Hassan Abbas
Research Fellow, Belfer Center for Science and International Affairs, John F. Kennedy School of Government, Harvard University. [+ DEL AUTOR]

El chiismo en el sur de Asia y el sectarismo en Pakistán

Pakistán cuenta con la segunda población chií más numerosa del mundo después de Irán. Formada aproximadamente por 34 millones de personas, que representan el 20% de una población total de 170 millones, la comunidad chií ha influido en la historia y la política musulmanas del sur de Asia y, desde 1947, especialmente, en la historia y política de Pakistán. Históricamente, los chiíes del sur de Asia lucharon con fuerza por mantener su marcada identidad en forma de rituales característicos y sus tradiciones religiosas. Sin embargo, en la arena política intentaron seguir las corrientes dominantes evitando enfrentamientos directos con otras sectas islámicas y, como consecuencia, a menudo se alinearon con partidos liberales y democráticos. Al ser una minoría, este enfoque evidentemente les convenía. Antes de la entrada en la escena política paquistaní de un general conservador religioso en 1977, las relaciones entre chiíes y sunníes eran, en general, cordiales y pacíficas. Por ejemplo, los matrimonios mixtos (entre ambas sectas) se aceptaban abiertamente y la participación de los sunníes en las procesiones chiíes del mes de Muharram y en Majalis-e-Hussain (que conmemora la trágica muerte del nieto del profeta Mahoma y de sus 72 compañeros en Karbala) se consideraba una práctica normal. Sin embargo, la fatídica participación de Pakistán en la guerra afgano-soviética de los años 80, las controvertidas políticas de “islamización” del general Zia-ul-Haq y el sentimiento de que los chiíes habían incrementado su poder tras la Revolución Islámica de Irán en 1979 hicieron que ese estatus cambiara considerablemente. Los chiíes entonces se vieron enfrentados a un desastre en ciernes en lo que se refiere a la libertad para practicar su religión, a los desafíos por su lealtad a Pakistán y a la persecución a manos de grupos militantes anti-chiíes. Como resultado, el chiismo en Pakistán se hizo más centralizado y en algunos aspectos se iranizó, mientras que, en ese mismo periodo, los sunníes se arabizaron como consecuencia de la migración masiva de mano de obra paquistaní a los Estados del Golfo y a la generosa financiación que proporcionó Arabia Saudí a las madrasas sunníes paquistaníes.

procesión de fieles chiíes

procesión de fieles chiíes en la que los caballos adornados recuerdan la montura del imán Husein, nieto del profeta Mahoma y figura destacable del chiismo. Hyderabad, Pakistán, 6 de enero de 2009. / Nadeem Khawer /EFE

Ante estas dificultades y adversidades, los diferentes grupos chiíes reaccionaron de modo divergente según su estatus social y político. Muchos chiíes elitistas y bien posicionados políticamente guardaron silencio y continuaron ligados a las altas esferas, mientras que las instituciones religiosas chiíes comenzaron relaciones económicamente beneficiosas con Irán. Una minoría de grupos chiíes tomó las armas para defender a su comunidad y optó por llevar a cabo atentados terroristas en represalia contra los grupos sunníes implicados en el conflicto sectario que se iba consolidando. Durante el proceso, Pakistán se convirtió en un campo de batalla subsidiario de la guerra entre Arabia Saudí e Irán a finales de los años 80 y durante la década de los 90. El auge de los talibanes en Afganistán desde 1994 proporcionó un refugio seguro para los militantes anti-chiíes, al tiempo que Islamabad veía cómo el país iba enardeciendo vergonzosamente el sectarismo. La parálisis política marcó la década de los 90 en Pakistán. Más tarde, tras la tragedia del 11 de septiembre, el general Pervez Musharraf comenzó sus actividades antiterroristas, prohibiendo en primer lugar los grupos militantes sectarios tanto de orientación chií como sunní. Aunque los resultados fueron dispares, Musharraf gozó de popularidad entre los chiíes a causa de su política antiterrorista, que se dirigía por primera vez a grupos locales anti-chiíes. Desde la salida de Musharraf de la escena política del país, muchos religiosos y líderes de las comunidades chiíes temen un resurgimiento de estos grupos. Las tribus chiíes de las Áreas Tribales Federalmente Administradas (FATA, por sus siglas en inglés) en Pakistán, donde los talibanes y al-Qaida han ido ganando terreno en los últimos años, se encuentran especialmente en el ojo del huracán. Estas tribus están rodeadas por todas partes por militantes talibanes, en una especie de situación de asedio que ha provocado muchos muertos entre la población chií sobre todo en el área de Parachinar, en la demarcación tribal de Kurram.

Para llegar a comprender estas dinámicas e intentar analizar el fututo del activismo chií y su potencial radicalización en Pakistán, es fundamental llevar a cabo un análisis desde el punto de vista histórico.

EL CHIISMO EN EL SUR DE ASIA: SUS RAÍCES HISTÓRICAS Y SU PAPEL EN LA CREACIÓN DE PAKISTÁN

El islam llegó al sur de Asia en numerosas oleadas que comenzaron a finales del siglo VII. Fueron los comerciantes musulmanes y los santos sufíes los que lo introdujeron en la región mucho antes de que los conquistadores musulmanes procedentes de Asia Central se establecieran en el norte de la India; el último de estos conquistadores fue el imperio mogol (1526-1857). Los primeros seguidores del islam se mostraron bastante indulgentes hacia las culturas y tradiciones locales, creando una mezcla que difería del modo en que el islam se practicaba en las regiones árabes en aquella época. A pesar de los ocasionales esfuerzos por parte de los puritanos de arabizar las prácticas religiosas, el hecho de que los musulmanes en el sur de Asia vivieran entre ellas y gobernaran a grandes poblaciones no musulmanas impidió que adoptaran interpretaciones más puritanas. Desde el punto de vista histórico, por tanto, la tolerancia y la tendencia a fusionar el islam con las costumbres autóctonas han sido las principales características del islam en la región. Los santos sufíes, que jugaron un papel fundamental en la introducción de esta religión, prevalecieron sobre la identidad sectaria. En lo que se refiere a su veneración a Ahl al-Bait (la familia del profeta Mahoma), en general, y a su asociación con Ali Ibn Abi Talib, en particular, los sufíes estaban más cerca al punto de vista de los chiíes. La mayoría de las órdenes sufíes siguen su línea de descendencia espiritual al profeta Mahoma a través de Ali, salvo la hermandad Naqshbandi que inicia ésta con el primer califa, Abu Bakr. Los sufíes creen que Ali heredó de Mahoma el poder santo de la wilaya, que hace posible el viaje espiritual hacia dios. Las enseñanzas sufíes a menudo se refieren a Ali como el “santo patrón”. Por supuesto, para los chiíes, Ali es la figura central del islam después del profeta Mahoma.

Las relaciones entre chiíes y sunníes eran, en general, cordiales y pacíficas. Por ejemplo, los matrimonios mixtos (entre ambas sectas) se aceptaban abiertamente

Los primeros chiíes que se establecieron en Sind durante el siglo IX eran de origen árabe. Fueron perseguidos durante el mandato de la dinastía Omeya en Arabia (661-750), y lo mismo sucedió en Sind, donde un representante de los Omeya gobernó durante algún tiempo. La situación mejoró durante el gobierno de la dinastía abasí (758-1258), cuando conquistadores musulmanes que provenían de Asia Central y de Afganistán comenzaron a ganar terreno en el subcontinente indio y la influencia de los gobernantes árabes en la región disminuyó. Más tarde, unos cuantos eruditos chiíes se convirtieron en favoritos del sultán Mohammad Bin Tughlaq, soberano de Delhi (1325-1351), que se mostraba desconfiado ante algunas de las creencias y tradiciones sunníes. De hecho, el sultán asesinó a muchos teólogos sunníes durante su reinado en nombre de la reforma. Cuando los sunníes respondieron a estas políticas, los cortesanos chiíes permanecieron neutrales, lo que provocó los primeros signos de distanciamiento político entre chiíes y sunníes en la región. La influencia de la cultura persa también se encontraba en auge en aquella época. El alcance de esta influencia se puede observar en el hecho de que en el siglo XI la ciudad de Lahore (actualmente la capital de la provincia de Punyab en Pakistán) comenzó a surgir como centro de la cultura artística y literaria persa, al tiempo que los musulmanes indios empezaron a adoptar el persa como idioma administrativo del imperio. Sin embargo, Persia en el siglo XI no era un imperio predominantemente chií, fueron los Safávidas los que establecieron e impusieron el chiismo al llegar al poder algunos siglos más tarde. El erudito paquistaní, Suroosh Irfani, lo llama “matriz cultural indo-persa” que históricamente constituye una “piedra angular” de la identidad musulmana en el subcontinente indio. Según la célebre especialista alemana, Annemarie Schimmel, aproximadamente desde el siglo XIII al XV, muchos pequeños Estados y regiones independientes dentro del subcontinente indio contaban con una importante presencia e influencia chií en las altas esferas en lugares como Delhi, Malwa, Jaunpur, Cachemira, Bengala, Decán (Bijapur y Golkanda), Carnatic y Gujrat.

Cuando los mogoles estaban considerando invadir el imperio safaví a principios del siglo XVI, se había desarrollado una cultura política musulmana en la meseta del Decán, donde las élites musulmanas en los diferentes Estados eran predominantemente nobles persas chiíes o afganos sunníes, pero también conversos musulmanes indios con menos poder. El emperador mogol Humayun (1530-1556) era conocido por su actitud amistosa hacia los chiíes debido a la gratitud que profesaba al rey persa, el cual le había ayudado a recuperar su trono tras ser expulsado de la India por el guerrero Sher Shah Suri en 1540. Humayun pasó muchos años de su largo exilio como invitado del Sha Thamasp de Persia, un chií. Tras el regreso a la India de Humayun en 1555, muchos iraníes emigraron al subcontinente indio, haciendo de él su hogar. Durante el reinado del emperador mogol Jalaluddin Mohammad Akbar (1556-1605), las instituciones religiosas chiíes se consolidaron. Esto fue así porque uno de los cortesanos de Akbar, Bayram Khan, y dos de sus influyentes consejeros, Abul Fazal y Faizi, eran chiíes y con sus políticas engendraron la tolerancia y el pluralismo religioso, aunque no sin atraer igualmente una cierta polémica.

Sin embargo, con el paso del tiempo, las diferencias entre chiíes y sunníes se acrecentaron considerablemente, sobre todo durante el reinado del emperador conservador sunní Aurangzeb Alamgir (1659-1707). Ya a comienzos del siglo XIX estas diferencias se habían convertido en auténticas guerras declaradas, donde cada parte acusaba a la otra de ser herejes e infieles. Según Suroosh Irfani, el intenso debate en las instituciones sociales y religiosas musulmanas tiene que considerarse teniendo en cuenta la dinámica política de aquella época: la llegada al poder de los británicos y el declive del imperio mogol. Esta rivalidad también se puede entender dentro del contexto de la fuerte oposición contra el creciente interés generado por el chiismo por parte de un recién formado movimiento reformista sunní inspirado en el movimiento wahabí de Arabia conducido por Abd al-Wahhab (1703-1792). Shah Waliullah (1703-1762) introdujo este movimiento en la India de los mogoles. Mandó cartas a muchos gobernantes musulmanes y personas importantes del subcontinente pidiendo que se aplicaran duras medidas contra hindúes y chiíes, incluyendo la prohibición de la fiesta hindú del holi y el Muharram. Shah Waliullah creía que los chiíes eran el verdadero poder tras el trono mogol y criticó duramente la práctica de los gobernantes mogoles de conceder puestos administrativos importantes a hindúes. Desde su punto de vista, el único modo posible de restablecer la supremacía del islam en la India era despojar a los hindúes del poder y frenar la influencia chií. Waliullah no fue el primero en pensar de esa manera. Previamente, en el imperio mogol, Shaykh Ahmed Sirhindi (1564-1624), popularmente conocido como Mujaddid Alf Sani, un importante teólogo musulmán de la época, pretendía que los sunníes cortasen incluso cualquier relación social con los chiíes, pero los gobernantes mogoles frustraron dicho empeño. Hoy en día, en Pakistán, teólogos conservadores relacionados con grupos extremistas sunníes a menudo citan el discurso de estos dos eruditos.

Simpatizantes de la organización chií estudiantil Imamia

Simpatizantes de la organización chií estudiantil Imamia marchan con retratos del fundador de Pakistán, Muhammad Ali Jinnah, y del poeta paquistaní Allama Iqbal, durante las celebraciones por el Día de Pakistán. Lahore, Pakistán, 23 de marzo de 2009. / Rahat Dar /EFE

El apoyo a los chiíes y su número fueron creciendo en el imperio mogol. Durante el siglo XVIII, las provincias de Bengala y Awadh, gobernadas por chiíes, emergieron como centros de enseñanza y activismo chií. Cabe también señalar que el comercio regional jugó un papel crucial en este hecho. A principios del siglo XVIII, el puerto bengalí de Hughli se había convertido en un importante centro para los comerciantes iraníes que cubrían largas distancias. Estos comerciantes ayudaron al desarrollo de instituciones chiíes en Bengala y en otras partes de la región, proporcionando un entorno agradable para los estudiosos de Qom, así como de los centros religiosos chiíes de Iraq, especialmente Nayaf. A partir de aquí, durante los siglos XVIII y XIX, los ricos soberanos chiíes de Awadh también financiaron muchos proyectos y mezquitas en Iraq a través de contactos iraníes, afianzando por lo tanto los lazos chiíes en la región.

Con el paso del tiempo, las diferencias entre chiíes y sunníes se acrecentaron. A comienzos del XIX estas diferencias se habían convertido en guerras declaradas, donde cada parte acusaba a la otra de ser herejes e infieles

Debido al activo e influyente papel jugado por la familia gobernante de Awadh, muchas de las prácticas y tradiciones locales chiíes recién desarrolladas en este lugar se hicieron populares entre las comunidades chiíes en diversas partes del imperio. Algunas de estas prácticas estaban inspiradas en los rituales locales hindúes e incluso los teólogos religiosos chiíes las consideraban controvertidas. Otras importantes influencias ritualistas provenían de Irán. Los inmigrantes chiíes que se trasladaron del norte de la India al Pakistán Occidental en 1947, cuyo idioma era el urdu, llevaron con ellos sus tradiciones que aún hoy en día sirven para diferenciar a estos inmigrantes de las áreas urbanas de Sind y de partes del Punyab de los que viven en la Frontera del Noroeste y Baluchistán. Estos inmigrantes se establecieron sobre todo en las ciudades de Karachi, Hyderabad y en las inmediaciones de Lahore, lo que produjo un aumento significativo de la población chií en dichas áreas. A modo de ejemplo, cabe reseñar que se organizan en la actualidad y sólo en Karachi, cuya población se acerca a los 12 millones, más de 20.000 procesiones chiíes y 45.000 majalis (reuniones religiosas de duelo por la tragedia de Karbala) durante los primeros diez días del mes de Muharram.

La gran calidad de la literatura chií, tanto poesía como prosa, también merece ser mencionada. Los legendarios y elogiados poetas de los siglos XVIII y XIX, entre los que se encuentran Mirza Asadullah Khan Ghalib, Mir Anis, Meer Taqi Meer, Mirza Rafi Sauda y Khawaja Mir Dard eran todos chiíes y el papel que jugaron en el desarrollo del urdu como lingua franca de los musulmanes indios está bien documentado.

En la esfera política y social, muchos eruditos chiíes importantes se unieron a sir Syed Ahmed Khan (1817-1898), un importante reformista musulmán fundador de la Universidad Musulmana de Aligarh en Lucknow, India. Esta universidad dio origen a una nueva clase de estudiosos musulmanes que jugaron un papel crucial en la creación de Pakistán. Entre los partidarios y colegas chiíes de Syed Ahmed se encontraban renombrados pedagogos como Sayyid Husayn Bilgrami, Sayyid Hasan Bilgrami, Maulvi Chiragh Ali, Mohsin ul Mulk (quien más tarde se convirtió al sunnismo), el juez Sayyid Ameer Ali (autor del famoso libro El Espíritu del Islam) y Maulana Karamat Husayn. La mayoría de estos intelectuales poseían una orientación secular y fomentaron las actividades políticas progresistas en lo que se refiere al compromiso con las autoridades británicas, ampliando el espacio político para que los musulmanes pudieran expresar sus puntos de vista y perseguir sus intereses.

Hacia principios del siglo XX, la participación chií en el proceso político nacional se encontraba ligada a los grupos musulmanes mayoritarios y las agendas sectarias ocupaban más bien un segundo plano. Durante el movimiento Khilafat, que buscaba presionar a los británicos para que no se desmantelara el califato otomano en los años 20, los líderes religiosos sunníes y chiíes trabajaron juntos por la idea del califato a pesar de sus diferencias teológicas.

EL PAPEL DE LOS CHIÍES EN LA CREACIÓN DE PAKISTÁN

El movimiento para la creación de Pakistán, encabezado por Muhammad Ali Jinnah como uno de los líderes indiscutibles de la Liga Musulmana, comenzó a ganar fuerza a partir de los años 40. Jinnah, según registros históricos de merecida credibilidad, era chií aunque de orientación bastante laica y no sectaria. Este hecho era conocido entre sus coetáneos, pero tuvo escasa o nula repercusión en su actividad política. Phillips Talbot, un estadounidense que trabajó como periodista en la India británica y que también desempeñó su puesto de oficial de la Marina de EEUU al tiempo que escribía sobre el Pakistán de 1948 (“The Rise of Pakistan”, Middle East Journal, Vol. 2, No. 4, octubre 1948), dijo: “El intenso celo político era más característico de la carrera de Jinnah que su práctica religiosa. Miembro de una pequeña secta chií en un país cuyos musulmanes son predominantemente sunníes, en una ocasión se describió a sí mismo como un creyente del islam racional”. Es interesante señalar que muchos de sus colegas políticos más próximos e importantes financieros de la Liga Musulmana eran también chiíes, entre ellos se encontraban Raja Mohammad Ameer Khan de Mahmudabad, Raja Ghazanfar Ali Khan, Mirza Abol Hassan Ispahani, Seth Mohammad Ali Habib (fundador del banco Habib), el príncipe Kareem Agha Khan (líder de la comunidad chií ismaelí), lady Nusrat Haroon (esposa de Abdullah Haroon), etc. Según el profesor Vali Nasr, otros líderes importantes como Khawaja Nazimuddin (que sucedió a Jinnah tras su fallecimiento en el puesto de Gobernador General de Pakistán) y Nawabzada Liaquat Ali Khan (el primer ministro de Pakistán) también eran chiíes.

Aunque la mayoría de los partidos conservadores islámicos de la India británica criticaron mucho a Jinnah y a su reivindicación sobre Pakistán, ninguno de sus líderes levantó públicamente objeciones sectarias contra él. Claramente, la consigna de Jinnah para Pakistán atraía a todos los sectores musulmanes de la India británica. Esto no quiere decir que los chiíes no tuviesen una identidad política bien definida antes de que se llevara a cabo la partición. De hecho, eran muy conscientes de su identidad. La rivalidad entre sunníes y chiíes, sin embargo, era pasiva y se encontraba restringida casi exclusivamente a los círculos religiosos más conservadores. En una región de mayoría hindú, quizá ésta fuera la evolución natural. Sin embargo, los vínculos entre los teólogos chiíes de la región con el clero de Irán e Iraq eran sólidos, probablemente debido a los siglos de constante interacción. Según David Pinault, un importante experto en el islam del sur de Asia, para los chiíes, “la India desde el principio representaba algo más: un lugar de refugio de la persecución califal sunní”, (la referencia está tomada de su libro: The Shiites: Ritual and Popular Piety in a Muslim Community). Por el contrario, W. C. Smith, un renombrado historiador británico, en su libro de 1947, Modern Islam in India, justifica por qué no tenía mucho que decir sobre los chiíes en su estudio: “No le hemos dado a la comunidad chií un tratamiento separado en este estudio sobre los cambios producidos por los procesos sociales de modernización en el islam, porque no existen diferencias entre sunníes y chiíes especialmente relevantes para estos procesos. Ambos grupos divergen en qué respuestas se van a dar a las cuestiones que hoy no se plantean”.

El chiismo en Pakistán (1947-77)

En vísperas de su aparición como un Estado independiente el 14 de agosto de 1947, Pakistán se enfrentaba a importantes desafíos: desde una grave falta de recursos y la actitud beligerante de la India, hasta la escasa disponibilidad de profesionales que se establecieran en la nueva nación y dirigiesen sus instituciones. La democracia constitucional y el pluralismo religioso eran los objetivos declarados de sus dirigentes. En su primer discurso dirigido a la Asamblea Constitucional del país, Jinnah declaró: “Sois libres; sois libres de acudir a vuestros templos, de acudir a vuestras mezquitas o a otros lugares de oración en este Estado de Pakistán. Podéis pertenecer a cualquier religión, casta o credo; eso no tiene nada que ver con los asuntos del Estado…

Comenzamos con este principio fundamental, el que todos somos ciudadanos del mismo Estado y que todos los ciudadanos somos iguales”. La situación ideológica del Estado, sin embargo, estaba destinada a definir su camino a pesar de la orientación laica y liberal de los padres fundadores del Estado. Para empezar, los problemas sectarios eran mínimos, incluso irrelevantes, durante el proceso de construcción del Estado de Pakistán. Eso cambió al cabo de los años, cuando algunos elementos conservadores de la Asamblea Constituyente, liderada por Maulana Shabbir Ahmed Usmani, comenzaron a exigir que se incluyeran determinadas disposiciones islámicas en la Resolución de Objetivos de 1949 –un documento destinado a proporcionar el marco para la creación de la Constitución paquistaní–. Esto era previsible ya que los dirigentes laicos habían usado el comodín de la religión durante la última etapa de la lucha de la libertad para movilizar a las masas de la India británica. Los elementos religiosos eran conscientes de esa historia reciente. La influencia de la religión como un factor en la creación de la política pública continuó sin ser muy importante en los primeros años de Pakistán.

El tamaño y el número de procesiones chiíes en Pakistán (sobre todo en las provincias de Sind y Punyab) aumentaron durante la década de los 50 por la llegada de cientos de miles de refugiados chiíes provenientes de la India, que vinieron a aumentar el tamaño de las pequeñas comunidades chiíes de todo Pakistán, en particular las de los centros urbanos de Sind y Punyab. Para satisfacer los intereses políticos y religiosos chiíes de Pakistán, poco después de 1947 se creó un sucesor de la Conferencia Chií de Coalición de Partidos (All Parties Shia Conference, APSC). Otra importante organización con objetivos similares fue Idara-e-Tahafuz-e-Haquq-e-Shia (Organización para la Salvaguarda de los Derechos de los Chiíes), creada en 1953. Ambas organizaciones pronto adquirieron un nivel nacional, a menudo compitiendo entre ellas por el derecho a representar las reivindicaciones y quejas de los chiíes al tratar con el gobierno. Estas organizaciones ganaron importancia entre los chiíes al enfrentarse a la resistencia de los conservadores sunníes que cada vez se hacían oír más y que cuestionaban las procesiones azadari (ceremonias de duelo) y del Muharram en los años 50.

Muhammad Ali Jinnah era chií aunque de orientación bastante laica y no sectaria. Este hecho tuvo escasa o nula repercusión en su actividad política

La llegada al poder del general Ayub Khan en 1958 mediante un golpe militar cambió la configuración política del Estado, lo que supuso un alivio para las sectas minoritarias ya que la orientación religiosa de Ayub era progresista y se oponía a las rivalidades sectarias. Los conservadores sunníes y los grupos beligerantes, sin embargo, volvieron a reaccionar con más fuerza tan pronto como la energía y el entusiasmo del nuevo gobernante fueron disminuyendo con el paso del tiempo. En junio de 1963, se produjo el primer ataque a una procesión del mes de Muharram en Theri, una pequeña ciudad cerca de Khairpur en la provincia de Sind, que acabó en importantes tensiones sectarias. Los extremistas sunníes de la zona criticaban la exhibición pública de las prácticas religiosas chiíes pues consideraban que amenazaban su espacio religioso. Según un estudio del International Crisis Group sobre el sectarismo en Pakistán: “Se trató de asesinatos en masa. Los cuerpos sin vida fueron arrojados a un pozo para ocultar la masacre. Si no hubiera sido por la oportuna publicidad de los medios de comunicación y la importante intervención de la policía, el suceso nunca habría llegado a conocerse públicamente”. (Referencia: “El estado del sectarismo en Pakistán,” International Crisis Group, Informe sobre Asia nº 95, 18 de abril, 2005).

La creación del Partido del Pueblo Paquistaní (PPP) en 1967 por Zulfikar Ali Bhutto, un chií de credenciales laicas, fue otro importante avance durante la década de los 60. El padre de Bhutto, Sir Shah Nawaz Bhutto, fue también un famoso político chií. El PPP era un partido progresista que atrajo a millones de paquistaníes oprimidos con sus políticas a favor de los pobres y con su promesa de Roti, Kapra aur Makan (alimentos, ropa y casa) para todos. Muchos grupos políticos chiíes más pequeños se unieron con entusiasmo al PPP a finales de los 60. El partido consiguió apoyo de la mayoría de los chiíes, probablemente no sólo debido a su atractivo manifiesto pluralista, sino también al hecho de que algunos de sus padres fundadores eran chiíes. El símbolo del PPP para las elecciones de 1970 era una espada, y cuando Bhutto y los líderes de su partido la llamaron al-Zulfikar durante la campaña electoral, los chiíes se sintieron fuertemente atraídos por él. Al-Zulfikar era el nombre que se asociaba a la espada de Ali Ibn Abi Talib (un poderoso y emotivo símbolo para los chiíes).

Respecto a la orientación política de la población chií durante aquellos años debemos precisar que la clase religiosa chií, hasta finales de la década de los 70, estaba a favor de la clase dirigente (e incondicionalmente a favor de la monarquía en Irán), era políticamente inactiva y ultraconservadora desde el punto de vista sociocultural. En consecuencia, los jóvenes chiíes se distanciaron de la clase religiosa y se vieron atraídos por las alternativas liberales y radicales que proporcionaban las ideologías izquierdistas. Así, los intelectuales chiíes que habían recibido una educación moderna estaban desproporcionadamente representados por el Movimiento de Escritores Progresistas Pro Marxistas, por los sindicatos de izquierdas, las uniones de estudiantes progresistas y el Partido Comunista Paquistaní.

La democracia constitucional y el pluralismo religioso eran los objetivos declarados de los primeros dirigentes del Pakistán independiente

El acontecimiento más importante relacionado con el activismo chií fue la aparición de la Organización de Estudiantes Imamia (ISO, por sus siglas en inglés) en mayo de 1972, ya que marcó un punto decisivo para la movilización de los jóvenes chiíes de Pakistán. Lenta y gradualmente, la ISO se hizo popular entre los chiíes desencantados por la política de izquierdas y cuyas familias tenían una orientación religiosa. Hacia 1975, muchos pequeños grupos de estudiantes se unieron a la ISO y su influencia y alcance aumentaron. La ISO adquirió incluso más relevancia cuando empezó a trabajar activamente para que se ejecutara la decisión del gobierno de aprobar cambios en los libros de texto de los Estudios Islámicos relativos a incluir un plan de estudios chií.

Este resumen histórico demuestra que entre 1947 y 1977, los chiíes formaban parte integrante de las estructuras estatales y sociales principales. El hecho de que los puestos políticos más importantes estuvieran en manos de los chiíes durante al menos la mitad de los primeros 30 años (Jinnah, Liaquat Ali Khan, Iskander Mirza, Yahya Khan y Zulfikar Ali Bhutto) refleja ampliamente que, a pesar de ser una minoría, los chiíes eran muy influyentes y no existían prejuicios importantes contra ellos. Las tensiones entre chiíes y suníes que habían tenido lugar en algunas partes del país se limitaban prácticamente a los diez días del Muharram. Cabe destacar que un gran segmento de la población sunní de Pakistán (sobre todo los barelvíes) observa el Muharram, puesto que también conmemora la tragedia de Karbala.

El creciente sectarismo y la politización de los chiíes (1978-2009)

Los acontecimientos políticos nacionales y regionales que tuvieron lugar a finales de los 70 transformaron Pakistán de varias maneras. El primero y más importante de ellos fue la caída de Zulfikar Ali Bhutto y la llegada al poder de otro dictador militar, el general Zia-ul-Haq, en julio de 1977. Antes de la expulsión de Bhutto mediante un golpe de Estado, un grupo de partidos políticos religiosos sunníes aglutinados bajo la consigna Pakistan Qaumi Ittehad (Alianza Nacional Paquistaní) cuestionaron la controvertida victoria de Bhutto en las elecciones de principios de 1977 y tomaron las calles masivamente. Ese fue el momento culminante de las fuerzas políticas religiosas en la historia de Pakistán. Los disturbios y la violencia crearon el caos en las principales ciudades del país, hecho que fue aprovechado por el general Zia. Después de tomar las riendas del gobierno, Zia intentó legitimizar su inconstitucional toma del poder en el nombre de Nizam-e-Mustafa (sistema del profeta Mahoma) y prometió reformas islámicas. Las dudosas credenciales de liderazgo de Zia-ul-Haq y sus controvertidas decisiones políticas tomadas en el nombre del islam acabaron con la armonía sectaria de la que el país había disfrutado en sus primeros 30 años de existencia. Los importantes acontecimientos que tuvieron lugar en la región, como la invasión de Afganistán por las fuerzas soviéticas y la Revolución Islámica de Irán (ambas comenzaron en 1979), influenciaron la dirección posterior que tomó el país. De la noche a la mañana, Zia pasó de ser un paria a ser una celebridad para Occidente, ya que esperaban que con la “yihad” detuviese la marcha de los soviéticos en Afganistán y contuviese la “Revolución chií anti-Occidente” de Irán.

Zia lanzó a Pakistán a estas batallas sin pensárselo ni planificar mucho. Dio órdenes al ejército paquistaní y a sus servicios de espionaje para que comenzasen a apoyar a los “luchadores por la paz” afganos. Cabe destacar que Estados Unidos y Arabia Saudí proporcionaron una importante ayuda militar y financiera. Afganistán fue el escenario central del conflicto, pero el “muyahidín” que se estaba preparando y que estaba siendo subvencionado en Afganistán resultó ser también un guerrero anti-chií (consecuencia predecible dada la financiación saudí de las madrasas de Pakistán). Se desarrolló rápidamente una red de madrasas encargadas de proporcionar nuevos reclutas para el campo de batalla afgano. Los hijos de los refugiados afganos y los pastunes de la provincia de la Frontera del Noroeste y del cinturón tribal de Pakistán se convirtieron en el primer objetivo de estas madrasas. Según el general paquistaní retirado, Kamal Matinuddin, el general Zia “estableció una cadena de deeni madaris (escuelas religiosas) a lo largo de la frontera afgano-paquistaní… para crear un cinturón de estudiantes religiosos que ayudaría a los muyahidines afganos a expulsar a los soviéticos de Afganistán”. Aunque empujados por Occidente, los árabes apoyaron en primer lugar la resistencia afgana basándose en intereses geopolíticos y religiosos, ya que temían la expansión soviética y un levantamiento popular que diese poder al clero chií de Irán. Les preocupaba la eventual expansión de la influencia iraní entre las comunidades chiíes del sur de Asia y el Golfo y de ahí que llevasen a cabo también una agenda paralela: el apoyo al wahabismo en Pakistán y la financiación de grupos militantes anti-chiíes. Muhammad Qasim Zaman, un destacado experto en el papel de los ulemas en el sur de Asia, afirma que muchos regímenes árabes “se sintieron muy amenazados por la retórica revolucionaria del régimen iraní y por su declarado (o supuesto) deseo de ‘exportar’ la Revolución y al menos parte del patrocinio de los ulemas sunníes parece haber estado motivado por el intento de obtener su apoyo contra los chiíes de Irán”. El deobandismo paquistaní, los ulemas de la corriente Ahle Hadiz (relativamente más cerca del wahabismo saudí) y sus madrasas fueron los más beneficiados de este apoyo que en muchos casos propagó el odio hacia los chiíes, dando lugar a episodios de violencia.

Los chiíes paquistaníes reaccionaron de un modo particular a estos cambios regionales y nacionales a fin de salvaguardar sus intereses y perseguir sus ideales. La caída del Sha de Irán y la llegada al poder del ayatolá Jomeini impulsaron a los chiíes de Pakistán y la ISO se convirtió en la primera organización chií en aceptar públicamente a Jomeini como marja-e-taqlid (teólogo cuyas normas deben emularse) en 1979. En aquella época, una gran mayoría de los chiíes de Pakistán consideraba al ayatolá iraquí Al Khoi como su marja. Éste fue el comienzo de un importante cambio, alentado por la firmeza con la que los nuevos dirigentes de Irán apoyaban a los grupos chiíes del sur de Asia, del Golfo y de Oriente Próximo. En Pakistán, los Khana-e-Farhang (centro culturales iraníes) comenzaron a distribuir de un modo muy activo las obras de destacados ulemas iraníes entre los chiíes paquistaníes y ofrecieron cientos de becas a los paquistaníes que estuvieran interesados en realizar estudios religiosos en Qom y en otros centros religiosos de Irán. Según un cálculo aproximado, alrededor de 4.000 estudiantes paquistaníes recibieron estas becas y se les inculcó el concepto de Vilayat-e-Faqih (existencia de un líder espiritual como Jefe de Estado). La influencia iraní en los chiíes paquistaníes se multiplicó durante el proceso.

Simpatizantes del partido radical sunní Jamiat-Ulama-Islam

Simpatizantes del partido radical sunní Jamiat-Ulama-Islam escuchan las palabras del líder Maulana Fazal ur Rehman, durante una concentración en protesta por el asesinato de un clérigo sunní pro-talibán. Kallat, Pakistán, 5 de junio de 2004. / Fayyaz Ahmad /EFE

A los clérigos chiíes de Pakistán de más edad les gustó sin duda ver cómo derrocaban al laico Sha de Irán, pero seguían en una línea apolítica y preferían un enfoque más conservador. Esto provocó un enfrentamiento entre los estudiantes proiraníes y el clero tradicional. Estos estudiantes también comenzaron a cuestionar algunos aspectos culturales de los rituales chiíes y sugirieron una serie de reformas en cuanto a la observancia religiosa (especialmente las referidas al matam o autoflagelación). El clero se sintió amenazado antes estos desafíos. Las mezquitas chiíes y la Imam Bargahs (casas del imán) permanecieron principalmente bajo el control y la influencia del clero, pero las procesiones del Muharram se vieron cada vez más controladas por la ISO y por jóvenes graduados de las madrasas iraníes, que resultaron estar mejor organizados y ser más eficaces.

Las dudosas credenciales de liderazgo de Zia-ul-Haq y sus controvertidas decisiones políticas en nombre del islam acabaron con la armonía sectaria

Tal y como hemos señalado brevemente con anterioridad, la orientación conservadora de la clase religiosa chií se granjeó la antipatía de los jóvenes chiíes cultos, que encontraban la revolución iraní muy estimulante por su estilo antiimperialista y revolucionario. El clero chií, sin embargo, volvió a resurgir como un grupo de peso entre 1979 y 1980, cuando el general Zia intentó introducir la ley sunní hanafí en el país para justificar su toma de poder y aplacar a sus seguidores entre los partidos políticos sunníes. El clero chií reaccionó enérgicamente ante estos intentos. El muftí Jafar Hussain, un destacado y respetado clérigo chií, dimitió en señal de protesta de su cargo en el Consejo de Ideología Islámica. Graduado en las instituciones religiosas chiíes de Lucknow (India) y en Nayaf, Hussain se encontraba entre las figuras religiosas chiíes más influyentes de Pakistán. Las controvertidas políticas religiosas de Zia originaron tensiones entre chiíes y sunníes que acabaron saliendo a la luz. Como consecuencia de ello, muchos partidos políticos sunníes como la Jamiat-ul-Ulema-i-Islam (JUI), dirigida en aquella época por el muftí Mahmud, y Jamiat-ul-Ulema-i-Ahle Hadiz (JUAH) se vieron muy implicados en la retórica anti-chií tras la llegada de Zia a la escena paquistaní. En respuesta a dichos ataques, el muftí Jafar Hussain pidió que se convocara una convención nacional chií con el fin de discutir las controvertidas políticas de islamización de Zia. La convención se llevó a cabo en Bhakkar, en el Punyab, en abril de 1979. En dicha Convención se creó el Tehrik-e-Nifaz-e-fiqh-e-Jafria (TNFJ, Movimiento para el Establecimiento de la Ley Yafaria) para recoger las reivindicaciones de los chiíes.

Los grupos conservadores sunníes se sorprendieron por la firmeza chií y recurrieron a criticarlos duramente basándose en diferentes argumentos. Al poco tiempo, algunos extremistas sunníes comenzaron a declarar herejes a los chiíes, y se justificaron haciendo referencia a fetuas o edictos religiosos del siglo XIX emitidos por ulemas deobandíes. Un grupo extremista wahabí, Sawad-e-Azam Ahle-e-Sunnat (La Más Noble Unidad Sunní), fundado en el Iraq de Saddam Hussein, apareció en Pakistán aproximadamente en 1980 y comenzó a apoyar la idea de que, ya que los sunníes eran mayoría en el país, Pakistán debería ser declarado un Estado sunní. En 1983, Allama Arif Hussaini fue elegido Quaid-e-Millat-e-Jafaria (líder de los chiíes) en Pakistán. La aparición de este pastún turí de Parachinar (Kurram, FATA) fue muy significativa debido a su etnicidad y a sus vínculos con Irán. Fue el primer pastún que obtuvo un papel de dirigente de los chiíes a nivel nacional, ya que la mayoría de los ulemas chiíes más importantes de Pakistán provenían del Punyab o de la población de inmigrantes de Karachi (Muhajirs) y habían estudiado en las instituciones de Lucknow y Nayaf. Hussaini estudio también en Nayaf y en Qom y era conocido por su buena relación con el ayatolá Jomeini. La resistencia de Arif Hussaini al régimen de Zia, su retórica antiimperialista y su campaña anti-maliks (jefes tribales) en las áreas tribales fueron muy populares entre los chiíes. Además, los grupos de la ISO también le fueron leales.

La dirección de Hussaini del Tehrik-e-Nifaz-e-fiqh-e-Jafria transformó al chiismo paquistaní de muchas maneras. La revolución iraní de 1979 tuvo una fuerte influencia emocional y psicológica entre los chiíes de Pakistán, ya que les dio una nueva visibilidad y un ímpetu renovado para reafirmar su identidad. Los fervientes emisarios del régimen revolucionario de Teherán ayudaron activamente a que los chiíes paquistaníes se organizasen. En la esfera religiosa, se racionalizaron muchos rituales siguiendo el modelo iraní, diluyendo en cierto modo la impronta altamente ritualista del sur de Asia. Por otra parte, el simbolismo religioso se fue empleando cada vez más para legitimizar la acción política. Sin embargo, Hussaini también intentó llamar la atención de los sunníes abogando por la unidad entre los musulmanes con el fin de luchar contra la tiranía y establecer un orden islámico justo.
La aparición de la organización Sipah-e-Sahaba (SSP) en 1985, fuertemente anti-chií, marcó un hito. Haq Nawaz Jhangvi, vicepresidente del Jamiat-ul-Ulema-e-Islam en el Punyab, fue el encargado de la dirección del nuevo partido y comenzó su virulenta campaña anti-chií desde Jhang, una ciudad del Punyab donde los terratenientes chiíes gozaban de una fuerte posición política. Los pequeños comerciantes y los agricultores pobres de la zona se unieron inmediatamente a la SSP, en gran medida impulsados por sus problemas económicos. Este distrito estaba preparado para que se llevara a cabo un movimiento antifeudal y Jhangvi se aprovechó de esta oportunidad a través de sus consignas sectarias. Los deobandíes conservadores y las madrasas de Ahle-Hadiz de la zona proporcionaron muchos activistas y líderes para esta causa. Las pintadas anti-chiíes en las paredes y la distribución de panfletos por parte del SSP por todo el país generaron un odio sectario y un entorno propicio para la violencia. Pakistán estaba listo para convertirse en un campo de batalla subsidiario para el conflicto saudí-iraní que, tras sus años de máxima actividad en la década de los 90, aún se observa en algunas partes del país. Sin embargo, con el paso de los años, la rivalidad se había ido dirigiendo más hacia la arena política, intentando influenciar la política y los partidos políticos. El apoyo saudí al ex primer ministro Nawaz Sharif (líder de su facción de la Liga Musulmana en Pakistán, que vivió exiliado en Arabia Saudí entre 2001 y 2008) es un hecho probado.

Durante la década de los 90, una organización militante chií, Sipah-e-Mohammad Pakistan (SMP), llevó la lucha activa entre sectas a dimensiones críticas, llevando a cabo ataques de represalia sobre los activistas y simpatizantes de organizaciones rivales, en particular la Sipah-e-Sahaba Pakistan (SSP). Irán ayudó a la SMP, pero según afirma la experta francesa Mariam Abou Zahab: “Irán dejó de financiar a los chiíes de Pakistán en 1996 porque era contraproducente y quizá también porque temía una reacción violenta de la militancia sunní impulsada por los extremistas sunníes paquistaníes del Baluchistán iraní”.

La revolución iraní de 1979 tuvo una fuerte influencia emocional y psicológica entre los chiíes de Pakistán

En la situación creada tras el 11 de septiembre, el general Pervez Musharraf prohibió oficialmente los grupos militantes sectarios, pero muchos de ellos continuaron operando de un modo clandestino y los asesinatos por motivos sectarios continuaron durante años. En 2002, Musharraf prohibió las organizaciones Tehrik-e-Jafaria y Sipah-e-Sahaba, pero ambos partidos cambiaron rápidamente sus nombres y continuaron operando abiertamente como el Tehrik-e-Islami Pakistan (TIP, Movimiento del Islam) y la Millat-e-Islamia Pakistan (MIP, Nación del Islam), respectivamente. Con esta nueva identidad, el TIP curiosamente se hizo miembro del Muttihada Majlis-e-Amal (MMA, Frente para la Acción Unida), una alianza de seis partidos políticos religiosos que gobernaron en la provincia de la Frontera del Noroeste desde 2002 hasta 2007 y supuso una fuerte oposición en el centro. Aunque forjado como una conveniencia política, el hecho de que, a pesar de las serias diferencias sectarias, el partido deobandí JUI y el chií TIP se unieran fue un avance importante.

Muchos chiíes paquistaníes consideraron los nueve años que Musharraf estuvo en el poder (1999-2008) como un periodo positivo. A pesar del hecho de que las instituciones y la población chiíes continuaron siendo atacadas por grupos militantes durante esos años, los chiíes agradecieron las drásticas medidas tomadas por Musharraf contra las organizaciones militantes anti-chiíes y sus operaciones antiterroristas contra al-Qaida. La enorme operación militar que llevó a cabo el ejército en 2007 contra los militantes de la Mezquita Roja, conocidos por sus actividades anti-chiíes, fue también reconfortante para los chiíes, a pesar de que no hicieron comentarios sobre el asunto por miedo a represalias. Las operaciones militares en el valle del Swat (junio 2009) y en Waziristán del sur (octubre 2009) también recibieron el apoyo de varios grupos chiíes de todo el país, a lo que se unió un importante apoyo sunní para la campaña anti-talibán.

Además de las enormes diferencias ideológicas y de la historia de las diatribas anti-chiíes de los talibanes, durante los últimos años los chiíes paquistaníes se han enfurecido especialmente debido a una serie de asesinatos de los suyos cometidos en el distrito de Kurram y al bloqueo económico de manos de los talibanes. La tribu turí del distrito de Kurram es casi en su totalidad chií y constituye aproximadamente el 40% de la población de dicho distrito. Incluso algunas de las familias sunníes de la zona, que han ayudado a menudo a los chiíes en los conflictos, fueron atacadas por elementos pro talibán. Los chiíes de Kurram sostienen que “como ellos impiden que los militantes entren en Pakistán, los talibanes los están atacando”, mientras que los grupos sunníes alegan que Irán proporcionó armas a los chiíes de la zona. Esta crisis también provocó a los chiíes de Karachi que, en septiembre de 2008, amenazaron al Gobierno con que, a menos que limpiase la zona de talibanes, marcharían a Kurram para ayudar a los chiíes que se encontraban asediados allí.

Con el aumento de los ataques a los chiíes del distrito de Orakzai, también a las FATA, y de los distritos de Dera Ismail Khan, Hangu y Kohat en la provincia de la Frontera del Noroeste, la naturaleza de la respuesta de los chiíes también cambió. Por ejemplo, después de que un terrorista suicida acabase con la vida de al menos 30 chiíes e hiriese a otros 157 que asistían al funeral de otro líder chií asesinado en Dera Ismail Khan, en febrero de 2009, la comunidad chií llevó a cabo protestas tanto en áreas urbanas como en pequeños pueblos de todo Pakistán. El reputado periódico inglés de Pakistán, Daily Times, lo analizaba así:

“Desde hace ya algunos años, la ISO ha estado ocultando sus intenciones tras darse cuenta de que la vengadora violencia sunní es contraproducente…A su debido tiempo, los líderes religiosos chiíes adoptaron una nueva estrategia de acercamiento al clero sunní con la esperanza de persuadir a los extremistas sectarios de eximirlos…Las últimas protestas chiíes que se han llevado a cabo en todo Pakistán pueden ser indicativas de un cambio en la política derivado de la auténtica desesperación. Si esto sucede, Pakistán será testigo de más derramamientos de sangre de los que pueda aguantar y superar”. (Referencia: “A Shia Backlash in the Offing?”, Daily Times, 22 de febrero de 2009).

Al mismo tiempo que se producían estos acontecimientos, los chiíes paquistaníes se veían afectados por el resurgimiento chií en Oriente Próximo y por la guerra entre sectas de Iraq. Desde 2004, las procesiones chiíes han sido frecuentemente objeto de atentados suicidas por todo el país, pero la participación de la población en estas actividades es todavía mayor en un esfuerzo por demostrar que están dispuestos a morir por sus creencias al tiempo que reafirman con fuerza su identidad.

CONCLUSIÓN

Aunque la nueva configuración política de Pakistán tras las elecciones del 28 de febrero, encabezadas por el Partido del Pueblo Paquistaní, es conocida por su inclinación hacia el chiismo, los chiíes consideran la radicalización que se va extendiendo por el país como una amenaza importante. Los ataques a las actividades chiíes en 2008 y 2009, sobre todo en la provincia de la Frontera del Noroeste, se han ido extendiendo gradualmente al sur del Punyab. El auge del Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), dirigido actualmente por Hakimullah Mehsud, un ferviente militante anti-chií, también supone que el espacio para los chiíes en las FATA podría verse todavía más reducido. Como consecuencia, el chiismo se está reincorporando a las principales fuerzas políticas con un vigor renovado, ahora que la democracia ha vuelto al país. En una entrevista con el autor, Mariam Abou Zahab afirmaba que, aunque los chiíes paquistaníes se encuentran sin dirección y sin líder en la actualidad, no es probable que adopten una postura militante en respuesta a la violencia anti-chií, porque han aprendido la lección de que la beligerancia es contraproducente para su seguridad en Pakistán

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