Sin embargo, en palabras del experto pragmático iraní Dr. Kayhan Barzegar, Irán tiene que darse cuenta de que: “La naturaleza inestable y transformadora de la situación política en Oriente Próximo no garantizará el papel ambiguo y creciente de Irán entre los Estados y las facciones políticas simpatizantes. Con una ‘diplomacia activa’, y en la cumbre de su papel en la región, Irán debería aprovechar este momento crucial y, por el bien de la ‘seguridad sostenible’ y en consecuencia del ‘desarrollo sostenible’, solucionar sus problemas con América.” (“Only a Strong Iraq will Talk”, Center for Strategic Research, Irán, febrero 2009).

AFGANISTÁN: SOBRE CÓMO CONVERTIR UN ESTADO EN DECLIVE EN UN ESTADO RESISTENTE

El presidente afgano Hamid Karzai anunció públicamente estar de acuerdo con la nueva estrategia diseñada por Obama para su país

Para sorpresa de algunos, el presidente afgano Hamid Karzai anunció públicamente estar completamente de acuerdo con la nueva estrategia anunciada por el presidente Obama para su país, comentando al respecto que “era exactamente lo que el pueblo afgano estaba esperando” y prometió “trabajar estrechamente” con Estados Unidos. Lo más probable es que Karzai abandone los pasillos del poder de Kabul –a no ser que haya algún cambio drástico–. La estrategia de Obama requiere un aumento de las fuerzas de seguridad afganas y el despliegue de otros 4.000 militares estadounidenses que se encarguen de instruirlas, además de 17.000 nuevas tropas de combate. También propone un aumento de la ayuda con civiles especializados estadounidenses y más ayuda y apoyo económicos para un Gobierno afgano más honesto y receptivo.

Sin embargo, la realidad es que apenas se crearon instituciones sólidas en Afganistán durante el “proyecto de reconstrucción de la nación” iniciado durante la Administración de Bush. Solo cuando los ciudadanos de todas las etnias que existen en Afganistán perciban al Estado como legítimo y capaz de proporcionar seguridad, un buen gobierno y un Estado de derecho serán capaces de resistir a las presiones de los talibanes y a sus propuestas de acercamiento. La crisis afgana es el resultado de décadas de conflicto interno y de desventuras extranjeras; por eso, ninguna solución a corto plazo resolverá la crisis. Se necesita tiempo, mucha energía y paciencia para construir las infraestructuras y las instituciones necesarias para estabilizar al Estado afgano y erradicar las redes de talibanes y criminales.

Fortalecer el apoyo popular en Afganistán es una parte fundamental del éxito de la contrainsurgencia y de la creación de un Estado sólido

Según muchos informes fiables, los talibanes cuentan ya con escaso apoyo entre la población afgana cansada de guerra y violencia. Los dirigentes talibanes se esconden y les falta autoridad y control efectivos y cada uno persigue objetivos distintos. El aumento de la producción de opio, que deja en evidencia la ineficacia de la OTAN y de EEUU, atrajo a muchos traficantes de drogas a involucrarse en este juego y los talibanes también se vieron beneficiados con el dinero de las drogas, pero ya se han puesto en marcha planes para frenar esta peligrosa tendencia. La decepción hacia la comunidad internacional y hacia el Estado ha aumentado, pero la gran mayoría de la gente teme mucho más a lo que podría pasar si las tropas extranjeras se marchasen del país a que si se quedasen. El pueblo afgano no desea la vuelta del régimen talibán a ningún precio. Fortalecer el apoyo popular es una parte fundamental del éxito de la contrainsurgencia y de la creación de un Estado sólido –y el nuevo plan de Obama para el sur de Asia ofrece esperanzas–. Ahora los esfuerzos deberían concentrarse en la construcción de instituciones gubernamentales que se encarguen de hacer cumplir la ley y en poner más énfasis en que se responsabilice a los agentes oficiales por cualquier abuso de poder, por incompetencia o por cometer acciones ilegales, independientemente de su influencia política o tribal. Además de la legitimidad y de la credibilidad del Estado es necesario un cumplimento efectivo de las leyes civiles, que debe ser una parte integrante para que cualquier esfuerzo contraterrorista tenga éxito. Del mismo modo, las acciones que lleve a cabo EEUU deben ajustarse a las normas de Derecho Internacional, incluidas el poner fin a las detenciones arbitrarias y a los daños colaterales, hechos a los que los afganos muestran su total repulsa.

Por último, EEUU y la OTAN deberían valorar muy cuidadosamente si merece la pena mantener conversaciones con cualquiera de los elementos talibanes. No es tan fácil reproducir el exitoso “modelo Anbar” en Afganistán. Es más, los talibanes son conocidos por haber hecho acuerdos cuando les ha convenido para después echarse atrás.

LA CONFLICTIVA FRONTERA DE PAKISTÁN: UN ESTADO SITIADO

Las tribus pastunes de la zona fronteriza afgano-paquistaní tienen fama de ser gentes impacientes e inquietas, pero a lo largo de la historia su comportamiento ha sido bastante predecible dadas la dinámica y aceptación del código Pastunwalí (que hace hincapié en el honor tribal, en la hospitalidad y en el derecho a la venganza). Eso ha cambiado en los últimos años ya que nuevas dinámicas han echado más “leña al fuego”. Está claro que la crisis que se está desarrollando en la conflictiva frontera de Pakistán se está volviendo más compleja y complicada con el paso del tiempo. Por ejemplo, nunca antes, los jóvenes radicales habían asesinado a los ancianos de las tribus, las jirgas (asambleas) nunca habían sido bombardeadas; pero lo más importante es que a los mullahs nunca se les había otorgado el poder de decidir la suerte de las tribus. El fracaso de Hamid Karzai para mantener la seguridad de Afganistán y Pakistán en las Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA, por sus siglas en inglés) ha jugado un papel importante en conducir a la región a su situación actual. En este contexto, una resistencia desorganizada y una actividad militante desplazada se han transformado en una insurgencia creciente y que continúa difundiéndose. Grupos terroristas regionales e internacionales se aprovecharon de este “espacio” y militantes procedentes de todo Pakistán se precipitaron a ciertas partes de las FATA para establecer su presencia. En estos santuarios se entrenaron muchos terroristas suicidas que desde 2006 han causado estragos en Pakistán y, en menor medida, en Afganistán.

Lo que el futuro depara a la conflictiva frontera de Pakistán es el interrogante clave para los analistas de seguridad de todo el mundo

La complejidad de la crisis ha aumentado en los últimos dos años en lo que se refiere a la coalescencia de grupos militantes con diferentes objetivos (sectarios, regionales o políticos) y a su capacidad de expandirse y crecer de un modo incontrolado. Uno de los motivos principales por los que Pakistán y EEUU han sido incapaces de coordinar sus esfuerzos de un modo efectivo contra el terrorismo de la zona ha sido el fracaso para definir con precisión cuál era la amenaza. Las fuerzas de seguridad paquistaníes y las de la OTAN/EEUU en Afganistán han sido más efectivas contra los elementos de al-Qaida en las FATA que contra los talibanes (militantes de Tehrik-e-Taliban Pakistan y de Swat) que en general han resultado ser más evasivos. Parte del problema es que el ejército y los servicios de inteligencia paquistaníes están convencidos de que la India, Irán y Afganistán están también fomentando problemas en las FATA –de ahí que se sientan rodeados y amenazados por rivales de la región.

Lo que el futuro depara a la conflictiva frontera de Pakistán es el interrogante clave para los analistas de seguridad de todo el mundo, ya que los santuarios militantes de Waziristán del Norte y del Sur continúan exportando terrorismo. Además de a Estados Unidos y la Unión Europea, este problema también amenaza seriamente a los Estados de la región. Para Pakistán se trata en realidad de un asunto de vital importancia. Debido a su naturaleza y alcance, ningún país individualmente puede enfrentarse al problema en su totalidad. Todas las partes implicadas de la región tienen que unirse para resolver esta crisis ya que los acontecimientos caóticos de esta naturaleza no entienden de fronteras entre Estados. Además, India tendrá que darse cuenta de que las críticas a la política de Pakistán y la negativa a resolver el ya largo conflicto con este país en la zona de Kachemira es poco probable que los beneficie de alguna manera. Un statu quo persecutorio en el sur de Asia es el camino más seguro para sembrar el caos y la anarquía. EEUU puede jugar un papel crucial al reunir a todas las partes en la mesa de negociaciones y remediar la falta de confianza. El paquete de recuperación económica de Obama para Pakistán (unos 1.100 millones de euros anuales durante 5 años) puede potenciar el desarrollo de un modo constructivo y creativo.

Un escaparate roto de la cadena de restaurantes norteamericana KFC tras una manifestación

Un escaparate roto de la cadena de restaurantes norteamericana KFC tras una manifestación. Karachi, Pakistán, 17 de agosto de 2003. /EFE

Los índices y el curso que ha seguido la región de las FATA son verdaderamente alarmantes, pero también hay indicios de esperanza. Las fuerzas políticas progresistas que ganaron las elecciones de 2008 en Pakistán se están afianzando gradualmente. También han tenido éxito, después de una lucha larga y dura, los movimientos de abogados que exigían el Estado de Derecho y la restitución de jueces independientes que Musharraf expulsó en 2007. Pero lo más importante es que los medios de comunicación electrónicos, que ofrecen una cobertura informativa continua, están manteniendo al día a un amplio segmento de la población paquistaní sobre los acontecimientos del país y están proporcionando una muy necesitada exposición al pluralismo y a la cultura de la libertad de expresión y pensamiento. Si estas tendencias se siguen apoyando y alimentando pueden influir en la política y hacer que se vuelvan las tornas en contra de los extremistas de las FATA y de la NWFP (Provincia de la Frontera Noroeste). Invertir en que se cumpla la ley y en infraestructura policial en Pakistán (por parte de sectores nacionales e internacionales) sin duda reportará beneficios; mientras que perseguir objetivos poco claros dará poder a las tendencias dogmáticas. Fue más que nada un fracaso del gobierno lo que ayudó a que los militantes se afianzaran en el área de Swat. Los elementos simpatizantes de los talibanes enseguida se percataron de este vacío y se apresuraron a movilizarse. En este contexto, en Pakistán se necesita desesperadamente que se invierta en educación y que se reforme la policía.

CONCLUSIÓN

Todo indica que actualmente la estrategia de EEUU es distinta a la de años anteriores y claramente más constructiva

El mensaje de cambio y esperanza de la Administración de Obama resonó en todo el mundo. La gente corriente de Iraq, Irán, Pakistán y Afganistán asoció las nuevas esperanzas y expectativas con EEUU, inspirados por la llegada al poder de Obama, y todo indica que actualmente la estrategia de EEUU es distinta a la de años anteriores y claramente más constructiva. Es improbable que el Gobierno de EEUU sea capaz de ayudar a los israelíes y palestinos a alcanzar a corto plazo una solución justa a su trágico conflicto, pero parece que la Administración de Obama está más comprometida a ir en esa dirección que el gobierno anterior –a pesar de los obstáculos de los intereses creados–. Del mismo modo, tampoco se pueden esperar milagros en Iraq y Pakistán, pero hay motivos para creer que la paz y la reconciliación son posibles. Los esfuerzos de EEUU para que Irán participe en la estabilización de Afganistán indican que los intereses comunes pueden acercar a los adversarios y que en política mundial hacer concesiones es un modo mejor de tratar los asuntos polémicos que el uso de amenazas y advertencias.

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