Bárbara Azaola Piazza
Profesora e investigadora, Universidad de Castilla-La Mancha. [+ DEL AUTOR]

Activismo político

Las sociedades árabes se caracterizan por su juventud. Los jóvenes tienen cada vez más posibilidades de acceso a la educación y cada vez están mejor formados. Sin embargo, tienen dificultades para acceder a puestos de responsabilidad en sus sociedades. En el ámbito político, la renovación generacional no se ha hecho más que a medias. Los líderes políticos en el mundo árabe han ido envejeciendo mientras sus sociedades se iban haciendo cada vez más jóvenes. Parece difícil que las nuevas generaciones puedan alcanzar las estructuras del poder político hasta que la “vieja guardia” se retire.

Cientos de personas protestan durante una manifestación convocada por el movimiento “Kifaya”

Cientos de personas protestan durante una manifestación convocada por el movimiento “Kifaya” (Basta) en favor de reformas democráticas y contra el presidente del país, Hosni Mubarak. El Cairo, Egipto, 27 de abril de 2005. / STR

Pese a su importancia ante el reto del relevo generacional en las estructuras del poder político, social y económico, la juventud árabe no ha sido objeto suficiente de estudios en profundidad hasta fechas recientes. Tanto el primer Informe sobre Desarrollo Humano Árabe, “Creating Opportunities for Future Generations” (2002), como el siguiente, “Building a Knowledge Society” (2003), ambos editados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP) y elaborados por investigadores árabes, analizan una serie de problemas ligados al desequilibrio demográfico, centrándose en la juventud y resaltando la importancia de este colectivo del que surgirán los futuros líderes de la región. Desde el mismo UNDP se han impulsado, entre otros, coloquios como el celebrado en marzo de 2005 en Qatar sobre “Jóvenes del Golfo y Democracia”, en el marco del Programa sobre Gobernanza en el Mundo Árabe (POGAR), con el fin de discutir el papel de los jóvenes en el desarrollo de las transiciones democráticas en los países del Golfo.

El hecho es que, en la década de los noventa, el grupo de jóvenes con edades comprendidas entre los veinte y los veintinueve años suponía la proporción más alta, respecto al total de la población adulta, en la historia del mundo árabe. En las próximas décadas, el cambio demográfico planteará una serie de desafíos a todos los sistemas políticos de la región. Los gobernantes de Oriente Medio y el Magreb van a tener que lidiar con estos ciudadanos que comienzan a demandar un puesto de trabajo digno para poder vivir y mayores lugares de ocio en unas sociedades que también conocen los efectos de la globalización. En 2003, la media de paro juvenil en aquellos países de los que existen datos fue del 53% del total de los desempleados, oscilando entre el 37% de Marruecos y el 73% de Siria. En 2004, alrededor del 50% de la población total del mundo árabe tenía 18 años o menos, por lo que el número de nuevos puestos de trabajo que se necesitarán para absorber a jóvenes de ambos sexos que deseen entrar en el mercado laboral será altísimo. Según estimaciones del Banco Mundial, para el 2020 harán falta cerca de 100 millones de empleos para cubrir esas necesidades.

Estas demandas vinculadas con el acceso al empleo de las jóvenes generaciones ya han derivado en movilizaciones e incluso en disturbios violentos en países como Marruecos, Argelia y Túnez. Muchos de estos jóvenes desempleados son licenciados universitarios que no encuentran empleo al acabar sus estudios. En Marruecos, a partir del “Movimiento de Salé”, surgido en 1991 por un grupo de más de 300 licenciados en paro que organizaron marchas y huelgas de hambre, se creó en 1992 la Association de Diplômés Chômeurs (Asociación de Licenciados en Paro) en un intento por llamar la atención sobre su situación apremiante. Más de quince años después, en junio de 2008, centenares de jóvenes marroquíes se manifestaron en la ciudad de Sidi Ifni para protestar contra la falta de oportunidades y el alto índice de paro juvenil, y algo similar ocurría, simultáneamente, en la ciudad tunecina de Redeyef donde se produjeron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad que provocaron un muerto y centenares de heridos.

Parece difícil que las nuevas generaciones alcancen el poder político hasta que la “vieja guardia” se retire

La creación de este tipo de asociaciones como la de Diplômés Chômeurs en Marruecos, en las que los jóvenes no defienden las pautas marcadas por los partidos políticos tradicionales sino intereses suyos específicos, constituye un cambio en las relaciones de los jóvenes con la acción política organizada. Para casi el 90% de los jóvenes marroquíes se trataba de la primera “experiencia política” y no habían mantenido ningún contacto previo con organizaciones políticas.

Es decir, estas movilizaciones provocadas por temáticas de tipo social no significan que la juventud árabe esté politizada en el sentido tradicional. En términos generales, podría decirse que los jóvenes no están muy politizados, al menos no participan activamente en manifestaciones o actividades de carácter político clásicas o tradicionales, o quizás no tanto como aquellos jóvenes de finales de la década de los 60 y la de los 70. Según los resultados de un estudio sobre el compromiso político de los jóvenes egipcios, realizado por el centro de estudios Al Ahram Center for Political and Strategic Studies en agosto de 2005, el 92% de los jóvenes egipcios tenía miedo de verse involucrado en política; el 92% pensaba que no servía de nada participar en política y el 80% no sabía qué significaba “partido político”. A pesar de estos datos, el activismo político se da entre los jóvenes, aunque de forma minoritaria y a través de nuevas vías de movilización, y los casos varían según la situación sociopolítica de cada país.

Los movimientos juveniles en la región están normalmente ligados a cambios más amplios que se ponen en marcha en la sociedad, especialmente de tipo político y cultural. Históricamente, los jóvenes han participado de forma muy activa en la mayoría de las luchas anticoloniales de los países árabes. En el caso de Egipto, el activismo estudiantil se remonta a comienzos del siglo XX y en torno al Partido Nacional (Hizb al-Watani) y los “Clubes de Estudiantes” de las Escuelas Superiores. En ese momento, la movilización tenía como objetivo poner fin a la ocupación británica del país iniciada en 1882.

Aunque en ningún lugar de la región la lucha de los jóvenes ha sido tan intensa y persistente como en los territorios ocupados palestinos, donde han llevado el peso de los dos grandes levantamientos: la Intifada (1987-1993) y la Intifada de al-Aqsa (2000-2002). En ambas ocasiones, el objetivo esencial ha sido el de poner fin a la ocupación israelí y en ambos casos la juventud ha conquistado dentro de su propia sociedad la forma de expresión y de acción nacionalistas frente a Israel8. Los jóvenes libaneses también participaron activamente hasta lograr la retirada del ejército israelí del sur de Líbano, en mayo de 2000, principalmente a través de los grupos juveniles de la organización islamista chií Hizbullah. En los años 70 y 80, los izquierdistas primero y las asociaciones islamistas después polarizaron los campus universitarios egipcios, uno de los principales espacios de politización de los países árabes.

LA UNIVERSIDAD COMO ESPACIO DE ACCIÓN POLÍTICA

En sociedades marcadas por una limitada movilidad política y económica, los movimientos estudiantiles han permitido a los jóvenes romper con el sistema y abrirse a nuevos espacios de participación política. En la arena política, uno de los lugares donde se han desarrollado normalmente los movimientos juveniles de los países árabes ha sido y sigue siendo la universidad. En países donde están permitidos, organizaciones y partidos políticos establecen filiales en las universidades para el reclutamiento y la movilización. En aquellos donde están prohibidos, grupos de oposición operan en los campus de manera clandestina para provocar la agitación política y el reclutamiento. La existencia de una oposición de partidos más formal que real en muchas sociedades árabes ha hecho que los movimientos estudiantiles se convirtieran en los principales defensores de las tendencias ideológicas y políticas de la sociedad y en la vanguardia del cambio.

Agentes de la policía controlan la manifestación que miembros de cuatro organizaciones de universitarios en paro protagonizaron en el centro de Rabat

Agentes de la policía controlan la manifestación que miembros de cuatro organizaciones de universitarios en paro protagonizaron en el centro de Rabat, en protesta por su situación. Rabat, Marruecos, 14 de noviembre de 2007. / Khalil Shikaki

La creación de asociaciones como la marroquí “Licenciados en Paro” constituye un cambio en las relaciones de los jóvenes con la política

Los recintos universitarios han sido también uno de los lugares más proclives para el despliegue de los movimientos islamistas. La presencia islamista en estos espacios en países como Marruecos o Egipto tiene una larga historia marcada en determinados momentos por el enfrentamiento con los movimientos de izquierdas. En Marruecos, las tensiones y enfrentamientos entre estudiantes de izquierdas e islamistas, con la intervención, en determinadas ocasiones, de las fuerzas del orden, con detenciones, heridos e incluso muertos, marcaron las crónicas universitarias de los últimos años de la década de los noventa. En el caso egipcio, fue en la década de los setenta, durante la presidencia de Anuar el Sadat, cuando surgieron las asociaciones islámicas estudiantiles que se impusieron como la forma organizativa dominante en los campus universitarios. Los estudiantes islamistas habían sido minoritarios en el movimiento estudiantil nacido tras la derrota de 1967, que hasta entonces había estado dominado por marxistas y la izquierda naserista, pero fueron ganando terreno durante el periodo de relativa calma que siguió a la guerra árabe-israelí de 1973. Estas asociaciones pueden considerarse un movimiento estudiantil que traspasó ampliamente, a través de sus acciones, el medio universitario para intervenir en la política del país. Pero ese contexto propicio para el desarrollo del movimiento islamista se paró bruscamente con el asesinato de Sadat en 1981 a manos de un grupo islamista y con el ciclo de violencia-represión que provocó.

A pesar del freno impuesto por las autoridades, en los últimos 25 años los grupos islamistas vinculados a la organización de los Hermanos Musulmanes no han dejado de ser los mayoritarios en las universidades públicas egipcias, en paralelo al proceso de islamización que vive el conjunto de la sociedad y gracias a un sistema de organización eficaz dentro del ámbito universitario. Aunque esto no se traduce en un compromiso político generalizado por parte de los estudiantes quienes no tienen, en su mayoría, ninguna vinculación con organizaciones políticas y no participan en manifestaciones salvo si los acontecimientos lo requieren, normalmente en conjunción con tensiones transnacionales como la situación en Palestina e Iraq.

Según una investigación reciente, el 92% de los jóvenes egipcios tiene miedo a involucrarse en política y piensa que no sirve para nada, mientras el 80% no sabe qué significa “partido político”

Las reivindicaciones de carácter puramente estudiantil, como la carestía de los libros de textos, la imposición de las fechas de exámenes, la corrupción y la endogamia del mundo académico, no son frecuentes, aunque suceden esporádicamente. Es el caso de las manifestaciones llevadas a cabo durante el mes de mayo de 2008 en la Université Cadi Ayyad de Marrakech (Marruecos). Las marchas fueron lideradas por militantes de la Unión Nacional de Estudiantes Marroquíes (UNEM), en ese momento de tendencia islamista, en protesta por la mala gestión por parte del Estado de la política universitaria y fueron violentamente reprimidas por las fuerzas de seguridad.

Las protestas en torno a lo que podríamos denominar “causas”, como las de apoyo al pueblo palestino, la defensa de las libertades públicas o la aplicación de la sharía, son siempre de carácter político y nacional. Para la movilización en apoyo a estas causas, cada vez intervienen más las nuevas tecnologías, teléfonos móviles e internet, que se han convertido en nuevas herramientas para la acción política de la juventud árabe.

NUEVAS HERRAMIENTAS DE POLITIZACIÓN: INTERNET

Ante la inexistencia de una actividad política ciudadana, los jóvenes de diferentes países árabes han buscado una herramienta para poder expresarse y actuar más allá de los partidos políticos tradicionales que no han sabido gestionar la cuestión del relevo generacional. Se podría considerar que el movimiento nacido en internet es más social que político y refleja el descontento generalizado, aunque probablemente no dé lugar a cambios a corto plazo, sino que ayudará a la toma de conciencia.

En el caso egipcio, el poder de la red como nueva herramienta política quedó demostrado el 6 de abril de 2008, cuando una huelga general en protesta por el aumento del precio de los alimentos y en contra de la gestión del presidente Hosni Mubarak fue convocada por vez primera a través de la red social Facebook. El grupo, apoyado por la plataforma popular Kifaya (Basta), se llamó “6 de abril: el día de la rabia” y llegó a alcanzar 70.000 miembros. Su ideóloga, Isra Abdel Fatah, demostró además que los activistas en la red no son solo miembros de los Hermanos Musulmanes, o de izquierdas. También los hay de otras tendencias, como en su caso, simpatizantes del partido de corte liberal Al Ghad, al igual que el estudiante de la Universidad de El Cairo Bilal Diab, que dos semanas después de la convocatoria de huelga y de que fueran detenidas cerca de 500 personas, pasó a ser noticia por haber interrumpido el discurso del primer ministro, Ahmed Nazif, de visita en la universidad, con gritos a favor de la liberación de los estudiantes detenidos el día de la huelga general. Isra Abdel Fatah, que pasó a ser conocida como “la chica Facebook”, también constituyó un ejemplo de la presencia de mujeres jóvenes, aunque sea de forma minoritaria, en el activismo político.

Los gobernantes de gran parte de los países que conforman Oriente Medio y el Magreb, con sistemas políticos de carácter autoritario, consideran el aumento de movimientos sociales independientes una amenaza para la estabilidad política. Cualquier asunto que capte la atención de los jóvenes toma carácter político provocando la respuesta correspondiente por parte de las autoridades oficiales que recurren al control y la represión.

En el caso de Isra Abdel Fatah, ésta fue arrestada y estuvo retenida durante más de dos semanas sin cargos. A pesar de la represión, pocos días después apareció otro grupo en Facebook que convocaba a una segunda huelga general para el día 4 de mayo, coincidiendo con el 80 cumpleaños de Mubarak. Su autor, Ahmed Maher Ibrahim, también fue arrestado y acosado por las fuerzas de seguridad egipcias, que no cesaron en su empeño por conseguir la clave del grupo que había formado. Las dos convocatorias de huelga abortaron debido, entre otros motivos, a la fuerte represión policial, pero funcionó el hecho de que las nuevas tecnologías y los jóvenes “ciber-activistas” colaboraran con la clase trabajadora para que sus reivindicaciones se escucharan por todo Egipto, creando contactos informales e intercambiando experiencias.

Los movimientos estudiantiles se han convertido en la vanguardia del cambio. Los recintos universitarios han sido también proclives al despliegue de los movimientos islamistas

Las autoridades han asumido que las voces críticas en internet son una amenaza. Y eso a pesar de que en Egipto, según datos oficiales, solo 6 millones de personas tienen acceso a la red, menos del 10% de la población. El control y la represión en la red se han intensificado en los últimos dos años, en un intento por evitar que en el exterior se conozca la cara menos agradable de Mubarak. Desde el año 2006 Egipto está entre los 15 países que más controlan la red en el mundo, según la ONG Reporteros Sin Fronteras, y desde ese mismo año las autoridades tienen la potestad de bloquear, censurar o cerrar las páginas web que atenten contra la “seguridad nacional”.

Pero no solo la sociedad egipcia estuvo dispuesta a demostrar su descontento en las calles pese a la represión ejercida por el régimen. En Jordania se convocó una jornada similar a través de un grupo de Facebook inaugurado por estudiantes jordanos, que llamaba a la huelga parcial para protestar, casi de forma simbólica, por la crisis económica que padece la población del reino hachemí. Llamaban a los jordanos a quedarse en sus casas “por el bien de Jordania y el de Egipto” y señalaban que no era una acción política sino popular, contra la opresión sufrida sobre los jordanos. En menos de 24 horas, 6.000 jordanos –de una población de casi 6 millones, frente a los cerca de 80 millones de egipcios– se sumaron a la huelga. Algunos expresaron su deseo de que “estas campañas fueran un signo del cambio en la región que implicase el nacimiento de un Gran Oriente Próximo alejado de Estados Unidos y de los actuales regímenes”. Las razones que esgrimían eran similares a las que empujaron a los egipcios a protestar el 6 de abril: exigir que el gobierno controlase la inflación y aumentase los salarios públicos para permitir que la población hiciese frente al encarecimiento de la vida.

También en Palestina, aunque en un contexto sociopolítico particular debido a las condiciones de los jóvenes y los estudiantes palestinos bajo la ocupación, internet está actuando no solo como mediador entre profesores y estudiantes, sino como una herramienta para la práctica política y la ciber-resistencia. El acceso a internet es posible para un 25% de los palestinos, generando una nueva cultura juvenil, principalmente en escuelas y universidades. A comienzos de 2008, el joven palestino Saif Qadumi fundó en la red social Facebook el grupo “No es Israel, es Palestina” que llegó a alcanzar los 4.700 miembros. Los usuarios palestinos se unieron a este grupo a favor de que se mantuviera la opción de Palestina como país, dentro de las que el propio usuario tiene para elegir su identidad. Para los jóvenes palestinos consistió en una forma simbólica de defender la existencia de un Estado palestino.

Otro ejemplo del papel jugado por internet, no solo en la transmisión de información, sino como campo de oposición y de renovación del activismo político, ha sido el auge de la blogosfera. Los blogs con contenido político y reivindicativo de todas las tendencias, desde izquierdistas, liberales a islamistas, han proliferado en prácticamente todos los países árabes. Se trata de una nueva herramienta que los jóvenes han sabido explotar para hacer llegar sus reivindicaciones y denuncias.

En Egipto, si en junio de 2005 había alrededor de 280 blogs, a finales de 2006 se habían triplicado hasta alcanzar los 1.000. Los hay que abordan no solo asuntos políticos, sino culturales y sociales, como es el caso de Baheyya http://baheyya.blogspot.com/, aunque la mayoría comparte la crítica abierta al régimen de Mubarak. Alguno hasta ha recibido reconocimiento internacional, como el de Manal and Alaa’s Bit Bucket www.manalaa.net/, que obtuvo el Premio Reporteros Sin Fronteras de la Deutsche Welle en 2005. Mientras que otros bloggers han acabado siendo arrestados, como Kareem El-Beheiri, un joven obrero que fue detenido el día de la huelga, el 6 de abril de 2008, y estuvo en prisión dos meses por cubrir los sucesos ocurridos aquel día y narrarlos en su blog http://egyworkers.blogspot.com; o Moneim Mahmoud, el editor de Ana Ikhwan “Soy un Hermano” http://ana-ikhwan.blogspot.com/, que en 2007 estuvo encarcelado mes y medio acusado de pertenecer a la organización de los Hermanos Musulmanes, o Kareem Ameer que desde febrero de 2007 cumple una condena de cuatro años de cárcel por “insultar al islam y al presidente” desde su blog www.karam903.blogspot.com.

En Bahrein, los blogs jugaron un papel fundamental en una campaña a favor de los derechos humanos que enfureció al régimen y creó controversia pública. En 2005, unos 60 blogs del país centraron sus contenidos en cuestiones políticas nacionales. Estaban escritos tanto en inglés como en árabe y la mayoría firmaba bajo seudónimos. Estos bloggers ayudaron a organizar y a dar publicidad a una serie de protestas acerca de temas como el arresto, en diciembre de 2004, del activista Abdulhadi AlKhawaja, del Centro de Derechos Humanos de Bahrein, o a defender reformas constitucionales. La respuesta de las autoridades de Bahrein fue arrestar a los bloggers más activos y exigir el registro de los sitios de internet ante las autoridades.

Las nuevas tecnologías, teléfonos móviles e internet se han convertido en nuevas herramientas para la acción política

En el caso de Kuwait, antes de 2006 la blogosfera parecía no estar interesada en temas políticos. Pero a raíz de la muerte del Emir en enero de 2006 y la crisis por su sucesión, muchos de los blogs empezaron a dar cobertura a los temas políticos y desvelaron la compra de votos en las elecciones legislativas. Otros países árabes cuentan con bloggers pero con contenido político limitado debido a la fuerte censura ejercida por parte de las autoridades. Son los casos de Arabia Saudí y Túnez, donde es difícil escapar al acoso excesivo del régimen.

Cabe señalar la iniciativa puesta en marcha por bloggers de Túnez, Marruecos, Argelia, Mauritania y Libia, que en 2007 invitaron a colgar el primer día de junio, mensajes en torno a la cuestión del “Magreb Unido” a través del blog Maghreblog.net. Esta acción política virtual tenía como objetivo construir la unión política y social de los magrebíes a través de proyectos concretos y no con discursos políticos.

El 6 de abril de 2008 se convocó una huelga general en Egipto a través de la red social Facebook en protesta por la carestía de los alimentos y la gestión del presidente Mubarak

MOVIMIENTOS INNOVADORES: “KIFAYA” (basta) Y “JÓVENES POR EL CAMBIO”

Estudiantes libaneses corean consignas contra la guerra durante una manifestación convocada por la Organización No Gubernamental “Offer Joie”

Estudiantes libaneses corean consignas contra la guerra durante una manifestación convocada por la Organización No Gubernamental “Offer Joie”. Beirut, Líbano, 10 de marzo de 2007. / Nabil Mounzer

Uno de los nuevos intentos de oposición política que parecía haber despertado cierto interés entre los jóvenes egipcios fue la plataforma “Movimiento Egipcio por el Cambio”, más conocida por Kifaya (Basta). Este grupo, creado a finales de 2003 para oponerse a la posibilidad de que Mubarak pudiera concurrir a un nuevo mandato en 2005, está compuesto por un conglomerado de activistas políticos de diferentes tendencias –marxistas, liberales, islamistas, naseristas– así como miembros de la sociedad civil.

Se denominan a sí mismos “movimiento”, no se han querido establecer como partido político y declaran querer concienciar políticamente a la mayoría del pueblo egipcio. El régimen le ha tachado de fenómeno mediático y de oposición oportunista, sin embargo, y a pesar de su limitado poder de convocatoria, ha representado la primera experiencia de participación política para toda una generación que ha vivido siempre bajo Mubarak y que se ha unido a los activistas de izquierdas de los años setenta.
Esta plataforma logró impulsar la creación de otros grupos de oposición a imitación de Kifaya desde distintos sectores de la sociedad egipcia. Se constituyeron los movimientos “Profesores por el cambio”, “Médicos por el cambio”, “Periodistas…”, “Ingenieros…”, y uno especialmente liderado por jóvenes activistas “Jóvenes por el cambio”. La idea de crear este último grupo surgió en 2005 entre un grupo de cinco chicos que a finales de año lograron juntar a cerca de doscientos cincuenta. Se convirtieron en la rama juvenil semi-oficial de Kifaya y su estrategia ha consistido en propagar su mensaje directamente en la calle: por cafés, universidades, colegios profesionales y sindicatos. Los fundadores de Kifaya reconocen la importancia de los jóvenes en la supervivencia del grupo, aunque los conflictos generacionales han surgido, sobre todo respecto a dos puntos: la estrategia a la hora de llevar a cabo las movilizaciones (tipos de lemas, lugares de concentración) y la conveniencia o no de aliarse con los Hermanos Musulmanes, algo a lo que los jóvenes parecen menos reacios. A pesar del desgaste que parecen haber sufrido en los últimos dos años, si todavía existe cierto espíritu de disidencia y de desafío en la sociedad egipcia, se debe en parte al impulso de estos nuevos movimientos.

Ante las dificultades para integrarse en las estructuras políticas y de poder de sus respectivas sociedades, los jóvenes árabes se han visto empujados a buscar vías paralelas de movilización al margen de los cauces tradicionales, como es el caso de internet. Al igual que en otras sociedades, todavía el acceso es limitado, pero según vaya aumentando su accesibilidad crecerá también su uso como nuevo canal de reivindicación de miles de jóvenes.

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