Jérémie Codron
Investigador, Institut National des Langues et Civilisations Orientales (INALCO), París [+ DEL AUTOR]

Bangladesh, las recomposiciones del islam político

Los atentados que golpearon Bangladesh en 2004-2005, casi todos reivindicados por movimientos islámicos afines a la tradición de los Hermanos del Profeta (salafistas) y comprometidos en la lucha violenta contra el Estado y las instituciones democráticas, han tenido como efecto otorgar a esa corriente yihadista una visibilidad excesiva en los medios de comunicación y forjar una dicotomía entre un islam “local” considerado como moderado, sincrético y apolítico, y un radicalismo islámico “proveniente de fuera”. El éxito aparente de la represión orquestada por el gobierno de Jaleda Zia (2001-2006) contra la organización Jamaat-ul-Muyahideen Bangladesh (JMB), responsable de numerosos atentados, no ha hecho sino reforzar esta interpretación simplista, haciendo creer que el paréntesis del islam radical en Bangladesh iba a cerrarse con el arresto y la condena de los principales dirigentes de la JMB.

Sin embargo, la aparición de una corriente yihadista en Bangladesh no es más que una de las consecuencias más visibles de una nueva configuración profunda de la “escena política musulmana” de este país. Enormemente similar a las transformaciones que conocen otras sociedades musulmanas, especialmente en el sur de Asia, esta nueva configuración reviste rasgos propios de la sociedad de Bangladesh. De este modo, la llegada al poder en 2001 de una coalición islamo-nacionalista, dirigida por el Bangladesh Nationalist Party (BNP) y compuesta por primera vez por dos partidos islamistas, la Jamaat-e-Islami (JI, Asamblea del Islam) y el Islami Oikkyo Jote (IOJ, Frente Islámico Unido), ha tenido consecuencias sobre el paisaje del islam político que habrá que analizar.

Nuestro objetivo consiste, pues, en poner de nuevo en su sitio real esta corriente radical en un conjunto de dinámicas sociopolíticas, a la vez locales y globales, que impulsan desde hace unos treinta años una recomposición de las corrientes, las prácticas y las normas del islam. Nos centraremos sobre todo en los cambios intervenidos a nivel del liderazgo musulmán durante este periodo, para intentar establecer una tipología de los movimientos político-religiosos en Bangladesh.

LA JAMAAT-E-ISLAMI (JI), PUNTA DE LANZA DE UNA “REVOLUCIÓN SILENCIOSA”

La influencia que ejerce la JI, a la vez sobre el sistema político, la sociedad civil y, de manera general, sobre el futuro de Bangladesh, no debe ignorarse, y ello por tres motivos. En primer lugar, es el único partido oficial que posee una ideología que los militantes creen, estudian y conocen. En segundo lugar, está dotado de un aparato muy bien estructurado, que lo convierte en una organización de carácter revolucionario. Finalmente, en el transcurso de su larga ascensión al poder, ha desarrollado una triple estrategia que le ha permitido implantarse en un país contra el cual luchó, adquirir credibilidad y, sobre todo, construir las bases si no de una revolución islámica en Bangladesh, al menos de una islamización del Estado. Pero antes de abordar la puesta en marcha de esta estrategia, analicemos previamente algunas características del partido.

La Jamaat funciona según un sistema de círculos concéntricos (primero uno es simpatizante, luego miembro asociado y, finalmente, miembro a tiempo completo, tras un proceso que puede durar varios años), lo que permite hacerse con la lealtad total de los miembros más activos. Una vez seleccionado por sus cuadros, el futuro miembro debe prestar juramento de que dedicará su vida a la organización, y una cláusula de los estatutos estipula que la expulsión es automática en el caso de colaborar con un partido o asociación “no-islámicos”. A diferencia de los demás partidos, especialmente los dos más relevantes (Awami League –AL– y BNP), que funcionan según un modo dinástico y clientelista, un militante de la Jamaat no presta juramento a tal o cual líder, sino a la propia organización, que le garantiza una ascensión en la jerarquía en función del mérito. Este sistema extremadamente rígido y elitista permite evitar las facciones y los conflictos internos, características de los partidos de Bangladesh. Sin embargo, el ejercicio del poder de 2001 a 2006 y, consecuentemente, la moderación de la ideología de la Jamaat, han podido fomentar que algunos elementos trabajasen para otras organizaciones más radicales –Jamaat-ul-Muyahideen Bangladesh, por ejemplo–, cuyas acciones están más en sintonía con el ideal revolucionario que preconizan. Sin embargo, ello no pone en tela de juicio la unidad fundamental del partido, ya que existen mecanismos institucionales internos para impedir que las opiniones divergentes tomen una importancia excesiva: la Jamaat-e-Islami sigue siendo claramente un partido totalitario.

Hindúes arrojan al ídolo de la diosa Durga al río Buriganga

Hindúes arrojan al ídolo de la diosa Durga al río Buriganga, ceremonia que clausura los cinco días del Durga Puja, el festival más grande para los hindúes. Dhaka, Bangladesh, 23 de octubre de 2004. / Mufty Munir /EFE

Además, el conjunto de los miembros, de los asociados y, en menor medida, de los simpatizantes, contribuye financieramente a la vida del partido entregando cada mes el 5 % de sus ingresos a la “baitul mal” (cooperativa). En las zonas donde la JI está bien implantada y ejerce actividades sociales, como en numerosos campus universitarios, se fomenta que los residentes y los comerciantes locales entreguen el equivalente de la zakat (azaque o tributo consagrado a dios) a la organización. También ahí, el respeto escrupuloso a las reglas y la legitimidad religiosa de este sistema de autofinanciación impiden los conflictos de facciones habituales en el seno de los partidos “clásicos”.

Finalmente, la ventaja más importante de la Jamaat es su rama estudiantil: el Islami Chatro Shibir (ICS –Campus Estudiante Islámico). El ICS cumple dos funciones: en primer lugar, proporciona los dirigentes más competentes a la organización; luego, el ICS recluta fundamentalmente a sus militantes en los institutos, las universidades e institutos científicos, es decir, en el sistema educativo general y occidentalizado, mucho más que en las madrasas: en otras palabras, se esfuerza en crear una “élite de la nación”, formada ciertamente en la ideología islamista, pero que podría integrar la alta función pública, el mundo de la empresa, la enseñanza superior, etc. Es pues a través de esta organización estudiantil como se construye el proyecto de “revolución silenciosa”, puesto a punto por la Jamaat a partir de los años ochenta. La revolución islámica no tendrá lugar de manera brutal y no necesita recurrir, según los dirigentes, a la violencia para llevarse a cabo; tendrá lugar de manera progresiva, mediante una islamización de la élite en los ámbitos políticos, económicos, culturales y sociales.

Más allá de esta primera ventaja, que la distingue de los demás partidos políticos, la JI ha puesto a punto una triple estrategia: aceptación de la democracia y de las elecciones; infiltración en las administraciones del Estado y extensión de su red de organizaciones afiliadas para penetrar duraderamente el campo social.

Los dirigentes defienden constantemente en su discurso el primer capítulo de esta estrategia de la Jamaat. Esta última ha participado efectivamente en dos grandes movimientos democráticos: el primero en 1990 al lado del BNP y de la AL para provocar que el dictador Ershad dimitiera y transferir el poder a un gobierno democráticamente elegido y, el segundo, en 1996 para obligar al gobierno a votar la decimotercera enmienda constitucional, que estipula que al final de su mandato, el gobierno debe transferir el poder a un “gabinete interino apolítico” encargado de organizar en 90 días unas elecciones libres y transparentes. La JI afirma incluso que fue la primera en defender esta idea de reforma institucional a partir de 1983. Toda esta retórica democrática persigue sobre todo dar de nuevo una credibilidad al partido, seriamente afectado por los estigmas de la “colaboración” con el ejército paquistaní durante la guerra de independencia de 1971, o en otras palabras, por su oposición a la voluntad de emancipación política de los bengalíes frente a Pakistán. Pero este esfuerzo no se limita a los discursos: los años 90 vieron cómo cambió el liderazgo del partido y se libró de personalidades muy molestas, como Ghulam Azam, acusado de crímenes de guerra en 1971, y que dejó la dirección del partido en 1996. El Secretario General actual, Ali Ahsan Mujahid, futuro emir según la lógica del partido, está muchos menos desacreditado por estos estigmas de la colaboración. La nueva generación, que se constituyó después de la guerra de 1971, no conoció nunca la época en la cual Bangladesh era una parte de Pakistán: este cambio sociológico ha tenido consecuencias sobre la ideología del partido, el cual se “nacionalizó”, es decir, integró la realidad histórica de la secesión de Bangladesh respecto a Pakistán.

Con la transición democrática iniciada a principios de los años 90, esta estrategia de aceptar el juego de las elecciones dio sus frutos. La JI obtuvo de ese modo el 12,1% de los votos y 18 escaños en el Parlamento en las elecciones de 1991 (mejor resultado histórico). Sobre todo gracias a los juegos de alianzas, la JI se convirtió en un pilar de la escena política en el proceso de democratización. Por ejemplo, tras las elecciones de 1991, el apoyo de la JI al BNP fue criticado al permitir que este último obtuviese la mayoría absoluta en el Parlamento.

La Jamaat-e-Islami ha conseguido construir las bases, si no de una revolución islámica, al menos de una islamización del Estado

Esta alianza electoral entre un partido no-islamista como el BNP, por una parte, y la JI por otra, tuvo consecuencias sobre el programa político de esta última. Se animó a la JI a moderar sus ideas sobre la revolución islámica y la instauración de la sharía, para desarrollar un discurso “islamo-nacionalista” más atractivo para el electorado. Los resultados de las elecciones de 2001 son muy elocuentes respecto al éxito de esta alianza: permitió a la Jamaat obtener la investidura en 31 circunscripciones y ganar 17 con el apoyo del BNP; mientras este último pudo hacerse con las dos terceras partes de los escaños del Parlamento, en buena medida gracias a los votos de la Jamaat en unos 25 distritos de Bangladesh (sobre 64). En resumen, los dos partidos se necesitan mutuamente para ganar las elecciones. Los dirigentes de la JI trabajan en ese sentido, como lo indica esta mención de uno de sus líderes, Delwar Hossain Sayeedi, conocido sin embargo por sus posturas radicales: “las ideologías del BNP y de la Jamaat son muy similares y los dos partidos se dedican a establecer los principios islámicos en el país. (…) Son dos hermanos de una misma madre”.

En estas últimas elecciones de diciembre de 2008, el BNP eligió mantener esta alianza con la JI, pero esta vez la alianza fue un fracaso y su rival la AL consiguió una victoria aplastante. Los motivos de este fracaso son múltiples, pero podemos citar uno importante: la reputación de la JI como partido islamista “moderado” se vio salpicada por la subida de la corriente islamista radical a principios del nuevo milenio y por los atentados que golpearon Bangladesh en 2004-2005, es decir, durante el mandato del gobierno BNP-Jamaat. Varios artículos de prensa mostraron efectivamente la existencia de relaciones entre ciertos líderes del BNP y de la JI y las organizaciones yihadistas, lo que perjudicó a la coalición en su conjunto, y particularmente a la JI, que sólo obtuvo en esta ocasión dos escaños en el Parlamento.

Sin embargo, la estrategia de la JI no se limita únicamente a una simple participación en el juego electoral. A diferencia de las elecciones de 1991, donde sólo mantuvo un apoyo al BNP en el seno del Parlamento, la victoria de 2001 la transformó en un actor principal de la coalición y le permitió desarrollar las otras dos prioridades de su estrategia (infiltración en las instituciones y acción social), dicho en otras palabras, acelerar el proyecto de la “revolución silenciosa” elaborado por el partido. En primer lugar, la JI realizó en 2001 su entrada en el gabinete con dos carteras ministeriales: Asuntos Sociales y Agricultura, sustituida por Industria tras la reorganización ministerial de 2003. Gracias a estas posiciones, la Jamaat pudo aumentar el número de sus militantes en ciertas organizaciones afiliadas, como las cooperativas campesinas o su potente sindicato de trabajadores. Por ejemplo, durante el cierre de la enorme fábrica Adamjee Jute Mills en 2003, que mandó a casi 40.000 personas al paro, el Ministerio de Industria trabajó intensamente para recolocar a una parte de estos trabajadores en otras industrias del Estado, dándose por hecho que los jóvenes del sindicato controlado por la JI se beneficiarían en primer lugar de estas medidas. De manera general, los dos ministerios de Agricultura y de Industria han sido utilizados para poner en marcha proyectos de desarrollo económico, especialmente en las zonas fuertes de la JI, lo que permitió a los candidatos de las elecciones de 2008 mostrar estos resultados. E incluso si los resultados globales de dichos ministerios resultaron bastante pobres según las investigaciones periodísticas, gracias a su paso por el poder, la Jamaat consiguió desde ese momento cultivar una imagen de partido ajeno a la corrupción y de “guardián de la integridad” del gobierno. Asimismo, el Ministerio de Asuntos Sociales ha desempeñado un papel muy específico para el partido: gracias a la Oficina de las ONG que controla, ha conseguido facilitar la creación de numerosas organizaciones etiquetadas como “islámicas” y, por consiguiente, futuras bases de reclutamiento de la Jamaat; igualmente, bajo la influencia de la Oficina de las ONG, se inició en 2004 un juicio por malversación financiera contra Proshika, conocida por haber lanzado en 1996 programas de  “sensibilización de los electores” que eran en realidad advertencias contra el fundamentalismo musulmán.

Celebración con motivo del aniversario del nacimiento del profeta Mahoma

Celebración con motivo del aniversario del nacimiento del profeta Mahoma. Dhaka, Bangladesh, 3 de mayo de 2004. / Mufty Munir /EFE

Gracias a su posición de socio privilegiado del BNP, la JI se benefició igualmente de un proceso de “reclutamiento político” de funcionarios, que le permitió infiltrarse en los círculos burocráticos. De hecho, la presencia de los islamistas en la Administración de Bangladesh es un fenómeno ya antiguo: se remonta a los años 80, en el momento en que la primera generación de titulados de su rama estudiantil, la Islami Chattro Shibir (creada en 1976), fue alentada para presentarse a las oposiciones de la función pública con el fin de preparar una islamización “desde lo alto”. En los 90, varios “centros preparatorios” (equivalentes a clases preparatorias privadas pero muy baratas) fueron creados por parte de la ICS en las principales ciudades de Bangladesh, para formar estudiantes con vistas a estas convocatorias e introducirlos eventualmente en la organización.

Pero el acceso a los círculos burocráticos se hizo más intenso y de manera más sistemática después de las elecciones de 2001. De este modo, además del reparto de las circunscripciones y de las carteras ministeriales, la victoria de 2001 permitió igualmente a la Jamaat inmiscuirse en el proceso de politización de la Administración, que estaba hasta ahora reservada a los dos grandes partidos, el BNP y la AL. Numerosos militantes estudiantes de la ICS se beneficiaron de este reclutamiento político en las administraciones, como los upazilas (subdistritos), la policía, la National Security Intelligence, las universidades públicas, las escuelas de distrito, la Bangla Academy, el Instituto de Prensa de Bangladesh y la cadena de televisión nacional. Los tres primeros casos suponen claramente apoyos a nivel del Ministerio de Interior y ello fue posible gracias al nombramiento en 2001 de Omar Faruque, muy próximo a la Jamaat, en el puesto de Secretario de Interior. Estos puestos gestionados por Interior no son elegidos al azar: permitieron igualmente a los militantes de la JI, o a su rama estudiantil, entrar en el Secretariado de la Comisión Electoral, lo que nos lleva a afirmar que la estrategia de la alianza BNP-Jamaat, desarrollada durante los años en los cuales estaban en el poder, buscaba introducir masivamente a sus fieles en las administraciones de interés para la organización.

A pesar de su peso electoral insignificante, el Islami Oikkyo Jote, congregación de algunos ulemas importantes, tiene una gran capacidad de movilización, como se demostró durante las intervenciones de EEUU en Afganistán o en Iraq

Finalmente, la estrategia de la Jamaat supone, además de esta islamización desde lo alto, una voluntad de cambio de la sociedad a largo plazo. Desde los años 80, el partido ha desarrollado toda una red de organizaciones afiliadas que responden a cuatro objetivos: acción social, difusión de la ideología en las comunidades locales, reclutamiento de nuevos miembros y financiación de la organización matriz. Podemos citar las más conocidas: Rabita-ul Alam al-Islami (ONG saudí cuya rama de Bangladesh está dirigida por líderes de la Jamaat), que trabaja especialmente con los refugiados bihari y rohingyasi; Ibne Sina, que posee una red de clínicas privadas en las principales ciudades; Ahsania Mission, que se ocupa de los segmentos más desfavorecidos de la población (niños de las calles, mujeres repudiadas, etc.). Asimismo, la JI controla también varias organizaciones específicamente culturales y religiosas, que le permitieron aumentar su influencia en los ámbitos donde antes tenía poco peso, tales como las mezquitas o las madrasas de las zonas rurales: se trata, entre otros, de la Masjid Mission (asociación de imanes y cooperativa para la construcción de nuevas mezquitas) y del Centro Islámico (centro de investigación y de traducción de obras en árabe y urdu). Pero la institución fundamental en la creación de esta red es el Banco Islámico de Bangladesh (IBBL), creado a principios de los años 80 con la participación de líderes de la Jamaat. Esta última sigue siendo influyente en el seno de la banca, gracias a su presencia en el consejo de administración y el consejo de la sharía, lo que le permite favorecer las financiaciones de sus organizaciones afiliadas.

Gracias a la infiltración en la Administración y al desarrollo de una red a la vez social y empresarial, la Jamaat se implantó progresivamente pero de forma duradera en la sociedad de Bangladesh. Por este motivo, y dada su visión estratégica a largo plazo, sufrió mucho menos las consecuencias de una alternancia política que los grandes partidos, como ocurrió desde la victoria de la AL en las elecciones de 2008, pudiendo de ese modo seguir con su desarrollo.

LA INFLUENCIA POLÍTICA DEL ISLAM ORTODOXO: EL CASO DEL ISLAMI OIKKYO JOTE

Anteriormente divido en varios movimientos centrados en torno a personalidades religiosas que competían entre sí, algunos ulemas importantes de Bangladesh se reagruparon en 1991 en el Islami Oikkyo Jote (IOJ – Frente Islámico Unido). Más que un partido político dotado de un aparato estructurado, el IOJ es una plataforma de acción común que engloba a cinco grupos fundamentalistas cuyo programa político sigue siendo vago: establecimiento del Corán y de la sunna como principios fundadores de un futuro Estado islámico, instauración de un sistema jurídico donde los ulemas serían los garantes del respeto a la sharía, desarrollo de la educación religiosa, etc. En realidad, los miembros del IOJ no poseen un corpus ideológico propio, pero se reconocen todos en la enseñanza de las madrasas deobandíes, por las cuales pasaron, y en una tenaz oposición al mundo occidental y a cualquier penetración extranjera en la sociedad de Bangladesh (fue por ejemplo el IOJ quien presionó al primer gobierno de Khaleda Zia –1991-96– para impedir la difusión de las cadenas satélites indias juzgadas inmorales).

El peso electoral de este movimiento es muy insignificante: en las elecciones legislativas de 2001, sólo presentó candidatos en 7 circunscripciones y únicamente consiguió 2 escaños sobre 300 en el parlamento, lo que representa un 0,68% de los votos. Pero la influencia del IOJ sobre la vida política se mide menos en términos de resultados electorales que por su capacidad de movilización. Los líderes del IOJ pueden organizar manifestaciones de protestas que reúnen varias decenas de miles de fieles después de la oración congregacional del viernes, como lo han demostrado en el momento de las intervenciones militares de EEUU en Afganistán (octubre de 2001), en Iraq (marzo de 2003), y en el asunto de la profanación del Corán en Guantánamo (mayo de 2005). Incluso si no está presente sobre todo el territorio, el IOJ ya ha demostrado su capacidad de organizar hartal (jornadas de manifestaciones y de huelgas generales) importantes en los distritos donde está implantado.

Socio minoritario de la coalición victoriosa en las elecciones de 2001, el IOJ utilizó sobre todo al BNP con una finalidad de legitimidad religiosa, pero no recibió ninguna cartera ministerial. Constituye de hecho el eslabón débil de la alianza de los cuatro partidos. En varias declaraciones a la prensa, el Muftí Amini y Maulana Azizul Haque, las dos figuras emblemáticas del movimiento, ya habían dejado entender que esperaban una reorganización del gobierno que les otorgaría un puesto de responsabilidad. Al no haber obtenido tal resultado, el IOJ expresó su descontento cada vez mayor hacia un BNP que juzga ingrato. Teniendo en cuenta su postura marginal en el seno de la alianza, los líderes de este partido optaron más bien por un papel de outsiders, erigiéndose en auténticos defensores del islam y ejerciendo presiones indirectas sobre el gobierno, especialmente a través de su órgano de prensa, Inqilab, segundo diario de Bangladesh. Estas presiones fueron especialmente fructíferas en el caso del movimiento contra la comunidad ahmadí, que el IOJ y todos los ulemas influyentes que gravitan en torno a él han utilizado como caballo de batalla. Desde 2003, apoyan abiertamente las organizaciones anti-ahmadí, como Khatme Nabuat o Amra Dhakabashi, y recuerdan periódicamente al gobierno que su deber islámico consiste en declarar la secta no-musulmana, como se hizo en Pakistán en los años 70. Este apoyo resultó crucial, por ejemplo, en la decisión tomada por Khaleda Zia en enero 2004 de prohibir las publicaciones ahmadíes.

El sufismo sigue siendo hoy en día la manera más extendida del islam de Bangladesh

Las relaciones entre el IOJ y la alianza BNP-Jamaat se tensaron al máximo a partir de febrero de 2005 tras las primeras acciones lanzadas por el gobierno contra los movimientos yihadistas, especialmente debido a operaciones de policía en varias madrasas. El líder Muftí Amini solicitó entonces públicamente al Primer Ministro “detener las redadas de la policía y el hostigamiento de los militantes del IOJ a estas instituciones” y advirtió al gobierno que adoptaría una “postura firme” si éste no detenía la “campaña de acoso”. Más tarde, acusó incluso al segundo partido de la coalición, la Jamaat, de estar detrás de estas redadas y de realizar “terrorismo político”. Es evidente que las recientes oleadas de atentados, que han obligado el gobierno a actuar contra la parte más radical de la corriente islamista, han fragilizado la alianza, y la participación del IOJ al lado del BNP durante las elecciones de 2008 fue puesta en tela de juicio. Varios ulemas y grupúsculos que constituían el IOJ decidieron abandonar ese frente y no seguir apoyando al BNP, lo que a buen seguro contribuyó a la derrota de éste último en varias circunscripciones.

¿PODRÍA EL SUFISMO GENERAR UN MOVIMIENTO POLÍTICO CONTRA LA “WAHABIZACIÓN” DEL ISLAM?

El sufismo sigue siendo hoy en día la manera más extendida del islam en Bangladesh. Sin embargo, estaríamos equivocados al considerar los movimientos sufíes como murallas contra el fundamentalismo o la intolerancia religiosa, y ello por dos razones principales.

Por una parte, el sufismo como doctrina del islam no existe o al menos ya no existe en Bangladesh. Ya no se enseña, y la única interpretación del islam que encontramos en los textos tanto en las madrasas como en las carreras es histórica o jurídica, proveniente del estudio de la sharía. Los grandes teólogos sufíes de la Edad de Oro, como Ibn Arabi o al-Ghazali, o la literatura como la de Jalaluddin Rumi, que eran antaño muy populares entre las élites de Bengala, se ocultan hoy en día tras un pesado manto de silencio frente a las formulaciones más reformadoras y puritanas, como las enseñanzas de Shah Waliullah, de la escuela nachbandí, que quiere purificar el sufismo de todos sus elementos no-islámicos, hindúes y más generalmente politeístas (el chiismo, por ejemplo, es considerado un politeísmo y se le ataca violentamente). La enseñanza islámica en Bangladesh, ya sea en las madrasas privadas o públicas, proviene del Dars-i Nizami, un corpus elaborado por la escuela ultraconservadora de Deoband en el siglo XIX.

Por otra parte, los principales centros sufíes no son centros de reflexión, de producción literaria y de enseñanza, como pudieron serlo en el pasado. Son antes que nada lugares de poder de los pirs, líderes tradicionales o carismáticos que ofician como guardianes de tumbas de santos y se proclaman a menudo como sus herederos. Hoy en día, el “pirismo”, que se asemeja mucho más a una relación de clientelismo entre un maestro y sus discípulos al igual que sus familias, ha reemplazado al sufismo como tal. Teniendo en cuenta la capacidad de movilización de los pirs y la potencia económica que representan (las tumbas son antes que nada grandes centros de comercio), son codiciados por otros grupos islámicos, que también están organizados en torno a las mezquitas o en el seno de la yamaa (término genérico para designar una asamblea de fieles). Los atentados de enero y de mayo de 2004 que apuntaban a la tumba de Shah Jalal cerca de Sylhet deben ser interpretados en este sentido.

Hasta los años 90, los principales pirs de Bangladesh apoyaban los poderes in situ, especialmente durante el periodo de la dictadura militar. De este modo los pirs d’Atroshi y de Charmonai, que reunían regularmente varias decenas de miles de fieles, se habían erigido en líderes espirituales y habían otorgado una legitimidad religiosa al General Ershad, en el poder de 1982 a 1990. Pero desde 2001 y teniendo en cuenta el apoyo que le daban la Jamaat-e-Islami, por una parte, y los ulemas, por otra, al BNP, el islam utilizado por el gobierno para legitimarse ante los ojos de la población ha cambiado de forma: se trata mucho más de un islam puritano, influenciado por el wahabismo de Arabia Saudí, y que se declara voluntariamente anti-sufí. Viéndose abandonado por el poder desde la victoria de la coalición BNP-Jamaat en 2001, y lo que perciben como una “wahabización” del islam en Bangladesh, las organizaciones políticas que descansan sobre el sistema de los pirs se volvieron por lo tanto a alinear. La mayor parte de dichos movimientos se rebelaron concretamente contra las medidas de restricción de las ceremonias de aniversarios de santos (uhrs) ordenadas por el gobierno tras los ataques contra las tumbas desde 2002. Según ellos, se trata de un ataque deliberado contra centros de poder islámico que amenazan directamente la influencia de la Jamaat y del IOJ.

Los movimientos islamistas nacidos en los años 30 y 40 aceptaron progresivamente el juego de las instituciones, especialmente el principio de la democracia, y abandonaron el ideal de un Estado islámico basado en leyes del Corán

Ahí también, la multiplicación de los atentados reivindicados por grupos yihadistas desde finales de 2004 ha acelerado las recomposiciones del paisaje del islam político. De este modo, la potente Federación de los Dargahs y Mazars denunció ferozmente los ataques del 17 de agosto de 2005, la organización Jamaat-ul-Mujahideen Bangladesh “y sus cómplices de la Jamaat-e Islami”. Nazibul Bashar Maizbandhari, pir influyente de la ciudad de Chittagong, anunció en septiembre de 2005 que dimitía del BNP y formaba su propio partido, la Bangladesh Tariqat Federation, arrastrando tras él una bolsa de votos considerable. Otras declaraciones sugieren que los partidos de los pirs, como Islami Shashantantra Andolon (Movimiento para la Constitución Islámica) del pir de Charmonai, o el Zaker Party del pir d’Atroshi, podrían juntarse con el Awami League en el futuro para bloquear la coalición BNP-Jamaat.

Miles de personas participan en las oraciones del mediodía a orillas del río Turag

Miles de personas participan en las oraciones del mediodía a orillas del río Turag, en Tongi, al norte de Dhaka. Unos cinco millones de musulmanes acuden al Biswa Ijtemam, la segunda mayor congregación después de la peregrinación a la Meca. Dhaka, Banbladesh, 2 de febrero de 2007. / Abir Abdullah /EFE

ALGUNAS HIPÓTESIS SOBRE LAS RECOMPOSICIONES DE LA ESCENA POLÍTICA

Se pueden extraer varias ideas relativas a las recomposiciones del islam político en Bangladesh. En primer lugar, la evolución de los lazos entre la élite política y las figuras de la autoridad religiosa demuestra que las fuentes de la legitimidad islámica han cambiado considerablemente. Mientras que hasta finales de los años 80, los gobernantes sacaban del poder espiritual de los pirs una legitimidad moral personal, hoy en día se consulta mucho más a los ulemas, pero con fines legales que no morales, para conferir a las acciones de los representantes políticos una legitimidad. O dicho con otras palabras, su conformidad con la sharía.
Luego, especialmente el estudio de la Jamaat-e-Islam ha permitido confirmar la pertinencia de la hipótesis del “fracaso del islam político”, según la cual los movimientos islamistas nacidos en los años 30 y 40 aceptaron progresivamente el juego de las instituciones en los países donde estaban implantados, especialmente el principio de la democracia en algunos países, y abandonaron de hecho el ideal de un Estado islámico basado únicamente en leyes provenientes del Corán y de la sunna. En el contexto de Bangladesh, esta evolución se tradujo en una banalización de la JI. Esta normalización del movimiento, que aparcó ampliamente sus aspiraciones revolucionarias, tuvo dos efectos notorios: provocó en primer lugar un realineamiento de otras organizaciones políticas musulmanas entre los partidarios y los detractores de la Jamaat; pero dicha banalización creó sobre todo un vacío en el campo político de la protesta que ocupan otros movimientos, más específicamente religiosos o, como decía Olivier Roy, que manifestaban una “secularización” del islam al sustraerlo de lo político y de lo cultural. Es el caso, por ejemplo, de la Ahl-e-Hadiz Andolon Bangladesh, una red salafista que ha aportado especialmente un gran número de militantes al grupo yihadista JMB.

Finalmente, se observa en Bangladesh una dicotomía creciente entre un islam “normativo”, concebido como ideal universalista que engloba la totalidad de la umma (comunidad global de los musulmanes), y un islam “vivido” (para retomar un concepto creado por recientes estudios antropológicos), que corresponde a prácticas y teologías locales. Todo parece indicar que el ámbito de la autoridad religiosa se ha concentrado en torno a esos dos tipos de discursos y prácticas del islam. Estamos, pues, en este caso, ante un proceso muy similar a lo que evidenciamos en el conjunto del mundo musulmán. Pero en el caso de Bangladesh, esta bipolarización se ha ido superponiendo a la bipolarización clásica del sistema político entre el Partido Nacionalista de Bangladesh (PNB) y la Liga Awawi (AL).

Bangladesh se encuentra desde 2001 en una configuración política donde los dos principales partidos, BNP y AL, siguen siendo seculares, pero donde uno y otro se apoyan en concepciones muy diferentes del islam para asegurarse una legitimidad y constituir bolsas de votos con vistas a las elecciones. El BNP se apoya en el islam fundamentalista de la Jamaat y de los ulemas deobandíes; la AL privilegia por su parte a los pirs como aliados potenciales y pretende defender su visión tradicionalista del islam. La Liga Awawi ha abandonado de hecho su imagen de partido que favorece el secularismo y utiliza también el islam como instrumento de legitimación. Mientras que hasta los años 90 el sistema político estuvo bipolarizado entre los partidos que se apoyaban en el islam o literalmente lo esgrimían como el fundamento de su ideología, y los partidos que reivindicaban ya sea un nacionalismo secularizado y basado en la lengua bengalí, como la Liga Awawi, o una ideología comunista, la bipolaridad cambió de naturaleza en la última década. Hoy en día expresa más aún una diferencia esencial entre dos formas de islam, el BNP y la AL que se erigen como garantes de cada una de ellas. El islam político se ha convertido pues en un factor central en el sistema político actual de Bangladesh.

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