Carsten Wieland
Profesor, Universidad Rosario (Bogotá), asesor político y periodista en Berlin. www.carsten-wieland.de [+ DEL AUTOR]

Los pilares de la legitimidad del régimen

Hasta hace poco tiempo no eran muchos los que hubieran apostado por la supervivencia política (e incluso personal) de Bashar al-Asad tras el asesinato en febrero de 2005 del presidente de Líbano, Rafiq Hariri, quien en sus últimos meses había expresado sus crecientes críticas contra Siria. Durante esos meses dramáticos, en una atmósfera de aislamiento y estigmatización internacional, los adversarios internos conspiraron contra Asad, al confirmar sus sospechas de que éste era incapaz de defender los intereses del país. También creció la presión internacional sobre Siria, que provocó una precipitada retirada militar de Líbano, donde las tropas sirias habían estado estacionadas desde 1976. Los dos años posteriores al asesinato de Hariri fueron probablemente los más duros hasta esa fecha para el presidente sirio, que había heredado el cargo de su padre Hafez al-Asad en junio de 2000 con tan sólo 34 años de edad.

Ahora, tras diez años con Asad hijo como líder indiscutible, el régimen sirio parece estar más consolidado que nunca en este nuevo capítulo de su historia. ¿Quién habría pensado hace solo unos meses o años que la posición del presidente Asad, incluso con respecto al “poder blando”, sería más fuerte que la de Ahmadineyad de Irán? Bashar se siente lo suficientemente seguro como para reconocer abiertamente que se cometieron errores en Líbano y como para recibir en Damasco a Saad Hariri, el actual primer ministro libanés e hijo del asesinado Rafiq, con una recepción estatal que incluía una visita al bien guarnecido palacio presidencial. Incluso el líder druso Walid Yunblat, uno de los más duros y elocuentes críticos en Líbano en los últimos años, viajó a Siria y se reunió con Asad en un encuentro para romper el hielo.

Siria ha mostrado una nueva agilidad tras una fase de errores diarios y de ideologización en los periodos anterior y posterior a la guerra de Iraq de 2003. El gobierno ha conseguido sacar la cabeza de la soga del aislamiento que le habían impuesto primero Estados Unidos y, posteriormente, los países europeos tras la guerra. La razón del éxito de Siria se basa en una serie de decisiones que, por un lado, reflejan una ruptura con respecto a recuerdos del pasado y, por otro lado, muestran una creciente madurez por parte de Asad en asuntos de política exterior. Existe un nuevo pragmatismo después de una fase de incrustación ideológica durante la guerra de Iraq que puede explicarse tanto por razones de Estado como por la desesperación emocional en un entorno que había puesto en peligro la existencia del régimen.

¿Pero cuáles son las razones subyacentes por las que el régimen, con sus remanentes de ideología baazista socialista, ha seguido teniendo un éxito relativo a pesar de sus promesas incumplidas de liberalización política al principio del mandato de Asad; un pésimo historial de derechos humanos; una extendida desilusión respecto al progreso sociopolítico; la galopante corrupción y las tergiversadas reformas económicas debido a los intereses creados en torno al clan de Asad; los crecientes indicadores de injusticia social en el proceso de apertura económica; los decrecientes recursos naturales (especialmente el petróleo); las malas cosechas; los problemas de agua; los retos demográficos y demás?

Aunque se han establecido paralelismos en los medios de comunicación occidentales, el régimen en Damasco no puede compararse con la brutal dictadura de Saddam Husein, por ejemplo. La calma en Siria no es en ningún caso solo el resultado de una maquinaria gubernamental opresiva. El poder en el país tiene varios pilares de apoyo que le dan legitimidad ante los ojos del público.

¿Quién habría pensado hace unos años que la posición del presidente Asad sería más fuerte que la de Ahmadineyad de Irán?

Por el contrario, el liderazgo iraquí no llegó a ningún acuerdo. Saddam Husein no persiguió una estrategia de equilibrio entre distintos intereses como hizo su álter ego más flexible, Hafez al-Asad. Saddam tampoco necesitaba hacerlo, porque podía comprar la lealtad muy fácilmente con los abundantes recursos petrolíferos de su país y completar esta estrategia con la fuerza bruta si era necesario. Asad jugó al juego del equilibrio de intereses opuestos con tácticas inteligentes y alternando concesiones. Un informe del Grupo Internacional de Crisis de febrero de 2004 llegó a la conclusión de que “irónicamente, el régimen sirio ha pasado a estar mucho más integrado en el tejido social de la nación de lo que lo estaba su homólogo iraquí debido a sus debilidades y limitaciones relativas”. Las fuentes de las que el régimen del Baaz obtiene su legitimidad siguen estando alimentadas en parte por el legado político de Hafez y en parte por los nuevos acontecimientos bajo el mandato de Bashar, algunos ligados a eventos externos, como la guerra de Iraq, y también logros de su gobierno. Las fuentes de la legitimidad se pueden resumir en los siguientes puntos.

1. Retórica pro palestina

Cientos de personas muestran retratos del presidente sirio, Bashar al-Asad

Cientos de personas muestran retratos del presidente sirio, Bashar al-Asad, durante la celebración por los resultados del referéndum que prolongará su mandato por otros siete años, tras obtener un apoyo del 97,62%. Damasco, Siria, 29 de mayo de 2007. / Youssef Badawi / EFE

Los dos regímenes enfrentados en Siria e Iraq se habían distinguido internamente como defensores de la causa palestina y partidarios de la línea dura contra Israel. En un giro irónico de la historia, precisamente el régimen sirio se ha convertido ahora en el único escudo panárabe, aunque se ha distinguido de la versión iraquí del baazismo anteponiendo Siria al panarabismo. La ocupación israelí del territorio palestino es el tema principal del que informa la prensa estatal siria a diario. Es fácil conseguir el apoyo de la población en estos temas, distrayéndola así de los problemas económicos y políticos a nivel interno. Siria no se cansa nunca de proclamar la causa palestina como propia, aunque, al igual que otros Estados árabes, muchos sirios solo consideran a los aproximadamente 410.000 palestinos que viven en el país como invitados tolerados, si bien tienen los mismos derechos que los sirios nativos1. A pesar de toda la retórica, la solidaridad con los palestinos abre camino al pragmatismo en situaciones peligrosas. Asad aprendió de su padre, y su lema es “Cede lo que sea necesario e insiste todo lo que sea posible”. Después de la guerra de Iraq, la postura de Asad sobre el tema palestino oscilaba entre la transigencia y la línea dura ideológica.

Durante situaciones tensas como la guerra de Iraq y el periodo inmediatamente posterior, se prohibieron las manifestaciones de los palestinos o se contuvieron más que antes, pero Asad dejó bien claro que no se expulsaría de Siria a ningún líder palestino. El tema se volvió más explosivo a finales de marzo de 2004, cuando el gobierno israelí liquidó en la Franja de Gaza al líder espiritual de Hamas, el shaij Ahmed Yassin, y a su sucesor Abdelaziz Rantisi sólo dos semanas después. Esto dejó a Jalid Meshal como nuevo líder de la organización islamista. Meshal había pasado muchos años en Damasco y proclamaba desde su nuevo cargo que “Siria es sin duda mucho más segura que cualquier otro país”. En la actualidad, Meshal se ha convertido en el embajador de Hamas ante el mundo y recibe a sus visitantes de alto rango en Damasco, incluso a los que vienen de Estados Unidos como el ex presidente Jimmy Carter.

Asad hizo una importante concesión con respecto al tema palestino en mayo de 2003 cuando prometió aceptar cualquier decisión de los líderes palestinos en las negociaciones de paz con Israel. Hasta entonces, Siria siempre había insistido oficialmente en correpresentar a los palestinos, aunque en las negociaciones de paz con Israel en Shepherdstown, Virginia Occidental, en enero de 2000, Hafez al-Asad ya había indicado secretamente que aceptaría un acuerdo de paz incluso si el conflicto israelo-palestino no se resolviera satisfactoriamente. En este sentido, la estrategia de pragmatismo de Bashar con respecto al tema palestino no supuso un incumplimiento de la política interna. Desde entonces, Asad ha insistido en numerosas ocasiones en que está dispuesto a hablar de paz con Israel a pesar del mantenimiento de la Intifada palestina, como en su discurso al Parlamento el 5 de marzo de 2005, cuando anunció la retirada de las tropas sirias de Líbano. Y a veces parecía que la paz entre Israel y Siria estaba más cerca que entre Israel y los palestinos. También en Israel ha habido constantes voces pidiendo negociaciones serias con Siria, especialmente en los círculos de los servicios de seguridad. El primer ministro Netanyahu tenía pensamientos similares durante sus años fuera del cargo. Pero esto depende del ambiente político. Con un gobierno de línea dura en Israel en la actualidad, el lado sirio ha estado menos inclinado a ceder. Ya en 2003 el analista sirio Samir Altaqi señaló que “Siria no es capaz de hacer más concesiones (en el tema palestino)… Hacerlo dañaría la identidad del régimen.” (Entrevista con el autor en Damasco, 2 de noviembre de 2003).

La calma no es solo el resultado de una maquinaria gubernamental opresiva. El poder tiene varios pilares de apoyo que le dan legitimidad ante los ojos del público

De modo que el tema palestino sigue sirviendo como pilar principal para la legitimidad del gobierno sirio. Esto es aún más cierto con el creciente apoyo de Hizbullah a Hamas y la causa palestina en general, que se hizo ampliamente visible en el ataque israelí a Líbano en el verano de 2006. Por tanto, la organización chií se ha alejado de su autodefinición previa como movimiento puramente nacional luchando por la soberanía y los intereses libaneses. Sin otras alternativas políticas extranjeras debido a la postura de aislamiento occidental hacia Siria, el gobierno de Damasco se ha visto involucrado de forma mucho más estrecha en la compleja alianza antioccidental de Hizbullah, Hamas e Irán. El tema palestino como herramienta política ha alcanzado la mayor complejidad y relevancia hasta el momento.

2. Retórica panárabe

Asad aprendió de su padre, y su lema es “cede lo que sea necesario e insiste todo lo que sea posible”

Mientras la segunda guerra rugía en el vecino Iraq, los habitantes de Damasco se reunían todos los jueves en el Puente Presidencial. Marchaban por las calles con fotos y pancartas. Entre los manifestantes había muchos jóvenes, la mayoría con vaqueros, algunos con gorras de béisbol con el lema “Todos somos iraquíes”. Llevaban alegremente pancartas burlándose del rey de Jordania Abdullah II y del presidente de Egipto Hosni Mubarak, que aparecían como las prostitutas de George W. Bush y de los sionistas, vestidos con sostenes ajustados o ropa femenina. Sorprendentemente, entre todos estos países, Siria era un oasis de calma y estabilidad en esos momentos. Entre los gobernantes y los gobernados existía un completo acuerdo sobre la cuestión de Iraq. La situación era muy diferente en los países vecinos, donde se producían manifestaciones contra los gobiernos en el poder. Muchos árabes miraban el régimen de Damasco con admiración, pues mostraba una oposición incondicional a la guerra a pesar de su vulnerabilidad y de la intimidación de los Estados Unidos.

Siria ha conseguido sacar la cabeza de la soga del aislamiento que le habían impuesto Estados Unidos y posteriormente los países europeos tras la guerra de Iraq

Después de la caída del régimen del Baaz en Iraq surgió una situación paradójica. El papel de único adalid del panarabismo, y por tanto del antiimperialismo, recayó en los baazistas sirios, a quienes les pareció bien. Las ramas iraquí y siria del partido Baaz habían sido enemigas acérrimas desde 1966. Los baazistas sirios querían primero la revolución social en su propio país y se concentraban en una Siria fuerte. Los baazistas iraquíes criticaban esta agenda nacional y se adherían al objetivo panárabe de un único Estado. Con la caída de Bagdad, sin embargo, Siria ha obtenido el monopolio sobre la ideología panárabe, una fuente de legitimidad para el régimen, con potencial de crecimiento para la popularidad de éste en una región que ha reflejado un creciente sentimiento antiamericano. A pesar de las visibles intenciones de Siria de normalizar las relaciones con Washington a nivel diplomático, especialmente con Barack Obama en la Casa Blanca, el régimen sirio ha conseguido mantener su estatus como defensor de los intereses panárabes (cada vez más acompañados por Turquía –no árabe– desde el ataque israelí en Gaza en 2008/09), mientras que Jordania, Egipto y Arabia Saudí son considerados por la población como traidores a la causa árabe. Fue Siria quien dio una muy generosa e internacionalmente admirada bienvenida a los refugiados mayoritariamente chiíes del sur de Líbano durante el enfrentamiento entre Israel y Hizbullah en el verano de 2006. Por no mencionar la aceptación de más de un millón de refugiados iraquíes, muchos de ellos cristianos, después de la guerra de Iraq.

El periodista y figura de la oposición laica Michel Kilo advirtió, antes de su arresto en mayo de 2006, del “riesgo de que el nacionalismo árabe se convierta en una demagogia peligrosa y en un medio para conseguir la unidad interna en Siria.” (Entrevista con el autor en Damasco, 28 de abril de 2003). En el futuro, la retórica panárabe ya no será suficiente para ocultar los verdaderos problemas del país. Además, Siria deberá tener cuidado para equilibrar bien esta retórica (que fundamentalmente denota un componente antioccidental) y su deseado acercamiento a Estados Unidos.

En los últimos años, no obstante, ha prevalecido el pragmatismo. Siria ha iniciado relaciones diplomáticas con el Iraq posterior a Saddam y ha tenido un papel constructivo en la relación bilateral. El reconocimiento de Líbano como Estado soberano fue un notable cambio de paradigma en la política siria, también ideológicamente. Los defensores de la línea dura panárabe han criticado esto por estar vendiendo los intereses sirios, mientras que los representantes del bando más pragmático y orientado a Occidente habían criticado a Asad por marcar una línea demasiado dura durante la guerra de Iraq, provocando una confrontación innecesaria con los Estados Unidos. Su firme postura contra la guerra fue sin embargo muy popular entre el pueblo y las escenas sangrientas del periodo de postguerra solo sirvieron para reforzar este ambiente.

3. Laicismo

“Tenemos un gobierno fuerte que lucha por igual contra los fanáticos radicales islamistas y cristianos y que no interfiere con la religión”. Así resumió el laicismo sirio un joven cristiano del barrio Bab Tuma de la Ciudad Antigua de Damasco. Y no son solo los cristianos los que valoran este principio del régimen. El miedo a la islamización política después de una revolución violenta, con el posible apoyo de los petrodólares de los extremistas saudíes, es una baza de los dirigentes alawíes y sus partidarios laicos. Es discutible si el peligro es exagerado o no, pero sigue sirviendo como sólida fuente de legitimidad para el régimen. Teniendo en cuenta el hecho de que los musulmanes radicales han sido previamente financiados y apoyados por los Estados Unidos para servir a sus propios intereses, el status quo sirio parece bastante aceptable. Existe poca confianza en cualquier alternativa que pueda lanzar Estados Unidos.

Siria deberá tener cuidado para equilibrar bien la retórica panárabe, que denota un componente antioccidental, y su deseado acercamiento a Estados Unidos

El carácter laico de Siria es mucho más antiguo que la experiencia del Baaz y constituye una faceta específica de su sociedad que debe ser tenida en cuenta por quienquiera que esté en el poder. El régimen no ha mostrado hasta el momento ningún indicio de realizar un cambio radical similar a Saddam desde el laicismo ideológico al islamismo populista. No obstante, este pilar de la legitimidad del régimen también se está debilitando. En los últimos tiempos están creciendo los signos de que los islamistas se están haciendo aún más fuertes dentro de Siria. Evidentemente, esto se debe en parte a la tendencia general de islamización en Oriente Próximo de la que Siria no puede protegerse. Aun así, hay más razones para esto: a) una estrategia de la clase dirigente que consistiría en dejar que el peligro islamista fermentara para poder presentarlo como un elemento de disuasión en el sentido de “o ellos o nosotros”; b) durante la confrontación con los Estados Unidos, los islamistas violentos sirvieron como un cómodo instrumento para debilitar a la potencia de la ocupación en Iraq; c) a pesar de su orientación laica, Siria en su política extranjera se ha aliado (no necesariamente con entusiasmo) con socios islamistas como Irán, Hizbullah y Hamas. El que juega con fuego en el extranjero no puede ignorarlo dentro del país; d) en un delicado entorno internacional, el gobierno sirio no puede permitirse una guerra en dos frentes, el exterior y el interior. Una destacada figura de la oposición expresó la relación del régimen con los islamistas con las siguientes agudas palabras: “Nosotros tenemos el poder, y a vosotros os toca la sociedad”.

Una mujer observa regalos para el día de San Valentín

Una mujer observa regalos para el día de San Valentín en una tienda del centro de Damasco, Siria, 13 de febrero de 2004. / Youssef Badawi / EFE

El carácter laico de Siria es mucho más antiguo que la experiencia del Baaz, y debe ser tenido en cuenta por quienquiera que esté en el poder

Esto ha conducido recientemente a extrañas concesiones. En mayo de 2009, el borrador de una nueva ley sobre el estatus personal se filtró desde el Ministerio de Justicia. La tendencia atrasada y conservadora de la reforma del código civil de 1953 (modificado en 1975) provocó un escándalo con los actores de la sociedad civil, las minorías religiosas y los eruditos islámicos moderados. Muchos hablaron de “condiciones afganas” o de la “talibanización” en Siria, el antiguo bastión contra los Hermanos Musulmanes en la época de Hafez al-Asad. El borrador fue modificado en noviembre de 2009 y después desapareció del debate público hasta la actualidad. Probablemente a fin de calmar este escándalo, Asad incrementó de seis meses a dos años el castigo por los denominados “asesinatos de honor”, algo que el rey Abdallah de Jordania intentó hace unos años pero no consiguió por la oposición en el Parlamento de los Hermanos Musulmanes. De modo que siguen existiendo ciertos esfuerzos por mantener una fachada laica en Siria, aunque a menudo parecen poco entusiastas y limitados a medidas burocráticas, por ejemplo, restringiendo el uso de altavoces fuera de las mezquitas. En comparación con otros Estados de la región, esto es sin embargo notable y es definitivamente aprobado por las amplias minorías de naturaleza cristiana y musulmana, así como por los sunníes.

4. Minorías religiosas

Los gruesos muros de la Mezquita de los Omeyas se erigen majestuosamente en el corazón de la Ciudad Antigua de Damasco. Para los sunníes se trata del cuarto lugar más sagrado después de La Meca, la Mezquita del Profeta en Medina y la Mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén. También se trata de uno de los símbolos más notables del entrelazado tejido religioso en la historia de Siria. El edificio principal, con sus muros decorados, era una basílica que aún hoy puede distinguirse. En el interior los cristianos veneran los presuntos restos de San Juan Bautista, y los musulmanes los del Profeta Yahya; ambos son la misma persona. Cuando los musulmanes conquistaron Damasco en el año 636 d.C. permitieron a los cristianos seguir rezando en su iglesia durante siete décadas más hasta que fue convertida en mezquita después de que se pagara una indemnización a los cristianos. En la actualidad sigue quedando un minarete dedicado a Jesús.

La comunidad judía tiene también un lugar en la sociedad siria. Aunque su número se ha reducido hasta solo algunos cientos, sigue teniendo influencia, especialmente en la esfera económica. Por ejemplo, el proveedor de carne de los restaurantes exclusivos de Damasco es un empresario judío. A principios de los años noventa Hafez al-Asad levantó a los judíos la prohibición de viajar. Para su decepción, un gran número de ellos, mucho mayor de lo que él esperaba, emigró a Estados Unidos o a Israel. Ahora, refugiados palestinos viven puerta con puerta con los pocos judíos que quedan y algunos cristianos en las casas otomanas de adobe cerca de la Puerta Oriental de Damasco, donde estuvo el barrio judío en el pasado. Un visitante atento en la Ciudad Antigua aún podrá ver estrellas de David en algunas paredes. Nadie las ha borrado por la rabia contra su archienemigo político Israel. Los símbolos han permanecido como un recordatorio de la larga tradición de la convivencia de judíos, cristianos y musulmanes. En las conversaciones, la gran mayoría de los sirios subrayó en repetidas ocasiones que en su opinión había una diferencia significativa entre los judíos que siempre han vivido en Siria y hablan árabe como lengua materna y los sionistas que han llegado a Palestina de todo el mundo y han traído con ellos un proyecto político, el etno-nacionalismo y la noción de expansión territorial. Igualmente, hacen una distinción clara entre los ciudadanos estadounidenses y la política exterior de ese país. En las calles se oye con frecuencia que los americanos como personas son tan bienvenidos como cualquiera.

El miedo a la islamización con el posible apoyo de los petrodólares de los extremistas saudíes sigue sirviendo como una sólida fuente de legitimidad para el régimen

Los sirios cuentan con orgullo que personas de dos docenas de religiones y confesiones diferentes han vivido en su país durante siglos. De ésas, once son de denominación cristiana, dado que no había una Iglesia central que actuara como fuerza unificadora tras la islamización. Se trata de ortodoxos romanos, ortodoxos armenios, ortodoxos sirios, católicos romanos, católicos armenios, maronitas, protestantes, nestorianos, latinos y caldeos. El gobierno, de forma deliberada, no dispone de estadísticas oficiales sobre los grupos religiosos, por lo que las estimaciones varían. Según una fuente, los sunníes representan el 69% de la población, mientras que los cristianos de distintas confesiones son el 14,5%, los alawíes el 12%, los drusos el 3%, y los ismailíes el 1,5%. Aparte de esto, también existe una pequeña minoría chií. Dado que los sunníes suelen tener más hijos que los cristianos y los alawíes, y debido a que los cristianos tienden a emigrar más a menudo, la tendencia está cambiando a favor de los sunníes. Con frecuencia se menciona la cifra de entre el 10 y el 11% de cristianos y el mismo porcentaje de alawíes. Muchos cristianos han emigrado ya pero siguen inscritos ante las autoridades como residentes. No obstante, es posible que la reciente entrada de refugiados cristianos de Iraq compense estas cifras.

La afiliación religiosa se cruza con la identidad étnica. Aproximadamente el 90% de los sirios son árabes que viven con kurdos y turcos (principalmente sunníes), cristianos armenios, circasianos (a los que los otomanos expulsaron del Cáucaso y se asentaron en Siria) y asirios de otras antiguas confesiones cristianas que siguen hablando arameo, la lengua de Jesús. Las minorías disfrutan de los mismos derechos ante la ley, excepto en lo referente a la cláusula de la constitución que establece que sólo un musulmán puede ser presidente. Las distintas Iglesias cristianas se pueden desarrollar libremente en Siria y a menudo están muy bien dotadas económicamente. El gobierno las subvenciona a nivel de infraestructuras y disfrutan de algunas exenciones fiscales. Muchos cristianos son comerciantes, artesanos y vendedores y han alcanzado un relativo grado de prosperidad. Están en una situación social y económica similar a la de los comerciantes sunníes.

Desde la guerra de Iraq ha quedado claro que Siria es interesante para las minorías de la región. Los cristianos que viven entre el Éufrates y el Tigris se fueron por miles hacia el oeste para escapar de la violencia diaria en Iraq y se asentaron en Damasco o en la costa mediterránea. La migración aumentó cada vez más tras una serie de ataques contra templos cristianos en Iraq. El contraste con su vecino tranquilo y socialmente tolerante no podría ser mayor. A los damasquinos nativos les preocupa que los recién llegados provoquen un cambio en el ambiente relajado y confiado de la ciudad. Un viejo cristiano fabricante de mosaicos en Bab Tuma dijo que los iraquíes habían traído con ellos “duros métodos de negocios” y “actitudes temerarias” después de décadas de represión bajo Saddam Husein y de haber salvado el pellejo después de la guerra. Al preguntarle si estaba contento de que los refugiados aumentaran el número de cristianos en Siria, contestó: “no me importa que sean cristianos o no. Aquí, los damasquinos confiamos los unos en los otros, cristianos, musulmanes, judíos o lo que sea. Nos conocemos entre nosotros y conocemos a nuestras familias, vivimos juntos y hacemos negocios los unos con los otros. Los iraquíes son diferentes. No confío en ellos”.

En Siria, los conflictos abiertos se crean rara vez en torno a divisiones religiosas, sino que quedan bajo la superficie. En general, los distintos grupos conviven pacíficamente, mientras que en otros países de la región las comunidades religiosas se retraen en caparazones independientes, se aíslan y se encierran. El filósofo Sadiq al-Azm ha observado un creciente malestar entre las minorías debido al aumento del fundamentalismo islámico: “Hay una especie de competición por demostrar más claramente la identidad religiosa de cada uno. Los musulmanes construyen más mezquitas; los cristianos organizan procesiones más lujosas y se cuelgan al cuello cruces de mayor tamaño.” (Entrevista con el autor en Damasco en septiembre de 2003).

Naturalmente, los prejuicios también han aumentado en Siria al igual que ha ocurrido en otros sitios. De vez en cuando la gente rememora los pogromos contra los cristianos en la Ciudad Antigua de Damasco en 1860. Hasta el momento, la cadena de acontecimientos y las razones exactas siguen sin estar claras, aunque los expertos están seguros de que tuvieron causas políticas y quizá socio-económicas, pero no religiosas. Los sirios hablan en la actualidad de cómo muchos musulmanes locales se arriesgaron a esconder a cristianos en sus casas, salvándolos así de una muerte segura.

En el interior de la Mezquita de los Omeyas, los cristianos veneran los presuntos restos de San Juan Bautista y los musulmanes los del Profeta Yahya; ambos son la misma persona

El actual gobierno baazista ha realizado esfuerzos por presentarse como mediador entre las religiones y garante de la tolerancia religiosa que ha evolucionado a lo largo de la historia de Siria. A Asad le gusta salir en televisión recibiendo a los patriarcas cristianos. La visita del Papa Juan Pablo II en mayo de 2001, con su muy publicitada oración en la Mezquita de los Omeyas, fue un acontecimiento bien recibido y destinado a subrayar el interés político del régimen por difundir la tolerancia religiosa. Durante la guerra de Iraq, Asad elogió al Papa por su postura antibélica. Dijo que las religiones tienen una posición común después del trastorno en las relaciones cristiano-musulmanas producido tras el 11 de septiembre. Los dirigentes baazistas dependen de la paz religiosa puesto que son, ante todo, también miembros de una minoría. No obstante, las opiniones difieren sobre si los gobiernos de los Asad han tenido una influencia positiva en las relaciones entre las religiones o no. Los sirios laicos de mayor edad mantienen que los matrimonios interreligiosos son mucho menos frecuentes ahora que en el pasado.

Por otro lado, el filósofo Sadiq al-Azm se centra en las consecuencias de una economía modernizadora. “Al comparar la Siria de hoy con la de hace treinta años, la sociedad se ha vuelto más coherente,” señala. La industrialización llevada a cabo bajo el mandato de Hafez al-Asad hizo que la sociedad se volviera más móvil. Las ciudades crecieron y la gente empezó a viajar y a entremezclarse más. “Cuando yo era niño”, rememoraba el filósofo, “solo se oía hablar de algunas minorías y religiones a otras personas. Los drusos vivían todos en la Colina de los Drusos en Sweida y los alawíes en las montañas de Latakia. Es posible que la sociedad no sea tan coherente como en los países desarrollados pero ya no hay comunidades cerradas. Nuestro sentimiento de ser sirios ha crecido.” (Entrevista con el autor en Damasco el 15 de septiembre de 2003). Con esto es exactamente con lo que cuenta el régimen, con el nacionalismo, a pesar de que se mantenga la paradoja de gobernar con una ideología panárabe y nacionalista que abarca a todas las religiones al tiempo que se depende de clanes y conexiones religiosas.

La relación entre los grupos religiosos sigue pareciéndose a un frágil mosaico, aunque en general el grado de interacción social y tolerancia sigue siendo un modelo en la maltrecha región. Al menos esto da al régimen un plus significativo desde el punto de vista de las minorías, sin que la mayoría sunní considere esta política de minorías del régimen como una deficiencia.

5. Seguridad nacional

Siria es un Estado policial (dawla al-amaniyya), y hay quien calcula que hay un miembro del servicio secreto por cada 153 sirios de más de quince años (George, Alan: Neither Bread Nor Freedom, Londres 2003, pág. 2. El dato se refiere al año 2001). La ley y el orden en el país son proverbiales para la población nativa y sus turistas. Evidentemente, existen el tráfico de drogas y el crimen organizado, especialmente en la metrópolis comercial de Alepo, pero la tasa de delincuencia general sigue siendo extremadamente baja, aunque es difícil obtener cifras concretas. No se informa de los crímenes en los medios de comunicación y las estadísticas correspondientes se mantienen en secreto. La fuerte maquinaria del Estado no es la única razón de esta paz, sino que también contribuyen las tradiciones y un estricto código de valores relativamente intactos, a pesar del creciente desafío del cambio social.

La comunidad judía tiene también un lugar en la sociedad siria y sigue teniendo influencia, especialmente en la esfera económica

Es seguro para todos, incluidas las mujeres, pasear por la calle de noche. Las estrechas puertas de las casas otomanas de las partes antiguas de las ciudades permanecen abiertas como norma, permitiendo vislumbrar los patios internos en sombra y escenas de la vida familiar. Las ventanas de los coches aparcados se dejan entreabiertas en el calor del verano sin que nadie se preocupe de que puedan robarle la radio. “No es necesario tener a la policía en las calles si hay un policía oculto en cada uno de nosotros”, bromea un sirio, aludiendo al omnipresente mujabarat (servicio de inteligencia). Sin embargo, recientemente se han producido acontecimientos preocupantes que podrían debilitar este pilar de la legitimidad del régimen. Grupos similares a una milicia se han echado a las calles para agredir a las figuras de la oposición y a activistas de los derechos humanos durante las manifestaciones, a veces más brutalmente de lo que lo hacía la policía o el mujabarat. Estas bandas de matones son enviadas en autobuses por clanes familiares de la élite que rodea al presidente y que tiene mucho que perder si se produce un cambio político. Dichos incidentes provocan un creciente temor en la población y amenazan con debilitar uno de los más importantes restos del legado de Hafez al-Asad.

Dos vendedores preparan qatayef, típico dulce de Damasco

Dos vendedores preparan qatayef, típico dulce de Damasco, en una tienda del centro de la capital. Damasco, Siria, 4 de octubre de 2006. / Youssef Badawi / EFE

El hecho de que Siria no reconozca los derechos intelectuales internacionales permite a las familias pobres comprar libros, música o productos informáticos producidos a bajo coste en Siria o China

No obstante, en general, la seguridad es un factor del que los sirios, incluidos los miembros de la oposición, siguen hablando positivamente cuando describen su país. El pillaje y la violencia en el Iraq de postguerra han hecho aún más evidente su contraste con la tranquilidad en Siria. La situación es igualmente peor en Líbano debido a sus mayores divisiones sociales y sectarias.

6. Equilibrio social

La diferencia entre ricos y pobres se ha mantenido tolerable en Siria hasta la actualidad, especialmente en comparación con Egipto, donde los suburbios forman parte de la vida diaria. El socialismo residual no ha dejado de tener un impacto social, pero indicios recientes están apuntando en la otra dirección. Algunos precios siguen estando determinados por el gobierno y marcados en los productos, incluidos algunos menús en restaurantes. El hecho de que Siria no reconozca los derechos intelectuales internacionales permite a las familias pobres comprar libros, música o productos informáticos producidos a bajo coste en Siria o China. Numerosos productos son imitaciones de marcas extranjeras, con un coste que representa solo una fracción de los originales. El gobierno facilita atención sanitaria aceptable y asequible, medicamentos baratos, gasolina subvencionada, universidades, guarderías y escuelas públicas gratuitas, así como uniformes escolares y colonias de vacaciones gratuitas para jóvenes. Para garantizar la clientela tradicional, el gobierno compra a los campesinos las cosechas al doble del precio de mercado (“cultivo estratégico”). Aunque el sistema económico cerrado se ha vuelto cada vez más inestable y no puede sostenerse a largo plazo, sirve como argumento para mantener el statu quo, especialmente entre las clases más pobres.

A pesar de ello, están aumentando los riesgos de una creciente brecha entre ricos y pobres. Al gobierno le resulta cada vez más difícil conseguir recursos para la redistribución, sobre todo debido a las nuevas alianzas a nivel de política internacional. El relativo equilibrio social de Siria se está rompiendo. Los nuevos ricos están mostrando su riqueza acumulada cada vez más alegremente, con automóviles caros, televisores de alta tecnología y restaurantes exclusivos. El acceso a equipamiento moderno como teléfonos móviles, ordenadores y parabólicas crea deseos que ya no puede satisfacer un salario normal de la Administración.

Cuantas más sanciones se fijaban contra Siria en un intento de cambiar el régimen, más fácil tenía Asad presentarse como la única alternativa y la gente dispuesta a aceptar su mano dura

Los desequilibrios sociales, combinados con la extendida corrupción y una constante apertura de la economía mientras disminuyen los recursos y subsidios del Estado, son los factores que hacen que el pilar de la igualdad social sea probablemente el que tiene más posibilidades de debilitarse en los próximos años.

7. Bashar

Después de treinta años de gobierno de la esfinge intocable e inescrutable en el palacio presidencial, la gente valora que Bashar al-Asad saliera solo ocasionalmente a comprar verduras o a cenar con su familia en un restaurante sin guardaespaldas visibles. Aunque esto ya no ocurre con tanta naturalidad debido a las incrementadas preocupaciones por la seguridad, a la gente le gusta recordar lo que el presidente había comentado modestamente en su discurso inaugural. “Siento que el hombre que han conocido […] no cambiará en absoluto cuando asuma su cargo. Vino de la gente y vivió con ella y seguirá siendo parte de ella. Pueden esperar verlo en cualquier lugar, ya sea en su lugar de trabajo o en la calle o mientras toman un picnic, para saber de ustedes”. Sus amigos de juventud le describen como una persona franca, honesta y servicial. Nunca se aprovechó de su estatus de hijo del presidente para presumir de su riqueza o permitirse una vida salvaje de placer. “Después de comer, llevaba su plato al fregadero,” recuerda su primo Rami Makhluf. “En la facultad, aparcaba su coche fuera como los demás estudiantes. Y siempre nos regaña por tener chófer”. (“Which Asad?”, Associated Press 18 de marzo de 2005, citando declaraciones de Makhluf de julio de 2000).

Bashar, el tercer hijo de los Asad y el segundo de sus cuatro hijos varones, no es un tipo luchador ni fanfarrón, como muchos hijos de padres poderosos. Es más bien de trato fácil y reservado. En lugar de explotar sus privilegios, Bashar ya había tomado medidas para mejorar la ley y el orden en los años 90 imponiendo disciplina a los rufianes adolescentes de los poderosos círculos alawíes que extendían el terror en las calles de Latakia con sus armas automáticas. En una ocasión, envió al guardaespaldas de uno de sus primos a la cárcel porque había gritado una serie de duros insultos a la gente. A Bashar al-Asad no le había interesado nunca la política. Había planeado una carrera de oftalmología y se fue a Inglaterra para formarse, donde ocultó a sus colegas médicos su importante pasado y donde conducía un coche pequeño para los estándares en los hijos de los presidentes, un BMW Serie 3. Conoció a su futura mujer, Asma, en esta época. Después de dieciocho meses tuvo que interrumpir su formación para someterse a la estricta educación de su padre en casa. Bashar fue nombrado heredero de la República de Siria. El tiempo pasado en una sociedad europea no fue suficiente para convertirlo en un gobernante con orientación occidental en lo referente a los derechos humanos, el imperio de la ley y la libertad de expresión. Bajo su mandato, muchos intelectuales laicos y críticos de la falta de reforma han sido encarcelados o castigados con prohibiciones de viaje.

A Bashar al-Asad no le había interesado nunca la política. Se fue a Inglaterra a estudiar oftalmología, y ocultó a sus colegas médicos su importante pasado

Sin embargo, el presidente ha mantenido una imagen que, desde el punto de vista de muchos sirios, no está manchada de sangre ni corrupta por el radicalismo o la incompetencia. Ha conseguido distanciarse de la Edad de Piedra política de su padre, pero tuvo que hacer muchas concesiones, y en muchos sentidos su estilo ya no es tan diferente del de Hafez. Al principio de su mandato intentó moderar el culto a la personalidad y el número de pancartas y estatuas que representaban al presidente. En la actualidad, el retrato de Bashar al-Asad es tan omnipresente como lo era el de su padre. La mayoría de los sirios suele buscar defectos en el entorno de Bashar más que en éste, lo que puede ser el resultado del culto al líder y el tabú tradicional contra las críticas directas. Aún así, incluso con estas restricciones, Bashar sigue representando la estabilidad para muchos sirios, así como la esperanza de modernización.

Un factor a favor de Bashar es su socialmente comprometida y políticamente activa esposa Asma Akhras. Nacida en 1976 en una próspera familia sunní con orígenes en Homs, creció en Gran Bretaña, se licenció en informática y consiguió una excelente formación y experiencia profesional en el mundo de las finanzas, entre otras con la reputada empresa de banca de inversión JP Morgan en Wall Street. Para los parámetros sirios, a veces tiene opiniones provocadoramente modernas. Sin embargo, también se ha creado enemigos dentro de la estructura de poder. Los conservadores la critican por ejercer demasiada influencia en el presidente y por interferir en asuntos personales.

Mediante la amplia introducción de internet, los teléfonos móviles y la legalización de la televisión por satélite, Bashar, entonces presidente de la Asociación Siria de Informática, fue recibido positivamente por muchos sirios al principio de su presidencia. No está únicamente asociado con las nuevas tecnologías, sino que además sabe utilizarlas con eficiencia para servir a sus propios objetivos. Un excelente ejemplo de ello es la mayor manifestación de la historia a favor de Bashar en Damasco que siguió a la creciente presión internacional tras el asesinato de Hariri en febrero de 2005. Medio millón de personas, muchos de ellos jóvenes en vaqueros y camiseta y chicas adolescentes con pompones, se manifestaron festivamente por las calles a favor de su presidente después de que la empresa de telefonía móvil Syriatel (que pertenece a su primo Rami Makhluf) hubiera enviado un SMS convocando la manifestación. Esto marca un nuevo estilo en la política siria. Una convocatoria del partido Baaz nunca habría conseguido que tanta gente se echara a la calle como lo hizo un mensaje de pocas líneas en el móvil. Parte del atractivo ha sido su relativa juventud, aunque a menudo se ve al presidente muy estirado durante las apariciones públicas y ante las cámaras de televisión. Por la inexistencia de alternativas, y debido a la falta de experiencia democrática en el país, Bashar sigue siendo una proyección de autoridad personal y popularidad también para muchos sirios con raíces tradicionales. La mayor amenaza, política y personalmente, acecha en el entorno inmediato de su círculo de poder y no entre el pueblo.

8. Caos en Iraq

El que las fuerzas de ocupación estadounidenses no consiguieran ganarse la confianza del pueblo iraquí, la catástrofe moral derivada de las imágenes de torturas en Abu Ghraib y la incertidumbre sobre el futuro de Iraq han tenido repercusiones positivas para Siria. Es cierto que la victoria relativamente fácil de las tropas angloamericanas fue inicialmente un golpe para los estrategas sirios, pero ahora que está claro que la reconstrucción de Iraq es un proceso extremadamente arduo, Siria ha sido capaz de sacar provecho de la situación. Durante la guerra, Sadiq al-Azm dijo que “se reforzaría la posición del régimen aquí [en Siria] si Iraq se hundiera en el caos, la resistencia y la guerra civil. El argumento sería que no queremos acabar como Argelia, Líbano, o Iraq” (Entrevista con el autor en Damasco el 4 de abril de 2003). En este sentido, el régimen tenía a la mayoría de los sirios de su lado.

Incluso hoy día, cuando Iraq ya ha celebrado elecciones limpias con éxito y el poder político parece ser capaz de equilibrar las divisiones sectarias, sigue siendo un ejemplo de disuasión para muchos sirios. El caos o la estabilidad es el lema del régimen en Damasco. Cuanto más caos se encendía en sus fronteras y cuantas más sanciones se fijaban contra Siria en un intento de aislar o incluso cambiar el régimen, menos dispuesta estaba la élite gobernante a embarcarse en experimentos democráticos. Era fácil para Asad presentarse como la única alternativa, y la gente estaba dispuesta a aceptar su mano dura en asuntos nacionales.

Los dirigentes “baazistas” dependen de la paz religiosa puesto que son, ante todo, miembros de una minoría

Ahora la situación ha cambiado en cierta medida. Como se ha mencionado anteriormente, Siria ya no está tan aislada como antes y la presión internacional es marginal en comparación con hace varios años. El caos en Iraq no es tan grande como lo era en el pasado, pero las esperanzas de una pluralización de la política nacional y más libertad de expresión no se han cumplido aún. El caos en Iraq es un pilar de legitimidad de carácter temporal, evidentemente un elemento de disuasión algo icónico. Puede ser sustituido por cualquier amenaza como la política estadounidense, Israel o el islamismo dentro del país. El orden y la seguridad constituyen un importante argumento para muchos sirios que todavía recuerdan los días de caos en su propio país en los años 60, 70 y 80, y para la influyente clase comerciante sunní cuyo interés principal es un entorno estable que favorezca un comercio floreciente.

Conclusión

A pesar de los graves retos y turbulencias de los primeros años del gobierno de Bashar al-Asad (algunos de ellos externos, como la guerra de Iraq), los pilares tradicionales del régimen siguen estando intactos al igual que los pilares que han surgido durante su mandato. En cualquier caso, a lo largo de los años se ha vuelto menos ideológico y baazista y más personalizado y clientelista. El partido Baaz ha perdido claramente influencia. Asad ha encontrado formas alternativas de apoyo y toma de decisiones dentro del sistema y ha realizado progresos en cuanto a su propio carisma, a pesar de las insuficiencias en comparación con su padre. En épocas de crisis y desafíos, el régimen ha mostrado indicios de contracción y un creciente énfasis en el reclutamiento alawí en posiciones políticas.

De los pilares mencionados, unos están más tambaleantes que otros. El laicismo, la paz religiosa y el equilibrio social están en peligro por cambios internos y, en menor medida, por cambios globales. La creciente influencia de los islamistas contra las tradiciones y costumbres laicas hasta en el nivel legislativo afecta tanto a la etiqueta oficial del laicismo del Baaz como a la coexistencia pacífica de las minorías religiosas en la vida diaria. Sin embargo, al ser él mismo de una minoría, Asad sabe que necesita el respaldo de las minorías, y éstas lo necesitan por miedo a una creciente influencia de los radicales islamistas. La mayoría de los sirios sigue considerando a Asad un garante de los cimientos laicos y de los derechos de las minorías en lugar de su destructor. No obstante, el que juegue con fuego concediendo a los islamistas conservadores cada vez más ámbito de acción, marginando a los moderados y encarcelando a importantes voces laicas de la sociedad, está debilitando un importante pilar de la legitimidad de su régimen. Una vez que las corrientes islamistas han tomado fuerza en la sociedad y las instituciones es muy difícil invertir esta tendencia.

Mientras que el régimen de los ayatolás en Irán está enfrentándose a una sociedad más crítica y laica, las sociedades en regímenes autoritarios y laicistas en el mundo árabe se están volviendo cada vez más islamistas. Siria no es una excepción, aunque los sirios en general disfrutan de más libertades sociales e igualdad de género que muchos de sus vecinos árabes. El equilibrio social está en peligro debido a una transición necesaria y dolorosa para abrir la economía. Pero el equilibrio social no es sólo un valor estadístico, sino también sentido. La corrupción, el nepotismo y la demostración abierta del lujo por parte de los nuevos ricos son visibles en las ciudades. Esto conlleva el peligro del malestar social que, a su vez, puede ser utilizado por los grupos islamistas como ha ocurrido en otros lugares.

Con la reputación de su personalidad y los dogmas de la política exterior tradicional aún intactos, Asad puede compensar los deterioros mencionados anteriormente. No mucho ha cambiado en relación con Israel y el conflicto palestino. El gobierno de línea dura en Jerusalén da suficientes argumentos para jugar esta baza. La política exterior estadounidense ha hecho poco para reducir las polarizaciones, antipatías y miedos, y para restaurar la credibilidad moral y política de Occidente. La Unión Europea y el Acuerdo de Asociación aún pendiente han perdido relativa importancia para los sirios después de un periodo en el que los gobiernos europeos siguieron la doctrina del “eje del mal” de Bush y dieron la espalda a Siria y sus intereses.

Siria ha diversificado con éxito su política exterior con esfuerzos notables de reconciliación, y el triunfo del “poder blando” en Líbano ha reavivado las relaciones con Arabia Saudí, con Turquía como vecino estratégico económicamente poderoso y orientado a Occidente y ha iniciado relaciones con Rusia y China. La capacidad de sacar a Siria de su aislamiento internacional (e incluso árabe) y de abrir nuevas perspectivas económicas y políticas puede convertirse en un nuevo pilar del legado de Asad. Sin embargo, muchos sirios, incluidos no pocos actores políticos y económicos habrían demostrado más entusiasmo por un posicionamiento más bien occidental de la política exterior que por una postura que depende cada vez más de regímenes teocráticos y erráticos como el de Irán o incluso de aliados lejanos como Hugo Chávez en Venezuela.

Si Asad tuviera el valor de convocar elecciones directas y libres, ganaría la presidencia con un voto popular

A pesar de los considerables retos, Asad ha reforzado su posición interna e internacionalmente. Lo que era cierto cuando asumió el cargo en un ambiente de altas esperanzas sería también cierto hoy, en un ambiente de miedos e inseguridades: si tuviera el valor de convocar elecciones directas y libres, ganaría la presidencia con un voto popular. Podría incluso invitar a observadores internacionales para supervisar las elecciones. Por falta de posibles candidatos de la oposición, experiencia política, debate público y cultura democrática y por el predominio de las tradiciones políticas, no hay apenas duda alguna de que Asad sería el presidente por “elección” del pueblo. Incluso si esta legitimidad popular directa hiciera peligrar gravemente las estructuras baazistas y provocara una confusión profunda, Asad crearía para sí mismo mayor credibilidad internacional y apoyo político. Aquellos que siguen creyendo en las buenas intenciones de Asad tendrían la esperanza de que podría finalmente cumplir algunas de sus promesas anteriores. Aquellos que han perdido la fe en él y su entorno verían en dicha “elección” un paso hacia el modelo egipcio en el que un gobernante ha conseguido crear una fachada democrática con el apoyo de Occidente sin cambiar las realidades en el país o incluso sin empeorarlas.

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