David Tresilian
Profesor, American University of Paris. Autor entre otras, de la obra “A Brief Introduction to Modern Arabic Literature”. [+ DEL AUTOR]

Tendencias en la literatura árabe contemporánea

A diferencia de lo que sucedía hace apenas algunas décadas, en la actualidad cualquier persona que se interese por la literatura árabe moderna o contemporánea tiene una oportunidad mucho mayor de desarrollar este interés. Hoy en día, no sólo hay mucho más material traducido a los principales idiomas europeos, sobre todo inglés, francés y español, sino que, además, la calidad de las traducciones ha aumentado, como lo ha hecho la velocidad con la que aparecen publicadas por importantes y reconocidas editoriales. Atrás quedaron los días en los que la literatura árabe moderna era, en el mejor de los casos, sólo de interés para grupos especializados, que publicaban editoriales pequeñas con tiradas limitadas. En la actualidad, novelas originariamente en árabe, publicadas en El Cairo o en Beirut y escritas por escritores contemporáneos como el novelista egipcio Alaa Al Aswany o el libanés Elias Khoury, pueden convertirse en best seller traducidas al inglés, francés o español y ser objeto de debate internacional, tal como sucedió con la novela de Al Aswany de 2002 Imarat Yaqubian (El edificio Yacobián) y con Bab al-shams (La Puerta del Sol) de Khoury, ambas llevadas al cine con gran éxito.

Naguib Mahfuz, el primer árabe en ganar el Premio Nobel de Literatura

Naguib Mahfuz, el primer árabe en ganar el Premio Nobel de Literatura, posa con una de sus obras entre las manos. El Cairo, Egipto, 1 de enero de 1988. /EFE

Se ha recorrido un largo camino desde la situación que existía hace aproximadamente veinte años cuando, en 1988, el novelista egipcio Naguib Mahfuz ganó el Premio Nobel de Literatura. A pesar de la fama de Mahfuz en el mundo árabe y de la calidad de su trabajo, pocas de sus novelas se encontraban entonces traducidas al inglés. Las que eran posiblemente sus obras más importantes (Trilogía de El Cairo, integrada por las novelas Bayn al-qasrayn, Qasr al-shawq y al-Sukkariyya), publicadas originariamente en árabe a mediados de los años cincuenta, tuvieron que esperar hasta la década de los noventa para ser traducidas al inglés (Palace Walk, Palace of Desire y Sugar Street; traducidas al español como Entre dos palacios, Palacio del deseo y La azucarera, respectivamente), es decir, más de treinta años.

En la actualidad, los lectores occidentales tienen un acceso sin precedentes a las obras de literatura árabe moderna y contemporánea a través de sus traducciones, alimentado por un amplio y creciente interés por la historia, la literatura y la cultura del mundo árabe. Sin embargo, a menudo esta literatura sigue comprendiéndose mal en lo que se refiere a su historia y desarrollo, y aunque algunos autores árabes han alcanzado un éxito considerable fuera del mundo árabe con las traducciones de sus obras, otros han tenido una escasa presencia internacional a pesar de la gran calidad de su trabajo. Hoy en día, muchos lectores occidentales serían capaces de nombrar al menos un escritor árabe y otros muchos pueden incluso haber leído obras de dichos escritores. Sin embargo, el amplio panorama literario del mundo árabe continúa siendo poco conocido, incluso para los observadores extranjeros con las mejores intenciones, a causa del todavía imperfecto flujo de traducciones y, cada vez en menor grado, a causa de los conceptos erróneos que Occidente tiene sobre el mundo árabe como los que explora el fallecido intelectual palestino-americano Edward Said en su famoso estudio de 1978 Orientalismo. No todas las obras literarias árabes que valen la pena se traducen –sobre todo las de poesía y teatro, donde el mercado para este tipo de obras es bastante reducido incluso para material en lengua original– y por lo menos una parte de lo que se traduce se hace obedeciendo a las modas occidentales, tal como explica Said y podría no reflejar lo que los lectores árabes leen en realidad.

El amplio panorama literario del mundo árabe continúa siendo poco conocido

Los 22 países que conforman la Liga Árabe en la actualidad poseen historias y características artísticas o culturales diferentes

Con estas observaciones en mente, sería conveniente examinar a continuación algunas tendencias generales de la literatura árabe contemporánea, haciendo hincapié en obras en prosa de ficción que han aparecido en las últimas décadas y en escritores vivos. En el presente trabajo nos centraremos en el Mashriq, la parte oriental del mundo árabe y, ya que este artículo está dirigido a lectores occidentales que quizá no sepan leer árabe, nos centraremos en obras y autores que se han traducido al inglés, francés o español. Todo esto acarrea inevitablemente cierto grado de distorsión ya que, por ejemplo, también la poesía es un género muy importante dentro de la literatura árabe contemporánea, tal como señalaron los actos organizados por la muerte en 2008 de uno de los poetas más importantes del mundo árabe, el palestino Mahmud Darwish. Sin embargo, tenemos que establecer unos límites de contenido para este trabajo, aunque sólo sea por motivos de espacio.

LITERATURA EN EL MUNDO ÁRABE

Aunque el mundo árabe contemporáneo pueda, y quizá deba, entenderse como una sola entidad que se extiende, tal como expresa una frase empleada en árabe, desde el océano Atlántico hasta el Golfo, también es cierto que los 22 países que conforman la Liga Árabe en la actualidad poseen historias y características artísticas o culturales diferentes. El mundo árabe contemporáneo comprende los países del Magreb –Marruecos, Argelia y Túnez– situados en la parte occidental del Mediterráneo, con tradiciones culturales e intelectuales relacionadas en parte con el contacto con otros países del Mediterráneo occidental, como España y Francia. También incluye a los países del Mediterráneo oriental, que se encuentran en el corazón de los movimientos nacionalistas árabes y del despertar cultural árabe –la Nahda o Renacimiento nacional– del siglo XIX e inicios del XX. Estos países –Palestina, Siria y Líbano, junto con Egipto e Iraq– cuentan con los círculos culturales y artísticos más antiguos y posiblemente más influyentes del mundo árabe. Por último, también comprende los países del Golfo y Arabia Saudí que, al haber surgido del predominio económico de las últimas décadas, están invirtiendo mucho en desarrollo cultural –desde educación superior a museos, turismo, premios y fundaciones literarias y culturales–. Los periódicos y revistas de estos países han servido durante mucho tiempo como valiosos canales de difusión para el trabajo de los escritores de todo el mundo árabe y patrocinan un número cada vez mayor de premios literarios, entre ellos uno de los más conocidos, el Premio Internacional de Ficción Árabe, los “premios Booker árabes”, copatrocinado por la Fundación de los Emiratos Árabes en Abu Dhabi.

Estas diferencias internas hacen difícil, si no imposible, generalizar sobre las tendencias literarias del mundo árabe contemporáneo. Sin embargo, una de las principales características de la identidad árabe actual es el sentimiento de pertenecer a un espacio cultural común que se mantiene unido sobre todo por el uso de la lengua árabe. En consecuencia, tiene sentido hablar de autores árabes y de literatura árabe así como de autores egipcios, sirios y palestinos y sobre las diferentes literaturas y tradiciones nacionales de cada país árabe. Además, el desarrollo de las nuevas tecnologías durante la última década ha fomentado este sentimiento de formar parte de un espacio cultural común, ya que internet ha hecho que la circulación de material escrito, incluido el literario, por todo el mundo árabe sea mucho más fácil, aunque su distribución sigua siendo algo desorganizada. Los canales árabes de televisión por satélite –el más conocido es Al Yazira, con base en Qatar– también han proporcionado una plataforma desde la que los escritores e intelectuales árabes pueden dirigirse a todo el conjunto de la región en un modo que tiene posiblemente mayor alcance que la radio. Todos estos cambios –el mayor número de traducciones en lenguas occidentales, la apertura de la región tras el final de la Guerra Fría, el crecimiento económico de los Estados del Golfo y las nuevas oportunidades editoriales que ofrecen sus periódicos y revistas, así como las posibilidades de comunicación que conllevan los canales de televisión en lengua árabe e internet han transformado las perspectivas de muchos escritores árabes y les han proporcionado un público más amplio. Cabe también destacar que el material con el que cuentan los lectores interesados en esta literatura, tanto traducido del árabe como escrito por intelectuales de Europa o EEUU, es mucho mayor del que disponían hace un par de décadas.

Una de las principales características de la identidad árabe actual es el sentimiento de pertenecer a un espacio cultural común unido sobre todo por el uso de la lengua árabe

Aunque tradicionalmente la literatura ha sido una actividad muy bien considerada en el mundo árabe, en ocasiones los escritores árabes han contado con un público escaso y muy pocos, quizá ninguno, han conseguido ganarse la vida únicamente escribiendo. Pero esta situación podría cambiar a la luz de las transformaciones que acabamos de mencionar.

REALISMO Y NEOTRADICIONALISMO

Hasta su muerte en 2006, el escritor egipcio Naguib Mahfuz fue considerado el mejor escritor del mundo árabe, un hecho reconocido a nivel internacional al serle otorgado el Premio Nobel. Sin embargo, su fama entre los lectores árabes no era igual a la que tenía entre los que conocían sus obras a través de traducciones, en parte debido al tiempo que tardaron sus obras en ser traducidas y a la larga duración de su carrera como escritor. Entre sus coetáneos, Mahfuz era respetado como escritor moderno, si bien quizá no como escritor contemporáneo, al menos desde comienzos de los años setenta en adelante, cuando los miembros de la generación más joven, en particular los miembros de la “generación de los sesenta” (al-sittini en árabe) comenzaron a publicar sus obras. Lo mismo le sucedió a su competidor y coetáneo, el autor de relatos cortos, dramaturgo y periodista, Yusuf Idris, cuya carrera como escritor, representada por colecciones de relatos cortos publicados en los años 50 y 60, se interrumpió en gran parte en los años 70. Idris fue el autor de algunos de los mejores relatos cortos que se hayan escrito en lengua árabe y de varias obras teatrales reconocidas. Sin embargo, aunque sólo vivió hasta 1992, durante las últimas décadas de su vida se había convertido, como le sucedió a Mahfuz, en una especie de autoridad respetada dentro de la literatura árabe.

Vista general de uno de los pabellones que acoge la cuadragésima edición de la Feria Internacional del Libro de El Cairo

Vista general de uno de los pabellones que acoge la cuadragésima edición de la Feria Internacional del Libro de El Cairo. El Cairo, Egipto, 28 de enero de 2008. / Javier Fagúndez /EFE

A lo largo de su carrera, Mahfuz utilizó magníficamente la herencia de sus predecesores, incluidos Taha Husein (1889-1973), intelectual y ensayista, en ocasiones conocido como el “Decano de la literatura árabe”; el novelista y dramaturgo Tawfiq al-Hakim (1898-1987), que como Husein fue un firme aspirante al Premio Nobel, y el crítico y escritor de relatos cortos Yahya Haqqi (1905-1992). Estos escritores, junto con otros, han sido a veces descritos como los “pioneros” de la literatura árabe moderna. En sus novelas más importantes, las que conforman la Trilogía de El Cairo y sus novelas más cortas de los años sesenta –novelas de suspense existenciales en las que explora las formas de alienación que sufren los individuos en la sociedad moderna–, Mahfuz empleó prosa narrativa tanto para contar la historia de su propia sociedad, al modo de los grandes realistas europeos del siglo XIX, como para analizar las vidas de los personajes más importantes, en el caso de la Trilogía de El Cairo la familia de Ahmad Abd al-Gawad durante más de tres generaciones.

En sus novelas más cortas de los años sesenta, la visión de Mahfuz se vuelve más introspectiva donde los protagonistas viven en un estado de tensión constante con la sociedad que los rodea en lugar de desarrollarse en paralelo a las principales tendencias de dicha sociedad. Al menos en los primeros volúmenes de la Trilogía de El Cairo, la política, representada en forma de lucha contra el colonialismo británico, y las aspiraciones personales para conseguir una mayor libertad se habían imaginado como complementarias una de la otra.

En la actualidad, los lectores occidentales tienen un acceso sin precedentes a las obras de literatura árabe moderna y contemporánea a través de sus traducciones

Sin embargo, a pesar de un tardío estallido de creatividad que vio a Mahfuz regresar a material literario premoderno en obras como Rihlat Ibn Fattuma (El viaje del hijo de Fattuma, 1983), que toma como modelo cuentos de Las mil y una noches, o Malhamat al-harafish (La Epopeya de Harafish, 1977), una variación moderna sobre una forma literaria tradicional, desde los años setenta en adelante Mahfuz fue eclipsado en cierto modo por sus colegas más jóvenes. Algunos de ellos, como los escritores egipcios Sonallah Ibrahim y Edwar al-Kharrat, continuaron trabajando dentro de un marco ampliamente realista, aunque en su caso profundizado mediante una continua experimentación; mientras que otros, como Gamal al-Ghitani o Yahia al-Taher Abdullah, también egipcios, explotaron el patrimonio literario árabe premoderno para obtener material de un modo que podría denominarse neotradicionalismo.

Este esquema, en el caso de al-Ghitani se puso de manifiesto en Awraq shabb asha mundu alf am (Crónicas de un joven que vivió hace mil años, 1969), una colección de relatos cortos, y se plasmó en al-Zayni Barakat (1974), la que probablemente sigue siendo su novela mejor conocida, que cuenta los acontecimientos que rodearon a la conquista de Egipto por los otomanos en 1517 empleando el estilo de la época y usándolo para hacer comentarios sobre acontecimientos contemporáneos. En el caso de Abdullah, autor de un reducido grupo de obras pero de calidad excepcional, significó estudiar la literatura oral tradicional de su nativo alto Egipto, reprocesándola en forma escrita.

Las elecciones hechas por estos autores, ya sean las de un realismo ampliado con nuevas funciones o las de una reapropiación crítica de formas premodernas más antiguas, eran parte del fermento de la experimentación asociada a la generación de escritores de los sesenta, que ahora se considera que formaban una especie de escuela, si bien una caracterizada más por la experimentación que por el cumplimiento de un programa en particular.

Lo que caracteriza a estos escritores incluso más que su compromiso compartido por experimentar quizá sea su visión de la autonomía de la narrativa, expresada más crudamente por Ibrahim en el epígrafe de su primera novela Tilka al-Raiha (Aquel olor, 1966). Tomado del Retrato del artista adolescente de James Joyce, esto indica que el escritor árabe, igual que el irlandés, se debe en primer lugar a su trabajo, aunque al mismo tiempo reconoce que la subjetividad es un producto de la sociedad. “Soy un producto de esta raza y de este país –dice en el epígrafe– y tengo que expresarme tal como soy.” Con esta concepción del papel del creador literario, el escritor es independiente del tipo de proyectos, ya sean el nacionalismo o el socialismo árabes que predominaron en todo el mundo árabe al menos hasta los años setenta, así como de las reformas de mercado que los siguieron. Ibrahim ha sido capaz de mostrar una rica vena satírica en novelas como al-Lagna (El comité, 1981) y Dat (Zat, 1992), donde proyecta la vida política y económica del mundo árabe actual. Muchos miembros de la generación de los sesenta fueron encarcelados por sus ideas y la mayoría han sufrido algún tipo de censura.

EL PANORAMA CONTEMPORÁNEO

Ibrahim, al-Ghitani y al-Kharrat son parte del panorama literario contemporáneo y todos continúan publicando; en el caso de Ibrahim y de al-Ghitani a veces a un ritmo de un libro por año. Al-Ghitani, hoy uno de los escritores más conocidos del mundo árabe, es además editor de la revista literaria de El Cairo Ajbar al-adab. Las obras de Ibrahim se traducen a los principales idiomas europeos en cuanto aparecen publicadas en árabe. Recientemente ha aparecido la traducción al francés del último libro de Ibrahim, al-Talasus (Voyerismo, 2007), una autobiografía, y Dafatir al-tadween: Rin (Escribiendo cuadernos: Rin, 2008), de al-Ghitani, el último de un ciclo experimental, que ganó en 2009 el Premio Sheikh Zayed de literatura concedido en los Emiratos Árabes. De cualquier manera, estos nombres tan conocidos son sólo algunos de los que se asocian bajo la etiqueta de al-sittini. Para ser exhaustivos, esta lista necesitaría incluir a otros escritores que continúan publicando, como Ibrahim Aslán, Ibrahim Abdel-Meguid, Mohammed el-Bisatie y Mohammed al-Makhzangi, algo más joven que los anteriores. A Aslán quizá se le conozca mejor por su Malik al-hazin (La garza, 1983), una novela sobre la vida en la ciudad; mientras que el-Bisatie, cuya obra Gu (Hambre, 2008) fue seleccionada para el Premio Internacional de Ficción Árabe, se especializa en novelas basadas en el Egipto rural. Ibrahim Abdel-Meguid ha escrito extensamente sobre su Alejandría natal, con frecuencia reconstruyendo el pasado reciente de la ciudad. Al-Makhzangi, médico de profesión, ha escrito fantásticos relatos cortos, a menudo extraídos de su experiencia como médico en Egipto y en la ex Unión Soviética. Las colecciones de dichos relatos, entre ellos Rashq al-sikkeen (Arrojando el cuchillo) y al-Ati (El siguiente), aparecieron en los años ochenta y noventa y recientemente se acaban de volver a publicar. El último libro de Al-Makhzangi, una colección de fábulas de animales titulada Hayawanat ayyamna (Animales de nuestro tiempo, 2007) se ha convertido en un inesperado best seller, no sólo entre el público infantil.

El panorama literario contemporáneo incluye a muchos jóvenes escritores de diferentes nacionalidades, incluido un importante número de mujeres

Las componentes de una nueva generación de escritoras árabes han escrito obras en las que examinan la experiencia de las mujeres jóvenes en las sociedades árabes actuales

Además de estas reconocidas figuras, el panorama literario contemporáneo también incluye a muchos jóvenes escritores de diferentes nacionalidades, incluido un importante número de mujeres. La literatura escrita por mujeres tiene un origen de distinción, aunque este hecho no haya sido siempre evidente para los escritores occidentales. De un modo similar a la literatura escrita por mujeres en otras partes del mundo, sobre todo en Europa, las escritoras árabes han tomado a la mujer como tema principal. Aunque por supuesto los escritores también se han interesado por el cambio del rol de las mujeres en la familia y en el resto de la sociedad, así como por el proceso de modernización que las ha llevado a conseguir un mayor acceso a la educación, a la formación profesional y a la participación en la vida pública, especialmente Naguib Mahfuz en la Trilogía de El Cairo, estos temas han sido sobre todo de especial interés para las mujeres escritoras. Éstas han explorado dichos cambios a medida que tenían lugar en muchas sociedades árabes con el paso de los regímenes coloniales anteriores, o relacionados con ellos, desde los años cincuenta en adelante o, de hecho, los más recientes.

En Egipto, escritoras como Latifa al-Zayyat (1923-1996) y Nawal al-Saadawi han explorado la condición de las mujeres árabes en una serie de novelas y otro tipo de obras, incluidas al-Bab al-maftuh (La puerta abierta, 1960) y al-Shayjuja wa qisas ujra (La vejez y otros relatos, 1986) de al-Zayyat y Mudakkirat tabiba (Memorias de una joven doctora, 1961), una autobiografía, y al-Wajh al-ari lil-mara al-arabiyya (La cara oculta de Eva: Mujeres en el mundo árabe, 1977), un examen de la condición de las mujeres en las sociedades árabes, de al-Saadawi. Otras escritoras que deberían mencionarse son Alifa Rifaat (1930-96) y Salwa Bakr. En Líbano, las obras escritas por mujeres incluyen Ana ahya (Yo vivo, 1958) de Leila Baalbaki, llamada “la Françoise Sagan árabe”, y las obras de las mujeres llevadas al exilio por la guerra civil libanesa en los años setenta y ochenta, entre las que se encuentran Hanan al-Shaykh, Hoda Barakat y Ghada Samman. Entre otros temas, estas autoras han escrito sobre la guerra de Líbano, y de lo que revela sobre la sociedad libanesa y la violencia masculina. Al-Shaykh, que comenzó su carrera escribiendo sobre vidas de mujeres en un Líbano sacudido por la guerra (Hikayat Zahra, traducido como La historia de Zah­ra), ha escrito recientemente sobre la experiencia de los árabes en el extranjero, en particular en Londres (Innaha London ya azizi, traducido como Esto es Londres). Por su parte, Barakat ha examinado los modos en los que tanto hombres como mujeres sufren a causa de las ideas dominantes sobre el sexo y el género (Hayar al-dahik, traducida como La piedra de la risa).

Los escritores más jóvenes de todo el mundo árabe han seguido escribiendo novelas que critican el orden social y político heredados

Al mismo tiempo, las componentes de una nueva generación de escritoras árabes, incluidas May Telmissany y Miral al-Tahawy de Egipto y Rajaa Alsanea de Arabia Saudí, han escrito obras en las que examinan la experiencia de las mujeres jóvenes en las sociedades árabes actuales. Estas obras, entre ellas al-Badinyana al-zarqa (El color de la berenjena, 1999) de al-Tahawy y la novela debut de Alsanea, Banat al-Riyad (Chicas de Riad, 2005), han sido traducidas con rapidez, sobre todo esta última, que se nos muestra como comentarista de las jóvenes árabes, sobre todo saudíes, para el público occidental. Con referencia a esta última escritora, es interesante señalar que Alsanea es de los pocos autores que han alcanzado fama en el resto del mundo árabe. Quizá solo Abd al-Rahman Munif (1933-2004), nacido en Arabia Saudí pero que pasó la mayor parte de su vida fuera de su país, haya adquirido una importancia mayor. Munif, autor de una serie de novelas llamadas Mudun al-milh (Ciudades de sal), que aparecieron en árabe en los años ochenta y que fueron rápidamente traducidas, examinó en ellas el destino de un país imaginario, aunque con una cercana semejanza a los países del Golfo o a Arabia Saudí, que en el espacio de unas pocas generaciones pasa de ser parcialmente nómada y de vivir alrededor de los oasis a convertirse en algo parecido a lo que existe hoy día, y todo a causa del petróleo. Compartiendo puntos de vista con otros escritores de la generación de los sesenta, Munif escribió libros que exploraban el alcance de las torturas de la policía en el mundo árabe, Sharq al-mutawassit (Al este del Mediterráneo, 1975) y la historia de Iraq, Ard al-sawad (La tierra oscura, una trilogía de 1999).

Además de que hayan sido las mujeres escritoras las que se hayan cuestionado el orden patriarcal tradicional, escritores más jóvenes de todo el mundo árabe han seguido escribiendo novelas que critican el orden social y político heredados, del mismo modo en el que ya lo habían hecho los escritores de la generación de los sesenta. Dos de estos escritores ya se han mencionado en la introducción de este artículo, los autores de El edificio Yacobián y La puerta del sol. Aunque muy diferentes en el modo, ambos manifiestan críticas contra el pasado y el presente y la búsqueda de soluciones para el futuro, ya sea en el contexto de Egipto o de Palestina y Líbano. Ha habido, sin embargo, y sin duda seguirán apareciendo, muchas más de tales novelas sobre “el estado de la sociedad”, al menos mientras se perciba que la dirección de muchas sociedades árabes se ha quedado bloqueada y el deseo de cambio se haya frustrado. En Egipto, por ejemplo, An takun Abbas al-Abd (Siendo Abbas al-Abd, 2003) de Ahmad al-Aidy se convirtió en un insólito best seller hace algunos años. Se trata de una novela que mezcla de un modo irreverente el lenguaje de las calles y de la cultura juvenil con fragmentos de discurso oficial y de elementos de la sociedad de consumo para producir un texto que se ha considerado como expresión del espíritu de la época contemporánea.

Quizá esta tendencia a producir material analizando en detalle la naturaleza de la sociedad contemporánea –sobre todo por parte de autores que no pertenecen a la corriente dominante y que escriben desde la perspectiva de las mujeres en la sociedad patriarcal o de la de los jóvenes de sociedades que pueden parecer gerontocracias, o la de los liberales alarmados por la falta de un ethos auténticamente democrático en muchas sociedades árabes– se pueda relacionar con otras novelas que han llevado a cabo formas de investigación histórica, usando a veces el marco de un pasado lejano y otras el de un pasado más reciente. ¿Cómo hemos llegado a la situación en la que hoy nos encontramos?, parecen estar preguntándose. ¿Qué salió mal? Wahat al-gurub (traducida al inglés como Sunset Oasis, 2007) de Bahaa Tahir, ganadora del primer Premio Internacional de Ficción Árabe en 2008, es un buen ejemplo de dichas preguntas sobre la historia.

La literatura se ha convertido en una parte importante de la vida cultural, algo que hace un siglo sólo sucedía con la poesía tradicional

Otra tendencia actual ha sido la aparición de obras producidas por escritores para minorías, como por ejemplo el autor egipcio nubio Haggag Hassan Oddoul, que ha escrito sobre la compleja suerte de los nubios, cuyas comunidades se extendían en el pasado por Egipto y Sudán, pero que fueron en gran parte desposeídos de sus tierras por la construcción de la presa de Asuán en los años sesenta. Las obras de Oddoul, por ejemplo, su Layali al-misk al-atiqa (traducida al inglés como Nights of Musk, noches de almizcle, 1989), proporcionan una perspectiva alternativa a los vastos proyectos del Estado que, tal como sucede en la China de hoy en día, se llevaron a cabo sin tener en cuenta las necesidades de las comunidades locales ni el impacto medioambiental. Por su obra, Oddoul ganó en 2005 el Premio de la Fundación Cultural Sawiris, el más lucrativo de todos los premios literarios de Egipto. Otro autor que ha proporcionado una visión minoritaria sobre estos temas ha sido el galardonado escritor libio Ibrahim al-Koni. En una serie de novelas que se centran en la experiencia de los tuareg, un pueblo nómada que vive en el sur de Libia y que se extiende hasta el vecino Chad, Mali y Nigeria, al-Koni nos ha proporcionado una especie de “eco-ficción”, es decir, una ficción cuyo tema es la relación entre la humanidad y el mundo natural, dando voz al mismo tiempo a las experiencias y a la visión del mundo de una, en ocasiones, ignorada minoría. Nazif al-hayar (traducida en inglés como The Bleeding of the Stone, 1990) es un buen ejemplo.

CONCLUSIONES

La literatura árabe moderna ya cuenta aproximadamente con un siglo de historia, dependiendo de cuándo se establezcan sus inicios, y los jóvenes escritores de hoy en día están escribiendo de un modo que a los pioneros de esta literatura les hubiera costado imaginarse. El desarrollo económico y social de las sociedades árabes no sólo las ha llevado a un público educado en la lectura, tal como los pioneros pretendían, sino que, en un sentido más amplio, la literatura se ha convertido en una parte importante de la vida cultural, algo que hace un siglo sólo sucedía con la poesía tradicional. Hoy en día, los escritores árabes son reconocidos internacionalmente y el desarrollo de los medios de comunicación y el aumento del apoyo económico público y privado para las artes ha supuesto que al menos algunos escritores árabes puedan dedicarse profesionalmente a escribir sin tener que depender de otros trabajos, como le sucedió, por ejemplo, a Mahfuz, que mantuvo su trabajo de funcionario hasta que se jubiló.

Sin duda, aún quedan algunos conflictos. Aunque la narrativa árabe es más reconocida que nunca internacionalmente, no ha sucedido lo mismo en el mundo árabe donde la censura y las diferentes formas de presión social siguen siendo retos importantes. El mundo entero se conmocionó cuando, en 1994, un extremista islámico líder de una facción islamista, inspirado por una fetua o pronunciamiento religioso emitido por el líder islamista Omar Abd al-Rahman, atacó e hirió gravemente a Naguib Mah­fuz, ganador de un Premio Nobel y entonces el mayor novelista vivo del mundo árabe. La novela de Mahfuz, Awlad haratina (Hijos de nuestro barrio, 1959) no estuvo a la venta durante mucho tiempo en Egipto por motivos religiosos, aunque podía comprarse en Líbano donde existía una atmósfera más liberal. Aunque la ola de rechazo que se extendió por Egipto y el mundo árabe fue suficiente para asegurar que no se extendiera el apoyo al ataque, en los últimos años ha habido casos de obras literarias cuya venta se ha retirado como consecuencia de las protestas de los guardianes de la moral o del orden religioso, incluso en la atmósfera relativamente liberal de Egipto. Una reimpresión de Walima li-ashab al-bahr (Un banquete para las algas), novela del escritor sirio Haydar Haydar que apareció publicada por primera vez en 1983, se retiró de la venta en el año 2000 a causa de protestas de este tipo. La polémica que ha levantado Azazel (Belcebú, 2008) de Youssef Zeidan, ganadora del Premio Internacional de Ficción Árabe de este año, ha puesto de manifiesto que existen unos límites que puede ser peligroso atravesar, aunque en el caso de este libro, ambientado en el siglo V y con el debate teológico de los primeros cristianos como fondo, las protestas procedían de los cristianos egipcios.

Fotograma de la película “El edificio Yacobián” basada en la obra homónima del escritor egipcio Alaa Al Aswany

Fotograma de la película “El edificio Yacobián” basada en la obra homónima del escritor egipcio Alaa Al Aswany. Imagen cortesía de Barton Films y Good News 4 Film.

En los últimos años ha habido casos de obras literarias cuya venta se ha retirado como consecuencia de las protestas de los guardianes de la moral o del orden religioso

Sin embargo, en términos generales, las expectativas son más positivas. Hace apenas unos años, las obras del autor sudanés Tayeb Salih (1929-2009), cuya muerte a principios de este año fue ampliamente recogida por los periódicos tanto fuera como dentro del mundo árabe, eran difíciles de conseguir al menos traducidas al inglés, incluyendo su Mawsim al-hijra ila al-shamal (Tiempo de migrar al norte), una destacada novela publicada en los años sesenta. Pero actualmente ya no sucede así. Es más, desde un punto de vista histórico es interesante destacar cómo los temas a los que recurrían los pioneros de la literatura árabe, el encuentro con Europa y el resto del mundo, la naturaleza de la identidad árabe, el examen de la historia árabe y de la sociedad contemporánea, aunque no han llegado a desaparecer, se han transformado a causa de las décadas de experimentación, quizá de una manera más marcada en el caso de las obras de los escritores de la generación de los sesenta. Todo esto ha dado lugar a una narrativa árabe más variada y extensa, así como a la aparición en escena de muchas mujeres escritoras y de autores para minorías.

3 comentarios en “Tendencias en la literatura árabe contemporánea

  1. […] David Tresilian es profesor en la American University of Paris. Autor, entre otras, de la obra A Brief Introduction to Modern Arabic Literature. El artículo completo puede encontrarse en el siguiente enlace: http://revistaculturas.org/tendencias-en-la-literatura-arabe-contemporanea/ […]

  2. Miguel Ángel dice:

    Un estudio fenomenal.Me gustaría añadir que en los últimos 10 años hay nombres muy relevantes dentro de la literatura árabe, como Mansoura Ezdin, Ahmed Abdul Latif, Tareq Imam, entre otros.

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