Alberto Priego Moreno
Investigador invitado, Department of Languages and Culture of Near and Middle East, School of Oriental and African Studies (SOAS), University of London. [+ DEL AUTOR]

El islam en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central

En Asia Central se da un tipo de islam muy especial, con características históricas, políticas y culturales propias que lo hacen único. Por ello, muchos autores hablan de un islam tolerante y liberal que sirve como ejemplo de la perfecta convivencia entre islam y democracia, lo que echaría abajo las teorías más apocalípticas sobre esta religión. Sin embargo, el alto grado de corrupción, la ausencia de respeto por los Derechos Humanos y, sobre todo, la perpetuación de las élites políticas centroasiáticas están provocando que grupos radicales como el Hizb-ut-Tahir o el MIU (Movimiento Islámico de Uzbekistán) estén logrando cada vez más apoyos entre la población. Este artículo pretende hacer una revisión del islam en Asia Central con su historia y sus principales características, con el objetivo de dar a conocer esta realidad religiosa.

LA LLEGADA DEL ISLAM A ASIA CENTRAL

A comienzos del siglo VII d.C., las tropas árabes de Ali conquistaron un territorio que ellos denominaban Ma Wara’ Al-Nahr, la tierra que está más allá del río. El nombre es una clara referencia al Amu Darya, al que los griegos denominaban Oxus. Así, Transoxania, nombre por el que también es conocida Asia Central, quedó incorporada al extenso califato que se extendía hasta la Península Ibérica. Con los Samaníes (875-999), el islam se convirtió en la religión oficial de Asia Central y Bujara en su capital. Ma Wara’ Al-Nahr funcionaba de forma indenpendiente del Gran Califato Abasí, ya que los árabes, por motivos geográficos y demográficos, renunciaron a una ocupación efectiva. Sin embargo, en Asia Central emergieron mezquitas y madrasas donde pudieron formarse importantes alims (académicos) y faqihs (jueces-teólogos). Alrededor del año 700, nació en Kufa uno de los faqihs más importantes del islam, Abu Hanifa, quien creó una de las cuatro madhabs o escuelas de jurisprudencia islámica, la hanafí. Gracias a uno de sus más fervientes seguidores, Abu Mansur al-Maturadi, más conocido como Al-Samarqandi, se creó en el siglo X la Kalam (escuela escolástica) más influyente de toda Asia Central, la Maturidiyya. Así, el hanafismo, debido a su posicion liberal y a su tolerancia con las costumbres locales, se convirtió en la escuela más popular en toda la Ma Wara’ Al-Nahr. Asia Central se configuró como el centro del pensamiento hanafí con grandes figuras como Al-Nasafi o Al-Pazdawi.

El presidente ruso, Dmitry Medvedev (d), y el de Uzbekistán, Islam Karimov

El presidente ruso, Dmitry Medvedev (d), y el de Uzbekistán, Islam Karimov (i), durante su visita a la ciudad antigua de Samarkanda, Uzbekistan, 23 de enero de 2009. / Dmitry Astakhov /EFE

Otro elemento importante en la historia del islam en Asia Central es la herencia persa, que fue muy superior a la árabe, algo en lo que insistiremos posteriormente cuando analicemos las características del islam en la zona. Cuando Irán se convirtió al chiismo, fue Asia Central quien acogió la tradición persa-sunní, desarrollando una literatura al margen de la árabe que se escribía en farsi o en las lenguas vernáculas.

LOS MONGOLES

La llegada de los mongoles supuso un fiasco para el islam en Asia Central, ya que los conquistadores destruyeron los principales monumentos de Bujara para, posteriormente, convertir el islam en la religión oficial de la Horda de Oro. Durante la época de Amir Timur (1336-1405) y de los timúridas (XIV), la región islámica vivió su mayor esplendor. Se construyeron los edificios más emblemáticos de Asia Central, como el Mausoleo de Gur-e Amir o el famoso complejo de Shah-i Zinda. Los gobernantes heredaban el título de Kan por considerarse descendientes del mítico Gengis Kan.

A comienzos del siglo VII d.C., Asia Central quedó incorporada al extenso califato que se extendía hasta la Península Ibérica

En el siglo XVI y a la sombra de los timúridas y del Kanato de Bujara, la ciudad se convirtió en el centro político y religioso más importante de Asia Central. Posteriormente, Ma Wara’ al-Nahr quedó dividida en varios kanatos, destacando los de Khiva, Kokand y el mencionado de Bujara, que permanecieron así hasta la conquista rusa, tras la cual pasaron a ser protectorados de Moscú.

EL PERIODO REVOLUCIONARIO

Se puede hacer una clara distinción entre el periodo pre-revolucionario y el periodo soviético. Algunos elementos que han sido atribuidos a la URSS, como es el caso de la supervisión de las finanzas de las madrasas o de los nombramientos de shaijs, en muchas ocasiones son más propios de la tradición centroasiática que de la soviética. En un primer momento, los soviéticos no se opusieron directamente al islam, aunque las relaciones con Moscú nunca fueron fáciles. Apoyándose en un movimiento reformista denominado yadidismo, que será analizado posteriormente, los revolucionarios trataron de compaginar el materialismo histórico con las creencias religiosas centroasiáticas. Incluso, en algunos lugares del Turkestán, el partido comunista llegó a instaurar tribunales islámicos donde se aplicaba la sharía.

Aunque en un primer momento las agendas de modernización de los bolcheviques y de los yadidíes coincidían, una vez fue eliminado el enemigo común que representaba el antiguo régimen comenzaron las discrepancias. El año 1926 puede ser considerado como el punto de inflexión. El secretario del partido comunista de Uzbekistán, Akmal Ikromov, dio un discurso en contra de los yadidíes, que de la noche a la mañana pasaron de ser correligionarios de los bolcheviques a agentes contrarevolucionarios, cómplices del imperialismo británico, defensores del panislamismo y peligrosos nacionalistas burgueses. Llama la atención no sólo el cambio de postura respecto al movimiento reformista yadidista sino que muchos de sus fervientes represores, como el propio Ikromov, eran hijos de conocidos mulás.

LA ÉPOCA DEL TERROR

El epicentro de la represión religiosa en Asia Central se centró en Uzbekistán y Tayikistán, que por entoces no era más que una república autonóma de la entidad turcomana. A comienzos de 1927, se inició una campaña de cierre de mezquitas en todo el país que duró más de dos años. Los miembros del Komosol irrumpían en las mezquitas durante las ceremonias expulsando a los ulemas y declarando el edificio “bien comunal liberado de la opresión”.

En un primer momento, los soviéticos no se opusieron directamente al islam, aunque las relaciones con Moscú nunca fueron fáciles

Se desconoce con exactitud la huella de los soviéticos en Asia Central, pero desde luego fue mucho más destructiva que la de Gengis Kan. Miles de ulemas e imanes fueron encarcelados, enviados a campos de concentración o directamente asesinados. Miles de madrasas fueron destruidas, propiedades (waqf) confiscadas y todos los tribunales islámicos abolidos. La represión se desaceleró en 1932, pero en 1937 volvieron las purgas estalinistas cobrándose la vida de aquellos que habían contribuido a la eliminación de los yadidistas. Este es el caso de los propios Xojayev e Ikromov, que perecieron en la epoca del Gran Terror acusados de contrarrevolucionarios.

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Cuando los nazis invadieron la URSS en 1941, Stalin se percató de que no podía mantener ese nivel de represión contra los musulmanes. Buena parte de la industria que se encontraba en suelo europeo fue trasladada a Siberia o Asia Central para poder producir alejada de los ecos de las bombas. Por ello, Stalin se vio obligado a cambiar su postura con los musulmanes de Asia Central. Muchos de los deportados fueron reintegrados en la sociedad soviética y enviados al frente a luchar contra el fascismo. Se volvieron a abrir mezquitas, iglesias y el órgano regulador de la religión, que databa de la época de Catalina la Grande y que previamente había sido abolido, se restableció. Incluso en 1943 se creó un Consejo Espiritual Musulmán para Asia Central y Kazajistán (SADUM), situado en Tashkent.

Los musulmanes volvieron a ser tenidos en cuenta y se restauraron los edificios de las mezquitas que habían sido “nacionalizadas”. También se abrieron nuevas mezquitas e incluso se habilitó una partida presupuestaria para que los musulmanes pudieran peregrinar a la Meca (hach). En general, y con la única excepción del periodo de persecución religiosa de Khruschev (1959-1962), los musulmanes de Asia Central gozaron de un cierto grado de libertad religiosa aunque bien es cierto que el islam soviético, el denominado islam oficial, estaba sometido a la supervisión del Estado. De hecho, la existencia de un islam oficial carente totalmente de credibilidad derivó en la creación de un islam no-oficial o popular. En la zona del Valle del Ferghana comenzó a emerger una forma de asociación ciudadana denominada huchra (habitación en árabe) donde los musulmanes buscaban lo que el islam oficial no les ofrecía. En realidad, eran habitaciones subrepticiamente habilitadas para rezar y enseñar los preceptos no-oficiales del islam.

EL RADICALISMO EN ASIA CENTRAL

En los años 70, como consecuencia de la falta de respuestas ofrecidas por el islam oficial, algunos musulmanes se deslizaron por la senda del radicalismo. Este es el caso de Muhammadjan Rustanov-Hindustani. Nacido en 1892 en Kokand (Uzbekistán), recibió formación religiosa en Bujara donde chocó con los Jóvenes de Bujara, defensores del movimiento yadidista. Sus postulados ultraconservadores, que entre otras cosas se oponían a la introducción del teléfono, la bicicleta o el ferrocarril, no encontraron acogida en la región, por lo que se vio obligado a emigrar siguiendo a su maestro Muhamad Ghaus Saidzade. En la vecina Afganistán recibió formación religiosa en Mazar-i-Sharif y Jalalabad, justo antes de realizar su peregrinación a la Meca, donde coincidió con su padre. Muerto su maestro, se instaló en la ciudad india de Ajmir, lo que le valió el sobrenombre de Hindustani, “el indio”.

Vista general de la ciudad de Astana, Kazajistán

Vista general de la ciudad de Astana, Kazajistán, 10 de abril de 2007. / Kote Rodrigo /EFE

A su regreso a la URSS, tuvo problemas con las autoridades y fue condenado a trabajos forzados. En la Segunda Guerra Mundial, fue enviado al frente donde fue herido en una pierna. En 1947, el muftí de Asia Central le consiguió un trabajo en la mezquita Mawlana Yaqub-e Charki en Dushambé (Tayikistán). Sus postulados radicales, lejanos al hanafismo oficial, le provocaron continuos problemas con las autoridades soviéticas, aunque esto no erosionó su excelente reputación entre los musulmanes de Asia Central, especialmente en Tayikistán, donde sus clases nocturnas eran muy populares.

Junto con Hindustani, el otro gran artífice de la radicalización de Asia Central fue el conocido como Mulá Hakimjam qari de Margelan. Hakimjam fue el introductor del salafismo en Asia Central, gracias a sus viajes y peregrinaciones a Oriente Medio. Entre los seguidores de ambos líderes religiosos encontramos prominentes wahabíes y terroristas como Allama Rahamatulla o Abdulawi qari Mirzaev, responsables de la introducción del hanbalismo en Andijan y en buena medida raíz de la radicalización de esta zona de Uzbekistán tristemente conocida por los incidentes de mayo de 2005.

La introducción de las tendencias radicales en Asia Central no fue sólo una novedad, sino una contradicción con la tradición hanafí de la región. Muchas costumbres fuertemente arraigadas a lo largo de los siglos eran ahora perseguidas por los defensores del wahabismo. Cabe destacar el tradicional culto a los santos introducido por los sufíes en Asia Central, con sus peregrinaciones (ziyarat) a los mausoleos (mazar), erigidos para honrar su memoria y pedir intercesión ante Dios. Según los wahabíes esto es un ataque claro contra el monoteísmo. Muchos de estos radicales fueron pioneros en el uso de nuevas tecnologías para propagar su ideología extremista. Aunque evidentemente no se había descubierto internet, sí que utilizaban cintas-cassette donde grababan sus plegarias y arengas para que generaciones posteriores pudieran estudiarlas y actuar en consecuencia.

LA INDEPENDENCIA DE LA URSS Y EL PAPEL DEL ISLAM EN LA IDENTIDAD NACIONAL

La inesperada desintegración de la URSS cogió por sorpresa a los gobernantes de Asia Central. En el tema religioso, la región venía viviendo un resugir que comenzó en los años 80 y que resultó clave en la configuración de la identidad de las nuevas repúblicas. Todos y cada uno de los líderes, ya ex-comunistas, de Asia Central encontraron en el islam la fuente de legitimidad que buscaban. Los cargos ahora se juraban sobre el Corán y los líderes peregrinaban a la Meca.

Todos y cada uno de los líderes, ya ex comunistas, de Asia Central encontraron en el islam la fuente de legitimidad que buscaban

Pronto se trató de recuperar edificios, monumentos y personalidades que antes estaban en la sombra y ahora eran el orgullo de los nuevos regímenes. Figuras como el jurista Al-Maturidi o como los maestros sufíes Naqshband o Yesivi se convirtieron en los héroes de unos países que carecían de una historia propia separada de Moscú. Sin embargo, al igual que ocurría en la Unión Soviética, el miedo al radicalismo islámico atenazó a los gobernantes centroasiáticos. La cercanía de los talibanes, unida a la guerra civil en Tayikistán, provocó que la Asia Central post-soviética se convirtiera en una continuación del islam oficial que representaba la URSS, agravando aún más el problema del islam radical. Además, ahora los misioneros extranjeros llegaban a la zona para propagar sus interpretaciones, muchas veces radicales, del islam. Este es el caso de los wahabíes saudíes, de los deobandíes paquistaníes o de los propios salafistas afganos. Todos y cada uno de estos movimientos veían en Asia Central un lugar ideal para predicar y captar nuevos seguidores ávidos de respuestas y de alternativas al islam oficialista.

LOS GRUPOS RADICALES EN ASIA CENTRAL

El vacío provocado por el bloque soviético y, sobre todo, la escasa legitimidad del islam oficial, provocó que muchos grupos radicales que hasta ahora habían permanecido adormecidos empezaran a despertar. Es a comienzos de los 90 cuando nacen estos movimientos, muchos de ellos de la mano de Abduwali qazi Mirzaev y su promoción del hanbalismo y del salafismo. Mirzaev se convirtió en un mito cuando falleció misteriosamene en un viaje a Moscú en 1995.

Este giro hacia el radicalismo en Asia Central provocó duras críticas de figuras tradicionales que acusaban a estos jóvenes salafistas de practicar una rama del islam ajena a la tradición centroasiática. El centro del radicalimo de Asia Central no lo encontramos en Tayikistán, sino en Uzbekistán, concretamente en el Valle del Ferghana. Allí la influencia de un imán wahabí, llamado Abdul Ahad, contribuyó a la islamización de un grupo de jóvenes (Adolat) que buscaban impartir justicia y ofrecer la cobertura social que no era capaz de proveer el Estado. Entre sus miembros se encontraban los futuros líderes del Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), Tahir Yuldashev o Juma (Hojiev) Namangan, quienes protagonizaban habitualmente episodios de violencia.

Tahir Yuldashev recibió importantes y radicales influencias en sus viajes a Afganistán, Pakistán y Tayikistán. En el país sudasiático entró en contacto con grupos radicales como Yamiat-i-Ulema-i-Islami, donde además frecuentó las mezquitas más radicales de Pesharaw bajo la protección del ISI (el servicio de inteligencia de Pakistán), que le ayudó a contactar con los talibanes. La creación del Movimiento Islámico de Uzbekistán se remonta a 1996, aunque su aparación no llegó hasta 1999, cuando comienza su actividad terrorista en Asia Central. Secuestros, tráficos de todo tipo y atentados apocalípticos como los de Tashkent eran su actividad habitual. Mientras que Tahir Yuldashev permanece aún vivo, Namangani fue abatido por las tropas norteamericanas en un ataque en el norte de Afganistán, en Kunduz, aunque su cuerpo nunca fue encontrado. Después del 11-S, y debido a su vinculación con los talibanes, el MIU se encuentra practicamente desmantelado.

El otro gran grupo radical de Asia Central es el Hizb-ut-Tahir. Fundado en Jerusalén en 1953, no se trata de un grupo centroasiático, aunque su implantación en la región es muy importante. Sus metas a corto plazo son lograr que los musulmanes vivan de acuerdo a las normas del islam y que todos los elementos diarios se adecuen a las reglas de la sharía. Sin embargo, su objetivo a largo plazo es mucho más ambicioso ya que pretende reinstaurar el califato. Al igual que otros misioneros extranjeros, Hizb-ut-Tahir pisó Ma Wara’ Al-Nahr con el objetivo de hacer prosélitos. Desde el primer momento, todos y cada uno de los gobiernos centroasiáticos persiguieron su actividad, que formalmente se reduce a la organización de grupos de trabajo y al reparto de folletos y libros entre la población local. Sin embargo, sus miembros son acusados de estar vinculados a grupos radicales, así como de tener una agenda oculta wahabí que busca la insurrección popular contra los gobiernos de Asia Central.

El islam en esta zona se caracteriza por ser liberal, tolerante con las costumbres locales y un ejemplo compatible con la democracia

A pesar de estar fuertemente perseguido, el Hizb-ut-Tahir es muy popular entre la población debido a que su actividad misionera genera respuestas que el Estado no es capaz de proporcionar. Por ejemplo, desde el punto de vista económico, el Hizb-ut-Tahir supone una alternativa a las pobres economías post-soviéticas. Un voluntario que trabaje repartiendo folletos del partido recibe un atractivo sueldo mensual de 50 dólares, frente a los 20 que puede ganar con otra actividad. Además, muchas de las mujeres de presos políticos han decidido enrolarse en las filas de este movimiento como única alternativa al despotismo centroasiático. Los panfletos del Hizb-ut-Tahir son especialmente duros con Islam Karimov, a quien califican de agente americano o de sionista. Se trata pues de aglutinar todo ese descontento para lograr que la población se levante y se pueda implantar un Estado islámico, algo que según Tashkent se intentó en mayo de 2005, cuando un grupo de islamistas fuertemente armados se hizo con el control de esta ciudad. La actuación de las fuerzas del orden uzbekas evitó que los alzados lograran sus objetivos aunque el grado de violencia fue muy criticado internacionalmente.

Otros grupos radicales en Asia Central son el Akramiya, el Hizb-ut Nusrat o el Uzun Soqol. En general, son grupos que catalizan el descontento de la población que ve cómo el islam tradicional de Asia Central, un islam hanafí no politizado, sirve para legitimar regímenes dictatoriales que no respetan los Derechos Humanos más mínimos. Aunque hemos ido apuntando las características de este islam centroasiático, veamos de una forma más pormenorizada cuáles son estos elementos que lo hacen único en el mundo.

LAS PARTICULARIDADES DEL ISLAM EN ASIA CENTRAL

Durante el largo periodo que va desde el siglo VII hasta finales del XX, Asia Central configuró una identidad en la que el islam cobraba una importancia muy grande y cuyas características particulares vamos a pasar a describir. Se trata de un islam liberal, tolerante con las costumbres locales y que puede ser considerado como un ejemplo compatible con la democracia. Estas son sus principales características:

Ausencia de tradición árabe

Cuando los árabes llegaron a Ma Wara’ al-Nahr encontraron tres trabas que hicieron que no pensaran tanto en asentarse en la región como en la creación de un protectorado:

  1.  La lejanía geográfica respecto de la península árabiga.
  2.  La resistencia de la población local, que prefería a sus dioses locales.
  3.  Un paisaje demasiado pobre para los cultivos y demasiado rico para que pastaran los camellos.

Esta falta de interés permitió la pervivencia de las costumbres locales centroasiáticas, así como el mantenimiento de instituciones propias ajenas a las árabes. Por ejemplo, no es extraño encontrar culto a dioses preislámicos o la adoración de santos locales, algo que está absolutamente perseguido por los grupos salafistas. A esto hay que sumarle unos hábitos religiosos mucho más laxos y relajados que en los países árabes. Por si esto fuera poco, la región sí que ha recibido otras influencias musulmanas, como la otomana o la persa, que también han contribuido a la formación de una identidad regional propia diferente a la árabe.
Un elemento que denota la ausencia de tradición árabe y la pervivencia de costumbres locales es la peregrinación a la Meca (hach). El hach tiene un significado diferente para árabes y centroasiáticos, ya que mientras para los primeros es algo fundamental, para los segundos se trata de una obligación “relativa” que puede ser sustituida por tres peregrinaciones (ziyarat) a ciertos mausoleos (mazars) donde se encuentran enterrados santos locales. Esta flexibilidad, que ha permitido la pervivencia del islam en épocas complicadas como el estalinismo, es profundamente perseguida por grupos salafistas, hoy apoyados por Estados como Arabia Saudí.

En el orden político, Asia Central tiene una cultura heredada del periodo ruso y mongol, con otras instituciones y otros problemas, pero en cualquier caso distinta de la árabe. Valga señalar la existencia de una institución denominada Mahallah, que tiene su origen en los grupos de trabajadores de las montañas del Pamir (avlod) y sus vínculos de solidaridad. Estos grupos tenían un líder, normalmente el más anciano, y pueden ser considerados como un elemento propio de los pueblos de Asia Central. Incluso algunos autores definen la Mahallah como una proto-sociedad civil o sociedad civil comunal, lo que chocaría frontalmente con uno de los problemas de las sociedades árabes, la ausencia de una sociedad civil que controle al poder.
Así, su particular paisaje, unido a la lejanía geográfica, hizo que los árabes perdieran interés en asentarse en la región y, por lo tanto, que las costumbres locales permanezcan vivas hasta hoy.

La influencia del sufismo

El sufismo (tasawwuf) goza de gran devoción en Asia Central, aunque en el resto del mundo es una fuente de controversia por el halo de misterio que lo rodea. Ni tan siquiera está claro el verdadero origen de la palabra sufí. Algunos autores afirman que procede de la palabra griega sophia (sabiduría), otros sitúan su origen en los vocablos árabes safwi (elegido) y suffa (pureza). Sin embargo, la hipótesis más aceptada señala que el prefijo suf alude a los modestos harapos de lana que portaban los darviches, faquires o sufíes (pobres o mendigantes), como muestra de su compromiso con el mundo espiritual y su abandono de lo material.
Los sufíes tienen por objetivo alcanzar la espiritualidad abandonando todos los placeres terrenales. Los candidatos deben renunciar a todo lo que les rodea para poder despojarse de su ego y alcanzar el mundo divino. Su origen está en los musulmanes que cruzaban las tierras del islam en busca de respuestas espirituales. Éstos se reunían en los albergues para compartir experiencias y escapar de las persecuciones de los abasíes que los consideraban herejes. Los sufíes suelen referirse a esta persecución, que hoy continúa a manos de los wahabíes, como dikr, que procede de dikr Allah o recuerdo de Dios. Éste es el nombre con el que los sufíes suelen referirse al Profeta Mahoma y a un ejercicio espiritual por el cual entran en contacto con dios.

El recién elegido presidente de Turkmenistán, Gurbanguly Berdymukhamedov

El recién elegido presidente de Turkmenistán, Gurbanguly Berdymukhamedov (izq.) sostiene un ejemplar del Corán durante la ceremonia de toma de posesión del cargo. Ashgabat, Turkmenistán, 14 de febrero de 2007. / Mykola Lazarenko /EFE

Debido al culto a los santos, a su misticismo y, especialmente, a su connivencia con las costumbres locales, el sufismo es extremadamente popular en Asia Central. Es en esta región donde podemos encontrar las principales órdenes sufíes: la Kubrawiyya (siglo XII), la Yasaviyya (XII), la Qadiriyya (XII) o la más importante y conocida, la Naqshbandiyya (XIV). Esta última fue creada en Bujara por Bahoudin Naqshband Bukhari (1318-89) y sus descendientes dicen que sus raíces se remontan al primer califa Abu Bakr, a la familia de Mahoma o a santos locales. Su principal característica es la sobriedad, tanto en sus prácticas religiosas como en su quehacer diario. El dikr de la orden Naqshbandiyya consiste en un silencio sepulcral que es utilizado por sus fieles para repetir incesantemente el nombre de dios. En la orden de Naqshbandiyya rige un principio denominado “soledad en la multitud” (xilvat dar anjuman), que busca explicar el estado de misticismo sufí en el que el individuo está concentrado en su interior, al tiempo que en el exterior la sociedad continúa con su ritmo. El principio de xilvat dar anjuman permite la existencia de una sociedad secularizada sin perder su herencia religiosa ya que separan las esferas privadas y públicas.
La orden de Naqshbandiyya está muy ligada a la ciudad uzbeka de Bujara. Su fundador, Bahoudin Naqshband, es el patrón de la ciudad y a él se atribuyen los milagros (barakas) que tanta devoción generan en la región. En el lugar donde reposan sus restos, Qashri Orifon, se construyó un conjunto compuesto por una mezquita y una madrasa, en la que los fieles acuden y piden intercesión ante dios para conceder barakas. En la antigüedad, los gobernantes centroasiáticos acudían al santuario antes de emprender un viaje al extranjero o de tomar una decisión difícil.

No obstante, no todos los seguidores de la orden han optado por seguir el principio xilvat dar anjuman. Así, Sha Walli Allah buscó la creación de un orden político sufí que restaurara unos supuestos valores místicos islámicos que estaban destruidos. La popularidad de Walli Allah, sobre todo en el subcontinente indio, influyó en la creación de grupos radicales como Aligarth o el deobandismo, en el que se han inspirado los talibanes. Esta despolitización sufí es utilizada por los gobernantes de la zona para crear una identidad regional compatible con los regímenes políticos centroasiáticos, lo que suele ser interpretado por la población como inacción o legitimación de las tiranías. Desgraciadamente, a menudo la población busca las respuestas que los sufíes no dan en otras opciones más radicales como el salafismo del MIU o en Hizb-ut-Tahir.

La escuela hanafí

La escuela hanafí ha sido calificada como “la más elevada y sublime realización de que el islam ha sido capaz” y se caracteriza por dos rasgos diferenciadores: su adaptabilidad a las costumbres locales y su falta de interés por los asuntos políticos, aunque a diferencia del sufismo no se muestra indiferente frente a las injusticias provocadas por la autoridad terrenal.

El islam que se extendió por Ma Wara’ al-Nahr es sunní y el hanafismo es la escuela de jurisprudencia más popular. Originada en Kufa (Iraq), se trata de la escuela más liberal de las cuatro existentes (shafi’í, malikí y hanbalí). Su auge no se debe tanto a su fundador, Abu Hanafi, como a uno de sus discípulos –Abu Mansur al-Maturidi al-Samarqandi–, quien creó la primera escuela de teología maturidiyya en Asia Central. La gran virtud del hanafismo es el mantenimiento de las tradiciones preislámicas siempre que no contradigan la interpretación islámica del Corán (fiqh). Valgan dos ejemplos: el festival que da la bienvenida a la primavera o las peregrinaciones a las tumbas de los santos sufíes. Como ya hemos comentado, estas prácticas están muy perseguidas por los salafistas por considerarlas como violaciones del monoteísmo o actos de idolatría. En Asia Central son muy populares y quedaron inmortalizadas por Mohammed ibn al-Hasan al-Shaybani en seis libros que recogen el corpus teórico de la escuela hanafí.

Las condiciones que hicieron que los árabes no se asentaran en Asia Central garantizaron el éxito de la escuela hanafí. Las duras condiciones climáticas y el nomadismo de su población provocaron que en el proceso de islamización los nómadas tomaran elementos del Corán para completar sus creencias y los shaijs, ante la ausencia de fuentes, adoptaron elementos de la cultura local para completar las explicaciones sobre los preceptos islámicos.

Los hanafíes se consideran a sí mismos individuos virtuosos. Mahoma anunció que el mundo musulmán se dividiría en 73 sectas de las que sólo una quedaría como la elegida, privilegio que los hanafíes se otorgan para sí. Al igual que ocurre con los sufíes, la escuela hanafí no se interesa por los asuntos políticos, por lo que sus ulemas tenían prohibido participar en política, prohibición que fue levantada en el siglo IX por Al-Samarqandi. Se buscaba que los clérigos ejercieran de freno al poder político despótico y protegieran a la población de sus acciones.

Los 80 años de comunismo han supuesto que la religión ocupe un lugar menos importante en la mente de los habitantes de la región

Frente a esta concepción de la escuela hanafí, otras escuelas de jurisprudencia, como la hanbalí, postulan que el verdadero soberano sobre la tierra es dios y que la soberanía no pertenece al pueblo sino a dios. Este hecho impide que se pueda producir ningún tipo de resistencia a gobiernos tiránicos, algo que evita el hanafismo, ya que legitima la oposición cuando ésta se produce contra una autoridad que va contra la ley islámica. Durante el periodo soviético, algunos hanafíes participaron en lo que se ha venido a denominar islam oficial, mientras que otros ejercieron su “derecho de resistencia” al poder soviético y optaron por vías más radicales que se acercaban al salafismo. Este es el caso del ya citado Mohamed Hidustani, más conocido como Hojji Domla (1895-1986). Esta tradición de separación entre las dos esferas se ha mantenido en las constituciones de los Estados de Asia Central. Sin embargo, al igual que ocurría con los sufíes, la falta de democracia está haciendo emerger esa otra vertiente de los hanafíes, que es la que lucha contra los gobiernos despóticos y que, a veces, los acerca a postulados más radicales.

Movimientos reformistas en Asia Central: el yadidismo

La interpretación liberal del islam que impera en Asia Central permitió que emergieran movimientos reformistas como el yadidismo. Su nombre se debe a un novedoso método de enseñanza del alfabeto árabe (usul-i-yadid), creado por un tártaro, llamado Ismael Bey Gasprinskii, que fue difundido a través del periódico Terjüman. Los yadidistas asumieron que la civilización musulmana se había quedado muy atrás respecto a otras como la occidental, que tanto admiraban. Para los yadidistas, la corrupción de la fe llevó a sus sociedades a la ignorancia, a la debilidad política e incluso al desfase militar. La novedad introducida por éstos fue no culpar a Occidente, sino hacer un examen de conciencia propio. Para superar esta fase se debía volver al verdadero islam, es decir, al Corán y al hadiz. No se trata de acercarse al salafismo, sino más bien de volver a los textos fundamentales para que cualquier persona que tuviera una mínima educación pudiera acceder a las fuentes del islam.

Uno de los puntos fuertes del yadidismo era su profunda fe en la educación y la crítica a los métodos educativos llevados a cabo en las madrasas y que había traído consigo la debilidad que desembocó en la colonización rusa. Aunque las relaciones con la metrópoli no era malas –de hecho muchos de los yadidistas habían estudiado en escuelas eslavas–, los seguidores de Gasprinskii achacaban a los ulemas el desastre de haber sido colonizados.

En Asia Central, Tashkent, Bujara y Samarkanda fueron los principales centros de actividad yadidistas y su figura más destacada Mahmud Khoja ibn Beh­bud Khoja. Su fascinación por este movimiento, le llevó a cambiar su nombre por el de Behbudi, como si fuera tártaro. En general, defendían una reforma de las sociedades de Asia Central con medidas como la liberación de la mujer –a la que instaban a quitarse los atuendos tradicionales–, la utilización de alfabetos occidentales o la utilización del waqf para financiar la educación de los más desfavorecidos. Tal y como hemos señalado anteriormente, en algunos conceptos coincidían con los bolcheviques y al final acabaron cayendo bajo el terror estalinista.

El yadidismo supuso una revolución en Asia Central porque sentó las bases para la reforma de las sociedades musulmanas tradicionales y buena parte de sus postulados fueron posteriormente adoptados por los soviéticos una vez acabó la persecución religiosa.

Las costumbres de los musulmanes de Asia Central

Como venimos comentando a lo largo de este artículo, Asia Central es famosa por poseer dos particularidades en su interpretación del islam:

  •  La aceptación de costumbres locales, aunque a veces sean totalmente ajenas al islam y, en algunos casos, propias de otras religiones.
  • La relajación en la profesión de la fe islámica, que es mucho más laxa que en los países árabes.

Estos dos elementos hacen que los pueblos de Asia Central sean mucho más tolerantes y adaptables a fenómenos como la democracia. Aunque se trate de una zona mayoritariamente musulmana se mantienen, aun hoy, algunas tradiciones preislámicas que se han hecho muy populares después de la caída de la URSS. Como ejemplo podemos señalar ritos relacionados con dioses preislámicos como Tengri, Mayo, Erglig o el mantenimiento de costumbres zoroastristas como las chimeneas en los hogares para rendir culto al fuego. De hecho, Asia Central, por su condición de cruce de caminos, es un lugar de tolerancia que sirve de punto de encuentro de muchas religiones como el nestorismo, el cristianismo, el judaísmo o el budismo.

El segundo elemento tiene que ver con la práctica religiosa. Los 80 años de comunismo han supuesto que la religión ocupe un lugar menos importante en la mente de los habitantes de la región. Por ejemplo, en Uzbekistán el 72% de los que se consideran musulmanes (92% de la población) admite no rezar a diario, porcentaje que desciende en Tayikistán al 45%, aunque sigue siendo una cifra muy alta sobre todo teniendo en cuenta que es el único país centroasiático con un partido religioso (Partido del Renacimiento Islámico). En Tayikistán, país que ha sufrido una guerra civil, un 45% de la población está en contra de la legalización de los partidos islamistas. Incluso más sorprendete resulta que a un 60,1% de los uzbecos la palabra yihad no les resulte familiar, porcentaje que baja hasta el 37,8% en Tayikistán aunque, aun así, siga siendo muy alto.

En general, se considera que los musulmanes en Asia Central tienen una actitud más abierta ante prácticas supuestamente prohibidas por el islam, como el consumo de cerdo y alcohol o la obligación de rezar cinco veces diarias.

CONCLUSIONES

Debido a las condiciones especiales de Asia Central, la implantación y posterior evolución del islam tuvo unas características que lo hacen único en el mundo. El no asentamiento de los pueblos árabes en la zona, la implantación de las órdenes sufíes, la predominancia de la escuela hanafí y la fuerza que tuvieron movimientos reformistas como el yadidismo han creado un islam muy característico. Así, podemos hablar de un islam liberal, tolerante y heterodoxo que se aleja de interpretaciones integristas y radicales. Sin embargo, el resurgir religioso de los años 80, unido a la desmembración de la URSS, provocó que misioneros extranjeros, muchas veces radicales, camparan a sus anchas por las estepas buscando adeptos.

En la actualidad, Asia Central sigue siendo una de las zonas del mundo más tolerantes en términos religiosos aunque, cada vez más, se registran episodios de violencia integrista. Una mejora en la situación de los Derechos Humanos, así como una distribución de la riqueza más justa favorecería la pervivencia de esta tolerancia religiosa. De lo contrario, nos encontraremos con un escenario donde el radicalimo y la violencia serán la nota dominante. •

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