M. Syafi’i Anwar
International Centre for Islam and Pluralism, Yakarta, Indonesia. [+ DEL AUTOR]

El futuro del islam y de la democracia en Indonesia.

Desde su independencia en 1945 hasta ahora, Indonesia ha vivido en democracia, aunque durante algunos periodos de su sangrienta historia se ha visto sumida en el autoritarismo. La caída del “Nuevo Orden” en 1998, con su consiguiente eufórica introducción a la democracia, supuso un soplo de aire fresco en el debate de la compatibilidad del islam y la democracia. La gran proliferación de partidos nacionales y religiosos ha sorprendido de alguna manera a los observadores extranjeros, ya que parece que Indonesia, al menos a simple vista, ha sido capaz de ajustarse extraordinariamente a la dinámica de la democracia. Esta situación ha estado también marcada en gran medida por la vibrante libertad de prensa que ha presenciado cómo oficiales de alto rango se han tenido que adaptar penosamente al nuevo entorno, donde rendir cuentas se ha convertido en la nueva consigna.

Pero, lo más importante fueron las exitosas elecciones presidenciales de 2004 en las que se eligió por voto directo a Susilo Bambang Yudhoyono, y su reelección en 2009, consideradas como la culminación del experimento de democratización de Indonesia. Internacionalmente, ambas elecciones se consideraron un instructivo ejemplo que debería ser imitado por otros muchos países musulmanes, sobre todo los de Oriente Próximo, donde el autoritarismo religioso continúa profundamente arraigado. Gracias al éxito de estas elecciones generales, a Indonesia se la considera la tercera mayor democracia del mundo.
No obstante, la democracia indonesia también se enfrenta a ciertos retos y obstáculos que necesitan ser tomados en consideración. El aumento de grupos islámicos conservadores radicales (ICR), la influencia del Consejo Indonesio de Ulemas (MUI), la creciente persecución religiosa, la falta de orden público y la corrupción endémica suponen serios obstáculos para la incipiente democracia desde el colapso del Nuevo Orden de Suharto en 1998.

El presidente del Gobierno, Achmed Sukarno (d) y su esposa

El presidente del Gobierno, Achmed Sukarno (d) y su esposa, ambos con sombrilla, reciben al presidente de la República Popular China, Liu Shao Chi (c), con una guirnalda de flores, a su llegada a la capital. Yakarta, Indonesia, 12 de abril de 1963. /EFE

El presente artículo analizará el desarrollo de la democracia en Indonesia desde la caída del régimen de Suharto hasta ahora. Expondrá el progreso y los retos de Indonesia desde una perspectiva sociohistórica. Por último, abordará el futuro político del país bajo el gobierno del actual presidente, Susilo Bambang Yudhoyono.

EL DESARROLLO SOCIOHISTÓRICO DE LA DEMOCRACIA EN LA INDONESIA POST-SUHARTO

Desde el punto de vista sociológico, Indonesia es una sociedad plural que cuenta con más de 17.000 islas, con 400 grupos étnicos, así como diferentes costumbres, religiones y creencias. Hoy en día, la población de Indonesia es de 225 millones de personas aproximadamente. Los musulmanes representan la población mayoritaria, con un 87,5%, seguido de un 7% de protestantes, un 2,5% de católicos, un 1,5% de hindúes, un 0,5% de budistas y un 1% de otras creencias. A pesar de que la mayoría de su población es musulmana, Indonesia no es un Estado islámico. La ideología del Estado no es el islam, sino la Pancasila (los Cinco Principios). El primer principio de la Pancasila es Ketuhanan Yang Maha Esa (la creencia en un solo Dios supremo). En este sentido, sus padres fundadores están de acuerdo en que Indonesia no es ni un Estado secular ni un Estado teocrático. La constitución de Indonesia, Undang-Undang Dasar 1945 (la Constitución de 1945), no está basada en la sharía. La historia también ha puesto de manifiesto que, desde su independencia en 1945 hasta ahora, la estrategia de imponer la sharía en la constitución del Estado ha fracasado.

A pesar de que la mayoría de su población es musulmana, Indonesia no es un Estado islámico. La ideología del Estado no es el islam, sino la Pancasila

Igual que los musulmanes de Oriente Próximo y de otras comunidades, los musulmanes de Indonesia son en su mayoría sunníes y están relacionados con la escuela de pensamiento (madzab) shafi’í. Se dice que el islam llegó a Indonesia en el siglo XIII y que fueron los comerciantes y religiosos los que diseminaron las enseñanzas islámicas por el archipiélago. Sin embargo, la clave del éxito de la propagación del islam por el archipiélago indonesio no fue la conquista, sino más bien la capacidad de los predicadores musulmanes de adoptar un enfoque cultural de las tradiciones, creencias y sabiduría popular locales dominadas por el hinduismo y por el budismo anteriores a la llegada del islam. En lugar de imponer la sharía a la comunidad, los predicadores del islam o wali (santos) desarrollaron, sobre todo en Java, un enfoque cultural islámico adaptando determinados aspectos de dichas tradiciones, creencias y sabiduría locales. Como consecuencia, se dio un proceso de indigenización del islam. Así, el islam tuvo que respetar las creencias que ya existían en Indonesia antes de su llegada. A lo largo del proceso histórico y de desarrollo, los musulmanes fueron capaces de desarrollar el respeto mutuo, el entendimiento y la tolerancia hacia los demás. En ese sentido, el desarrollo del islam en Indonesia difiere de su desarrollo en Oriente Próximo.

Al abordar el desarrollo sociohistórico del islam y de la democracia en Indonesia, se debe también tratar brevemente la política de implementación de la Demokrasi Terpimpin (Democracia Guiada) de Sukarno a finales de los años 50. Según esta idea, este padre fundador y primer presidente de la República de Indonesia cambió notablemente su orientación política, pasando de una visión nacionalista y democrática a una actitud autoritaria y dictatorial. Sukarno al final se acercó al PKI (Partido Comunista de Indonesia), dificultando la expresión de las aspiraciones de los musulmanes indonesios de un islam político. De hecho, bajo la Democracia Guiada de Sukarno, Indonesia cayó en una cuasi dictadura, con el apoyo y el control del Partido Comunista. La era del despotismo ideológico acabó por fin cuando el PKI fue eliminado tras el derramamiento de sangre y la tragedia del 30 de septiembre de 1965. La era de la Democracia Guiada acabó drásticamente cuando Sukarno dejó de contar con el apoyo del ejército y de los musulmanes. El general Suharto le sucedió en el cargo y manifestó que desde aquel momento el Nuevo Orden gobernaría el país.

Desde mediados de los años 60 hasta principios de los 70, el presidente Suharto fue muy conocido por su enfoque represivo del islam político. Aunque él mismo era musulmán, nacido en la isla de Java, Suharto consideraba que el islam político representaba una seria amenaza que ponía en peligro su poder, tanto ideológica como políticamente. Por este motivo, consideraba al islam como el “enemigo político número dos” (después del comunismo) y a menudo lo agrupó dentro de la “ekstrim kanan” (la extrema derecha). Esta era una táctica para comparar al islam con el comunismo, que se definía como “ekstrim kiri” (la extrema izquierda). Esta situación derivó en una desconfianza y hostilidad mutuas entre los grupos islámicos y el régimen del Nuevo Orden. A pesar de que los grupos islámicos habían contribuido a la lucha contra el comunismo y al establecimiento del Nuevo Orden, se les marginó en la arena política. Citando a M. Natsir, ex primer ministro y ex presidente del partido musulmán progresista, Masyumi, el régimen del Nuevo Orden “nos trató como a un gato con tiña”.

No cabe duda que el enfoque de Suharto hacia el islam en los primeros años de su Gobierno era demasiado coactivo. Sin embargo, a pesar de este enfoque, Suharto secundó algunas pretensiones religioso-culturales de los musulmanes a finales de los años 70. Este cambio parece que formaba parte de un “acto para crear un contrapeso político” destinado a mejorar su imagen política y a conseguir el apoyo de los musulmanes. Esto condujo a más cambios a finales de los años 80, cuando Suharto comenzó a desarrollar plenamente las políticas de acomodación y a apoyar al islam político. Después de haber comenzado cautelosamente la acomodación del islam cultural, el Nuevo Orden de Suharto acabó institucionalizando oficialmente al islam político. Una de las formas de institucionalizarlo fue la creación de la ICMI (Ikatan Cendekiawan Muslim Indonesia, Asociación de Intelectuales Musulmanes de Indonesia), que jugó un papel importante en el discurso sobre el islam político en el último periodo del régimen del Nuevo Orden. Al conseguir incorporar al islam político en la política estatal, Suharto pasó a implementar las políticas de cooptación a mediados de los 90. Estas políticas condujeron a la conversión de un islam político apoyado por el Estado en los últimos años de su régimen. Como consecuencia, el Estado no favoreció el espíritu del modelo legal-exclusivo del islam político ni del modelo substantivo-inclusivo. Más bien, acomodó al islam político basándose en los intereses de poder y en la hegemonía estatal de Suharto.

Sukarno, padre fundador y primer presidente de la República de Indonesia, cambió su orientación política, pasando de una visión nacionalista y democrática a una actitud autoritaria y dictatorial

Sin embargo, la conversión de un islam político apoyado por el Estado fue posible debido al apoyo y a la alianza pragmática entre el Estado y los líderes musulmanes “regimenistas”, sobre todo los “militantes escrituralistas” asociados al KISDI (Komite Indonesia untuk Solidaritas Dunia Islam, Comité Indonesio de Solidaridad con el Mundo Islámico); al DDII (Dewan Dakwah Islamiyah Indonesia, Consejo Indonesio para la Propagación Islámica); la organización Muhammadiyah; la ICMI y a otras organizaciones. Esto, junto con el empeoramiento de la crisis económica, de la corrupción de la burocracia, la violencia gubernamental y la retirada del importante apoyo de los musulmanes al Nuevo Orden, provocó la caída del régimen de Suharto el 21 de mayo de 1998.

Tras la caída de Suharto, Indonesia se caracterizó pronto por la denominada euphoria reformasi (euforia reformista). A Suharto le sucedió Habibie, que previamente había ocupado el cargo de presidente de la ICMI y después pasó a ser vicepresidente del Gobierno de Suharto. Bajo la era reformista, la gente estaba entusiasmada celebrando la nueva libertad después de haberse visto sometida al régimen autoritario de Suharto durante más de 30 años. De hecho, la euforia reformista dio a la gente la oportunidad de expresar libremente sus exigencias políticas y de protestar contra las políticas gubernamentales. En otras palabras, la población pudo expresarse libremente sin sentir miedo. Bajo el régimen autoritario de Suharto, nunca se toleró la libertad de expresión porque el Estado solía ejercer medidas represivas para acallar las protestas contra sus políticas. A diferencia de lo que sucedía durante el régimen de Suharto, bajo el gobierno de Habibie la libertad de prensa y los derechos civiles comenzaron a desarrollarse y los movimientos de la sociedad civil a ganar fuerza. Desgraciadamente, Habibie fue incapaz de establecer un buen gobierno y controlar la burocracia corrupta heredada del Nuevo Orden. Aún peor, su gobierno incluso se vio envuelto en un escándalo de corrupción bancaria. Como consecuencia de esto, Habibie no consiguió ganarse una mayor legitimidad política del pueblo y ello condujo a un estado de incertidumbre que generó inestabilidad social y política.

Esta situación cambió un poco cuando Abdurrahman Wahid, un destacado clérigo y ex presidente de la principal organización islámica, Nahdlatul Ulama (NU), sustituyó a Habibie como presidente a finales de 1999. Al principio de su mandato, se pusieron muchas esperanzas en el gobierno de Wahid debido al hecho de que fue el primer presidente elegido democráticamente. Los musulmanes indonesios esperaban que Wahid desarrollase una nueva apertura política para el país. De hecho, a Wahid se le conocía por ser un renombrado intelectual musulmán, un líder carismático, e incluso se le había llegado a denominar “el guardián de la sociedad civil indonesia”. Pero sobre todo, muchos intelectuales consideraban a Wahid como uno de los intelectuales que mejor representaba el “pensamiento liberal islámico”, aunque su base social fuese tradicionalista NU.

Wahid también fue incapaz de controlar la inestabilidad política. Su falta de experiencia en burocracia estatal y las quejas sobre su comportamiento errático al gobernar el país debilitaron su gobierno. A pesar de su preocupación por la apertura política, las controvertidas afirmaciones de Wahid referidas a asuntos delicados a menudo provocaron problemas y malentendidos entre la población. Una vez más, esta situación incrementó la desconfianza de la gente hacia su capacidad para dirigir el país. Esta situación empeoró a causa de los sangrientos conflictos internos y religiosos en varias provincias indonesias, especialmente entre musulmanes y cristianos, en las regiones orientales como Ambon, Palu, Poso, Ternate y otras. Irónicamente, Wahid fue obligado a dimitir a través de un proceso parlamentario de destitución. Megawati Sukarnoputri sustituyó a Wahid en la presidencia del país, convirtiéndose en la primera mujer presidente de Indonesia.

Mujeres soldado marchan

Mujeres soldado marchan durante la ceremonia de conmemoración del 59 aniversario de las fuerzas armadas del país. Yakarta, Indonesia, 5 de octubre de 2004. /EFE

Al principio de su mandato, Megawati fue capaz de gobernar el país con paso seguro. Esto se debió no sólo a que se mantuvo en silencio y no levantó polémicas, sino también a que consiguió formar un gabinete mejor y más sólido, en el que incluyó ministros de economía profesionales. A pesar de esto, tampoco pudo mantener el orden público ni luchar contra la corrupción, la connivencia y el nepotismo. Bajo la presidencia de Megawati, la corrupción continuaba extendida por todas partes y en lugar de perseguir a los grandes corruptos, Megawati les perdonó con un tratamiento especial. Evidentemente, aunque bajo su presidencia el orden público estaba demasiado debilitado se crearon políticas injustas. Respecto a la política exterior, sus oponentes la criticaron a menudo por ser demasiado blanda con los países occidentales, sobre todo con Estados Unidos y su política de “guerra contra el terror” de gran alcance. Como consecuencia, todos estos problemas acabaron por empeorar la labor de Megawati a pesar de su sólido equipo.

Sorprendentemente, antes de las elecciones generales de 2004, el ministro de Defensa y Seguridad del Gobierno de Megawati, el general retirado Susilo Bambang Yudhoyono (o SBY, como se le conoce en Indonesia), dimitió del gabinete por el conflicto interno que existía entre los dos líderes. SBY entonces decidió presentarse a las elecciones presidenciales y venció a Megawati, consiguiendo un considerable número de votos. Cuando SBY se convirtió en presidente y comenzó a gobernar el país (desde septiembre de 2004), Megawati y su partido, el PDI (Partido Democrático Indonesio para la Lucha) se convirtió en el partido en la oposición.

RETOS PARA LA DEMOCRACIA

Es fundamental señalar aquí que la democracia de la era post Nuevo Orden se enfrenta a retos importante debido al aumento y a la diseminación de grupos islámicos conservadores radicales (ICR). A diferencia de las organizaciones islámicas moderadas como la NU y Muhammadiyah, los grupos ICR plantean que el Gobierno y las comunidades musulmanas necesitan imponer la sharía en la constitución, el derecho y las normas del Estado. Esta agenda es controvertida no sólo en lo que se refiere a las consecuencias a nivel local, sino también porque supone una amenaza para el futuro de Indonesia como Estado-nación y como sociedad plural, compuesta por diferentes etnias, costumbres, religiones y otro tipo de diversidades. De hecho, los grupos ICR definen la sharía basada en interpretaciones literales, estrictas y exclusivas. Además, estos grupos también transforman las ideas político-religiosas de Oriente Próximo, especialmente la ideología del salafismo conservador y radical. Este hecho se puede observar en la ideología de determinados grupos ICR como Majelis Mujahiddin Indonesia, Hizbut Tahrir, Lasykar Hizbullah, Lasykar Jundullah, Darul Islam, Ikhwanul Muslimin Hammas y similares.

En general, los grupos ICR indonesios poseen dos características principales. La primera está relacionada con su mentalidad estricta, legal y exclusivamente orientada a la sharía. En este sentido, la mayoría de los grupos ICR reivindican que ésta es la única solución para resolver la crisis multidimensional de Indonesia. En efecto, perciben la sharía como la panacea capaz de crear un país mejor en el futuro. Los problemas aparecen cuando ciertos grupos ICR justifican el uso de la violencia para exigir la implementación de la misma, convirtiendo a veces en víctimas a los no musulmanes e incluso a los propios musulmanes. Por ende, este tipo de estrategia no sólo es negativa para las comunidades no musulmanas, sino que también preocupa a la mayoría de los musulmanes moderados de Indonesia. Estos grupos tienden a sacar provecho de determinados asuntos político-religiosos en su propio interés, incluyendo minar los derechos de los no musulmanes y de los grupos minoritarios. De hecho, para los grupos ICR la sharía representa la interpretación del fiqh (jurisprudencia islámica) basada en un enfoque estricto, literal y exclusivo. El problema surge porque dicho enfoque tiende a desatender la naturaleza y la flexibilidad del propio fiqh. Pero lo más importante es que este enfoque promueve la noción de que el fiqh es la ley del Estado. Como consecuencia, a menudo buscan manipular en su interés político la hegemonía de su significado y el monopolio de la verdad religiosa.

El problema yace en la táctica de imponer la sharía, que a menudo manipula el sentimiento religioso o politiza determinados asuntos para atraer a los musulmanes corrientes y conseguir su apoyo. Y lo que es más importante, esta tendencia ignora el hecho de que Indonesia es una sociedad pluralista. Aunque los musulmanes representan la mayoría de la población, Indonesia es de facto una sociedad pluralista compuesta por diferentes religiones, etnias, costumbres y culturas. Por lo tanto, cualquier ley o norma debería estar basada en el reconocimiento de este pluralismo, de los Derechos Humanos, de la democracia y el respeto por “los otros” (en este caso, los grupos no musulmanes).

Junto al aumento y a la difusión de los grupos ICR, la democracia en Indonesia también se enfrenta a la creciente influencia del Consejo Musulmán Indonesio (MUI). Establecido en 1975 por Suharto, el MUI pretendía servir de puente entre la política del gobierno y las aspiraciones político-religiosas de los musulmanes. Durante más de tres décadas, el MUI no tuvo poder político. Sin embargo, desde su congreso de 2005, se ha vuelto más poderoso a la hora de influir en las políticas del gobierno relacionadas con asuntos político-religiosos. El problema es que el MUI a menudo emite fetuas o edictos que entran en conflicto con el espíritu de la democracia y con los Derechos Humanos, como sucedió, por ejemplo, con la prohibición Ahmadiyah, una secta apartada de las comunidades musulmanas. Otra de las controvertidas fetuas del MUI es su condena del liberalismo, el secularismo y el pluralismo, declarando a estas ideologías como contrarias al islam y por lo tanto haram (prohibidas).

En relación con la formalización estricta, legal y exclusiva de la sharía que plantean los grupos ICR, cabe destacar que en determinadas provincias indonesias sus gobernantes han estado implementando los denominados estatutos basados en el sharía, o Perda Syariah, en la legislación local. En la actualidad, varias regiones y ciudades han implementado determinados aspectos de la sharía: Pamekasan, Madura (Java Oriental), Maros, Sinjai, Bulukumba, Gowa (Célebes Meridionales), Cianjur, Garut, Tasikmalaya, Indramayu (Java Occidental), Banjarmasin (Kalimantan), Padang (Sumatra Occidental), entre otros. Parece que esas administraciones locales aprovecharon la resolución del gobierno central de Yakarta de concederles mayor autonomía regional (Otonomi Daerah) y que ciertos gobiernos locales consideraron que dicha autonomía representaba una oportunidad para implementar determinados aspectos de la ley islámica, aunque el grado de conservadurismo difería de unos distritos a otros.
De hecho, la inclusión de estatutos basados en la sharía en determinados distritos se refiere principalmente a las normas que los musulmanes deben seguir en su vida diaria, como vestir con el atuendo islámico, regulan también la recaudación y distribución del azaque o zakat (una especie de diezmo), la práctica de las oraciones, recitar el Corán y destinar más tiempo a la educación religiosa en las escuelas. Pero existen asimismo ciertas normas que restringen las actividades de las mujeres musulmanas, como la obligación de llevar velo y la prohibición de salir a la calle a partir de las nueve de la noche si no van acompañadas por su muhrim (familia/parientes). De hecho, dichas normas provocaron varias víctimas en Aceh, Padang y Tangerang, después de que grupos ICR locales hicieran una redada y varias mujeres infringieran dichas normas. Según datos hechos públicos por organismos no gubernamentales, en 2007 hubo aproximadamente 78 Perda Syariah (ordenanzas deribadas de la sharía) en 52 distritos y municipios indonesios.

LAS PERSPECTIVAS DE LA DEMOCRACIA EN INDONESIA

A pesar de la estrategia ofensiva de los grupos ICR de exigir que se implemente la sharía, está claro que dicha agenda tiene pocas perspectivas de futuro. Esto es así porque los musulmanes indonesios son realistas a la hora de resolver sus problemas y la mayor parte hace caso omiso de la sharía que imponen los grupos ICR. A diferencia del sueño de estos grupos para los que ésta representa la panacea, la mayoría de los musulmanes en Indonesia consideran que la sharía no podría superar la crisis multidimensional que afecta al país. Aún más importante, los musulmanes reconocen que los puntos de vista extremistas de los grupos ICR han justificado un uso de la violencia que no es propio de las tradiciones y condiciones existentes en Indonesia. Como consecuencia, exigir la implementación de la sharía y que se justifique el uso de la violencia son contraproducentes para el futuro del país como sociedad plural. En este sentido, el reconocido historiador M.C. Ricklefs afirma acertadamente que los movimientos radicales islámicos no tienen posibilidades de conseguir poder político en Indonesia. Por otro lado, el espíritu de un islam moderado, tolerante, liberal y pluralista se encuentra fuertemente institucionalizado en el país.

En relación con el debate anterior, cabe destacar que desde 2002 existen ciertas élites, grupos conservadores y políticos oportunistas que han impuesto la implementación de los Perda Syariah en ciertas provincias, ciudades y municipios indonesios, debido a determinados intereses políticos y lucha de poderes dentro de las administraciones locales. Es interesante señalar que algunos distritos afirman que la delincuencia se ha reducido considerablemente y que los ingresos de la región se han incrementado de modo significativo desde que se aplicaron dichas leyes. Afortunadamente, los líderes musulmanes moderados de Muhammadiyah y de la NU han advertido a la gente de las implicaciones que conllevan los Perda Syariah para la democratización. Por ejemplo, el destacado intelectual musulmán y ex presidente de Muhammadiyah, Syafi’i Maarif, recordó a los indonesios que esos estatutos basados en la sharía debilitarían la democracia y provocarían la desintegración nacional.
Entretanto, la NU ha afirmado su oposición formal a los Perda Syariah. En la conferencia de Ulemas de la NU en Surabaya el pasado julio, Sahal Mahfudz, presidente del organismo legislador del partido Syuriah, dijo que la NU necesita reafirmar su compromiso con las tradiciones seculares de Indonesia para reprimir a los movimientos que usarían los Perda Syariah como base para redactar la legislación. Mahfudz señaló que la NU mantiene el pluralismo conforme a la Pancasila como ideología del Estado: “Nosotros estamos en contra de la implementación de ordenamientos basados en la sharía porque esto provocaría únicamente la desintegración. La sharía se puede aplicar sin ser formalizada… la NU debería continuar al frente de la campaña para preservar los valores locales”. El presidente de la NU, Hasyim Muzadi, señaló que “las regiones pueden elaborar sus propias leyes, pero los ordenamientos basados en la sharía no deben permitirse… En estos momentos lo más importante es no aplicar las leyes islámicas textualmente, sino más bien tomar su esencia y usarlas para el bien común”.

Otra tendencia positiva que es fundamental mencionar es que desde 2006 ha habido una importante disminución de estos estatutos basados en la sharía en los diferentes distritos. Los datos revelan que en 2003, hubo 23 normativas regionales basadas en la ley islámica emitidas por los gobiernos locales. En 2004, el número bajó a 15; en 2006 únicamente 5, y ninguna en 2007. Teniendo en cuenta este hecho, Robin Bush, analista política y directora de la Fundación para Asia de Indonesia, afirmó que la estrategia de los grupos ICR que buscan oficializar la sharía dentro del ordenamiento jurídico, incluyendo hacerlo a través de los Perda Syariah, está disminuyendo.

Al mismo tiempo, el resultado de las elecciones generales legislativas de 2009 también ha puesto de manifiesto un fenómeno político interesante: la mayoría de los partidos islámicos no consiguieron un apoyo importante por parte de la población. Es evidente que los ciudadanos prefieren apoyar a los partidos seculares-nacionalistas (Partido Democrático, Golkar, Partido Democrático Indonesio para la Lucha, Partido del Mandato Nacional, Gerindra, Hanura y otros) en lugar de a los partidos islámicos (Partido para la Justicia y Prosperidad –PKS–, Partido para el Desarrollo Unido –PPP–, Partido del Despertar Nacional –PKB–, Partido de la Media Luna y la Estrella –PBB–, entre otros). El único partido islámico que registró un aumento de votos fue el PKS, que pasó de un 7,2% en las elecciones de 2004 a un 9% aproximadamente en 2009. Sin embargo, este pequeño aumento es insignificante comparado con su ambicioso objetivo de alcanzar un 20% en las elecciones de 2009.

EL DESARROLLO DE LA POLÍTICA EN INDONESIA

Como hemos visto hasta ahora, parece que el futuro del islam y de la democracia en la Indonesia post-Suharto sigue siendo un asunto muy complejo y delicado. No está sólo relacionado con el islam y con la democracia per se, sino también con los dirigentes y con los problemas económicos. En este sentido, se puede afirmar que ambos –dirigentes y problemas económicos– jugarán un papel fundamental en el futuro del islam y de la democracia en Indonesia.

A diferencia de lo que sucedía durante el régimen de Suharto, bajo el gobierno de Habibie la libertad de prensa y los derechos civiles comenzaron a desarrollarse y los movimientos de la sociedad civil a ganar fuerza

Se espera que la victoria de Susilo Bambang Yudhoyono (SBY) en las elecciones generales de 2009 sea capaz de consolidar la democracia, sobre todo debido al hecho de que SBY obtuvo el 65% de los votos. Además, SBY ha conseguido un apoyo firme y una coalición sólida con varios de los partidos políticos más importantes, incluyendo algunos partidos islámicos. También ha reclutado a varias figuras destacadas y de la élite de los partidos de coalición para que formen parte de su gobierno. Mientras tanto, el Partido Democrático de SBY tiene una mayoría de escaños en el Parlamento. SBY también está comprometido con el éxito de su gobierno y ha lanzado lo que se conoce popularmente como el “Programa de 100 Días de Trabajo”. Parece que a SBY le gustaría demostrar al pueblo indonesio que su segundo periodo de gobierno es digno de confianza y capaz de crear una historia de éxito para Indonesia y un legado histórico que sea recordado por las generaciones futuras.

El presidente indonesio y líder del Partido Demócrata

El presidente indonesio y líder del Partido Demócrata, Susilo Bambang Yudhoyono (2d), y el Gobernador del Banco de Indonesia, Boediono (d), junto a sus esposas, Kristiani Yudhoyono (i), y Herawati, después de su nominación como candidatos a la presidencia y vicepresidencia del país respectivamente. Bandung, Indonesia, 15 de mayo de 2009. / Mast Irham /EFE

A pesar de estos logros, recientes acontecimientos de la vida política del país ponen de manifiesto otra tendencia: el descenso del apoyo al gobierno de SBY. El presidente SBY ahora se enfrenta a serias dificultades relativas a la mafia en las instituciones públicas y a la corrupción incontrolada. Estos asuntos amenazan con destruir su imagen de presidente comprometido en erradicar la corrupción, ejercer un buen gobierno e implantar el orden público. En lo que se refiere a la mafia, SBY es incapaz de controlar a la policía y a los fiscales públicos de los que muchos sospechan que están implicados en escándalos de corrupción y de soborno. Además, también existe descontento entre la población debido a la postura indecisa de SBY en el actual conflicto entre la KPK (Comisión para Erradicar la Corrupción), la policía y la oficina del fiscal general del Estado. Ante estos hechos, los movimientos de la sociedad civil se han unido a los medios de comunicación para apoyar a la KPK y critican enérgicamente la postura nada clara de SBY y su política de indecisión. Y aunque SBY se haya decidido por fin a actuar, también se enfrenta a desafíos importantes por culpa del “Escándalo del Century Bank”, que pueden debilitar su gobierno y su credibilidad ante su declarado compromiso para erradicar la corrupción.

Se han extendido rumores de que el Partido Democrático de SBY ha recibido financiación de la política gubernamental para “asegurar” al hundido Century Bank mediante una política de rescate. Curiosamente, la política de rescate económico la decidieron el ex gobernador del Banco Central de Indonesia, Boediono (que es en la actualidad el vicepresidente del país) y Sri Mulyani Indrawati (ministro de Economía). Estas dos destacadas figuras son los dos expertos en economía del gabinete de SBY y se espera que sean capaces de impulsar la economía del país en los próximos años. Ahora se está especulando que el Partido Democrático usó financiación para las elecciones presidenciales de julio de 2009, que ganaron SBY y Boediono. La presión política se está intensificando a causa de un documento hecho público por una ONG llamada Bendera (Defensa para la Democracia del Pueblo), que afirma que el gabinete de SBY y su hijo recibieron una importante financiación del Century Bank durante las elecciones de 2009. El presidente SBY ha rebatido dichos rumores y afirma que son infundados y forman parte de una conspiración política contra él. Ante estos hechos, SBY permitió que las autoridades y el Parlamento investigaran abiertamente el escándalo del Century Bank. El Parlamento acaba de crear un equipo especial para que investigue el caso, aunque muchos son escépticos ya que el Parlamento está dominado por miembros del Partido Democrático y sus aliados políticos.

La democracia de la era post Nuevo Orden se enfrenta a retos importantes debido al aumento y a la diseminación de grupos islámicos conservadores radicales

Entretanto, SBY se está enfrentando a una creciente oposición por parte de los movimientos de la sociedad civil que exigen que se divulgue públicamente la información sobre Century Bank. Determinados movimientos de la sociedad civil, en su mayor parte Organizaciones No Gubernamentales, están pidiendo que SBY dimita. Otros rumores también especulan que el escándalo del Century Bank está dirigido a someter a SBY a un proceso parlamentario de destitución, aunque muchos observadores políticos consideran que dichos rumores son dudosos e incluso absurdos. En cualquier caso, está claro que SBY se encuentra sometido a una presión y a un escrutinio políticos a causa de este escándalo.

En lo que se refiere al acontecimiento político mencionado más arriba, cabe preguntarse sobre el futuro del gobierno de SBY y sobre su relación con el progreso de la democracia en Indonesia en los próximos años. Es aún demasiado pronto para predecir si SBY dimitirá por culpa del escándalo del Century Bank, pero, en mi opinión, parece que no existen indicios de que el Parlamento vaya a llevar a cabo el proceso para su destitución basándose en dicho escándalo. Además, el Parlamento no sólo se encuentra fuertemente dominado por los seguidores de SBY, sino que hasta la fecha no ha abierto ninguna investigación que ponga en entredicho al gobierno. La evidencia muestra que durante el periodo 2004-09 (el primer periodo del gobierno de SBY), los miembros del Parlamento fueron pragmáticos y se implicaron en intereses personales y asuntos políticos con el partido dirigente.
Entretanto, se especula también que el escándalo del Century Bank podría conducir al descontento socioeconómico y a la agitación política que derivarían en el surgimiento de un movimiento de poder popular. Esta clase de especulación también es dudosa, teniendo en cuenta que hasta ahora no existen indicios de que se estén uniendo movimientos de población civil y que éstos sean capaces de movilizar el apoyo de las masas. Por su parte, los medios de comunicación están apoyando enérgicamente las críticas de los movimientos civiles hacia el gobierno de SBY. Sin embargo, es fundamental señalar que el ejército indonesio sigue teniendo mucho peso y apoya a SBY, que antes había pertenecido al ejército.

COMENTARIOS FINALES

La cuestión fundamental es: ¿cuál será el futuro de la democracia indonesia, dados los últimos acontecimientos políticos? Para responder a esta pregunta, uno debe darse cuenta de que, aunque SBY ha sido capaz de mantener su gobierno y de estabilizar su poder, ahora, en los primeros meses tras su reelección, se enfrenta a importantes retos y obstáculos. Irónicamente, SBY consiguió una mayoría abrumadora en las elecciones democráticas, justas y transparentes de 2009 y su victoria se ha convertido en punto de referencia de la democratización en la Indonesia post-Suharto. Desgraciadamente, debido al escándalo del Century Bank y a la indecisión del presidente, la democracia y la confianza política podrían recibir un serio revés. Pero lo que es aún más serio es que algunos medios de comunicación internacionales, como The Economist, The New York Times, The Asian Wall Street Journal y Asia Times, han dado mucha cobertura a lo que han denominado como “escándalo político”, amenazando seriamente la agenda de reforma económica de SBY. En este momento, asuntos como la corrupción y los escándalos políticos están estableciendo un proceso de lo que Azyumardi Azra, un destacado intelectual musulmán, ha pronosticado como “deslegitimación de la democracia en Indonesia”.

Una de las controvertidas fetuas del Consejo Musulmán Indonesio es su condena del liberalismo, el secularismo y el pluralismo

Por último, podemos afirmar que la política indonesia plantea una tendencia paradójica. Por una parte, existen determinadas tendencias políticas que mejoran la calidad de la democracia; pero por otra, es evidente que la democracia se enfrenta a desafíos importantes que se deben tener en cuenta. Entretanto, a pesar de que los movimientos de población civil están presionando al presidente SBY debido al escándalo del Century Bank, no es probable que el poder popular ponga en peligro el futuro de su gobierno. Sin embargo, es necesario que el presidente solucione el escándalo del Century Bank y otros problemas nacionales. Sólo entonces podremos ver el futuro de Indonesia desde una perspectiva optimista. •

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