Eric Hooglund
Profesor de Ciencias Políticas, Bates College, Estados Unidos. Editor de la revista “Critique: Critical Middle East Studies”. [+ DEL AUTOR]

El Irán rural

La Revolución Islámica en Irán supuso un evento épico que precipitó importantes cambios políticos y sociales en un país de Oriente Medio considerado de gran relevancia estratégica por varias generaciones de políticos occidentales. Esta preocupación externa por la ubicación geográfica de Irán pocas veces se ha traducido en un interés genuino por sus características internas, tales como su cultura, su historia o su sociedad. Una excepción a este patrón fue el periodo de los últimos cinco meses de la Revolución Islámica durante el otoño y el invierno de 1978-79. No obstante, la atención externa tanto entonces como durante el periodo posrevolucionario fue de incredulidad ante el hecho de que una ideología religiosa pudiera inspirar una rebelión de masas contra las injusticias políticas y sociales. Se consolidó, por tanto, una percepción dominante promovida por los académicos, las élites políticas y los medios de comunicación que participan activamente en la producción del conocimiento en Europa y Norteamérica: la Revolución Islámica era/es una revuelta retrógrada contra la modernidad. Una de las consecuencias significativas de este estereotipo dominante ha sido la tergiversación y/o la ignorancia sobre los múltiples y amplios cambios que en realidad han transformado la sociedad iraní en los últimos treinta años.

Un matrimonio iraní trabaja en un campo de arroz en Kukursar, en la provincia del Mar Caspio de Mazandarán

Un matrimonio iraní trabaja en un campo de arroz en Kukursar, en la provincia del Mar Caspio de Mazandarán, al norte de Irán. Mazandarán, 24 de junio de 2008. / Abedin Taherkenareh/EFE

El análisis exhaustivo de cómo ha cambiado Irán desde la Revolución Islámica de 1979 queda fuera del alcance del presente artículo. No obstante, al analizar de cerca ciertas políticas implementadas por la República Islámica, se puede tener una cierta comprensión de algunos de los cambios sociales más extendidos. En este sentido, el Irán rural representa un caso de estudio útil, porque el desarrollo (léase “modernización”) de las áreas rurales se convirtió en un imperativo ideológico al principio del periodo posrevolucionario. La atención centrada en el Irán rural provino de una creencia prevalente entre los líderes religiosos y laicos de la Revolución Islámica de que la monarquía destronada de Mohammad Reza Shah Pahlavi (1941-1979) había desatendido deliberadamente la agricultura y el desarrollo económico rural en sus esfuerzos por crear una imitación de la sociedad europea industrializada y urbana. Por consiguiente, los ideólogos revolucionarios percibían el sector rural como desfavorecido y, por ende, merecedor de programas de recuperación. Los habitantes rurales eran los auténticos mostazafin (condenados o desfavorecidos), un término islámico que recibió un significado ideológico por parte de Ali Shariati (1933-1977), el popular y admirado intelectual con formación francesa que utilizó por primera vez el término en su traducción persa de la obra Los Condenados de la Tierra (Les dammés du monde) de Frantz Fanon y, posteriormente, en muchos sermones grabados, los cuales circulaban clandestinamente haciendo un llamamiento a sus compatriotas para demostrar su fe religiosa luchando contra la injusticia. Además, la mitad (el 53%) de la población total de Irán vivía en zonas rurales en 1979, por lo que la atención del nuevo gobierno a los mostazafin rurales era políticamente conveniente, además de una cuestión ideológica.

La preocupación externa por la ubicación geográfica de Irán pocas veces se ha traducido en interés por su cultura, su historia o su sociedad

La modernización de las áreas rurales se convirtió en un imperativo ideológico al principio del periodo posrevolucionario

La popularidad de estas ideas ejerció suficiente presión en el Gobierno Provisional del Primer Ministro Mehdi Bazargan (febrero a noviembre de 1979) como para persuadirlo de que creara una organización gubernamental especial, la Yihad-e Sazandegi (literalmente, la Lucha por la Construcción), que recibió el mandato de llevar a cabo una yihad (lucha o esfuerzo) contra las privaciones rurales. En la práctica, esto se tradujo en una misión de proveer de infraestructura básica a los 70.000 pueblos del país. La Yihad atrajo y formó a varios cientos de jóvenes idealistas (la mayoría en el grupo de edad de entre 18 y 25 años) y después a las mujeres. Muchos de estos hombres (entre el 30 y el 40%) eran de los pueblos y disfrutaron de cierto respeto a nivel local debido a su educación y/o la reputación de sus familias. Hasta un 40% más eran hombres que habían migrado con sus padres a las ciudades y que habían sido criados allí, pero que aún mantenían lazos con sus pueblos natales. Debido a que la filosofía de la Yihad subrayaba la participación local en los proyectos de desarrollo, los vínculos personales de tantos de sus cuadros formados resultaron ser un activo a la hora de movilizar a miles de aldeanos en esfuerzos cooperativos que finalmente trajeron servicios modernos a la mayoría de los pueblos y que transformaron su aspecto.

PROYECTOS DE DESARROLLO DE LA YIHAD-E SAZANDEG

El 53% de la población de Irán vivía en zonas rurales en 1979

Antes de la revolución, solo 4.300 pueblos (el 6% del país) tenían electricidad

La Yihad conllevó tres tipos distintos de proyectos de desarrollo durante los años 80 y 90: proyectos de infraestructura rural, proyectos de instalaciones sociales y proyectos de asistencia técnica agrícola. Esta institución estaba aún en proceso de establecer objetivos e iniciar proyectos prioritarios cuando Iraq lanzó una invasión sorpresa en el suroeste iraní en septiembre de 1980. La guerra que tuvo lugar a continuación duró ocho años, durante los cuales muchos miembros de la Yihad hicieron rondas de servicio en el frente de guerra. A pesar del conflicto y de la escasez de fondos gubernamentales para proyectos no militares, la Yihad en realidad completó numerosos proyectos de infraestructura rural entre 1980 y 1988. Estas actividades se extendieron significativamente después de la guerra, especialmente durante la administración presidencial de Ali Akbar Hashemi Rafsanyani (1989-1997), que convirtió la reconstrucción en una prioridad nacional. Los proyectos de infraestructura de la Yihad estaban centrados en las carreteras rurales y la electrificación de los pueblos. Ambas tareas constituían proyectos de enormes proporciones en un país tan grande (1,6 millones de kilómetros cuadrados), tan montañoso (altitud media de 1.500 metros) y tan poco desarrollado como era Irán en 1979. Por ejemplo, solo existían 8.000 kilómetros de carreteras rurales en la época de la revolución, la mayoría de ellas sin pavimentar; la gran mayoría de pueblos estaban conectados a otros lugares habitados mediante caminos difíciles utilizados para el tráfico peatonal y animal. En el periodo de veinte años hasta finales de marzo de 1999, la Yihad construyó unos 59.000 kilómetros de carreteras rurales, todas con al menos dos carriles preparados para el tráfico simultáneo de vehículos a motor; había tanto carreteras pavimentadas como de grava de calidad y, donde era necesario, puentes para cruzar los lechos de los arroyos y los barrancos y túneles. Estas carreteras conectaron miles de pueblos con las áreas urbanas y con el sistema nacional de autovías. En el año 2008, menos del 15% de los pueblos seguían siendo relativamente inaccesibles, a no ser que se viajara con bestias de carga.

Con respecto a la electrificación rural, en la época de la revolución (1978-79), solo 4.300 pueblos (el 6% del total del país) tenían electricidad, y la mayoría de estos pueblos estaban situados cerca de las ciudades o junto a las líneas nacionales de electricidad. En marzo de 2001, la Yihad, junto con el Ministerio de Electricidad, ya había llevado la electricidad al 99% de los hogares rurales. Los demás proyectos de infraestructura de la Yihad incluyeron sistemas rurales de canalización de agua (que en 1999 habían llegado a suministrar agua potable a 850.000 hogares en los pueblos, del 4,5 millones de hogares en total), líneas terrestres de telefonía y la sustitución de las casas de adobe por casas más sólidas de ladrillo cocido.

Con respecto a los proyectos de instalaciones sociales, la Yihad se centró en la construcción de escuelas de primaria, con el objetivo de que hubiera una escuela para niños y otra para niñas –cursos desde el jardín de infancia hasta quinto en cada pueblo de al menos 100 hogares–. Se construyeron escuelas de nivel medio para niños y para niñas –cursos 6º a 8º– (correspondiente a los cursos de 6º de primaria hasta 2º de secundaria) y escuelas de secundaria –cursos 9º a 12º– (correspondiente a los cursos de 3º de secundaria hasta 2º de bachillerato) en pueblos más grandes. Se suponía que los grupos de pueblos pequeños y el Ministerio de Educación debían cooperar en cada distrito para desarrollar planes para el transporte de los alumnos de escuelas de nivel medio y de secundaria hasta el pueblo grande o la pequeña ciudad más cercanos para poder continuar la educación después de primaria. Otras instalaciones sociales en las que la Yihad tomó la iniciativa en algunos pueblos incluyeron la construcción de clínicas sanitarias, mezquitas y baños públicos. Los proyectos de asistencia técnica llevados a cabo por esta institución fueron por tanto variados y diseñados para hacer frente a los patrones climáticos y de cultivo específicos de las distintas regiones de Irán. La asistencia técnica incluye la cooperación con los aldeanos en proyectos de grupo como, por ejemplo, construir silos para el almacenamiento del grano, establos sanitarios para guardar el ganado en invierno; sistemas de riego; facilitar el acceso a créditos sin intereses para comprar rebaños de ganado lechero, maquinaria agrícola y bombas de agua; suministrar insumos agrícolas subvencionados (semillas, fertilizantes, pesticidas, etc.) y piensos de bajo coste para el ganado, así como mantener una interacción continua con las cooperativas agrícolas, a las que se anima a desarrollar también proyectos locales para el procesamiento y la comercialización de sus cultivos y productos animales. Los éxitos generales de la Yihad con la asistencia técnica, así como con sus proyectos de infraestructura, hicieron que aumentara su perfil nacional, y que fuera elevada al estatus de Ministerio a nivel de gabinete en 1984. Como Ministerio, el enfoque práctico de la Yihad con respecto a los problemas de productividad agrícola a menudo estaba en conflicto con el enfoque más burocrático del Ministerio de Agricultura, por lo que la rivalidad entre los dos ministerios se hizo más intensa a finales de los 80. No obstante, la Yihad en general disfrutaba del apoyo del Primer Ministro Mir-Hosain Musavi (1981-1989), cuyo gobierno consideraba la lucha contra la pobreza rural una cuestión de justicia social prioritaria y consideraba que las actividades de la Yihad contribuían a la eliminación de la misma. La situación cambió con la administración de Rafsanyani, ya que este veía las políticas motivadas por ideologías de los años 80 como obstáculos a la inversión privada, la cual quería promover como parte de su estrategia general de reconstrucción. Por consiguiente, Rafsanyani exigió la racionalización de los programas estatales de desarrollo rural fusionando los ministerios de Agricultura y de la Yihad, una política a la que ambos ministerios se oponían. Finalmente, la Yihad no pudo evitar su incorporación como organización dentro del Ministerio de Agricultura, si bien ha mantenido una identidad independiente y su dedicación a proyectos de desarrollo rural.

La población rural ha seguido disminuyendo en relación a la población urbana

RESULTADOS NO PLANEADOS

Los éxitos más importantes de la Yihad han sido sus proyectos de infraestructura, especialmente su papel en la construcción de carreteras, el suministro de electricidad a los pueblos y la asistencia en la construcción de miles de escuelas. Estos proyectos contribuyeron de mil maneras a mejorar la calidad de vida en la mayoría de los pueblos de Irán. De hecho, el impacto general de la Yihad y otros programas gubernamentales dedicados a las zonas rurales ha supuesto una reducción significativa del nivel de pobreza rural. Esto no significa que hayan desaparecido las distinciones entre las clases sociales en el Irán rural. De hecho, parecen más evidentes de compararlas con el periodo pre-revolucionario, pues la aparición de granjas comerciales durante los últimos 30 años ha implicado que la minoría de hogares rurales que poseen al menos 10 hectáreas de terreno tenga un mejor nivel socio-económico que la mayoría, que posee menos de 10 hectáreas de terreno, y que aquéllos que carecen de tierra alguna (un 38 por ciento del total), los cuales viven en la pobreza. También es cierto que la pobreza rural (y la urbana) como problema social no ha desaparecido; al contrario, se estima que el 50% de los hogares rurales están en el nivel mínimo anual descrito oficialmente como necesario para tener acceso a los alimentos, ropa, vivienda y servicios adecuados para una familia de cuatro o por debajo de ese nivel. No obstante, la pobreza profunda que forzó a tantas familias rurales en los años 70 a subsistir a base de dietas tan bajas en calorías que los dejaron desnutridos y fácilmente susceptibles a las enfermedades, ya no es una característica del Irán rural (ni del urbano), gracias a varios programas de asistencia gubernamentales y privados para los hogares de baja renta que incluyen subsidios para alimentos y combustible, pensiones estatales para agricultores discapacitados y mayores y asistencia médica gratuita en clínicas sanitarias gubernamentales.

Los proyectos de la Yihad no solo han mejorado la vida rural, sino que también han facilitado varios cambios socioeconómicos. El análisis del impacto de los miles de kilómetros de carreteras rurales es instructivo. Por ejemplo, podemos considerar el distrito rural de Bayza en el centro de la provincia de Fars en el sur de Irán, un área de producción de frutas y cereales regionalmente conocida por el arroz largo y aromático llamado confiruz. En 1978, la carretera principal desde el centro provincial Shiraz hasta Bayza atravesaba una compleja sierra y consistía en caminos difíciles. El trayecto lo recorrían personas y bestias de carga en 12 horas. En la actualidad, la autovía pavimentada, terminada en los años 90, permite realizar el viaje entre Bayza y Shiraz en 65 minutos, lo que hace que el mercado de la quinta ciudad más grande de Irán sea accesible para el arroz, el trigo, las frutas y las verduras cultivadas por los agricultores de los pueblos de Bayza. Pero estas nuevas carreteras también han facilitado la migración del campo a la ciudad. De hecho, según el censo de 2006, la población rural ha seguido disminuyendo, en relación a la población urbana, tanto como porcentaje de la población total (reducida al 31,6%), como en términos absolutos: en 2006 vivía un millón de personas menos en las zonas rurales de Irán (22 millones) que en 1996 (23 millones). Muchos pueblos pequeños y situados en lugares más apartados han experimentado la emigración de su mano de obra principal, hombres jóvenes (y sus nuevas familias) en el grupo de edad de 18 a 30 años, y esto ha tenido efectos negativos en la productividad agrícola local y en la transmisión de las técnicas agrícolas especializadas a las futuras generaciones.

Una mesa electoral en Karaj, al oeste de Teherán

Una mesa electoral en Karaj, al oeste de Teherán, durante las elecciones al Parlamento. Karaj, 7 de mayo de 2004. / Abedin Taherkenareh/EFE

En la provincia de Mazandarán, junto al mar Caspio, los arrozales han sido transformados en caras residencias de verano para las familias de clase media y alta de Teherán

El sistema de carreteras en expansión también ha facilitado el crecimiento urbano descontrolado, ya que las grandes ciudades se han extendido hasta alcanzar los pueblos situados en un radio de 20 kilómetros (o incluso más en el caso de Teherán). Los agricultores tienen la tentación de vender sus tierras tanto a promotores públicos como a privados, quienes después las convierten en urbanizaciones de viviendas. En la provincia costera de Mazandarán, junto al mar Caspio, por ejemplo, los arrozales han sido transformados en caras residencias de verano para las familias de clase media y alta de Teherán, en rápido crecimiento. En el Teherán metropolitano, los antiguos pueblos como Fardis y Talebabad (en su tiempo famosos por sus melones) y Karaj y Shah­riar (también entonces famosos por los huertos de frutas) se han convertido en suburbios densamente poblados; otros cambios similares se han producido en los antiguos pueblos situados cerca de ciudades como Esfahan, Mashhad, Shiraz y Tabriz. En este proceso, miles de hectáreas de tierra fértil con acceso a fuentes de agua para el riego se están perdiendo de forma permanente para la producción de alimentos, aunque ninguna agencia ha iniciado ningún estudio sistemático sobre las consecuencias de esta tendencia a largo plazo.

Prácticamente la totalidad de los 4,5 millones de hogares rurales de Irán tienen electricidad, y esto ha conducido a cambios en la forma en la que los aldeanos ordenan su vida diaria. Hay frigoríficos en todos los hogares de los pueblos, y su amplia utilización ha estimulado la aparición de una nueva clase de comerciantes que tienen pequeñas tiendas y venden una variedad de productos perecederos. En función de los ingresos de la familia, los aldeanos se han convertido en consumidores que compran un buen número de pequeños aparatos eléctricos. También se han abierto tiendas y talleres de reparación locales para cubrir esta demanda. El aparato más popular es la televisión, y las 16 horas de programación emitidas por las cadenas estatales desempeñan un papel fundamental a la hora de acercar las ideas y modas urbanas a los pueblos, con lo que se contribuye a la eliminación de las diferencias culturales entre el Irán urbano y el rural. Los anuncios de la televisión tienden a estimular la demanda de distintos productos nacionales, en algunos casos sustituyendo a los productos locales. Esta tendencia es especialmente evidente en la ropa, ya que los jóvenes de los pueblos están abandonando el vestido regional característico y prefieren usar ropa similar a la que llevan las personalidades famosas de la televisión.

El aparato más popular es la televisión, y desempeña un papel fundamental a la hora de acercar las ideas y modas urbanas a los pueblos

Todos los aldeanos tienen acceso a escuelas elementales, y la educación primaria (que es obligatoria) es ahora universal entre niños y niñas

Todos los aldeanos tienen acceso a escuelas elementales, y la educación primaria (que es obligatoria) es ahora universal entre niños y niñas. La asistencia a las escuelas de nivel medio y de secundaria no es, sin embargo, obligatoria, y los pueblos pequeños no suelen disponer de estas escuelas, lo que contribuye a unas altas tasas de abandono de los estudios entre los jóvenes rurales. Aunque la educación en la escuela pública es gratuita, los padres deben comprar los uniformes y los libros de texto y el material escolar que sus hijos necesitan. Durante la administración del Presidente Muhammad Jatami (1997-2005), el Ministerio de Educación introdujo una polémica tasa que los padres deben pagar por cada hijo que se matricule en el colegio al inicio del año académico en septiembre. Todos estos gastos son especialmente onerosos para los aldeanos de renta baja y, excepto si sus hijos obtienen resultados excepcionalmente buenos, las familias pobres suelen animar a sus hijos en edad de estudiar la secundaria a abandonar la escuela, lo que sucede habitualmente con las hijas que necesitan transporte hasta el colegio situado en el pueblo grande más cercano. No obstante, la educación ahora se valora más en las áreas rurales y se anima a los estudiantes brillantes, tanto niños como niñas, a terminar el instituto e incluso a ir a la facultad. De hecho, a principios de la década de 2000, el 50% de los niños y el 45% de las niñas en áreas rurales terminaban el instituto. Curiosamente, hay más chicas que chicos del medio rural que han terminado el instituto y que se presentan y aprueban los exámenes competitivos de acceso a la facultad, una tendencia similar a la de las áreas urbanas. Sin embargo, menos del 7% de las chicas rurales en el grupo de edad de 18 a 25 años están en la facultad, y suelen asistir a las facultades de aquellas ciudades cercanas a sus pueblos.

La educación y la televisión son dos agentes importantes que han alterado los valores sociales rurales. Estos cambios pueden observarse en algunos de los rituales de la vida más intima, como las bodas y los nacimientos. Por ejemplo, los trajes y festividades de boda característicos de cada región están perdiendo atractivo entre las parejas rurales, quienes aspiran a imitar las ceremonias y atuendos (vestidos blancos para las novias; chaquetas y corbatas para los novios) que ven en los programas de televisión. Tanto entre los hombres como entre las mujeres rurales, la edad media en el momento del primer matrimonio ha aumentado. En el caso de los hombres ha pasado de 22 años en 1980 a 25,3 en 2002; y en el caso de las mujeres de 19 años en 1980 a 23,4 en 2002. La fertilidad entre las mujeres casadas rurales también se ha reducido drásticamente, de 5 nacimientos por mujer a 2. La reducción en el número de hijos por pareja puede atribuirse al programa de planificación familiar creado por el gobierno a finales de los 80. Por ejemplo, para poder obtener la licencia de matrimonio que debe conceder el Estado antes de certificar la legalidad de los matrimonios, los futuros novios y novias deben presentar una documentación firmada que certifique que ambos han asistido a un cierto número de horas de clases de educación sobre la familia. Estas clases fomentan el espaciamiento entre los nacimientos como idealmente islámico y dan instrucciones sobre la utilización de métodos de control de la natalidad.

Estudiantes iraníes realizan un examen en la Universidad

Estudiantes iraníes realizan un examen en la Universidad. Teherán, 4 de Julio de 2003. / Abedin Taherkenareh/EFE

Hay más chicas que chicos que han terminado el instituto y que se presentan y aprueban los competitivos exámenes de acceso a la facultad

CONCLUSIÓN

Treinta años de programas promocionados por el Estado en el Irán rural han transformado los pueblos y han precipitado cambios sociales y económicos. Aunque estos cambios son consecuencia directa de las políticas gubernamentales que pretenden dar justicia social a los aldeanos, no se habían previsto la mayoría de dichos cambios: surgieron cuando las familias rurales empezaron a aprovechar las nuevas oportunidades que aparecieron inevitablemente. El grado en el que los hogares individuales podían aprovechar estas oportunidades solía estar relacionado con su estatus socioeconómico. El más importante sociólogo rural de Irán, Mostafa Azkia, ha observado que la mayoría de los aldeanos no tenían conciencia de clase en la época de la revolución, aunque sí reconocían, aplicando los estándares del pueblo, qué familias eran pobres, cuáles estaban en una mejor posición económica y cuáles eran acaudaladas. No obstante, este pequeño grupo de agricultores acaudalados, es decir, aquellos que tenían más de 10 hectáreas de tierra, solían beneficiarse desproporcionadamente de los programas gubernamentales posrevolucionarios, en comparación con la mayoría de los aldeanos, los cuales tenían como máximo tres hectáreas de tierra o, incluso, no eran propietarios de tierra alguna. Evidentemente, la revolución ofreció oportunidades de movilidad social, especialmente en los pueblos de mayor tamaño, donde algunos individuos de familias de baja renta consiguieron un empleo en organizaciones gubernamentales o se convirtieron en empresarios. No obstante, aquellos que se beneficiaron más de los proyectos de desarrollo gubernamental fueron capaces de alcanzar niveles de beneficios de la agricultura que les permitieron participar de forma más notoria en la sociedad urbana de consumo que empezó a filtrarse en el Irán rural durante los años 90. El poseer bienes de consumo como automóviles, electrodomésticos, mobiliario y artículos de hogar ahora supone una evidencia visible del estatus socioeconómico de una familia y, en este sentido, las familias de clase baja, media y alta han emergido en la mayoría de los pueblos.

Parece seguro que el Irán rural está preparado para demandar una participación más activa en la planificación del futuro

Evaluar las divisiones de clase en el Irán rural en su conjunto resulta bastante complejo. En primer lugar, faltan datos fiables sobre los ingresos anuales de todos los hogares rurales (aunque existen datos excelentes sobre la propiedad de la tierra). En segundo lugar, hay una considerable variación con respecto a la estructura social de un pueblo a otro. Sin embargo, se pueden hacer dos generalizaciones amplias sobre la clase rural: tiende a haber una relación directa entre el número de hectáreas en propiedad y el nivel de ingresos derivados de la agricultura (aunque el 38% de todos los hogares rurales no tiene tierras en propiedad); y el endeudamiento y la pobreza rurales son mayores en las áreas en las que la tierra es poco rentable en términos de productividad agrícola. Por ejemplo, en los pueblos de los Montes Zagros, situados por encima de los 1.800 metros de altitud (especialmente en ciertas partes de las provincias de Ilam, Kurdistán y Luristán), una combinación de escasez de tierras llanas y breves temporadas de cultivo limitan gravemente los tipos y la calidad de la producción. En zonas de este tipo, hasta el 80% de los hogares de algunos pueblos son de renta baja. Se da una situación similar en el sudeste excepcionalmente árido (partes de las provincias del este de Kermán, de Jorasán del Sur y la mayor parte de Baluchistán), donde el agua subterránea no es adecuada para el riego. Por el contrario, en pueblos con suelo fértil, agua abundante y una suficiente proximidad a las ciudades para que los miembros de la familia puedan ir a trabajar a la ciudad (especialmente en partes de las provincias de Fars, Isfahán y Mazandarán), hasta el 75% de los hogares puede ser de renta media y alta.

Mientras que el clima, la hidrología y la topografía tienen un impacto en los ingresos que los agricultores obtienen de su tierra y, por consiguiente, en su estatus socioeconómico, la formación de clases es un efecto, más que una causa, de las transformaciones que se han ido produciendo en el Irán rural durante los últimos treinta años. El cambio general más amplio es más significativo: la filtración de la sociedad urbana de consumo en los pueblos. El consiguiente cambio en las actitudes rurales, incluido el interés en las políticas gubernamentales, implica que los aldeanos están empezando a sentir que tienen derecho a presentar demandas ante el sistema político. También se están formando opiniones sobre las distintas cuestiones políticas y sociales que dominan los medios de comunicación y los debates entre los conservadores religiosos y los reformistas religiosos de la capital se reflejan en los pueblos. Por otra parte, los pueblos han participado con entusiasmo en las elecciones de los ayuntamientos locales, introducidos por primera vez en toda la nación en 1999. No obstante, la política nacional en Irán suele estar dominada por las élites urbanas y muy centrada en Teherán. Por tanto, ha habido una escasa movilización política de las circunscripciones rurales por parte de los partidos políticos nacionales. La dirección que tome la política nacional a corto plazo es algo difícil de predecir, pero parece seguro que el Irán rural está preparado para cuestionar su antiguo papel de receptor pasivo de programas gubernamentales y para demandar una participación más activa en la planificación del futuro.

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