Rifaat Atfé
Hispanista, traductor al árabe de clásicos españoles (“El Quijote”, 2005). Director hasta 2008 del Centro Cultural Sirio en Madrid. [+ DEL AUTOR]

Panorama de la literatura árabe siria

Es bien sabido que la Nahda, el Renacimiento cultural árabe surgido en Egipto a finales del siglo XIX y principios del XX, tuvo como impulsores a artistas sirios que emigraron allí, huyendo de las persecuciones étnico-religiosas, pues Egipto era prácticamente considerado un Estado independiente del Imperio Otomano y estaba más abierto culturalmente, más cercano a Occidente que el resto de países de Oriente Próximo. El avance y posterior conversión de este país en modelo cultural para el resto del mundo árabe se debe pues, en parte, a intelectuales inmigrados como el dramaturgo y músico Abu Jalil al-Qabbani o el pensador Abdurrahman al-Kawakibi. La literatura siria tiene, de este modo, una importancia determinante dentro del contexto de la árabe.

La poesía es, quizás, el género más representativo de la altura de los autores sirios a lo largo del siglo XX, ya sea en la propia Siria o en las Américas, en lo que se conoce como literatura del Mahyar (emigración). Escritores como Badr ad-Din Ahmed (1897-1961), Badawi al-Yabal (1905-1981), Nadim Muhammad (1908-1944), Wasfi Qurunfuli (1910-1972) u Omar Abu Risha destacan en la lírica. La generación de los 50 tiene como máximo exponente a Nizar Qabbani (1923-1998), traducido al español por Pedro Martínez Montávez. También cabe señalar a Muhammad al-Magut, Ali al-Yundi (1928-2009) o a Adonis, el gran poeta sirio, todavía en activo. La influencia de estas figuras persiste a través de los años y llega hasta autores de generaciones posteriores, como los innovadores Sania Saleh (1935-1985), Mamduh Skaf, Faiz Jaddur o Nazif Abu Afash, abiertos y conocedores de la literatura mundial, que renovaron el género tanto a nivel de imágenes como de métrica, abandonando los ritmos clásicos y abrazando a veces la poesía libre. Ésta había empezado en Siria con Muhammad al-Magut y Riad Saleh al-Husain (1953-1982), que tuvieron gran repercusión no solo en el país sino también en el resto del mundo árabe.

En las generaciones actuales se sigue manteniendo el gusto por la poesía libre, aunque los temas han cambiado: la sencillez, lo cotidiano y un cierto tono pesimista son lo habitual, como en el caso de Usama Esber, Talib Hammash, Luqman Derki o la poetisa y también cineasta Hala Muhammad.

En el campo de la narrativa dominan, desde el principio, el cuento y los relatos cortos (en los últimos diez años se han publicado más de 700 obras de este género). Los maestros del relato breve contemporáneos han sido: Alfat al-Idlibi (1912-2007); Hasib Kayali (1921-1993), padre del cuento burlesco sirio; Fuad al-Shayeb (1911-1970); Said Huraniya (1929-1994), de gran resonancia pese a no haber escrito más que dos colecciones, pues fue uno de los primeros en introducir el realismo socialista en la literatura siria, y Zakaria Tamer, que alumbró su propio estilo aprovechando el legado tradicional del cuento árabe y poniéndolo a su servicio, creando ambientes que se aproximan a veces a la literatura del absurdo.

La conversión de Egipto en modelo cultural para el resto del mundo árabe se debe en parte a intelectuales inmigrados sirios

Entre los máximos exponentes de la novela se encuentran Abdussalam al-Uyaili (1918-2006), cuya obra está relacionada con el realismo más cotidiano; Hanna Mina, influido por el realismo socialista; y Haidar Haidar, que destaca por tratar temas contemporáneos como los cambios sociopolíticos del mundo árabe, así como por su frase poética, lo que le ha convertido en uno de los novelistas árabes más renovadores y leídos. Otros autores dignos de mención son Walid Ijlasi, Nadia Jost o Hani Ar-Rahib, entre otros. La influencia de las grandes obras de la literatura mundial, conocidas mediante traducciones y en algunos casos a través de las versiones originales, abrió nuevos horizontes en determinados autores sirios, como Muhammad Kamel al-Jatib, que ha trazado una nueva línea en el cuento, o Mamduh Azzam, que se basa a menudo en la historia del país para crear un nuevo realismo mágico, distinto del latinoamericano aunque basado en él.

En cuanto al teatro, cuyo maestro fue Abu Jalil al-Qabbani, tuvo sus años más fructíferos en la década de los setenta con el citado Muhammad al-Magut, así como con Farhan Bulbul o Saad-Allah Wannus (1941-1997), el dramaturgo más renovador y destacado y que llevó el género a su auge. En la actualidad no sobresalen grandes figuras en el género dramático, aunque éste es un movimiento en desarrollo permanente, pues la mayoría de las ciudades celebra casi anualmente festivales teatrales en los que participan compañías privadas y públicas, como el Festival Internacional de Teatro de Damasco, el Festival de Misyaf, el Festival de Raqqa, o los festivales organizados por las diferentes universidades, por la Unión de la Juventud de la Revolución o por la Unión de Estudiantes de Siria y que se celebran generalmente en los centros culturales públicos extendidos por todo el país.
Por lo que respecta a la mujer, en este momento supera al hombre en la literatura, al menos en los géneros del relato breve y la novela. Según la investigación del crítico Nidal Saleh y las estadísticas oficiales, de los 231 títulos editados en este campo en los últimos cinco años hay más de 180 obras escritas por mujeres. Entre las más destacadas están Manhal as-Sarray, Samar Yazbik, Abir Esber, Rosa Yasin Hasan, Lina Huayyan al-Hasan o Dimah Wannus, todas ellas muy jóvenes y ocupando ya un lugar bastante respetado en la novela árabe.

No podemos acabar sin mencionar algunos de los éxitos que una oleada de autores sirios contemporáneos está cosechando en la actualidad, dentro y fuera de Siria. El poeta Adel Mahmud obtuvo el Premio Cultural Dubai para la Creatividad en 2007, por su primera novela Hasta siempre… y un día; Khaled Khalifa fue finalista de los premios IPAF (International Prize for Arabic Fiction) en 2008; y Jalil Suwayleh ganó el Premio Naguib Mahfuz 2009 por su novela El copista de manuscritos de amor.

El poeta sirio Adonis, pseudónimo de Ali Ahmad Said Asbar

El poeta sirio Adonis, pseudónimo de Ali Ahmad Said Asbar, tras recibir el Premio Leteo. León, España, 20 de diciembre de 2008. / J.Casares / EFE

La poesía es el género más representativo de la literatura siria del XX, ya sea en la propia Siria o en las Américas, en la literatura del “Mahyar”

Árboles que se reclinan sobre la luz (Editorial Bidayat, Yabla, 2010) es la primera obra de teatro del poeta y pensador sirio Adonis. Fue escrita originalmente en árabe en 2008, aunque antes de ser publicada en ese idioma fue traducida al italiano para su representación en el Festival Internacional de Teatro de Nápoles en 2009.

La obra está compuesta de siete escenas que se enlazan musicalmente sin interrupción, como si fuera una sinfonía. Adonis canta poéticamente a la esperanza de los desheredados, la mujer, el poeta, el pintor, los trabajadores y los estudiantes, a través del paseo que hace por esa ciudad mediterránea: Nápoles. El eje principal de la obra es el poeta, a la vez narrador, que es el propio Adonis, el gran poeta sirio de los siglos XX y XXI, que empieza diciendo:

Antes de entrar en Nápoles,
me debería responder a esta pregunta:
¿Quién soy? y no contesté.
Me debería preguntar: “Lázaro,
¿De verdad has resucitado de la tumba?”
pero solo recibí una respuesta que no esperaba

Me conoció Nápoles
por el olor a aceite entre mis dedos,
por el olor a naranjas que los campos exprimieron
[sobre mi ropa,
me conoció por una sagrada herida en mi cuerpo
que es como menguante, con un pie en la orilla
[oriental del Mediterráneo,
y otro en la occidental.

Ah Nápoles,
vengo a despertar al Mediterráneo embriagado de ti,
y a preguntar a Marinetti: ¿qué es la época?
¿Qué es la modernidad?
¿Será el rascacielos donde se hacen azules las emigrantes
[nubes?
¿Será el tartamudeo que traba la lengua de la política?
¿El opio de la máquina que croa como un sapo en el
[lago del corazón?
¿La violencia que se extiende como el cáncer en el
[cuerpo del universo?
¿Será el salvajismo que pasea, dueño absoluto de las
[calles del mundo?
Ah, Marinetti, la modernidad está en el amor y no
[en la guerra,
en el espacio y no en las botas.

El poeta tiene los pies firmes en las dos orillas, porque cree en el encuentro entre occidente y oriente, entre las culturas que se unen en contra del fanatismo y la desigualdad que viven en su carne los trabajadores que emigran una y otra vez y no encuentran quien les tienda una mano que les haga sentir algo del calor que les hace falta para realizar un sueño siempre frustrado, ni tampoco a una mujer que les haga sentirse dignos de vivir. Nadie les reconoce, nadie les ama; ni la ciudad a que han llegado huyendo del paro de su país, ni la mujer que no han conocido y “solo han respirado, como respiran el aire”. “Ni mi país de origen me reconoce, ni el país al que he llegado”. El consumismo, la alianza entre religión y poder económico, el neoliberalismo y los neocon, amenazan a la humanidad y crean ambientes de odio y de pobreza.
Cabe decir que las intervenciones de los otros interlocutores, Croce, Virgilio, Giordano Bruno, el pintor y la mujer con mayúscula son utilizadas para explicarnos su visión de esa ciudad:

Me dice Nápoles: con mi cuerpo improviso la
[naturaleza.
También me dice: con mis heridas improviso el más
[allá.
Ah, meteoro tiempo, bautízate ahora mismo, en su
[pila.
Y tú, amor, volcán de profecías, enciéndete.

Pero ¡cómo va a encenderse! si todos los demás personajes, desde Virgilio que dice “ya no hay nada más extraño que el hombre…”, hasta el estudiante, Massaniello, o los cinco trabajadores emigrantes insisten en que todos cabemos en este mundo, y con el esfuerzo de todos podríamos pasar del odio al amor, al trabajo que lo embellece todo porque “solo el trabajo libera”, por lo tanto hay que establecer la libertad y el amor como únicos reinos aceptados.
Y así sigue el autor con su canto a la libertad, para concluir la obra tal como la ha empezado, con el poeta:

Es el tiempo como un hilo débil en la telaraña.
Nápoles casi cae de las manos de Nápoles.
Y yo vivo dividido: ni a la ciudad ni a mí pertenezco.
Las estrellas no son estrellas,
son manchas de tinta sobre el papel de la revelación.
La tierra no es la tierra,
sino dulces en el horno de los ángeles.
Mirad cómo tiemblo,
con el cielo encima que casi se cierra
y nuestro tiempo rodando ante mí como una bola de
[residuo

Ah Nápoles,
eres la pregunta que ni la vida puede contestar.
Del sol haces cara,
y del pavor lágrimas que se derraman sobre ella.
He aquí que estás empedrando las calles con el oro del
[futuro.
Pero ¿acaso me puedes mostrar una escoba para barrer
[el viento?
Me he despertado temprano, el lunes 25 de febrero de 2008, he bajado a la calle andando como si anduviera detrás de mi sombra.
¿Quién entonces va a encontrarme en aquella cafetería?
Buenos días, olas.

Imagen del teatro romano de Bosra, del siglo II d.C, que acoge las actividades del Festival de música y danza de Bosra

Imagen del teatro romano de Bosra, del siglo II d.C, que acoge las actividades del Festival de música y danza de Bosra, Siria, 19 de septiembre de 2005. / Youssef Badawi / EFE

***

El género dramático es un movimiento en desarrollo permanente, pues la mayoría de las ciudades celebra anualmente festivales teatrales

Pañuelos de la ansiedad, violín de la espera (Editorial Unión de Escritores Árabes, Damasco 2009) es una colección de catorce poemas que tratan del regreso del poeta a la infancia perdida, con toda su carga de belleza, nostalgia y exotismo. Estos poemas exponen la actualidad con todas sus problemáticas y angustias, debidas a la conflictividad del mundo. A pesar de los avances, que deberían haber contribuido al bienestar y la paz a nivel local e internacional, desgraciadamente vemos que la injusticia y la codicia predominan y hacen que la violencia crezca en lugar de desaparecer, amenazando el progreso y la paz tan anhelados por la humanidad. Todo ello hace que el poeta busque refugio en la memoria, donde la infancia es un sueño frustrado convertido en un paraíso, en el que se busca una sombra y una sinfonía de flautas y violines que dibujen con sus notas del alma una paz inocente para un hombre que vive en un mundo que ha perdido toda inocencia.
Los poemas están cargados de lirismo, escaso en la poesía de estos días, y de una emoción que recuerda mucho a la poesía de los años cincuenta y sesenta, como la del iraquí Badr Shakir al-Sayyad o la del egipcio Salah Abdussabur. Basta leer el primer poema “Vela de cumpleaños” para darse cuenta de ello:

Empieza el otoño a tejer con una nube las camisas del
[espacio,
y estoy a punto de entrar en las velas,
para que celebren mi cumpleaños
y cuenten a los dedos
la historia de la noche cercada de mujeres,

que inauguran el canto al violín
para que atienda a la ansiedad de las pasiones
en este espejismo.

***
El último baile del acróbata (Editorial Dar al-Takuin, Damasco 2009).

La influencia de las grandes obras de la literatura mundial abrió nuevos horizontes: Mamduh Azzam creó un nuevo realismo mágico, distinto del latinoamericano

La última novela de Jairi al-Zahabi, conocido por la ubicación de sus obras en el viejo Damasco, el de los cuentos de las abuelas, se centra también en esa ciudad que tan profundamente conoce. Por ello, no encuentra dificultad en tejer vidas en el marco de la ciudad, ni en inventar personajes que muchas veces vio o con los que quizás trató en la realidad, y que solo llaman la atención de un hombre atento como Jairi, lo que en mi opinión le hace merecer el título de “novelista de Damasco”.

En la actualidad hay una oleada de autores contemporáneos cosechando éxitos dentro y fuera de Siria

El protagonista de esta novela, el doctor Radi, ha sabido aprovechar las circunstancias, ser oportunista y llegar a ocupar importantes puestos públicos. Sin embargo, cuando le llega la jubilación se ve privado de todos sus privilegios: coches, guardaespaldas o invitaciones de la alta y hasta la baja sociedad. Quienes una vez estuvieron a su servicio le tratan ahora como si fuera un trapo que se tira después de usar. Se siente basura. Si el coronel de la novela de Gabriel García Márquez no tenía quien le escribiera, nuestro doctor no tiene quien le llame. Siempre atento al teléfono o al móvil, éstos nunca suenan, y cuando lo hacen no es del modo que él desearía, sino al contrario, pues solo recibe insultos de quienes ahora se vengan, pagándole con su misma moneda: autoritarismo y tiranía. Ni siquiera su mujer puede soportarlo ya, pues no está acostumbrada a su permanente presencia en casa, y porque le echa la culpa del suicidio de su hijo Jaldún y de la muerte de su hija Nadia, que huyó de su impiedad y tiranía a Estados Unidos para morir allí con sus dos hijos en un accidente de tráfico.

En esta soledad o, mejor dicho, aislamiento, recibe las memorias de un general amigo suyo, con quien se cita en una cafetería. Éste le anima a que escriba sus memorias, antes de que otros lo hagan por él y deformen su pasado. Cuando el protagonista confiesa no haber escrito nunca una sola página, el general le recomienda acudir a una empresa secreta dedicada a confeccionar las memorias de quienes no saben escribir. Efectivamente firma un contrato con la empresa y ahí empiezan los correos electrónicos a ir y venir. Él escribe y ellos redactan, ellos envían las redacciones y él añade o quita a su aire… A lo largo de este proceso se siente perdido, hasta que terminado ya el trabajo, descubre al fin que en su vida ha sido criminal y víctima a la vez.

El último baile del acróbata quiere denunciar la realidad de un mundo cuyos políticos y autoridades solo han sabido construir bases para la corrupción y puentes para el oportunismo.
***

Elegía al odio, Editorial Dar al-Adab, Beirut 2008 (2ª ed.).

Foto de archivo sin fecha del poeta y dramaturgo sirio Muhammad al-Magut fallecido el 3 de abril de 2006

Foto de archivo sin fecha del poeta y dramaturgo sirio Muhammad al-Magut fallecido el 3 de abril de 2006. / EFE

Esta novela, editada por primera vez en 2006 en Damasco, generó mucha repercusión en los medios literarios árabes, especialmente después de quedar finalista en el Premio Internacional de Ficción Árabe en 2008. En principio, la fama quizás fue causada más por el tema tratado que por cuestiones narrativas o estilísticas. La novela se ocupa de la guerra total que se desató en Siria a principios de los 80 del siglo pasado entre las fuerzas del régimen político y los islamistas (Hermanos Musulmanes), que intentaron acceder al poder utilizando la violencia, introduciendo así el odio, el arma más poderosa usada para matar a sangre fría. Este conflicto sangriento se alimentó del mutuo odio que se fue fraguando y de la falta de comunicación entre las partes en una sociedad que siempre había sido dialogante.

En Elegía al odio esto se nos presenta a través de los ojos de una estudiante de medicina, que nos narra su experiencia y la de su familia, ya que el autor hace mudarse a la protagonista de casa de sus padres a la de sus abuelos. Allí estará rodeada de tías solteronas, que tienen como guardián a Radwan, un ciego que antes pasaba su vida en la Cofradía de Ciegos de la Mezquita de los Omeyas en Damasco. Recogido por el abuelo de la protagonista en un acto de caridad, pasa a formar parte de la familia, cuyos secretos conoce, y acompaña a las mujeres en sus visitas y salidas al baño público y a otras partes de la ciudad. Parece que Khaled Khalifa utiliza este recurso para expresar que este mundo de violencia está guiado por la ceguera y la falta de razón, que hacen que el odio vaya creciendo como una bola de nieve, convirtiéndose en muerte.

En las generaciones actuales sigue el gusto por la poesía libre, donde los temas cotidianos y un cierto tono pesimista son lo habitual

Este intercambio de violencia y muerte llega al lector a través de la protagonista, que nos relata su vida desde su primera juventud hasta que se muda a casa de sus abuelos, donde conoce a Suad, Radía y Alia, mujeres de diferentes generaciones de su familia comprometidas de una manera u otra con la causa de los fundamentalistas, a cuyos altos dirigentes llega a conocer.

Una vez en la Facultad de Medicina se incorpora al tren de la muerte, participando ella misma en alimentar su locomotora y convirtiéndose en una de sus cabecillas, lo que la lleva a la cárcel, momento en el que se nos cuenta la crueldad con la que son tratados los presos islamistas o los sospechosos de serlo, que no tienen quien les defienda ni quien se interese por ellos. Allí empieza a reflexionar, y cuando sale de la cárcel ve que la única manera de escapar del odio, y por lo tanto de la muerte, es abandonando el país. Así, emigra a Londres, donde empieza una nueva y solitaria vida, descubriendo que el odio que tanto acumuló en su interior es tan destructor como horrible.

Sus reflexiones le indican que debe haber un cambio en su vida, bien sea para volver a ser una musulmana buena y tolerante, bien para acercarse más al extremismo, decantándose finalmente por la primera opción en una especie de retorno a la edad de la inocencia. Sobre esta dualidad ya se nos había hablado anteriormente en la novela, pues una de sus tías se casa con un oficial del Ejército, a pesar del rechazo de su entorno, y otra con un fundamentalista con el que acaba emigrando a Afganistán para combatir a los comunistas.

En Elegía del odio Khaled Khalifa nos cuenta cómo los acontecimientos que suceden en una ciudad como Damasco –famosa a lo largo de su historia por la convivencia de sus diversos habitantes, de diferentes religiones y etnias– acaban llevando al país entero a un conflicto armado y a ponerlo al borde del abismo.

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